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Ojo, mucho ojo

Adriana Zehbrauskas

México visto a través de la lente de una fotógrafa brasileña.

por Bernardo Loyola
05 Junio 2013, 3:00pm

Adriana Zehbrauskas es una fotógrafa brasileña, estudió en Francia y desde hace varios años vive en México. Aunque es freelance, su trabajo se publica frecuentemente en el New York Times, además de otros medios también importantes como el Wall Street Journal, The Sunday Times, The Guardian, Paris Match y Le Figaro. Así, a través de las fotografías de Adriana, muchas personas fuera de México conocen nuestro país, lo bueno y lo malo.

Durante el tiempo que ha pasado aquí, ha documentado la guerra contra el narcotráfico en Sinaloa, la violencia y también la vida cotidiana en Ciudad Juárez, las historias de migrantes centroamericanos en el Chipas, el "fin del mundo" en Yucatán, la crisis de la influenza en el DF, mormones en Chihuahua, y la celebración del niño Fidencio en Espinazo, Nuevo León; además de hacer reportajes sobre algunos de los mejores hoteles y playas en México. También estuvo en Haití después del terremoto, pasó tiempo siguiendo a Hugo Chávez, en Venezuela; a Rigoberta Menchú, en Guatemala, y ha documentado una serie de historias increíbles sobre fe y religión tanto en México como en Brasil. Siempre pienso que los fotógrafos de documental tienen el trabajo más interesante del mundo.

Uno de los proyectos personales a los Adriana le ha dedicado más tiempo, es una extensa documentación del barrio de Tepito. Hace poco, la Colección Cristal de Luz publicó parte de este proyecto en formato de ebook, en el que se incluyen también videos y audios. Así que buscamos a Adriana para que nos contara un poco más sobre esta serie y sobre su trabajo en general.

VICE: Eres brasileña, estudiaste en Francia, y has tomado fotos por todo el mundo, ¿cómo terminaste en México?
Adriana Zehbrauskas: Como dijo un amigo dijo el otro día: "I followed a boy". Conocí mi marido en Brasil, donde él estaba trabajando para Associated Press. Surgió la oportunidad de venir a México y no lo pensamos dos veces.

Para ti, ¿hay algo que sea diferente de tomar fotos en México que en otras partes del mundo?
A mí me parece muy difícil tomar fotos en México, aunque pueda parecer justo al revés, por todos los colores, rituales y vestimentas. Obviamente una cosa es un turista que llega y hace unos snapshots, y otra cosa muy diferente es hacer un trabajo fotográfico con más profundidad. En México, en general, tengo la impresión de que a la gente no les gusta ser fotografiada. Es casi un inconsciente colectivo. Creo que hay una desconfianza muy fuerte, por varios factores. Es muy difícil fotografiar las comunidades indígenas en Chiapas y tal ves, mucho más difícil fotografiar las calles de Santa Fe. Puedo entender Chiapas y las razones culturales, pero ¿Santa Fe? Es horrible tener que lidiar con guaruras y agentes de seguridad investidos de un poder arbitrario. Ambas son situaciones a las que me enfrento constantemente en mi trabajo y son realmente frustrantes.

Aunque tomas fotos para diferentes medios, tu trabajo se publica frecuentemente en el New York Times. Tus fotos de alguna forma tienen un impacto en cómo se ve México desde fuera. ¿Qué tipo de imágenes e historias les interesan sobre México?
México es muy importante para Estados Unidos, les interesan todo tipo de historias. Yo salgo para hacer un assignment, sea sola o con un reportero y las fotos que hago son las que yo considero importantes para la nota que se está haciendo. Nadie me dice qué tipo de fotos tengo que hacer. Hay un respeto y una libertad muy grandes entre los fotógrafos, editores y reporteros. No existe únicamente un interés por las notas relacionadas con la violencia y el narcotráfico. Hago también muchas historias para las secciones de turismo, arte, economía y hasta bienes raíces. Siento que hay un interés muy grande en retratar otros aspectos de la vida en México.


Adriana Zehbrauskas for The New York Times.

Me gustaron mucho tus retratos de personas intercambiando armas por computadoras y dinero en la Villa. El estilo de esas fotos, en retratos, rompe con lo que normalmente publica el NYT, que en general publican fotos más documentales. ¿Qué tan abiertos están a este tipo de propuestas?
Yo creo que es interés de todos publicar un buen material y, de mi parte puedo decir que siempre están abiertos a propuestas. En el caso de las fotos del programa de armas en la Villa, todo se dio de forma natural. No salí de mi casa pensando en hacer esos retratos. Pero llegando ahí me di cuenta de la dificultad en retratar lo que estaba pasando: la gente estaba sentada, esperando su turno, abajo de una carpa, a contraluz, con las armas dentro de bolsas o envueltas en trapos. Podría ser cualquier cosa, una fila para un tratamiento de salud o una bendición. Por otro lado, no podía pedirles que sacasen sus armas, ahí adonde estaban, para que yo tomara las fotos, como si estuvieran cargando pistolas en el Viejo Oeste. Eso sería una forma de manipulación de la realidad y algo que no puedo hacer en mi trabajo. Tuve la idea de hacer los retratos formales, usando la carpa como fondo, y especificado en el pie de foto cómo fue hecho.

Muchas personas no aceptaron y otras no se identificaron. Creo que todo duró como 15 minutos y luego, obviamente me prohibieron tomar fotos.

¿Qué es lo que más te gusta fotografiar en México?
Me gusta fotografiar de todo, la imagen fija me fascina. Pero creo que lo que más me gusta, son fotografiar historias. Historias de la gente anónima. Me gusta fotografiar a la gente, entrar en sus casas y en sus vidas, ver los cuadros en las paredes y los retratos en las mesas, escuchar sus historias.

Me parece increíble que tanta gente me haya recibido en sus casas, a una extraña cualquiera, y me hayan ofrecido tantas veces, lo único que tenían para comer, que hayan reído y llorado, que hayan compartido conmigo las pequeñas alegrías y las inconmensurables tristezas de sus vidas.

Eve Arnold una vez dijo: "es una forma agresiva de trabajar, porque buscar llegar tan profundo como sea posible. Si eres cuidadoso con la gente, terminan compartiendo contigo una parte de ellos". Y, sí, yo creo que es así. Creo que, al fin y al cabo, la fuerza que motiva todo lo que hago es simplemente intentar entender el mundo en que vivemos.

Además de los reportajes que te piden periódicos y revistas, ¿tienes proyectos personales?
Tengo un proyecto eterno, sobre la fe en Brasil y México, que empecé desde hace mucho años en México, incluso antes de que viniera a vivir aquí y que se transformó, más bien, en un proyecto de vida. Por medio de este proyecto, me enteré de la existencia de la Santa Muerte y mi primera visita al barrio fue por eso.

¿Cómo ha sido tu experiencia experiencia fotografiando Tepito? ¿Cuál es la historia que querías contar?
Son muchas cosas, pero, como recién llegada a México, no sabía de Tepito ni de su fama. Llegué ahí por mi interés en la Santa Muerte. Fue también mi primer assignment en el DF. Con el tiempo, no pude dejar de escuchar las historias sobre el barrio y el gran temor con que la gente se refería a él siempre me daba mucha curiosidad. Sabía que tenía que meterme ahí, pero también sabía que no sería fácil. Por medio de un amigo, Felipe Ehrenberg, quien vivió muchos años en Tepito, conocí a Carmen y su hijo Javier, quien me recibieron y fueron mi puerta de entrada y han sido mis ángeles guardianes durante todo el proyecto.

Hay muchas historias en Tepito y yo no quería contar la misma que siempre sale en los periódicos locales. Quería saber quién era la gente que vive ahí, sus historias personales, qué hacen y cómo viven. La historia de un barrio del cual todos hablan pero que poca gente realmente visita.

Muchos fotógrafos han trabajado ahí, pero pareciera que Tepito es una fuente inagotable de imágenes e historias. Algunas de tus fotos se han publicado en revistas y periódicos, pero ahora se han publicado en un ibook. ¿Me puedes hablar sobre ese proyecto?
Las fotos siempre han sido publicadas dentro del contexto de un ensayo fotográfico, y no para ilustrar notas específicas sobre Tepito. Siempre tuve mucho cuidado con la imagen que quería presentar sobre ese lugar, respetando la gente y la confianza que me había dado. Si yo digo que es difícil fotografiar en Chiapas y Santa Fe, ¡imagínate en Tepito!

Es fascinante porque es un concentrado de valores, culturas, lenguajes, música... todo contenido en el espacio de 15 cuadras en el corazón del DF. ¡Es como el corazón pulsante de la ciudad! Un lugar adonde encuentras de todo, desde inocentes muñecos de peluche hasta armas, ropa Armani y Raybans falsos, drogas, cumbia, sonideros, box y fe, la católica y la no tanto.

Para mí, Tepito es tan fascinante que, incluso después de ser asaltada dos veces (una de ellas con pistola), sigo y seguiré regresando.

Desde un principio tenía la idea de hacer un libro. Cuando Jorge Lépez Vela me buscó proponiendo hacer un ebook, me pareció perfecto. Tepito es tan intenso, son tantos sonidos, tantos colores, tanto movimiento que a mí me pareció el medio ideal para transmitir la sensación de lo que es estar ahí de verdad.

El app, que es parte de la Colección Cristal de Luz, contiene casi cien fotos, entrevistas y sonido ambiente, captados durante un periodo de dos años. Lo que más me agrada de todo esto, es que al estar disponible en la appstore, gente de todo el mundo lo puede ver.


Adriana Zehbrauskas for The New York Times.

¿Crees que como extranjera tienes una perspectiva diferente cuando vas a lugares como Juárez, Tepito o Chinantla?
Creo que sí, porque no vengo cargada de prejuicios con relación al lugar, no traigo una carga tan pesada, lo que me facilita mirar de una manera más independiente y fresca.

La gente sólo reacciona diferente cuando me preguntan de dónde soy y digo que soy de Brasil. Ahí sí, ¡es como que de repente soy sinónimo de amistad y fiesta! Creo que se hace una relación positiva cuando se dan cuenta de que vengo de un país que también sufre de muchos problemas; es como un nivelador (bueno la fascinación global por el futbol en general también ayuda).

¿Me puedes hablar un poco sobre la película Beyond Assignment en la que apareces?
Es un documental dirigido por Jim Virga y producido por el Knight Center for International Media y la Universidad de Miami. Está enfocada en el trabajo personal de tres fotoperiodistas mujeres, yo en México, Mariella Furrer en Sudáfrica y Gali Tibbon, en Israel. Jim Virga y Ed Talavera estuvieron conmigo en Tepito por una semana, y fue un proceso súper intenso y real.

Muchas de las fotos que aparecen en el documental fueron hechas durante esa semana. Yo paso mi vida fotografiando a la gente y me pareció justo aceptar la invitación de aparecer en un documental en donde pongo en juego también mi propia vulnerabilidad. Esa es mi responsabilidad con las personas a quien fotografío.

Puedes ver más del trabajo de Adriana en: http://azpix.com.br