Reflexiones particularmente intrascendentes

Querido Iggy

Carta abierta al padrino del punk justo después de su concierto en Bogotá.

por Nicolás Vallejo-Cano
11 Octubre 2016, 2:26am

Foto por Jorge Gallardo

"We learn dances, brand new dances… like the nuclear bomb"
Iggy Pop - "Nightclubbing"

Al verte detonar esa rutina de contorsionismo existencial por la que eres inmortal  hace ya más de 40 años, Iggy, me fue inevitable no pensar:

Cuánta historia en ese torso desnudo. En esa carne tuya marcada por las heridas de este tiempo. Esa piel tonificada por los más recientes apocalipsis humanos.

Porque estuviste ahí cuando el amor nos destruyó... una vez más. La mañana del 18 de mayo de 1980 en Macclesfield, Inglaterra, el cadáver hermoso de un Ian Curtis colgado bailó al ritmo de ese disco que grabaste en Berlín en aquel 77 junto a Bowie. Esa pieza llamada "The Idiot" que describe justamente el acto de hacer funambulismo en el borde de ese muro que aún divide el alma de los hombres.

Porque nada que se cae.

Estuviste en Vietnam cuando falló la bandera y su promesa de libertad. "Search and destroy" era la orden militar que desde el aire condenaba a Charlie al otro lado, no importaba si era niño o guerrillero, no importaba si con balas o con napalm. Una consigna, en todo caso, que supiste hacer autoretrato, como buen soldado de noches largas:

"I'm a street walking cheetah
with a heart full of napalm
I'm a runaway son of the nuclear A-bomb
I am a world's forgotten boy
The one who searches and destroys
Honey gotta help me please
Somebody gotta save my soul
Baby detonate for me".

Naciste ahí en Detroit, con el sueño de Ford en plena marcha. A finales de los 60 en  la gran fábrica te inspiró el sonido de la máquina pegando contra el hierro. Un impacto puro, brutal como una verdad sin ornamento ni preámbulo. "Raw power", llamaste a ese poder que en adelante fue tu aliento y el del punk que se hizo a tu imagen y semejanza. Una fuerza primordial que es impulso vital, pero también cementerio de chatarra.

Estuviste ahí cuando el manicomio no contuvo la locura.

Cuando las drogas dejaron de funcionar.

Estuviste ahí, Iggy, cuando ni hombre ni mujer sino monstruo, freak, degenerado.

Y estuviste aquí en Bogotá, la semana pasada, en el suspenso de la última guerra de la Guerra Fría. Una guerra que sigue caliente y que está que estalla, una vez más, en la cara de una generación determinada por una verdad paralizante:

NO QUEREMOS LA PAZ.

Y por eso bailamos, Iggy.

Y por eso bailamos y bailamos y no paramos de bailar.


***

Baila con Nicolás por aquí.