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Conflicto en Sudan del sur

Especial Sudán del Sur: Capítulo 11. La alianza maldita

En septiembre de 1983, Riek Machar y sus seguidores descubrieron un aliado poderoso: Muamar el Gadafi.

por Robert Young Pelton
05 Junio 2014, 3:56pm

Foto por Tim Freccia.

En septiembre de 1983, Riek Machar y sus seguidores descubrieron un aliado poderoso: Muamar el Gadafi. Durante su régimen en Libia, Gadafi, un correoso nacionalista, apoyó a un sinfín de grupos rebeldes en África. A principios de ese año, el entonces presidente de EU, Ronald Reagan, le había llamado a Gadafi “el perro loco de Oriente Medio”, pero él era un perro loco con un hueso de miles de millones en ganancias de petróleo. Incluso los rusos que apoyaban al régimen hesitaban en involucrarse demasiado con el líder poco convencional de Libia.

Gadafi llevó a Machot y a su pequeño grupo de rebeldes llamado Congreso Revolucionario de Sudán, a Adís Abeba para urdir un plan, junto con un equipo de consultores, y así organizar un frente contra el norte. A través de promesas financieras y apoyo moral, la junta convenció a Machar de unirse con John Garang. Esto era un espaldarazo para el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (MLPS), un grupo nacionalista de resistencia que también contaba con un brazo armado. Para apoyarlos, se reunieron algunos ángeles tenebrosos: Gadafi, el marxista etíope Mengistu Haile Mariam, representantes de Israel (que querían vender toneladas de armas confiscadas en sus guerras contra Egipto), y una colección de inversionistas privados renegados. Este plan rápidamente llevó a un propósito táctico: una guerra sureña contra las tribus que apoyaban al régimen árabe de Sudán, con el fin de interrumpir y usurpar el control del norte de la recién descubierta de petróleo del centro y sur. 

Ese mismo año, antes de la junta de Adís Abeba, Garang había persuadido a su batallón 105 —un grupo de soldados dinka basados en Bor, bajo el mando del gobierno sudanés— para amotinarse contra el norte y organizar una rebelión desde Etiopía. Los amotinados se llevaron el nombre de Anyanya II y se mudaron a Etiopía, el hogar de los combatientes originales de Anyanya durante la primera guerra civil sudanesa. A Mengistu le agradaban las políticas marxistas de Garang y vio esta oportunidad como una forma de controlar las aspiraciones nuer de independencia en el oeste de Etiopía, cerca de Gambela. Él albergó a Garang y permitió que tuviera a sus fuerzas ahí.

Armados con armamento ruso y entrenados en Etiopía, Garang y sus hombres se llevaron la pelea de regreso a casa, moviéndose al este de Ecuatoria. El conflicto se extendió del este al centro de Sudán, con un enfoque táctico en los campos de petróleo en el territorio nuer. Los rebeldes se dieron cuenta que mientras el sur pudiera controlar el área, tendrían ventaja sobre Jartum o cualquier otro que codiciara el oro negro.

En 1985, después de que se unieron a las fuerzas, Garang envió Machar a Gambela a estudiar avanzadas tácticas militares. Al final de su capacitación, Machar tenía una tropa de tres mil hombres. Él y sus guerrilleros marcharon de Gambela cruzando las tierras de Kordofán, Sudán, acompañados por la comunidad nuba, quienes estaban en conflicto con los invasores baggara —árabes que se habían infiltrado en el área—. Después de su llegada a la región, Machar rápidamente había ganado la confianza de los nuba debido a los intereses mutuos: Jartum había equipado a invasores baggara con armas que perseguían a los nuba, con la esperanza de avivar una guerra de poder para frenar el avance de los rebeldes. 

Mientras tanto, los descubrimientos de petróleo de Chevron siguieron enriqueciendo a Sudán. El gigante del petróleo había creado una comuna grande no muy lejos de Leer, el pueblo natal de Machar. El 2 de febrero de 1984, un batallón de Anyanya II atacó la base del campamento de Chevron, en Younyang, matando a tres trabajadores extranjeros e hiriendo a otros. La compañía suspendió sus operaciones. Un mes después, tras recibir garantía del gobierno sudanés de que el área estaba segura, Chevron resumió algunas de sus actividades. Pero el gobierno hizo una pésima apreciación. Para 1986, Machar había tomado control de las áreas petroleras, incluyendo Leer, y negociado una tregua con el ejército de baggara, impidiendo a  Chevron y Jartum sacar petróleo. 

Desesperado, el presidente Gaafar Muhammad al Nimeiry, de Sudán, reclutó a Adnan Khashoggi, empresario saudí y traficante de armas para revivir la abandonada exploración petrolera. Nimeiry le ofreció una cantidad considerable si él creaba una compañía nacional de petróleo y empezaba a agilizar las cosas. Khashoggi era un intermediario famoso en Estados Unidos y Europa, y eventualmente él llevó a Nimeiry al controversial patrocinador germanobritánico y magnate siderúrgico Roland Tiny Rowland. Él había hecho con Khashoggi varios negocios en África y era famoso por anhelar un asiento en la mesa de cualquier grupo emergente, rebelde o no.  

Para este punto, el currículum de Rowland incluía la transformación de una compañía de tabaco rodesiana, la minera London and Rhodesian, Land Company y el periódico Observer en un conglomerado multimillonario con inversiones por todo África. (Sin mencionar que en su momento estuvo afiliado a las Juventudes Hitlerianas).

El padre de Rowland había arreglado la educación de su hijo en Hampshire, Inglaterra, y Tiny se convirtió en un soldado que irónicamente pasó una temporada en un campo británico de prisioneros de guerra, porque se había ausentado sin permiso para liberar a sus padres —holandesa y alemán, respectivamente— de un campo británico de confinamiento. Luego aplicó para convertirse en espía para M16 pero fue rechazado. Para cuando llegó Nimeiry a tocar la puerta, Rowland era un hombre de 70 años que había explotado su apoyo a líderes emergentes de África y fuerzas rebeldes con gran ventaja económica.

Rowland, quien una vez se refirió a Muamar el Gadafi como “un gran amigo”, también se hizo íntimo del dictador libio cuando los agentes del CIA Edwin Wilson y Frank Terpil aprovecharon a la subsidiaria Tradewinds, de Rowland, para equipar y modernizar al ejército libio. Rowland proveyó a Gadafi de un número considerable de jóvenes africanos revolucionarios —Jomo Kenyatta, Robert Mugabe y Jonas Savimbi, entre otros—, cuyas nóminas pagaba Rowland. Posteriormente el magnate también se involucraría en el tráfico de armas, golpes de estado y sería el anfitrión de varios turbios acuerdos políticos, incluyendo el escándalo Irán-Contra.

Muamar el Gadafi, ex dictador y líder del ejército libio, que ayudó a organizar un frente contra el norte. 

Nadie podía rebatir que Rowland era pragmático, organizado y avispado. Él sabía que Sudán sería obligado a resolver las quejas locales en las regiones petroleras. Esto requería financiamiento del extranjero. Era, para usar un léxico más moderno de la jerga de negocios: the ultimate start-up. Al entrar al área y dejar 20 mil dólares en el bolsillo de un líder rebelde, él creaba oportunidades para recompensas más grandes en un futuro.

A petición de Nimeiry, Rowland intentó persuadir a Garang para crear un ejército mercenario que protegiera el petróleo. Nimeiry incluso le pidió a Rowland ofrecerle a Garang el puesto de vicepresidente si lograba detener la guerra. Garang se negó. Él y Machar tenían sus propios planes, y el MLPS se estaba movilizando. 

Entre los rebeldes, Machar y su esposa, Angelina Teny, eran jóvenes, inteligentes, elocuentes y mostraban un gran liderazgo. Machar trajo la calma y un poco de balance intelectual al marxismo radical de Garang. Aunque sus ideas eran muy occidentales para la mayoría de jefes tradicionales de los nuer, éstas apelaban a la búsqueda de un continente por cambiar sus guerras tribales y problemas internos por una estabilidad y sistema democráticos. Y quizás aún más importante, la nueva generación de sudsudaneses educados como Machar y Garang eran personas con las que el mundo occidental podía hacer negocios. Garang tenía un título en agricultura (su tesis era sobre el masivo proyecto del Canal de Jonglei) que, junto con la formación en negocios e ingeniería de Machar, los convirtieron en el tipo de líderes con los que los empresarios internacionales querían trabajar.  

Machar y Teny propusieron la independencia del sur en varios artículos, discursos y juntas. La pareja pronto llamó la atención de Rowland. Intrigado por Machar, él le brindó al MLPS un presupuesto de supuestamente miles de millones de dólares. Rowland simultáneamente se posicionó como un intermediario neutral de la paz entre el norte y el sur, ofreciendo su jet privado para transportar a líderes a juntas y resolver disputas.

Una gran cantidad de intrigas nacieron alrededor de Rowland, los grupos rebeldes, Gadafi y las agencias de inteligencia británica y estadounidense; cualquiera que fuera la naturaleza de esas relaciones, sin duda Rowland jugó un rol importante en la formación de la África moderna. Además de su apoyo para fundar grupos rebeldes, se supone que él usó unas 800 o más de sus compañías para ejerecer una política exterior a favor de gobiernos extranjeros, sus accionistas y sus propios intereses.

Rowland era el arquetipo de lo que el gobierno de Sudán sabía que necesitaba: un hombre que pudiera moverse tanto en planes estratégicos como en campos de batalla, separando el desagradable negocio de la revolución del aún más desagradable negocio de la inversión y explotación. Lo que no se sabe es si Rowland estaba trabajando para Estados Unidos (como lo hizo al proveer capacitación para los militares de Gadafi y luego durante su involucramiento con el Irán-Contra) o si él estaba actuando solo. El periodista estadounidense Rory Nugente, quien conocía a Rowland, describió su motivación: “Tiny sólo quería un asiento en cada juego de póker. Si ganaba mucho dinero, entonces se retiraba, pero nunca quería perder una apuesta”.

Pero luego las cuidadosas maquinaciones de Rowland, Gadafi, Khashoggi, Machar y Garang para intervenir Jartum y su petróleo fueron destruidas de un solo golpe. En abril 1985, mientras realizaba una visita a Estados Unidos, Nimeiry fue derrocado por los fundamentalistas islámicos. La elección que le siguió dejó en el poder al académico religioso Al Sadiq al Mahdi, bisnieto de Mahdi, quien años antes había derrocado a George Gordon, el gobernador británico colonialista, y regresó al país el régimen islámico y la esclavitud. (Hassan al Turabi, cuñado de Sadiq, luego restablecería la ley Sharia y el dominio árabe en Sudán).

Cauteloso por las deterioradas condiciones políticas y la creciente influencia del fundamentalista Frente Islámico Nacional (FIN), para 1988 Chevron había decidido retirarse por completo de Sudán; a principios de los 90s sus bienes fueron reubicados en una petrolera con sede en Jartum, tras pagar 23 millones de dólares. La presión y el bloqueo del norte contra el sur fue reemplazado con medidas draconianas. El gobierno sudanés decidió cometer genocidio sobre la tribu nuer en las regiones ricas en petróleo. Luego Etiopía, el principal simpatizante del MLPS/ELPS detuvo abruptamente el financiamiento de la guerra. En 1989, Sudán también perdió la generosidad de Arabia Saudita quien —bajo el consejo de asesores estadunidenses y británicos— estaba capacitando a yihadistas para combatir a los soviéticos en Afganistán. La ausencia del apoyo puso un obstáculo en la relación entre Garang y Machar, que en realidad nunca había sido buena (Garang favorecía a una federación basada en Jartum y Machar quería la independencia). Los cismas entre los diversos grupos se abrieron, lo que resultó en un cambio radical para los rebeldes del sur.

Nada podría salvar Sudán.

El 30 de junio de 1989, otro golpe de estado apoyado por el FIN, esta vez liderado por el mariscal Omar al Bashir y Turabi, quien derrocó al ineficaz de Sadiq y su gobierno civil. Las sanciones internacionales pusieron presión a Bashir para llegar a un acuerdo con el sur, y lo hizo de la manera más fidedigna posible. Bajo la bandera del islam, su ejército reclutó a más de 150 mil jóvenes para una nueva milicia de autodefensa islámica.

Un revoltijo de grupos rebeldes controló la mayor parte del sur hasta 1991, con la caída de la Unión Soviética y la destitución del simpatizante rebelde Mengistu en Etiopía. El campo de juego había cambiado drásticamente.

Los recursos de los rebeldes se fueron reduciendo hasta ser inexistentes en tan solo un mes. Para junio, el norte tenía la ventaja y había ganado el control de las zonas petroleras del sur. Jartum estaba ganando.

Patrocinador germanobritánico y magnate de la industria siderúrgica, Roland Tiny Rowland. 

Fue durante esta época que un serio y alto joven saudí empezó a volar a Jartum en su jet Gulfstream. Los primeros avistamientos del hijo mimado de un magnate de la construcción fueron alrededor de 1989. Por entonces Osama bin Laden iba por ahí, presumiendo ser el responsable de sacar a los soviéticos de Afganistán. Con Sudán bajo un nuevo liderazgo, Osama fue invitado a Jartum, junto con otros islamistas violentos. Después de su éxito con los muyahidines en Afganistán, Bin Laden había sido repudiado por los saudíes luego de que rechazaron su oferta de apoyo de su red de combatientes y, en cambio, haberse alineado con las fuerzas estadunidenses para expulsar a Sadam Husein de Kuwait, en la Guerra del Golfo. Aprovechando que el nuevo gobierno en Sudán estaba encabezado por musulmanes y el hecho de que no había sino caos y guerra, invirtió en ese país.

En diciembre de 1991, Bin Laden había mudado a su familia, asesores y escoltas de Pakistán a una casa rosita de tres pisos en la calle Al Mashtal, en Al Riyadh, un exclusivo barrio de Jartum. Mientras que su patria ya no lo quería, Bin Laden era, en efecto, exactamente lo que el nuevo gobierno de Jartum estaba buscando.

Las moderadas pero eficaces estrategias militares que el desgarbado saudí había desarrollado en Afganistán se basaron en reclutamiento barato y masas de hombres sin capacitación dispuestos a luchar por una ideología. Su conocimiento de los negocios y la técnica como uno de los hijos de un magnate saudí eran también de interés para el gobierno de Sudán. Bin Laden vio un gran potencial en sus adinerados y teológicamente afines anfitriones.

A través de una serie de donaciones y sobornos políticos, los sudaneses le proporcionaron a Bin Laden pasaportes y el paso seguro del flujo de los combatientes islamistas que él empezó a importar y capacitar en unos 20 campos alrededor de Jartum. Bin Laden también se puso a trabajar en la construcción de una carretera de Jartum a Puerto Sudán. Por fin las cosas estaban haciéndose. La empresa de inversión de Arabia Saudita empleó a 400 sudaneses, su constructora empleó a otros 600, y sus empresas pronto incluyeron una empresa comercial, un banco y proyectos agrícolas. Se estima que la inversión total de Bin Laden en infraestructura fue de entre 20 y 50 millones de dólares. Por su parte, Turabi fomentó una polinización cruzada entre Al Qaeda, Abu Nidal, Carlos el Chacal y Hezbolá, que contribuyeron a la reputación de Sudán como central de terror.

Después de que Bin Laden importó a sus muyahidines de Pakistán y Afganistán, los envió al sur para luchar contra los nuer y los dinka. Cuando yo estaba en los campos de batalla con combatientes nuer en 1996, el suelo seguía lleno de cientos de esqueletos blanqueados, decorados con gorras de Kandahar, cepillos de dientes y ejemplares del Corán. Este concepto de utilizar un grupo armado suicida sin capacitación molestó a los dinka y los nuer, porque no había un discurso político, sólo el derramamiento de sangre a gran escala.

Al momento de la llegada de Bin Laden, la relación entre Garang y Machar ya estaba muy tensa. El embargo de petróleo por parte de Jartum, y la desaparición del dinero soviético y de simpatizantes como Etiopía, significó que la revolución terminaría pronto si no encontraban otra manera de financiarla. El manifiesto socialista de Garang sonaba hueco sin un éxito militar para respaldarlo. En una decisión que resonaría en sus acciones dos décadas más tarde, Machar decidió actuar por su cuenta.

No mucho antes de que Bin Laden se convirtiera en residente sudanés, Machar hizo lo que puede ser uno de los mayores errores de su carrera: inició una relación sentimental con Emma McCune —británica, estudiante de arte y fumadora empedernida— que había sido inspirada por la moda repentina de salvar África. Ella había visto los videos y conciertos de mediados de los 80s de Live Aid y quería desesperadamente participar en obras de caridad. Mientras trabajaba en una ONG, ella buscó a Machar en una conferencia en Nairobi, en 1990, para confrontarlo por el uso de los campos de refugiados para reclutar a niños soldado. Una cosa llevó a la otra, y de alguna manera pasaron la noche juntos y se volvieron inseparables.

Y mientras Machar estaba enamorando de su exótica novia blanca, olvidaba a Garang. En ese momento Garang insistía en que el MLPS se uniera a Jartum y permitiera que el sur se convirtiera en una región autónoma, independiente. Machar no iba a luchar una guerra para terminar recibiendo órdenes de soldados árabes. El problema era una dinámica que, en su momento, le dio poder al dúo: Garang era militar y Machar, académico. Los gastos de una guerra sin financiamiento hundirían ambos lados en una lucha brutal de genocidio y la hambruna, los cuales McCune trataba de combatir pero que pronto serían utilizados por ella como un arma horrible en esa guerra interna.

El 28 de agosto de 1991, Machar y otros dos comandantes nuer publicaron una panfleto contra Garang. Machar organizó un golpe usando palabras en lugar de balas.

La Declaración de Nasir, como llegó a ser conocida, acusó a Garang de ser un dictador y llamó a la autodeterminación de la nación de Sudán del Sur. Estos sentimientos resonaban con los líderes de los nuer, que se sentían marginados principalmente por el grupo dinka, de Garang. El folleto fue escrito en un estilo que era la antítesis de la manera usual de la voz suave de Machar, y empezaron a circular rumores de que pudo haber sido en parte escrito por una joven mujer blanca que vivía con Machar, mientras que él estaba planeando la toma de Nasir —o sea McCune—. Creyendo que Machar carecía del valor para cumplir su amenaza de un golpe, Garang cometió el error táctico de ignorar en gran medida la postura política del nuer. Pero el segundo al mando y sucesor de Garang, Salva Kiir, se mostró cauteloso y nunca olvidó los comentarios amenazantes y la traición de Machar.

Ya que el manifiesto no consiguió mucha atención entre la población local ni los medios de comunicación internacionales, Machar y dos de sus comandantes leales se dieron cuenta de que necesitaban apoyo en relaciones públicas. Así que llamaron a la BBC desde su sede en Nasir, para declarar que habían tomado el control del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS). Esto era nuevo para Garang, quien se vio obligado a tomar en serio a su antiguo aliado y su facción recién formada, el ELPS-Nasir.

Algunos sudsudaneses aún culpan la influencia de McCune en Machar por la separación sorpresiva y los sangrientos acontecimientos que la siguieron, como la masacre de Bor, que —según Amnistía Internacional— cobró la vida de unos dos mil dinka a manos de los leales nuer de Machar. Otros culpan a la decisión de Garang de asesinar a los miembros nuer del EPLS. Parecía que McCune había lanzado un hechizo sobre Machar; los simpatizantes de Garang empezaron a describir la división y la violencia resultante como “la guerra de Emma”.

Foto por Tim Freccia. 

La primera vez que el público supo más acerca de la joven McCune fue en un documental emitido en el Reino Unido por ITV Yorkshire. Mostraba a McCune, pálida y delgada, dando un paseo por el monte con su sombrero Paddington Bear y un elegante traje occidental. En las sombras acechaba “el señor de la guerra” Machar, sus ojos y dientes blancos brillando bajo una boina roja. Lo que antes era una causa rebelde feroz se había reducido a una romántica fantasía extravagante. Tras bambalinas se estaba produciendo la peor catástrofe humanitaria en la historia de Sudán, una hambruna a escala más grande que las crisis humanitaria en Somalia y Etiopía.

En el otoño de 1992, Sudán estaba paralizado por una guerra creciente, el genocidio y el desplazamiento interno masivo. Los cultivos no se habían sembrado a principios de año, y cientos de miles de personas estaban sobreviviendo solamente de lo que enviaban organizaciones de ayuda humanitaria. En total, ocho millones de sudaneses se veían afectados por la sequía, y más de 150 mil murieron de hambre. O al menos esos son los cálculos, pero en realidad nadie sabe cuántas personas murieron en Sudán.

McCune, que había llegado a África inspirada por la canción de Band Aid (que a su vez fue inspirada por un reportaje de la BBC en Etiopía) y el interés social por salvar a África, ideó una forma de llamar la atención en la televisión.

El término “efecto CNN” —que consistía en la idea de que una historia sencilla transmitida en repetidas ocasiones en la televisión detonaría la acción del gobierno, al igual que el documental en Etiopía que había inspirado a Bob Geldof casi una década antes— estaba de moda en ese tiempo. La cobertura mediática de Somalia había sido eficaz, con el gobierno de EU amenazando con enviar tropas a Mogadiscio para enfrentar a los detonadores de la guerra y brindando ayuda en las zonas más remotas y desventuradas. Así que cuando McCune se enteró que CNN estaba enviando a un corresponsal a Waat para cubrir el conflicto que ella había ayudado a detonar, armó un plan. Ella le diría a la gente enferma del lugar que el avión llevaba comida. Ella tendría su espacio en los medios de comunicación. O al menos así lo creía, a pesar de que sus acciones fueron el epítome de la hipocresía, dadas las razones por las que llegó a África en primer lugar.

Al final, a pesar de su cruel manera de engañar a la gente del lugar, el informe de CNN tuvo poco impacto.

En la primavera de 1993, las fuerzas de Garang tuvieron como misión cazar a Machar y matarlo, creyendo que su facción ELPS-Nasir se derrumbaría en su ausencia. Aún dolido por la masacre de dinka que hicieron los nuer dirigidos por Machar en Bor, 1991, las fuerzas dinka de Garang asesinaron, quemaron, saquearon y mataron a los nuer indiscriminadamente.

Rory Nugent fue el periodista que decidió entrar al sur de Sudán durante este periodo. Nugent vio una brevísima nota en la página 13 del New York Times: “85 mil muertos en los últimos dos meses en Sudán del Sur”. Estaba perplejo: “La ONU podría calcular con precisión las muertes en Somalia”, decía, “pero apenas podía entender lo que estaba sucediendo en Sudán”.

Durante una cena en Nueva York, un amigo le sugirió que buscara a Emma McCune. Sin número, ni dirección.

La localizó en Nairobi y se sorprendió al saber que ella era la jefa de prensa oficial de la facción. “Nadie había escrito sobre ella en ese entonces”, me dijo. “Aquí está la hija de un rico que se casa con un líder de la guerra con un gran pene y dice, ‘El sexo es genial’”. Sin embargo, McCune le pidió no escribir sobre ella. Nugent aceptó. “Ella no era parte de la historia. Eso fue demasiado fácil”.

Nugent dijo que era “una apasionada de la causa. Mitad romántica, mitad pragmática. Ella era una chica de convento atrapada en el fervor de los tiempos”. Y se le había impedido tomar vuelos de la ONU porque fue sorprendida contrabandeando armas.

“Cuando fui a Nairobi descubrí que los periodistas no iban a Sudán porque tenían que pagar su avión”, declaró. Nugent persuadió a otros seis periodistas de alquilar un avión por dos mil dólares, y dejó un pago inicial de 500 dólares. “Nos dijeron que había chocado, que lo tuvieron que dejar en el sur”. Él descubrió que la avioneta Cessna estaba siendo entregada a un nuevo dueño y el piloto se estaba quedando el dinero.

En Sudán, Nugent había encontrado el apocalipsis. “Era una cosa totalmente jodida. Olvídate de los uniformes. La mitad del ejército no tenía ropa. Los nuer desnudos, con pitos gigantes, andaban por ahí sólo con cartuchos de municiones. Verga, pensé”.

Al arribar al lugar, el jefe de seguridad de las Naciones Unidas le dijo a los periodistas que abandonaran el lugar. Nugent se negó y se quedó seis semanas. Fue el momento perfecto: Garang le había ordenado a Kiir lanzar un ataque a Machar un día antes.

En ese tiempo, según Nugent, Garang estaba tomando una botella de whisky al día. El líder dinka se había convertido en un tipo paranoico y aislado. Los nuer tuvieron una conferencia en Kongor para convencer a los dinka de abandonar a Kiir y a Garang y unirse a Machar. Además oficializaron la facción del ELPS de Machar.

Enfurecido por la atención mediática que Machar estaba recibiendo, Garang le puso un precio al “periodista estadunidense”. Nugent recordó: “Yo tenía el valor aproximado de 25 dólares. Machar valía diez veces más”.

Soldados del ELPS posan con artillería el 13 de noviembre de 1993, en Sudán del Sur. Foto por Scott Peterson/Liaison. 

En el verano de 1993, McCune estaba embarazada del hijo de Machar, y el peligro incrementó. Se le dijo que debía trasladarse a Nairobi a una casa que había alquilado Rowland. Luego, el 24 de noviembre, a la edad de 29, un autobús matatu que iba a exceso de velocidad la sacó de la carretera en su Land Rover. Ella y el bebé nonato murieron en el hospital, y su cuerpo fue enterrado en Leer, pueblo natal de Machar.

Fue durante este periodo oscuro en la historia de Sudán del Sur que Machar aprovechó el grupo nuer violento conocido como el Jiech-Mabor o el Ejército Blanco. El desordenado y en gran medida descentralizado Ejército Blanco, bautizado como tal por su práctica de esparcir ceniza blanca en sus cuerpos para repeler a los insectos, se formó alrededor de 1991 con el propósito aparente de luchar contra los robos de ganado de los dinka y murlee. Machar utilizó al Ejército Blanco para entrar a las zonas controladas por los dinka y matar indiscriminadamente a mujeres, niños, ancianos y enfermos.

Las promesas vacías de Machar de democracia y derechos humanos fueron contradichas por el rastro de cadáveres hinchados que había dejando pudrirse al sol. Al igual que Bin Laden, su estrategia era manipular grandes multitudes de hombres armados, sin educación, para luchar una guerra sin causa, salvo la suya propia. Y al igual que Bin Laden y sus muyahidines islámicos, Machar había hecho esto al explotar los miedos y las creencias religiosas de la población.

Una vez que se hizo el trabajo sucio, el Ejército Blanco, repudiado por Machar y sus simpatizantes al acusarlos de ser una fuerza independiente y autodirigida por civiles, fue desvinculado del grupo más organizado del MLPS-Nasir, y posteriormente desapareció. En el fondo, Machar estuvo presuntamente negociando el reparto de los futuros ingresos del petróleo con Jartum, a cambio de tener control indiscutible sobre la región.

A instancias del gobierno de Jartum, Rowland reapareció en el otoño en un intento de renegociar la paz entre Garang y Machar. Rowland declaró públicamente su larga militancia en el ELPS. Él viajó en misiones diplomáticas por su propia cuenta entre Teherán, Londres, Nairobi, Jartum, Sudán del Sur, Nigeria y Libia, haciendo todo lo posible por conseguir que todas las partes acordaran para la paz en la región mayor. Con el tiempo las cosas se pusieron tan mal que EU —que para entonces estaba totalmente envuelto y extralimitado en su misión de Somalia— invitó a Machar a Atlanta, pero no tuvo éxito para lograr un acuerdo.

Machar estaba perdiendo. Kiir siguió presionando hasta que Machar se encontró con la frontera de Etiopía en Akobo. “Ahí es cuando las cosas cambiaron”, dijo Nugent. “A finales de abril de 1993 llegaron aviones y aparecieron refuerzos. Empezaron a llegar camiones de Malakal enviados desde Jartum”.

Sin dinero y sin opciones, Machar se vio obligado a rendirse a Garang o aliarse con Jartum. La segunda guerra civil sudanesa se había prolongado por diez años. Machar había perdido a Garang, a McCune, a su bebé nonato, la moral y cualquier control sobre su país. Incluso los etíopes enviaron una brigada para evitar que los rebeldes de Machar cruzarán la frontera. Dos millones de sudaneses habían muerto, y había pocas esperanzas para el futuro. Acorralado, en Akobo, Machar llegó en secreto a un acuerdo con Jartum para conseguir dinero, armas y entrenamiento para su facción nuer. En cuestión de días los suministros empezaron a fluir desde la base del ejército sudanés en Malakal.

Para los occidentales, los eventos en el sur de Sudán fueron opacados por el desastre de 1993 del helicóptero Halcón Negro derribado en Somalia, pero la región brindó algunas de las imágenes más devastadoras y brutales de hambruna y horror capturadas en fotos. En marzo de 1993, el fotógrafo sudafricano Kevin Carter tomó la que posiblemente sea la imagen más emblemática de la hambruna en la historia. Él y un grupo de fotógrafos fueron llevados al sur de Sudán en un avión de ayuda de la ONU que lanzaría alimentos a las familias hambrientas. Aterrizaron en Ayod, Jonglei, y se les dieron 30 minutos para fotografiar el entorno —tiempo que tomaría para que el personal de socorro repartiera la comida—. El resultado fue la foto de Carter que muestra a un niño boca abajo en un albergue, mientras que los buitres lo acechan en el fondo; ésta se publicó en medios de todo el mundo.

Profundamente atormentado por su tiempo en Sudán, Carter se suicidó en julio de 1994, tres meses después de que la foto ganara el Premio Pulitzer. No hubo concierto, canción popular o retribución para los aproximadamente 300 mil civiles que murieron ese año en el sur de Sudán, sólo esta foto y otras similares.

La nota de suicidio de Carter, en parte, decía: “Estoy realmente, realmente afligido. El dolor de la vida prevalece sobre la alegría hasta el punto en que no existe la alegría... deprimido... Estoy atormentado por los recuerdos vívidos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor... de niños muriéndose de hambre o heridos, de locos dispuestos a disparar, a menudo policías, de asesinos”.

Nugent se acuerda de aquellos tiempos: “La guerra fue brutal. Yo personalmente vi morir a 20 mil personas. Garang atacó el complejo de la ONU en Ayot, quemándolo por completo... con refugiados nuer gritando en el interior. El olor de 3,500 cuerpos en llamas se te queda”.

Yo pensé: Esto es el horror.  

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