El misterioso origen de El Che de la Nacional

Esculcamos en archivos y le preguntamos varias personas que estuvieron en el campus entre el 75 y el 85. Esto fue lo que encontramos.

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oct. 25 2016, 10:35pm

El auditorio León de Greiff, la torre de enfermería y la biblioteca de la Universidad Nacional (ca. 1973)//Archivo: Universidad Nacional.

Hace dos semanas escribí, a propósito de una polémica acerca de la conveniencia de adornar la plaza principal de la Universidad Nacional con la imagen de un líder guerrillero en tiempos de paz (o de diálogos frustrados para conseguirla), que la imagen de Ernesto Che Guevara, blanco de ataques y restauraciones en las últimas dos semanas, no tenía fecha ni autor.

Hoy, luego de preguntarle a una docena de profesores, egresados, vigilantes y pensionados de la universidad, luego de visitar el instituto de patrimonio de la universidad, de pasar horas esculcando en su archivo fotográfico, en la prensa de la época, y de haber leído una artículo contemporáneo que afirma tener la respuesta, solo puedo escribir lo mismo.

Nadie sabe cómo o cuándo fue pintado el Che de la Universidad Nacional.

Pero al menos puedo contar más: puedo contar acerca del tenso contexto político en el que aparece la imagen del Che en la Nacional, de los testimonios (siempre borrosos) de gente que afirma recordar el momento en el que vieron por primera vez la imagen pintada en la plaza más grande del campus. Se puede contar todo eso sin acercarse nunca a la verdad detrás del mito. O, mejor, los mitos.

La primera versión que conocí acerca del origen del Che (bueno, de ese Che) llegó a la bandeja de entrada de mi correo electrónico hace un un par de semanas: un historiador egresado de la Nacional, llamado Felipe Caro, afirmaba tener ––o al menos estar muy cerca de–– la respuesta.

El pasado 18 de octubre, mientras Felipe y yo pactábamos una cita para la mañana siguiente, estudiantes de la Nacional se escondían en algún parte del campus, armados de rodillo y pintura blanca, para borrar la imagen del guerrillero argentino, que había sido restaurada menos de una semana antes.

Felipe, quien estudió en la Nacional entre 2010 y 2015, me explicó que cuando era estudiante se encargaba de dar a los primiparos un tour por el campus y fue así como se interesó por el origen de la imagen. "Para dar el tour, la facultad le daba a uno una especie de guión. Pero, al llegar a la Plaza Che, el guion no decía nada acerca del grafitti del Che que está ahí. Entonces me puse a investigar", me dijo en una cafetería vecina a la Universidad del Rosario.

También dijo que al comenzar a indagar en los archivos de prensa y de la universidad por el origen del Che no encontró nada, pero tuvo mejor suerte al buscar referencia a la estatua del General Santander que estaba, y le daba su nombre original a la plaza.

Plaza Che (sin fecha)// Archivo Universidad Nacional.

Según el historiador, el 8 de octubre de 1976, el presidente Alfonso López Michelsen declaró en todo el país el estado de excepción. Al día siguiente, los estudiantes organizaron una protesta que desembocó en enfrentamientos con la policía en los que los estudiantes decapitaron la estatua de Santander, la colgaron del puente peatonal de la calle 26, pintaron al Che en el León de Greiff y rebautizaron la plaza Santander con el nombre del revolucionario. Según Felipe fue así: todo en un solo golpe y así lo registró el diario El Tiempo de la fecha.

Salí de la cafetería y, camino a buscar El Tiempo del 9 de octubre de 1976 en el archivo de prensa de la Biblioteca Luis Ángel Arango,me enteré de que me habían madrugado.

Según un artículo publicado en Cartel Urbano, la imagen del Che que le da su nombre a la plaza principal de la Universidad Nacional fue pintada por los hermanos Alfredo y Humberto Sanjuan, según recuerdan sus compañeros de clase y familia, en algún punto de 1981. "Eso decía el rumor y ellos nunca lo desmintieron", afirmaba uno de los compañeros de clase de los hermanos San Juan, quienes por su participación en el movimiento estudiantil de la época desaparecieron el 8 marzo de 1982, según su familia, a manos del F-2 de la policía. Luego me enteraría de que los movimientos estudiantiles de la universidad le han atribuído a los hermanos Sanjuán la autoría del mural del Che desde hace varios años.

Pero la fecha no coincidía con la que me había dado Felipe, el historiador, y ya estaba muy cerca de la biblioteca.

El Tiempo, Octubre 9 de 1976.

Durante la primera semana de octubre de 1976, las páginas políticas de El Tiempo advertían acerca de la inminente declaratoria de estado de excepción por parte del presidente López. Por ese entonces se cumplían más de cuatro semanas de un paro general de todos los médicos y empleados del Seguro Social de Colombia y, según declaraciones del ministro de Interior, Cornelio Reyes, "fuerzas extremistas preparan un estado de desorden, o la acentuación del mismo".

Mientras tanto, las páginas internacionales de El Tiempo hablaban de asesinatos de líderes guerrilleros en Argentina, de atentados en contra de la recién instaurada junta militar del país y del asesinato de uno de los asesores políticos del Rey de España a manos de la guerrilla independentista del país vasco, ETA. Las Nacionales, por su parte, hablaban de la creciente ola de secuestros extorsivos en el país y de una protesta en Medellín que condujo a saqueos en el Centro Comercial San Diego y más de 300 civiles arrestados.

Para terminar de agravar las cosas, la sección Bogotá incluía una nota acerca del tercer fin de semana consecutivo que la capital pasaba bajo ley seca.

Pasadas las 9:00 de la noche del 7 de octubre de 1976, el presidente López Michelsen declaró el estado de excepción en todo Colombia. Para este momento, el país había pasado 18 de los últimos 32 años bajo esta condición, que ahora incluía medidas extraordinarias como la sanción a "los profesionales de carreras liberales que instiguen la rebelión" y la prohibición de las manifestaciones públicas.

La edición del 9 de octubre de El Tiempo incluye en primera página una nota titulada "Aniversario del Che Guevara: Decapitan busto del general Santander en la universidad". En las páginas interiores, el difunto Humberto Diez hace un recuento de cómo un mitín convocado durante la mañana del 8 de octubre para celebrar el noveno aniversario de la muerte de Ernesto Che Guevara se tornó violento cuando "grupos de jóvenes" incendiaron tres carros ––uno de ellos justo en esa plaza––, mientras un "comando de encapuchados" robaba una grúa, entraba con ella hasta la plaza central del campus ––que por ese entonces no estaba cercado––, la usaba para arrancar el busto de Santander y también para transportarlo hasta el puente peatonal de la calle 26, donde sería colgado hasta que, horas más tarde, el resto del busto se desprendería de la cabeza.

Según el cronista, gracias a un fuerte aguacero y al despliegue de mil hombres, la Policía, retomó el control del campus de manera "pacífica" durante la tarde del mismo 8 de octubre. Un tropel memorable.

Pero encontrar el recorte no terminó de darle la razón a Felipe: el recuento que Humberto Diez hizo para El Tiempo es exhaustivo ––tanto, que incluye el nombre del conductor de una ambulancia apedreada durante los enfrentamientos–– pero no dice nada de un mural enorme del Che que apareció en la fachada del auditorio León de Greiff durante la jornada.

Plaza Che (sin fecha).//Archivo: Universidad Nacional.

De hecho, las alusiones al Che que sí hace el autor del artículo tampoco confirman ninguna de las dos versiones, más bien siembran dudas sobre ambas: por ejemplo, Diez se refiere desde un principio de su artículo a la plaza central como "Plaza Che", lo que indica que la plaza no fue rebautizada ese día: para octubre de 1976 la plaza ya era conocida con ese nombre incluso entre los lectores de El Tiempo. El autor también menciona "una placa del Che Guevara" que fue puesta sobre el pedestal de Santander, el mismo sitio donde "hace pocos días (...) durante la última ocupación de la universidad" la policía había retirado una placa similar. Lo que indica que la tradición de poner imágenes del Che en la plaza viene por lo menos desde el 76, cinco años antes de la fecha en la que, se dice, los Sanjuán pintaron por primera vez al argentino en la pared del León de Greiff con la ayuda de otros estudiantes.

¿Será que el Che ya estaba pintado en esa pared cuando sucedió el tropel de octubre del 76? ¿Fue pintado ese día y el cronista omitió mencionarlo? Y sí no, ¿apareció antes o después del 81?

Me dirigí con estas preguntas a varias personas que estudiaron, enseñaron o trabajaron en el campus de la Universidad Nacional entre el 75 y el 85. Entrecerrando los ojos y mirando hacia arriba, como quien esculca entre los recuerdos, esto fue lo que me contestaron:

Según Juan Sánchez, profesor de la carrera de diseño gráfico, el Che del León de Greiff ha sido pintado, borrado y repintado docenas de veces a lo largo de más de 20 años. Con el tiempo, dice Sanchéz, se han conocido muchas versiones de la imagen, las más recientes se han alejado del stencil original para agregarle sombras y detalles. "Lo volvieron Kawaii", explica una de sus estudiantes. "Pero no me atrevería a decir exacatamente cuándo lo pintaron" ––admitió Sanchéz–– "solo sé que cuando entré en el 82, ahí estaba". Luego un consejo: "De pronto la profesora María Esther Gálvis le puede decir más".

En 2002 la profesora María Esther Galvis dedicó toda una tésis de maestría a la plaza Che y la tituló La Plaza. "La verdad no podría darte una fecha en la que pintaron por primer vez al Che en la plaza ", me decía María Esther, quien se jubiló hace unos años de la facultad de arte, desde su teléfono fijo. "Lo que sí te puedo decir es que yo entré a estudiar en la universidad en el 80 y el Che ya estaba ahí".

Plaza Che en 1973.//Archivo: Universidad Nacional.

"Yo entré a trabajar aquí en el 80. Pero mi papá ––alma bendita–– trabajaba aquí y me traía desde antes", dijo un miembro de División de Vigilancia y Seguridad (DVS) que prefiere no revelar su nombre. "Sí. En el 76 pasa lo de la estatua de Santander, que la decapitan y la sacan de la plaza, pero lo del Che fue antes. Eso tuvo que haber sido en el 75. Porque el día que pasa lo de Santander, el Che ya estaba pintado en esa pared".

En una oficina de la Unidad Camilo Torres encontré al profesor de ingeniería Juan Rincón, quien entre el 72 y el 79 cursó su pregrado en este campus: "Lo del Ché pasó por ahí... ¿Qué le digo? Por ahí en el 75. Ese año hubo aquí una pedrada grande. Ese día sacaron la estatua de Santander ––porque esa se llamaba Plaza Santander–– y la decapitaron. Y desde ese día es que se llama plaza Che".

- ¿Y antes no estaba el Che ahí pintado? ¿A eso no le decían desde antes plaza Che?

- No. Eso se llama así desde el día que sacan la estatua y al Che lo pintan ese mismo día, si no es uno o dos días después.

Un piso más arriba, cinco hombres me atienden en la sala de juntos de la Aspuncol, la asociación de pensionados de la Universidad. José Custodio Sierra, su presidente, me dice que la imagen del Che en el León de Greiff ya estaba ahí el día que decapitaron la estatua de Santander. "La tuvieron que haber pintado antes, por ahí en el 75, porque ese día ya estaba ahí y ya se le decía Plaza Che", recuerda Sierra, quien entre el 70 y el 93 fue mecánico en campus y miembro del sindicato de trabajadores".

El archivo fotográfico de la Universidad contiene cientos de fotos, varias de ellas son de esa plaza: solo en una de ellas puede verse el León de Greiff sin la imagen del Che, la mayoría no tiene fecha y, entre las que sí tienen, la más antigua es del 83.

Mientras tanto, el Che ya estaba pintado en la pared otra vez. Esta vez en una versión de alto contraste (más stencil, menos Kawaii) que sigue mirando hacia un punto fijo en el vacío mientras los estudiantes toman turnos para comprar Chempanadas abajo.

***

Lo que importa del Che no es saber exactamente cómo fue pintado en esta plaza, ni cuántas veces ha sido repintada, ni qué tan Kawaii se haya vuelto.

Lo que importa de ese Che es todo lo contrario.

Es algo que va más allá de lo material. Es lo mismo que hace que, en 2016, grupos de estudiantes conspiren para borrarlo y otros se movilicen para restaurarlo. Es un peso simbólico que ha hecho que una universidad llena de iconografía subversiva haya decidido volcarse justo sobre este Che para tener una discusión acerca de su pasado, su presente y cómo va a proyectarse frente al resto de la sociedad.

Lo que importa del Che es el mito: que nadie nunca sepa cómo ni cuándo apareció ahí.

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