Fotografiando los pequeños mundos londinenses

Daniel Stier es amigo de los expatriados.

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24 octubre 2012, 3:00pm

Daniel Stier es un fotógrafo alemán que lleva 15 años viviendo en Londres y le siguen fascinando las mujeres africanas que llevan tafetanes. Esto lo inspiró a recorrer las comunidades de expatriados en Londres, para fotografiar a las personas con los vestidos tradicionales de sus países de origen. El resultado final, In My Country, es un conjunto de bellas imágenes de dioses aztecas frente a edificios y mujeres balinesas cubiertas de joyas y bailando frente a una cafetería.   

Hablar con Daniel fue un poco desconcertante, y me hizo darme cuenta de que yo también soy uno de esos extranjeros cliché que no deja de hablar de “casa”. Si eres como nosotros (o si te gusta la buena fotografía) seguro disfrutarás las siguientes fotos. Esto fue lo que me dijo cuando lo contacté. 

VICE: Hola, Daniel. ¿Qué tal tu día?
Daniel Stier: Bien, estuve haciendo un poco de investigación para este proyecto de vida en el que estoy trabajando. Es difícil de explicar, pero estoy construyendo pequeños escenarios naturales en mi estudio con plantas de plástico, maceta y demás.

Genial. Después de ver el resto de tu trabajo, creo que sería válido decir que eres más una especie de fotógrafo de arte. ¿Eso es porque prefieres inventar tu propio concepto para tus fotos?
Sí, suelo pensar antes de tomar mis fotos. No soy la clase de persona que corre todo el día con su cámara, porque me gusta más cuando las personas tienen algo real que decir, en lugar de: “Oh, voy a apuntar mi cámara hacia allá y quizá pueda inventar alguna explicación sobre lo que estoy haciendo”. Cuando se trata de arte, me gusta ver que el artista tenga una posición clara.


José, de Peru.

Cuando trabajas en retratos como los de In My Country, ¿cómo te preparas? ¿Qué tanto saben tus sujetos?
La manera en la que la persona quiere ser fotografiada siempre resulta interesante en sí. No quiero tener todo el control, porque la gente suele tener ideas que nunca se me habrían ocurrido; claro que esto también puede ser desgastante. La gente siempre tiene una idea de cómo quiere posar, y eso puede ser un problema. En In My Country, intenté fotografiar a las personas en entornos auténticos, en sus calles o sus casas, pero algunos me decían: “No, eso se veo feo, ¿por qué no me paro junto a esta flor?” Pero cada lado tiene sus propia idea sobre lo que hace una buena fotografía. A veces encontramos un punto medio, a veces hacemos lo que yo quiero y a veces no funciona.

¿Cuál fue la idea original detrás de In My Country?
Tenía mucho que ver con el hecho de que soy alemán, pero llevo 20 años viviendo en Londres. Me encanta, pero no tengo ese sentimiento de pertenencia y eso es algo que me interesa. No tenía que venir aquí, no soy un refugiado, así que no me quejo, pero quería ver cómo la gente se integra a un lugar, pero nunca se vuelven una pieza indispensable del mismo. Ese sentimiento es lo que hace que Londres sea lo que es; 40 por ciento de la gente que vive aquí no nació en el Reino Unido.

¿Me imagino que de ahí viene el nombre?
Sí, todas las personas a las que fotografié me decían cosas como “en mi país...” o “en casa...”, como si acabaran de llegar, aunque llevaran 30 años viviendo en Londres. Me di cuenta de que yo hago lo mismo: llevo tanto tiempo aquí que no tengo idea de lo que ocurre en Alemania hoy en día, pero todavía hablo de ese país como “mi casa”.

Y sus prendas tradicionales son parte de ese hogar que la gente lleva consigo.
Sí, exacto. Por ejemplo, cuando caminas por Londres, por lugares como Hackney, un domingo por la mañana, ves que la gente se arregla para ir a la iglesia, y el contraste de eso con los alrededores no podría ser más impresionante. Eso fue lo que me sorprendió en un comienzo, así que intenté recrearlo. Todo está ahí, yo sólo intenté usarlo como un símbolo de algo más grande.

¿Cómo encontraste a tus sujetos?
Hoy en día encuentras todo en internet. Grupos religiosos, iglesias, mezquitas, grupos de música, bandas, organizaciones para refugiados; todos los países cuidan de su gente, así que me ponía en contacto con esas organizaciones. Convencerlos de que me dejaran tomarles fotos fue más difícil porque muchos de ellos tienen que lidiar con problemas de migración, y creían que yo era un policía o un oficial de migración.

Además, muchos de ellos no hablan una palabra de inglés, incluso después de vivir aquí 20 o 30 años. Viven dentro de su comunidad, donde tienen todo lo que necesitan, y las generaciones más jóvenes proporcionan el contacto con el mundo exterior.

¿Fotografiaste más refugiados o personas que llegaron aquí por cuenta propia? ¿Hay alguna diferencia para la fotografía?
Todo hace una diferencia. Supongo que muchos de los europeos a los que fotografié eligieron venir aquí, pero hay varios refugiados, y eso me parece un poco más interesante. Busqué personas que se vistieran de forma tradicional en su vida diaria, sin importar las razones por las que estuvieran aquí, porque me interesaban las historias detrás de la ropa. Algunas fueron impresionantes.

¿Cuál fue tu historia favorita?
Hay una persona de Perú, José, y es increíble. Viene de un pueblo en los Andes y hace este baile ritual. Es una de esas personas que se ha esforzado mucho por encajar aquí, pero, al mismo tiempo, tiene su cultura muy arraigada. Intenta mostrar su cultura cada que puede, en escuelas, antros y bailes, y cuando regresa a su pueblo lo reciben como si fuera una especie de figura mítica.

Mi favorita es la de esa mujer pequeña en su departamento.
Sí, es increíble. Es de Vietnam y alquila una vivienda municipal en Hackney. Cuando la visité por primera vez, fui testigo de un enorme choque cultural. Había un funeral en East End, en la planta baja del edificio, con caballos y ancianas que decían “Está bien, cariño”, y todo eso, después subí a su departamento y era básicamente un altar al que la gente va a rezar.

No hablaba inglés, aunque lleva viviendo aquí desde los setenta, así que no entendí todo, pero creo que pertenece a una especie de culto vietnamita. La gente le lleva cosas y ella las bendice; tuve que beber cerveza caliente en la mañana porque era bendita. Hay pequeñas comunidades vietnamitas por todo Londres; entras y sientes que estás en Saigón.

¿Qué hay del güey con la sábana naranja?
Es un refugiado de Uganda. Peleaba en una guerrilla y de alguna forma terminó involucrado con el ejército, y luego terminó aquí. Su historia es muy triste; no podía hablar el idioma, no hablaba con sus vecinos y no soportaba vivir aquí.

Fui a la oficina del alcalde cuando estaba buscando un lugar para exhibir mis fotos y todos están a favor de promover la idea de un Londres cosmopolita, pero no las historias detrás de esta multiculturalidad. Londres es un lugar “colorido”, pero las historias que vienen con eso suelen ser muy deprimentes. La imagen oficial de Londres no es como la realidad.


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Fernando Brito

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