Garras de Oro: conversaciones con la película maldita

Hablamos con Juan Pablo Carreño, compositor musical del remake prohibido de la película colombiana maldita por antonomasia, Garras de Oro, el primer film anti yanqui que narra la separación de Panamá de Colombia.

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mar. 15 2015, 5:00pm

El tío Sam perdiéndose en su trance. Fotos cortesía laboratorios Black Velvet.

Hace cien años, cualquier cineasta, de Colombia o de Estados Unidos, que dijera: "¿Dónde está la maldita película Garras de Oro?", corría el riesgo de convertirse en un cero a la izquierda. El film no tenía ningún antecedente, su director no se atrevió a firmarla con su verdadero nombre, usó el seudónimo PP. Jambrina, y un día normal y campante fue borrada de la faz de la tierra. Y uno se pregunta, ¿por qué tanto show por 80 minutos de cinta?

La película abarcaba el polémico tema de la separación de Panamá de Colombia y criticaba el papel de Estados Unidos en este divorcio, que como suegra metida quería quedarse con algo, sino era todo, sin merecerlo. El caso fue que todo el mundo negó la película y se hicieron muchas suposiciones frente a su desaparición, que involucraban a los gringos y sus proyectos económicos y políticos. Si fueron ellos, no les duró tanto la dicha porque sesenta años después se encontró Garras de oro y la Fundación de patrimonio fílmico colombiano la restauró; sin embargo, unos años más tarde volvió a desaparecer como si le encantará jugar al escondite.

Juan Pablo Carreño se sabe mejor esta historia porque a él si no le da miedo hablar de esta película. Hace dos años, el compositor bogotano se alió con el cineasta Luis Nieto, el papá del movimiento perversionista, y decidieron revivir esta cinta muda, censurada y controversial en la época de nuestros 'tatatara' abuelos. El resultado del trabajo de estos dos niños genios, Carreño con la batuta y Nieto con la edición, fue un montaje escénico escalofriante e irreverente que, después de ser estrenado en la Iglesia Saint Eustache de París, en el marco del Festival París Quartier d'Été, visitó el Festival Internacional de cine de Cartagena de Indias, el pasado jueves 12 de marzo.

El lugar de profanación fue la Iglesia de San Pedro Claver. Ese jueves en la noche, cientos de personas hicieron una fila que cubría la entrada al templo para perderse en este remake prohibido que fluía en una especie de dubstep sinfónico. Durante la presentación todas las cabezas miraban hacia al frente con la boca medio abierta y ninguna pantalla de celular brilló en la oscuridad. Imágenes palpitantes, en reversa y disonancia, revivieron la primera película anti yanqui del cine mundial hecha en Colombia; mientras los trombones y los platillos al mando de un tío Sam vestido a lo Tim Burton, pálido y ojeroso, hacían que el público se perdiera en la sinestesia.

Todo finalizó con miles de ovaciones y cumplió con el exquisito gustó de Aronofsky, que entre el público en una de esos benditos bancos de madera, se paró, aplaudió y chifló.

Juan Pablo y sus garras en el FICCI. Foto por Camila Tovar.

La mañana del viernes, unas horas después del éxito rotundo, tuvimos la oportunidad de hablar con Juan Pablo que, con la resaca viva, las gafas puestas y las mejillas tibias del calor, nos contó cómo de unas cervezas nacen grandes ideas, que a veces el tío Sam necesita un viaje psicodélico y que no se dio por enterado de que su amado Aronofsky no se cansaba de aplaudirlo.

Vice: Hola Juan, ¿enguayabado?

Juan Pablo: Y mañana tenemos función en Barranquilla (risas). Y el domingo en la Luis Ángel Arango de Bogotá.

Eso es un sí rotundo, como el éxito del cine- concierto Garras de Oro.

¿Lo viste? ¿lo viste? Yo estaba muy emocionado con tantas felicitaciones.

¿Cómo nació la idea de hacer este montaje escénico tan particular de este film?

De hecho Nieto y yo nos estábamos tomando unas cervezas. Mentira, yo creo que cada colombiano debe estar en una constante búsqueda de su pasado y encontrarse con una película muda y anti imperialista, como Garras de oro, es tener la oportunidad de experimentar un auto descubrimiento.

Nieto y tú son artistas exiliados, viven y crean desde el exterior, ¿esto es una forma de vivir Colombia desde afuera?

Te voy a decir la verdad. Todo esto es un proyecto muy extraño y todavía no sé muy bien si tragarme entero el propósito inicial de esta película: denunciar y oponerse a Estados Unidos. Más bien creo que Colombia termina siendo una excusa para crear la trama de la película. Sin embargo, el hecho de que haya sido censurada y desaparecida nos confronta con la idea de la memoria histórica y con la manera en la que nos relacionamos con el patrimonio cultural.

Nosotros afuera, de alguna manera somos exiliados, sí. El encuentro con este tipo de documentos históricos nos hace más conscientes de qué es ser colombiano, cosa que a veces se olvida cuando estás lejos.

El tío Sam hizo haciendo ejercicio al ritmo de dubstep sinfónico.

Entonces, ¿cómo montaron esta puesta tan sensorial? Que, desafortunadamente, no le recomiendo a nadie con marcapasos.

Afortunadamente, parece que nadie tenía marcapasos ayer (risas). Acelera todo y pone la piel de gallina, ¿no?

Bueno, la película entre desaparición y desaparición terminó incompleta. Entonces le dije a Nieto que necesitaba completarla y resaltar la historia de la separación de Panamá de Colombia, para 'colombianizar' todo y olvidarnos de esa propaganda yanqui. Queríamos que lo que importara fuero lo nuestro. Se re editó la película, se alteraron escenas y se agregaron algunas más.

Prácticamente creamos otra película a partir de Garras de oro, pero para expresar la inmensa desazón por la pérdida de Panamá.

Querían que la gente aprendiera un poquito de historia colombiana.

Exacto. Fíjate cuánta gente sabe cuáles eran los artistas plásticos o compositores colombianos del siglo XX. Se conoce más lo ajeno que lo propio. Nuestra generación, la tuya y la mía, comenzó a ser más sensible a eso.

Pero todo con su toque vanguardista. La composición musical era todo un dubstep sinfónico.

Querías pararte a bailar, ¿no? Bueno, sí, es todo un viaje pero más que mío para el tío Sam. Lo que queríamos era que este señor entrara en trance. Paradójicamente, se pone en un pódium para que dirija las masas y, al mismo tiempo, se trata de hacer que la música lo erija.

Sinestesia, eso se llama sinestesia.

Perdido en su viaje, escuchando a Aronofsky celebrar.

El que quería bailar era Darren Aronofsky, ¿lo viste ayer, como te aplaudía sin parar?

¿Qué? ¿En serio?

Sí. De hecho en el cine concierto tuve la misma sensación que cuando vi Requiem for a Dream de Aronofsky. Me perturbé, pero nunca quise salir de la iglesia.

Me lo dices y me llenó de satisfacción. Me dejas sin palabras.

(Da la vuelta y, muy emocionado, le grita a su amigo: "Oiga, que Aronofsky ayer no dejaba de aplaudir").

Sigue a Camila Tovar.

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