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Opinion

Los ciclistas estamos MAMADOS de que nos maten

OPINIÓN | Con Gerardo Romero, arrollado por un automóvil en la Avenida Circunvalar de Bogotá, van 224 ciclistas muertos en Colombia. Hagamos algo, ¿no?

por Mateo Rueda
14 Septiembre 2017, 5:38pm

Miremos los casos recientes, que son terribles: el día de ayer un ciclista urbano perdió la vida en la Avenida Boyacá con Calle 13 por presuntas fallas mecánicas de un tractocamión que lo aplastó contra el pavimento. Hace un mes Carolina Dussan, trabajadora del programa distrital "Al colegio en bici" fue arrollada por un SITP. Anteayer murió Gerardo Romero, quien fue embestido por un vehículo en la calle 88 con Avenida Circunvalar, y quedó embarrado contra una pared: la cara del cadáver no existía.

Podría seguir haciendo la cruda lista hasta completar el número: según Medicina Legal —es decir, la cifra oficial, porque quién sabe cuántos más habrá por ahí sin registrar— son 224 los ciclistas muertos en lo que va corrido del año.

Nos mamamos.

Sé que a veces esto suena a una responsabilidad compartida, sobre todo cuando hay tantas quejas de algunas conductas irresponsables de los ciclistas. Pues si es así, hagamos algo entre todos: el caso de Gerardo fue el detonante para que más de 300 ciclistas se dieran cita hoy para subir, en símbolo de protesta pacífica, al tradicional alto de patios. Capitalicemos esto, señores del Distrito, miembros del Concejo, investigadores de la movilidad ciudadana: miremos los casos, pensemos.

Pongamos por caso el Alto de Patios. En un domingo normal, cerca de 5.000 ciclistas realizan el ascenso a esta cumbre. El cruce de llegada a "Belisario", el punto de encuentro previo al ascenso, irrumpe entre la Circunvalar para dar paso a la calle 94. Este cruce es complejo debido a las altas velocidades que llevan los conductores y la falta de señalización para un paso apropiado de ciclistas y peatones.La falta de reductores de velocidad en la zona, la baja iluminación en la subida, la poca pericia de ciertos ciclistas, sumado con la irresponsabilidad de los distintos actores que allí concurren, han cocinado en esta zona un constante ambiente de confrontación entre ciclistas y conductores.

A ciencia cierta, aún no hay un veredicto final respecto al suceso que le quitó la vida a Gerardo. Los testigos —algunos de ellos, falta ver el dictamen final— hablan de exceso de velocidad por parte del vehículo motorizado. Gerardo tenía casco y luces adelante y atrás.


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Pero salgamos del caso y afrontemos la realidad más grande. Hay cientos de deportistas que salen a diario a pedalear. El 8% de la población bogotana se mueve por la ciudad en bicicleta, de acuerdo con el informe Bogotá cómo vamos. Hay para afrontar esta realidad más de 450kms destinados para el uso único de bicicletas en la ciudad.

Sin embargo, esto no garantiza la seguridad de quienes se mueven en una bicicleta a diario. Las cifras comprueban que hay un excesivo número de ciclistas muertos. El caso de Gerardo resonó en quienes hacen deporte en bicicleta y quienes se mueven en esta.

¿De quién es la culpa?

Soy ciclista. Doy fe de que la poca iluminación, la falta de conexión entre trayectos, el mal estado de la malla vial, entre otros, son algunos de los motivos que nos impulsan a movernos por la calle. Y aunque, según la Ley 1811 de 2016, los ciclistas pueden moverse ocupando todo el carril, nadie respeta esta ley en lo absoluto. Ni los ciclistas ni los ciudadanos en carro particular ni tampoco los conductores de buses y taxis.

Sí, hay miles de ciclistas imprudentes que no usan casco, ni luces o reflectivos en la noche; hay muchos, por demás, que se pasan los semáforos en rojo. Esto último, por ejemplo, da para un debate entero: no se justifica que los ciclistas se pasen todos los semáforos en rojo que encuentren en su camino, pero está claro que estos semáforos no están diseñados para vehículos como la bicicleta.

Y si bien las cifras de Medicina Legal pueden dar paso a que la culpa sea compartida, el mismo instituto dice que la principal causa de estas muertes era la imprudencia de los conductores de vehículos motorizados.

Ya está claro el problema. Queremos soluciones a corto plazo: multas, señalizaciones, campañas de cultura ciudadana. Algo.

¿Qué está haciendo el Distrito? Según Juan Manuel Prado, consultor de movilidad. El Distrito ha dispuesto acompañamientos a dos rutas tradicionalmente inseguras. Se han adscrito 220 policías en bicicleta y se ha trabajado en una labor conjunta con la policía judicial (SIJIN) y seccional de inteligencia de la policía (SIPOL) para combatir las bandas de hurto dedicadas a las bicicletas en Bogotá


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Pero hagamos algo distinto: podemos seguir —o mejor: sigamos— multando a quienes no usan casco, o a los ciclistas que por su propia seguridad no usan la ciclorruta. Pero el problema real debe atenderse desde una sola perspectiva: Gerardo llevaba todos los implementos de seguridad necesarios y aun así perdió la vida. Hoy subimos de manera pacífica al Alto de Patios para exigir seguridad para nosotros los ciclistas. La policía escoltó a más de 300 ciclistas, quienes a lo largo de la subida recibíamos frases provenientes de buses del SITP, tales como: "ojalá los maten uno por uno", "trabajen vagos", "ojalá los espichen a todos".

El afán de llegar a trabajar, esos 10 minutos que estuvieron quietos los vehículos mientras nosotros subíamos vestidos de blanco para protestar por la falta de seguridad probablemente son los mismos 10 minutos que le pudieron haber salvado la vida a Gerardo y a los otros 223 ciclistas muertos en 2017. La convocatoria de hoy demostró qué, sin importar quien convoque, la fuerza de la causa reunió a más de 300 ciclistas.

Señores del Distrito, queremos soluciones serias. Multen a quienes descargan mercancía usando los bicicarriles, multen a quienes no usan direccionales y causan accidentes, y multen y recojan los carros mal parqueados que bloquean la movilidad. Señores de la rama judicial, sean eficaces y eficientes en las condenas a los imprudentes. Investigadores, funcionarios de la Secretaría de Movilidad: inventemos una forma de hacer conciencia sobre esto, de dar cursos y capacitaciones, de hacer campañas por el respeto de la vida de los ciclistas.

Estamos mamados de pedirles siempre lo mismo: quitar una vida no puede ser un acto menor.

La muerte de Gerardo y de quienes lo antecedieron es una realidad para atender. Seamos más serios.

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