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Crear niños robots para pederastas es una idea terrible

Los 'robo-éticos' han propuesto crear una máquina con apariencia de niño para investigar y tratar la pedofilia. Es algo así como decir que el abuso a menores está bien mientras no se utilicen niños reales.

Arielle Pardes

Arielle Pardes

Video cortesía de News in Levels.

Los robots están tomando el control. Los drones van a la guerra, los Roomba limpian nuestra casa, otros asisten cirugías. Los carros sin conductor pronto nos llevarán de paseo. Hay una campaña de crowdfunding para financiar a Jibo, el primer robot familiar del mundo.

Con toda esta tecnología eminente filtrándose en nuestras vidas, los robo-éticos han estado discutiendo sobre las nuevas formas prácticas en que los robots intervienen en la sociedad. Hace unas semanas en Berkeley, en un evento llamado “Nuestro futuro robot”, los robo-éticos presentaron la idea de utilizar robots sexuales para rehabilitar pedófilos.

Ah, que espléndido mundo en el que vivimos. Algunos creen que es una idea brillante, pero fabricar robots de niños para fines sexuales es quizá el peor desgaste tecnológico desde Transformers: Age of Extinction.

En los viejos tiempos, la pedofilia era tratada con terapia de electroshocks o “sensibilización encubierta”, en la que el paciente asociaría pensamientos sobre niños desnudos con algo como tener el pene atascado en la cremallera. Hoy, el tratamiento depende de cada caso (afortunadamente la metáfora de la cremallera ha caído en desuso). Katie Gotch trabaja para la Asociación para el Tratamiento de Abusadores Sexuales, y me contó que los métodos más comunes están arraigados a la terapia cognitivo-conductual o a la psicofarmacología, que utiliza drogas a menudo conocidas como “castración química”.

Algo que definitivamente no funciona es satanizar a los pedófilos o tratarlos como monstruos. Recuerda, no todos los pedófilos son criminales; sentir interés por los niños no te convierte en un abusador.

Nadie tiene idea de cómo se desarrolla la pedofilia, pero sabemos que es algo raro en la cabeza. En otras palabras, la pedofilia no tiene “cura” y no podemos esperar que estos deseos se evaporen, no importa el tipo de tratamiento que se utilice.

Y si no podemos cambiar el interés inherente de los pedófilos por los niños, y la tasa de reincidencia de los delincuentes es muy alta (dependiendo de a quién le preguntes, es algo entre el 15% y el 50%), entonces un buen método de tratamiento debería tener dos objetivos: permitir a los pedófilos manejar sus deseos ilícitos y reducir el daño para los niños.

Aquí es donde entran los robots. Si intercambiamos niños por robots, podríamos lidiar con la pedofilia sin poner en peligro a los niños. Por lo menos esa fue la propuesta de la Corte Suprema estadounidense cuando defendió las virtudes de la “pornografía virtual infantil” en 2002, porno en el que los actores niños son reemplazados por representaciones digitales. La Corte Suprema legalizó ese tipo de pornografía a partir de un tecnicismo, pero fue rápidamente criminalizada al año siguiente cuando el Congreso aprobó el PROTECT Act de 2003. Pero el caso incitó a un debate bizarro sobre si la pornografía virtual infantil podía traerle algún beneficio a la sociedad.

La lógica es algo como: la demanda de pornografía infantil es alta. Aún bajo las estrictas reglas que la prohíben en los Estados Unidos es casi imposible detener la propagación de porno que llega de otros países. Además, internet está lleno de nefastos puntos de venta de cosas ilegales como porno infantil, así que probablemente siempre existirá. Si no podemos deshacernos efectivamente de la pornografía infantil, quizá podamos encontrar la manera de hacerla más apetecible, ¿no? Y eso lo logramos al incentivar la pornografía infantil animada, en lugar de la real. Mejor dicho, pornografía infantil sin infantes.

Foto via.

En teoría, un chico-robot funcionará de la misma manera. Sabemos que la pedofilia no se irá, así que debemos encontrar la manera de lidiar con la lujuria hacia los niños de modo que los chicos se mantengan fuera de la ecuación. Por lo tanto: robots y acoso infantil sin niños.

Por supuesto, las cosas que suenan bien en teoría no siempre funcionan en la práctica. Ofrecerle al mundo robots eróticos con apariencia de niño es una idea terrible, y es altamente improbable que ayude a rehabilitar a los pedófilos. La razón es simple: los robots sexuales son horripilantes. Los modelos primitivos que existen en el mercado parecen más unas amas de casa reales reinventadas como prostitutas de callejón. Incluso si creamos robots que parezcan reales y vagamente humanos, ahí está realmente el detalle: los objetos que parecen humanos son extremadamente incómodos, como las figuras de cera de Madame Tussauds o esas animaciones dementes del Expreso Polar. Los robots son notoriamente malignos al pretender ser humanos; hasta Eugene Goostman, el “super computador” que pasó el Test de Turing, era casi tan claro como Gary Busey.

Así que es improbable que los niños-robots sean sustitutos efectivos para los reales. Por lo menos basados en la tecnología que tenemos hoy en día. Pero esa tecnología tiende a mejorar. En 2010, la maravilla robótica del sexo era Roxxxy, que sorprendentemente era capaz de sostener una conversación semi-lúcida y proveía tres agujeros usables. Alguna vez fue descrita como “Lady Gaga con su muela del juicio extraída”, pero Roxxxy tenía algo que no tiene ni la piel sintética más costosa: sensibilidad.

Roxxxy, el primer robot erótico del mundo. Video cortesía de Asylum.com

Es una buena noticia para el futuro de los robots eróticos, pero cuando hablamos de pedófilos, la sensibilidad es probablemente lo último que queremos. Cuando le hablé a Katie Gotch sobre este último avance robótico casi se muere.

“Entonces, ¿tienes un robot-niño que está demostrando placer sexual? Puede ser algo muy perjudicial para el entendimiento cognitivo de los individuos”. El surgimiento de robots para pedófilos refuerza estos comportamientos, propagando el mensaje confuso de que el sexo con niños (robots) es totalmente aceptable pero que el sexo con niños (humanos) no lo es.

Es necesario hacer una distinción entre pedófilos, o personas que sienten una atracción por niños preadolescentes, y los abusadores de menores, o personas que en realidad han abusado de niños. De hecho, tan solo un espantoso y reducido grupo de pedófilos actúa por sus impulsos. Entonces, ¿qué sucede cuando les construimos un robot sexual a los pedófilos no-abusivos y los animamos a usarlo?

La respuesta, de acuerdo a Gotch, es que “para algunos, tener esa sublimación a través de un robot, puede incrementar la dificultad de lidiar con sus patrones de excitación en vez de satisfacer sus necesidades”. En otras palabras, para Gotch los robots infantiles con fines sexuales pueden reanimar el interés pedófilo sobre los niños humanos, en lugar de satisfacer el deseo por completo.

De vuelta al 2002, algunos de los ponentes de la iniciativa de pornografía virtual infantil, argumentaron que al proveer acceso a una forma alternativa de porno infantil, se reduciría el daño de la real. Pero esa lógica últimamente se volvió contraproducente: la pornografía infantil –sea animada o real– es utilizada por los acosadores para “acicalarse” con niños, o para demostrar que el sexo con menores es aceptable. Los robots sexuales con apariencia de niños podrían demostrar lo mismo.

Pero lo más importante, si la ciencia ficción nos ha enseñado algo es que los robots pueden ser bastante malignos, pero no tienen por qué serlo. Lo mismo sucede con las personas con deseos sexuales desviados. Pero no vamos a llegar a ningún lado con la rehabilitación de pedófilos si los tratamos como monstruos, alentándolos a caer en la trampa de los dementes y sexuales niños-robots.

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