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Cultura

La Selva Inflada: un documental sobre suicidios indígenas en el Vaupés

Alejandro Naranjo, el director del documental, se fue a Mitú para mostrar las dificultades a las que se enfrentan los indígenas jóvenes, y que, desde 2004, han contribuido a los más de 100 suicidios de indígenas en el departamento.

por Tania Tapia Jáuregui
26 Febrero 2016, 4:00pm

El fenómeno de suicidios en comunidades indígenas, según un estudio de la UNICEF de 2012, es un fenómeno mundial. De acuerdo a lo allí consignado, en 2010 la Organización Mundial de la Salud estudió varios casos de altos índices de suicidios en comunidades aborígenes de Australia, en los maorí de Nueva Zelanda y en poblaciones indígenas de Norteamérica. Según el estudio, que analiza tres casos en Latinoamérica, Colombia no es la excepción: en varios departamentos del país se han registrado altas tasas de suicidios al interior de comunidades indígenas.

Para Alejandro Naranjo, un documentalista colombiano que estrenará próximamente su ópera prima, esa historia de los indígenas suicidas comenzó con una noticia breve que vio en las páginas del periódico El Tiempo. La nota, publicada en 2009, aseguraba que desde 2005 eran 24 los suicidios de mujeres y hombres indígenas en Vaupés, todos con edades entre los 14 y 34 años.

"El tono de la nota de El Tiempo era bastante fuerte y decía que los chicos se mataban porque no tenían dinero para comprarse un jean o para gel para el pelo", me contó Alejandro, quien a partir de la noticia decidió investigar la situación y realizar un documental que se estrenará en marzo bajo el nombre de La Selva Inflada.

Gilberto, uno de los protagonistas del documental. Todas las imágenes cortesía de La Selva Inflada.

"Me fui a Mitú ––continuó–– a hacer investigación con otras dos personas. Nos encontramos con una ciudad que es también un poco caótica. Allá nos dimos cuenta de que, si bien la nota [de El Tiempo] le daba ciertos visos a la historia, sí era cierto que los chicos tenían muchas necesidades, y que eso de cierto modo los estaba llevando al suicidio".

En Mitú, Alejandro conoció dos colegios (que también funcionaban como internados) donde se albergaban a jóvenes indígenas de diferentes comunidades que viajaban allá, a la capital del departamento, a realizar estudios de bachillerato. Alejandro escogió uno de los dos: el Instituto José Eustacio Rivera, donde conoció a José, a Leonel, a Alcy y a Gilberto, los jóvenes protagonistas de la película. Allí llegó a presentarse curso por curso, contándole a todo el mundo que quería hacer una película sobre ellos y los suicidios.

José en el Instituto José Eustacio Rivera.

"Los primeros días me sentaba en las clases con ellos, a escuchar y a verlos. En esos días me di cuenta de que había una especie de apartheid invisible y autoimpuesto, en el que la mitad del curso es indígena y la mitad del curso es 'blanco'. Los que son indígenas hablan en su lengua y eso en parte termina segregándolos del resto. Además ves que hay una brecha en el rendimiento académico de los indígenas, porque vienen de una cultura distinta, y el manejo del español es diferente", me contó Alejandro sobre su experiencia en la primera temporada que pasó en Mitú, en el año 2011.

Repasando rápidamente una serie de documentos que me encontré en Internet, leí el "Plan integral de vida indígena"", realizado por la Organización Zona Central Indígena (OZCIMI) de Mitú. El documento asegura que el plan de educación actual, impulsado por iniciativas del Estado en la región, ha impactado drásticamente el orden cultural y social de las comunidades. La educación previa (en pesca y agricultura) fue reemplazada, dice el documento, por una "occidentalización" del conocimiento, que promueve una apatía frente a lo ancestral.

Respecto a la educación en Mitú, Alejandro me aseguró que "el Estado tiene que cumplir unas cuotas de educación indígena y les patrocina a estos jóvenes su traslado y educación en Mitú. Cuando llegan no tienen plata porque en sus comunidades no manejan el dinero. El colegio les provee algunos útiles escolares y los uniformes se los dan los políticos en campaña. Pero para el resto de cosas ellos tienen que hacer un esfuerzo gigante. Empecé a conocer muchas historias de chicos que llegaban y tenían que trabajar una semana picando piedra para poder comprar un cuaderno", me contó Alejandro.

Sin embargo, el documental no hace denuncias, ni se interesa por recoger opiniones de expertos sobre el tema o estadísticas de la situación económica o social de los indígenas. Alejandro me contó que, para él, lo importante era concentrarse en la historia individual de los jóvenes indígenas y reflejar, de una forma más contemplativa, sus vidas cotidianas en Mitú.

Todo en el documental se intuye por medio del reflejo. Las referencias al suicidio se dan en medio de pequeñas conversaciones de los protagonistas, y en un registro de archivo de uno de los casos. La difícil situación económica se lee en la rebaja que uno de los protagonistas pide en una tienda, y en las jornadas de cargar bultos o picar piedra. El relato se vuelve personal, lo que finalmente ayuda a entender, de una forma más íntima, la soledad y el aislamiento de estos jóvenes indígenas a los que Alejandro sigue con su cámara por Mitú, por el río Apaporis y por la selva amazónica.

Causas relativas

Las razones por las cuales los jóvenes indígenas deciden acabar con su vida sigue siendo un tema poco explorado, que se mueve entre la ausencia de razones para quienes estudian el fenómeno y los mitos que proliferan en las poblaciones que lo sufren.

El alcohol, por ejemplo, podría jugar un rol. Para Rocío Gómez, una de las personas con las que hablaron en Mitú para la producción del documental, coordinadora del programa de salud mental de la Secretaría de Salud de Vaupés, el abuso de alcohol incide en la tasa de suicidios. "Hay un descontrol social alrededor del tema del consumo de alcohol, particularmente de la chicha. Los jóvenes empiezan a tomar desde edades muy tempranas, a los 11 o 12 años. En la mayoría de los casos de suicidio encontramos que hubo consumo el día anterior, o que estaba bajo un estado de alicoramiento", me dijo por teléfono.

En muchas ocasiones, según lo que me contó Alejandro, para estos jóvenes indígenas era mucho más fácil comprar una jarra de guarapo que "les cierra el estómago" y que puede valer mil pesos, a comprar comida. "De hecho, muchos de estos ahorcamientos se dan cuando han estado tomando. Se matan borrachos".

Jose en una guarapería.

Hay más cosas. José, uno de los protagonistas de La Selva Inflada, actualmente es funcionario de la Policía Nacional en Guainía (una de las opciones profesionales para los indígenas de la región). Contactarlo fue difícil, pero me dio su testimonio, que ahondaba en la sinrazón: "Yo tenía un amigo, le decíamos Miguelito, que era de una comunidad cercana a la mía. Él se suicidó. Y eso nos dejó un dolor muy intenso en el alma porque todos habíamos venido de comunidades cercanas y compartíamos todo. Pero este chino se nos fue, y nosotros no sabemos por qué lo hizo. Eso fue un domingo, y fue de un momento a otro, como decir 'me voy a bañar y ya'. No se supo cuál fue el motivo. Él era mi mejor amigo, pero nunca dijo nada".

Gilberto, otro, que nació al interior de una familia de payés (líderes espirituales indígenas), cuenta en el documental que el fenómeno de los suicidios, para ellos, se debe a la profanación de ciertos espacios sagrados alrededor de Mitú en los que, actualmente, se pica piedra. Para él, y para varios indígenas de las comunidades del Vaupés, la intromisión en estos sitios sagrados ha liberado espíritus y maldiciones que han causado la ola de suicidios.

Alejandro dice que la cosa también tiene que ver con una discriminación de la que fue testigo en el tiempo de rodaje de la película. "Hay una discriminación muy fuerte en Mitú, a pesar de que el 80% de la población es indígena. Pero lo que vi allá, y que habla mucho de quiénes somos como país, es que los indígenas son considerados ciudadanos de cuarta categoría. Hay lugares, como bares de blancos o mestizos, en los que no hay acceso para los indígenas, y no es algo que digan, pero es algo que se ve y que los indígenas asumen. De la puerta no pasan".

El problema de la discriminación, según el estudio de la UNICEF de 2012, es uno de los factores que más contribuyen a la tasa de suicidios en indígenas: los lleva a un aislamiento social que termina en este tipo de reacciones autodestructivas. En Mitú, esta discriminación, sumada a lo que Rocío Gómez llama "procesos de aculturación" que padecen los jóvenes y a las dificultades económicas, crean un panorama agresivo en Mitú que, hasta ahora, según el registro de la Secretaría de Salud de Vaupés, ha terminado en 130 casos de suicidio desde 2004.

Intuitivamente uno podría pensar también en la influencia del conflicto armado. De acuerdo a un informe de Medicina Legal, que recoge datos sobre suicidios en comunidades indígenas entre 2010 y 2014, los números son mayores en el Cauca, seguido por Risaralda, Amazonas, Nariño, Arauca y Putumayo. El informe destaca que no es gratuito que el departamento con mayores índices de suicidio sea uno que cuenta con una larga historia de ocupación por parte de grupos armados, y que hay una correspondencia absoluta entre los dos fenómenos.

Pero nadie sabe nada a ciencia cierta. Sobretodo porque, de acuerdo a Rocío, los casos de suicidio habitan en el subregistro.

Esta limitación en el registro y en la comprensión de los suicidios en comunidades indígenas también dificulta la toma de acción frente al fenómeno, y que complican, según el informe de Medicina Legal, "el diseño de políticas públicas correctamente focalizadas que garanticen la debida atención a los graves problemas no solo de salud (...) sino de violencia generalizada que padecen los indígenas en todo el territorio nacional".

Por el momento, acciones como el documental de Alejandro han logrado darle visibilidad a un fenómeno que, a pesar de tener tiempo de estar pasando, sigue siendo desconocido para una gran parte del país. "Queremos que el documental genere conciencia, en la región y en el país. Y que Vaupés empiece a figurar un poco en la cabeza de la gente, porque muchas veces ni siquiera sabemos qué es el Vaupés más allá de una mancha verde en el mapa"


Trailer de La Selva Inflada vía Vimeo.

*La Selva Inflada, que ya ha estado presente en varios festivales de cine en Colombia, Finlandia, México y España, se proyectará públicamente en Mitú el próximo 4 de marzo, y se estrenará el 31 de marzo en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla.

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