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Anecdotario

Tangología: Historia de las tangas de los 14 Cañonazos

Una oda a las controvertidas pero emblemáticas carátulas del compilado de fin de año de todos los tiempos.

por Felipe Arias Escobar
20 Octubre 2015, 1:41pm


14 Cañonazos bailables Vol.9, 1969

En los anales de Discos Fuentes se guarda una parte importantísima de la cultura popular colombiana. Este fue el sello que dio vida a hitos musicales como Joe Arroyo, Fruko o los Corraleros, sonidos experimentales como Wganda Kenya o las letras versátiles de Lizandro Meza, por ejemplo. Pero además, el legado del sello dorado de Colombia, se debe a sus carátulas y a su consumo masivo al finalizar cada año. De hecho, muchos clásicos editados por este sello son injustamente identificados por la mayoría del público como “música de diciembre”, simplificación que tiene su origen en un invento que animó a las discográficas desde los años 60 a compilar sus grabaciones más populares para fin de año.

La idea se la debemos a los hijos de don Toño Fuentes, visionario fundador del sello que lleva su apellido, quienes para 1961, aprovechando la difusión del larga duración y del sonido estéreo, crearon una marca de inconfundible aroma decembrino: los 14 Cañonazos bailables. El nombre, según cuenta el sello en sus propias anécdotas, fue tomado de los cañones distintivos de las murallas de Cartagena, ciudad donde se fundó la legendaria discográfica en 1934.


14 Cañonazos bailables Vol.1, 1961

Ese mismo escenario serviría como tema de las carátulas del álbum hasta que, en 1966, año de su sexto volumen, aparecería un hito tan revolucionario como las posteriores ediciones del compilado en casete, CD y MP3: una mujer en bikini en la tapa (y con catorce cañones de juguete asediándola como para no desentonar).


14 Cañonazos bailables Vol.6, 1966

El aparente escándalo no importó, pues la carátula se convirtió en un motivo más para disparar las ventas de los Cañonazos, dándole a los discos un lugar privilegiado en el uso comercial del cuerpo femenino. Como parte de esa estrategia, desde 1969 surgió la idea de comprar fotos bien atrevidas producidas por agencias de publicidad extranjeras (como la portada que está al inicio de este artículo), las mismas que por años suministraron patrimonio visual a talleres mecánicos del mundo entero.

Llegados los años 70, el modelo editorial se extendió con éxito y con la foto de la chica en bikini a otras discográficas: a Sonolux con La fiesta del año, a Codiscos con El disco del año, y ya en los 80 a CBS con los Superbailables y a FM con Bailoteca. Además de las imitaciones, un paso adelante en el tiempo era también un adelanto en atrevimiento: la tanga cada vez más diminuta apareció en perspectiva doble para la edición de 1974; en los volúmenes de 1978, el traje de baño cambia por un sugestivo sombrero chino; y en 1980 resolvieron ir al grano y no ponerle nada a la modelo.


14 Cañonazos bailables Vol.14, 1974


14 Cañonazos bailables Vol.18, 1978


14 Cañonazos bailables Vol.20, 1980

Curiosamente, la diversificación del mercado musical en los años 80 también se ve reflejada en una amplitud de conceptos fotográficos que Discos Fuentes ensayó: con la tanga chiquita de 1982, acompañada del peluqueado new waveo mejor, tanga punk—, el compilado celebró sus 25 años; y qué tal la pelvis en primer plano de 1988 que sin querer acabó celebrando la entrada de la salsa “catre” al catálogo del sello.


14 Cañonazos bailables Vol.22, 1982


14 Cañonazos bailables Vol.25, 1985


14 Cañonazos bailables Vol.28, 1988

Por su parte, los años 90 representarían un breve pero contundente despertar creativo del sello, que comenzó a crear sus propias fotos de carátula, hoy día auténticos documentos de la moda y el diseño. Así es como se destacan la chica de la conga (fotografiada por el publicista Alejandro Velásquez) de 1990, el retoque digital a la tapa de 1993, en el que le rompen la tanga a la modelo, y el trabajo en alta definición de la edición 1997, que recrea una versión criolla de la película romántica Ghost. También se dio un retorno a clichés identitarios de la colombianidad y la cultura costeña, como en 1996, donde la modelo carga frutas tropicales como las del escudo nacional, o como en la celebrada y espontánea foto de 1998 en la que aparece la presentadora Carolina Abad.


14 Cañonazos bailables Vol.30, 1990


14 Cañonazos bailables Vol.33, 1993


14 Cañonazos bailables Vol.36, 1996


14 Cañonazos bailables Vol.37, 1997

En medio de tanto bikini y tanta historia musical, valga para esta antología un cierre nostálgico: una foto de hacía un cuarto de siglo que se utilizó para la edición 44 del año 2004 (¿tal vez la misma modelo de 1980?). Con un notorio ocaso de sus ventas, el diseño de las carátulas también languidecía en Discos Fuentes. Pero ahora el compilado sabía que lo suyo era preservar memoria y patrimonio, lo suyo era contar el pasado sonoro de Colombia vendiendo además la foto de una modelo en bikini. Ponga cuidado a la antología lateral en donde se hace una retrospectiva de carátulas impactantes que también aquí llamaron nuestra atención.


14 Cañonazos bailables Vol.44, 2004

El patrimonio cultural también lo constituyen estas imágenes, por más explícitas o vulgares que puedan parecerle. No se haga, alguien en su casa bien pudo comprar el álbum por la tapa, otros pudieron darle usos lúdicos (no necesariamente musicales), imitar el look de alguna de estas voluptuosas damas, denostar el contenido basándose en la estética de su portada o hasta ofenderse con las curvas traquetoides de las carátulas más recientes. Pero, por la razón que sea, ninguno de estos compilados ha pasado desapercibido en nuestra vida cotidiana ni en la construcción de nuestro gusto musical.

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Felipe Arias es tangólogo cuando no da clases de Historia, síguelo en Twitter por acá.