Curando a los curadores: explorando el archivo de Boiler Room

Algunos miembros del staff del Boiler Room se unieron para organizar la música de su sitio web y convertirlo en algo que facilite, de manera simple e intuitiva, la investigación sobre ella para los usuarios.

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abr. 9 2015, 3:20pm

*Este artículo se publicó originalmente en i-D, la Biblia de la moda y estilo original de VICE.

Los seleccionadores y curadores máximos de lo que se ha vuelto el Boiler Room, dejaron la intimidad de los cuartitos y fiestas exclusivas de Djs y se unieron para organizar la música de su sitio web y convertirlo en algo que facilite, de manera simple e intuitiva, la investigación sobre ella para los usuarios. Es como si te dieran las llaves del castillo... y luego te pidieran que lo limpies. El trabajo diario en el sitio web de Boiler Room tiene momentos donde el simple volumen de música tan, tan buena que ha cruzado por el portal tiende a ser abrumante, y ahora es nuestro trabajo intentar darle algún sentido. Necesitamos encontrar rutas entre los vastos, y crecientes archivos de shows nuevos en constante proliferación antes de que nos agobien de verdad, y necesitamos encontrar nuevas y accesibles formas de presentarlos al mundo.

Claro que siempre hay un instinto molesto, una voz interna que te dice "todo es música, ¿cuál es el problema?"Ese instinto que hace que la gente sospeche de los críticos, los guardias y cualquiera que delimite las escenas, en un sentido tan natural, que cualquier intento por acomodar la creatividad y cultura en categorías es una traición a la experiencia musical directa. Y después de todo, el Boiler Room mismo ha sido conducido por este mismo instinto desde el comienzo: no te preocupes por el género, sólo organiza una fiesta, consigue excelentes DJs, y la música hablará por sí sola.

Pero poco después del cuarto año del Boiler Room, la masa crítica fue alcanzada y ya no podía funcionar así: no mientras siguiera expandiéndose, y aún así hacerle justicia a todas las transmisiones que se estaban apilando en el sótano digital. En el momento en que comienzas a verte como algo más que un par de shows, comienzas a ver patrones abriéndose, líneas de conexión no solo entre sonidos y escenas existentes sino entre las comunidades que están viendo y comentándolas desde la lejanía: lo que llamaríamos, si esa es tu inclinación, el comienzo de las meta-escenas. Pero estas líneas están enredadas, ocultas, y a menudo también son imposibles de seguir incluso si tuvieras el tiempo para deshebrarlas.

Y aquí es donde yo, y otros miembros del staff de Boiler Room, aparecemos. Nuestra misión es construir un sitio en torno alas transmisiones. No sólo construir una editorial para darle contexto a los shows, sino convertirlo en algo que te facilite,de manera simple e intuitiva, ir más profundo si ves algo que te gusta, lo que ha significado que nosotros hemos tenido que indagar más acerca de cómo se conectan las cosas. Con literalmente miles de horas de música, no escomo resumir las cosas para decir lo que quieres, por ejemplo, "deep house". Pero si te pones súper específico y comienzas a mencionar nombres de artistas, entonces vas a recibir cosas que ya conoces. No puedes escribir un algoritmo para esto; después de todo, Amazon con sus billones no puede recomendarte automáticamente algo que en realidad te guste. Para entender nuestro archivo, tenemos que aprender más acerca de qué es un género musical.

Soy un hijo de la era del rave. Comencé a ir a clubes en 1990, cuando en el Reino Unido la onda calurosa del acid house comenzó a enfriarse, pero las galaxias de los subgéneros de la música no se habían formado. Seguramente había tendencias dentro de una categoría más amplia del rave —el indie-dance, el baleárico, el techno, los comienzos del hardcore y el progressive house y etcétera— pero aún eran borrosos. Era un crisol de influencias del sound system del reggae, la cultura del hooligan soulboy, el crujiente anti autoritarismo, la actitud b-boy, la rareza psicodélica-industrial y más. Según recuerdo, más o menos se mantuvo así hasta algún punto en 1993, cuando el centro ya no podía contener la emergencia del jungle y el Goa trance, en particular causada por la explosión de los sub-sub-géneros que definirían a los años siguientes.

Como un nerd absoluto, intenté de la mejor forma mantenerme al corriente de las diferencias entre handbag, hardbag, hard house, hardstep,techstep, breakstep, el New Jersey y New York garage y todo lo demás, expandiéndose hacia fuera y hacia dentro en los subgrupos de música no-electrónica del pasado y el presente. Esto se convirtió en una obsesión mayor al comienzo del 2000, y ahí comenzó mi carrera como periodista profesional. Pasó que esta época se convirtió en ese momento en que los medios en general empezaron a decir que la cultura del club estaba muerta, que "no había tal cosa como el underground", que cualquier subcultura emergente sería subsumida y asimilada por el siempre acelerado paso de la información y los mercados.

Me enfurecí con esto, sintiendo que simplemente no podía ser verdad, pero me tomó un poco formular el por qué. Irónicamente, los géneros que alterarían el panorama musical de forma dramática —en particular el grime y el dubstep, y el movimiento neo-folk/folktrónica— se estaban gestando precisamente en este momento, y algunos años después, mientras estos estilos alcanzaron una madurez, fue cuando descubrí exactamente cuál era el error de ese argumento que seguía escuchando. La cuestión es que me di cuenta que no importa que tan rápido fluya y prolifere la información, que tan desenfrenadamente las fuerzas del marketing y el branding intenten aspirar los sonidos nuevos, el desarrollo real de las escenas solo pueden ocurrir con la velocidad de la vida misma. Esas escenas únicamente pueden desarrollar sus identidades y acumular significado tan rápido como sus participantes acumulen experiencia de vida.

En los años que siguieron a la explosión del dubstep, que pasó de ser una escena con unos treinta tipos raros de Londres a ser un fenómeno global, los aspectos relacionados al género solo se han vuelto más confusos y enredados. La apertura desde las esquinas más oscuras del pasado hacia el archivo y la búsqueda de material de origen, y de los territorios fuera de Europa y los EE.UU. como mayores contribuidores de la escena, además dela interminable proliferación de sonidos más o menos breves e híbridos,significan que el sentido del flujo y exceso pueden ponerse más incompensables.Desde el new age japonés hasta rock psicodélico nigeriano, todo se convierte en suministros para el molino. Aún así, las escenas y los sonidos siguen siendo vitales, locales, emocionantes, y en el dance floor no te detienes a pensar"¿qué es esto, cómo se relaciona con las escenas X, Y y Z?" ¿o sí?Piensas, si tienes suerte "¡esto es una pinche bomba!" ... o no piensas en absoluto en el calor del momento, sólo participas y disfrutas.

Así que, habiendo cruzado la fosa hacia el castillo del Boiler Room, viendo cómo los archivos musicales son entremezclados y disfrutados por la multitud, constantemente me remito hacia el entendimiento deque los géneros y escenas musicales no son más ni menos que la suma de las vidas de la gente que los forman. Discutir precisamente en qué punto deberían marcarse las líneas a su alrededor y entre ellas, es un juego divertido para los críticos y los fans, y algunas veces necesario si estás acomodando lo existente en una tienda de discos, pero finalmente es un engaño y una falsedad que borra la multiplicidad e idiosincrasias dentro de las vidas individuales. Y lo que terminamos haciendo es irnos al pasado de ese archivo, observando y etiquetando, asegurándonos de que cuando encuentres un show que te guste o un artículo que te interese, puedas encontrar otros que se conecten con ellos,menos en la base de la falsedad y nombres de géneros y más en la base de la experiencia humana.

Eso significa, eventualmente, que podrás navegar a través del archivo de acuerdo con tu estado de ánimo y la función de la música, ¿quieres música para el gimnasio o para el after-party? ¿quieres algo que te va a elevar o a poner loco? Pero tal vez aún más importante, nos aseguramos de que nuestra música esté organizada por quienes dentro de la organización de BR estuvieron involucrados o la aman. Desde el comienzo, el BR se ha tratado acerca de la gente que realiza las transmisiones; mientras nuestros presentadores podrían ser destrozados en los salones de chat, ellos son el portal hacia lo que hacemos. Los espectadores entienden de forma instintiva que una cierta personales va a indicar un camino hacia un cierto tipo de música, sin tener que desenredar o micro-categorizar los eclecticismos de los DJ sets que presentan.

Lo que hemos notado es que no solo nuestros presentadores originales, sino todos los que trabajan aquí, casi cualquiera dentro de la organización de BR, tiene raíces profundas en la música, como promotores, compositores, operadores de sellos discográficos e incluso como músicos, y son estos gustos apasionados e idiosincráticos de cada una de estas personas lo que conduce a las actividades de BR en el día a día. Este toque humano le gana por mucho a los algoritmos: no hay una súper computadora en el mundo que pueda igualar a un ser humano con respecto al reconocimiento de patrones, y de esa forma se crean enlaces intuitivos improbables entre las cosas que superficialmente se parecen, pero no tienen ningún sentido cuando se yuxtaponen. Es por eso que el arte del DJ define el arte de nuestros tiempos, y lo que hacemos es una especie de meta-DJing. Seleccionamos a los seleccionadores, curamos a los curadores, y luego mezclamos los mixes conforme llegan a nuestros archivos.

Al crear una cartografía de estos archivos de acuerdo a cómo se combinan con nuestros propios gustos como individuos, comenzamos a trazar vínculos que son más auténticos acerca de cómo la música es consumida y entrenada, y un poco de cómo los mejores DJs de radio llevan nuevos discos a tu vida, pero incluso menos preocupados por el formato. Si nunca has buscado en nuestro sitio web de acuerdo a las recomendaciones de Gabriel, o Sofie, o Raj,o Skinny, encontrarás que los gustos de esas personas serán estructurados de la manera que se construye nuestro archivo, junto a las etiquetas usuales del género: humor, ubicación, club, sello, artista, y demás.

Y esto es la parte más emocionante del Boiler Room: desde el comienzo, ha demostrado que la gente y sus experiencias son el aspecto más importante de la cultura musical. Esta es una empresa ambiciosa, y es muy posible que el flujo de la música se convierta en una inundación y que el archivo de sets y presentaciones únicas pueda expandirse de forma exponencial.Incluso con la cantidad de información musical con la que ya nos estamos atragantando, ya estamos dentro del reino del Big Data. Pero lo que estamos descubriendo todos los días es que este volumen de datos no necesita llevar hacia la despersonalización, homogenización o el uso de sosos e impersonales algoritmos de predicción —y tampoco lo hacen el exceso de información y paja y calumnias y categorías tradicionales en el mundo real— mientras los gustos y conocimiento de la gente real esté en esos datos en el nivel más básico.

La "curaduría" es una palabra de moda en peligro de perder su significado al ser sobreutilizada en años recientes, pero mientras arreglamos los cofres del castillo, comenzamos a descubrir que como un arte y una ciencia, todo esto sigue en pañales. Los géneros y sus resurrecciones van y vienen, y pueden ser discutidos mientras existan humanos que los discutan, perola información que conforma a esos géneros ofrece todos los tipos de oportunidades para entender la música de otras maneras. Cuanto más se expande el archivo, más conexiones podremos rastrear a través de él, con base en la experiencia, las emociones y el entendimiento de momentos muy específicos, y no sólo categorías críticas arbitrarias. El Boiler Room es sinónimo de descubrimiento, compartir y estudiar la música de la gente, ¡y para la gente!

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