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Mi gato es mi familia

Me enteré de que estaba enfermo de leucemia hace tres semanas cuando lo llevé al veterinario por una supuesta dermatitis en la pata derecha.

por Laura Galindo M.
23 Febrero 2018, 10:25pm

Ilustración: Sindy Elefante.

Hace tiempo leí en el periódico La Stampa que una italiana pidió una licencia remunerada a su jefe para poder cuidar a su perro enfermo. La justificación era simple, pero contundente: “él es mi familia”.

Dante es un gato blanco, algo flaco y sin raza. Su mamá se llama Paloma y vive en una casa con tejas de zinc más allá del barrio Las Lomas, en Bogotá. De su papá no sé nada. Lo adopté cuando él tenía casi dos meses y desde entonces ha sido, igual que el perro de la italiana, mi familia.

Me espera en la puerta cuando llego en las noches y me saluda con besos al desayuno. Se queda a mi lado cuando estoy enferma y me arrulla con ronroneos cuando no puedo dormir. También peleamos, como todas las familias. Una vez porque rasguñó el carriel que había traído desde Jericó, Antioquia. Otra, porque hizo jirones la chaqueta gris que me regaló mi abuela. Me puse furiosa y se lo eché en cara varios días aún sabiendo que él no entendía nada. A mi abuela se la había llevado el Alzheimer y nunca más iba a regalarme chaquetas.

Dante es mi familia y está enfermo. Es mi familia y tiene leucemia. | Ilustración: Sindy Elefante.

No dormimos juntos porque se acuesta temprano y yo soy más bien nocturna, pero compartimos miedos. Si mi mamá se enferma, Dante la vigila desde los pies de la cama mientras yo le pregunto mil veces, de uno a diez, qué tan mal se siente. Cuando llueve y los truenos estallan las alarmas de los carros, se pega a mis costillas y se queda muy quieto hasta que todo se calma. Yo hago lo mismo.

Dante es mi familia y cuando algo bueno me pasa, le cuento. Él levanta las orejas y me mira. Me escucha y celebramos juntos. Le compro ratones de goma para su cumpleaños y lo abrazo cuando dan las doce el 31 de diciembre. Lo conocen mis amigos y hablo de él con mis compañeros de trabajo. Le presento a mis posibles amores y si se llevan bien lo tomo como buen augurio.

Dante es mi familia y está enfermo. Es mi familia y tiene leucemia.

Me enteré hace tres semanas cuando lo llevé al veterinario por una supuesta dermatitis en la pata derecha. Llevaba varios días sin comer bien y escondiéndose todo el tiempo. Que es una enfermedad crónica, me dijeron. Que de eso se va a morir. Que no hay cómo saber cuándo, pero que me haga a la idea. Desde ese día duermo poco. Mi tiempo lo marcan los los horarios de sus pastillas y he aprendido a desinfectar heridas sin desmayarme. En las noches, me despierto para asegurarme que está respirando, y en las mañanas, le canto canciones de Leonard Cohen para que se mejore.

Mi gato es mi familia. Así como el perro de la italiana es la suya.

Dante está mejorando. Lento, muy lento. | Ilustración: Sindy Elefante

En España, desde hace dos meses los animales dejaron de ser cosas. El Congreso aprobó una ley que los declara “seres sintientes” y los convierte en sujetos de derecho. No son bienes ni son embargables y las parejas divorciadas pueden llevar su custodia a juicio. Algo similar ocurre en Alemania, Austria, Suiza, Francia y Portugal. En Holanda, el Colegio de Veterinarios lleva varios meses insistiendo en que se haga obligatorio el seguro médico para mascotas. Así los dueños tendrían cómo pagar sus tratamientos y disminuirían las tasas de abandono y las cifras de eutanasia injustificada.

Cuando mi gato se enfermó volví a buscar la noticia de la italiana. Se llama Anna y trabaja para la universidad La Sapienza de Roma. Cucciola, su perro, se recuperó del todo y ahora la universidad les da dos días de licencia a sus empleados cuando tienen mascotas enfermas. Un final feliz. Dante está mejorando. Lento, muy lento. Ya come solo y hace pequeñas incursiones a la puerta desde su escondite. Le sigo dando suero y un recetario de pastillas que si no anoto no logro recordar. Me mira atento y cuando le canto se queda dormido en mis rodillas. Ha vuelto a ronronear y a ponerse panza arriba cuando lo acaricio. Estoy esperando mi final feliz.


Laura Galindo acá.