Ondatrópica parte dos: Apuntes desde el estudio de grabación

Nos pasamos por el estudio para probar qué es lo que se está cocinando en el segundo capítulo de una de las aventuras musicales más entrañables de Colombia.

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31 Octubre 2015, 9:20pm


Justo Valdés y Michi Sarmiento.


Esa tarde, la voz de Justo Valdés, ese cantaor de Tronconá de Palenque que nació en 1951 y que en el 82 , con la agrupación Son Palenque, volvió himno una canción dedicada a Benkos Biojó, no se estaba acoplando al resto de los músicos con quienes compartía el estudio. Su sangre venía de otros puntos cardinales y no lograba sincronizarse con los demás. El Michi Sarmiento, un saxofonista que todos hemos bailado así no nos hayamos desayunado –hizo los arreglos de “Rebelión”, entre otros temas del Joe, y fue uno de los fundadores de los Corraleros de Majagual–, se puso de pie y se paró detrás de él. Suavemente le empezó a dar palmadas en la espalda, casi a consentirlo. A llevarle el tempo. El palenquero lo fue interiorizando poco a poco y la canción empezó a cobrar vida.

Esto es Ondatrópica.

Un proyecto que por segunda vez quiere marcar la historia de la música en Colombia. Más que una banda, una idea: la reunión de músicos locales de vieja y nueva escuela en torno a la aventura de explorar los secretos detrás de los sonidos del Gran Caribe, tierra de utopías musicales. Ya dejaron una huella de cemento con su primer álbum, grabado hace cerca de cuatro años en Discos Fuentes, y ahora quieren incrustar una segunda, con isla incluida. En un estudio en el norte de Bogotá, acabaron de terminar los primeros tres días de grabación, y acaban de aterrizar en Providencia para continuar con este segundo capítulo.

Clases de historia

El martes 27 de octubre, un día después de cablear, conectar los equipos y dejar todo listo, Ondatrópica V. 2.0 empezó a dar sus primeros sonidos de vida. En esta ocasión, se pretendía invitar a alguna gente de Bogotá que se quedó por fuera de la primera edición. Durante este día y la mañana del miércoles grabaron temas que tenían preparados: composiciones del Michi Sarmiento, coronel moral de la tropa, y de los dos directores del proyecto: el inglés Quantic y Mario Galeano, AKA Mr. Frente Cumbiero.

Mario Galeano y Will "Quantic" Holland, capitanes de la Ondatrópica.


Mientras esto pasaba, recorrer el estudio de grabación era ver la historia de nuestra música. Cruzarse con los ojos bien abiertos y la mirada estática de Guillermo Navas, uno de los bateristas veteranos de Colombia que cuando tenía 14 años agarró los palos para tocar con la Cartagena Jazz Band Union, que dirigía su padre, porque el batero original nunca llegó. Hoy, a sus 86, sigue agarrando las baquetas con firmeza y sentándose con la autoridad de un sabio frente al instrumento. Es también encontrarse con la mujer de Guillermo, Haydée Barros, que cantó con Pacho Galán y con Lucho Bermúdez, mientras charlaba con Wilson Viveros, original de la primera versión de la banda, también, un percusionista que estuvo con Los Tupamaros, con Colombia All Stars, que fue miembro fundador del Grupo Niche y participó en grabaciones de Fruko & Sus Tesos, de Joe Arroyo, de Guayacán Orquesta, de Diomedes Díaz y una lista que ni él puede enumerar. Es ser testigo del emotivo encuentro, después de muchos años, entre el Michi Sarmiento y Adolfo Castro, el trompetista de San Marcos, Sucre, que también alineó con Colombia All Stars.

Guillermo Navas.


Y lo mejor, es ver a la historia que sigue haciendo historia. Presenciar el piano de Luis Fernando "Tomate" Mesa, columna de los Latin Brothers. Oír cómo los trombones de Gustavo "Pantera" García, quien brilló como trombonista de Fruko en toda su época dorada y también estuvo al lado de Zumaqué en su Macumbia, y de José Miguel "El Profe" Vega de La 33 se complementan.


"Pantera" y "El Profe".

A Justo Valdés, con su gorro, con su vestimenta africana y abanicando los brazos, cantando con un intenso sentimiento “¿Por qué te fuiste tamborera?”. Una línea a la memoria de Graciela Salgado Valdés, su prima, quien falleció hace casi dos años y que integraba la inmensa agrupación Las Alegres Ambulancias. Y que de repente, de manera orgánica, porque así se dieron la cosas, Haydeé sentencie: “Ya me la aprendí”, y se pare junto a Justo y al Michi Sarmiento para entonar al unísono los coros.

Mano de Haydée Barros.

Un laboratorio

“Justo, ahorita vamos a echar un tema, para que digas cuál te gustaría y empezamos a montarlo”, le dijo Mario antes de empezar la sesión del miércoles por la tarde.

“Yo tengo una chalupa. Vamo’a montarla cuando usted quiera”, respondió el palenquero.

“Fijate que nos toca ajustar la chalupa a la batería y a la batería electrónica. No hay cueros, entonces es buscar el golpe hasta que despegue”.

“Eso se hace, aquí hay mucha madera”

“Lo complicado es encontrarnos en el punto donde todos tenemos conexión. Cuando lo encontremos ya esa vaina sale derecho”.

Cuando Mario se fue, Justo entrecerró los ojos y se preguntó: “¿Cuál le gustará?”… y ¡pum!, sin previo aviso empezó a cantar casi que para sí mismo. Luego de repasar la idea se detuvo y se dio ánimos: “Ese es bueno”. Al rato se dirigió al estudio y a capela empezó a mostrar la canción que seleccionó. Todos le pusieron atención y empezaron a montar toda la base. Así empezó la sesión del miércoles por la tarde, con Ondatrópica dando clases de laboratorio musical. De componer sobre la marcha.

La búsqueda empezó a dar resultados. Con Quantic en el teclado dando continuas observaciones y con Mario de pie llevando la batuta, los ritmos de la batería de Guillermo Navas empezaron a encontrarse con los sonidos de la batería electrónica de Kike Egurrola, ex Bomba Estéreo, ex Pernett y ex Sidestepper, pupilo de Batata y puente de ritmos de aquí con los del más allá, que la botó toda, tensionando los brazos, frunciendo el ceño y dando tales golpes que los cachetes le temblaban mientras su cabeza parecía asentir constantemente. El sonido histórico de Guillermo entrelazado con la potencia de Kike armaban una chalupa que, junto con el armonioso y dulce sonido del teclado de Will y los bajos electrónicos de Galeano, le dieron una nueva dimensión que puso a bailar a Haidée. Y si se baila ya hay canción. Y eso lo sintió Pedro Ojeda, cabeza de Romperayo y miembro honorable de Los Pirañas, entre otras alucinaciones, que sentado en los timbales metió un grito que hizo reír a todos: “Pues grabemos esa vaina... ¡o qué!”.

Y así se hizo. Todo en vivo y todo en bloque.

Kike Egurrola con Justo Valdés y Mario Galeano.

Parir un bebé

Para llegar acá el camino estuvo repleto de baches. Sabían, desde que sacaron el primer disco y lo llevaron a cada orilla del charco, desde Glastonbury hasta los Juegos Olímpicos de Londres, que habría un segunda parte. El tema es que no tenían ni idea como hacerla. Era un proyecto costoso que además involucraba personajes con agendas apretadas.

Paola Valdivieso, productora general de esta segunda parte, junto con Quantic y Mario, empezaron a imaginarlo. La gestión empezó formalmente en agosto del año pasado, luego del concierto de Ondatrópica en la Feria de las Flores en Medellín. Quantic ya no vivía en Colombia sino en Nueva York y la dinámica de comunicación era diferente. Pero aún así empezaron a marcar la hoja de ruta: decidieron que querían meter a la colada un eslabón musical caribeño aún inexplorado, sin dejar de lado las músicas de las costas del Pacífico y el Atlántico que ya habían investigado durante su primera expedición musical. Entonces se pusieron en contacto con Llorona Records, entre otras, casa gestora de proyectos culturales en Providencia, y cuadraron.

Paola lo ve como parir un hijo: “Cada mes de gestación viene con sus sorpresas y sus problemas”. Muchos de quienes financiaban el proyecto se echaron para atrás y muchos otros dieron un “no” como respuesta. Se animaron a lanzar el crowdfunding sin saber bien cómo hacerlo. Y a la final, el público, sobre todo el colombiano, respondió. Ondatrópica ya había calado. Luego vinieron los problemas de agenda, de cumplir giras pendientes en Norteamérica y de organizar con todos los músicos. Cuando ya estaba todo listo, como si no fueran suficientes “las gastritis, las migrañas y los insomnios” de todo el proceso, Mario se fue a África y volvió con malaria. Con pasajes para Providencia ya comprados debieron mover todo. Pero al final ni la malaria pudo con el parto.

Michi Sarmiento, atrás y de gafas Adolfo Castro y a su izquierda Paola Valdivieso.


Último día en Bogotá

El jueves siguió la misma dinámica. Haciendo canciones de la mismísima nada. Y es que por más que haya una hoja de ruta es difícil saber lo que en verdad va a pasar. Mucho se iba edificando en la marcha y eso lo saben Mario y Quantic, que salvo cortas pausas, no dejaban de repasar lo grabado, de aconsejarse con los demás músicos, de poner cada una de sus neuronas en función de la creación. Hablarles del futuro o de otro cualquier tema, era sacarlos del trance en el que estaban y se negaban a hacerlo. Al estudio llegó el Chongo de Colombia, uno de los mejores percusionistas que tiene el país. Llegaron también, de la agrupación bogotana pionera en eso que llaman “nuevas músicas colombianas” Curupira, Urián Sarmiento y María José Salgado. Él empezó a soplar la gaita como pocos saben hacerlo. Aprendiz de grandes maestros como Paito, el de los Gaiteros de Punta Brava. Y María José agarró la tambora, dándole ese sonido raizal que domina hace tanto. También, de último minuto, llamaron a Santiago Mejía, tecladista de La 33, que le dio un groove muy especial a la música que salía de ese caldo. La que se armó.


María José Salgado.


Por la mañana se fueron por un sonido más sabanero, teniendo como referente una onda tipo Andrés Landero. Mientras que en la tarde, el estudio fue arrasado por un sonido más africando, por melodías que se repetían y con pequeñas variaciones y cortes iban tejiendo algo que tiraba más hacia el afrobeat o el highlife. Todo coloreado un toque de gaita increíble que daba un paisaje más local. Repletos de paciencia repitieron toma tras toma. En el estudio, el sudor iba cambiando el color de las camisetas y Mario usaba una toalla para secarse la frente. Luego de darle y darle salieron a evaluar lo que había quedado.

“Estoy más sudado que un man sudado como uno de esos pescados todos sudados de por allá del mar”, expresaría el Chongo al salir.

Guillermo Navas se paró en la puerta. Ahorrándose las palabra, como lo hizo durante toda la grabación, y con su mirada igual a como el primer día, gritó un wepa y empezó a bailar y a mover la cadera, absolutamente serio. Si hay baile ya hay canción. Un par de tomas más, ahora con la animada sonrisa de Wilson Viveros en la batería, y el jueves se dio por terminado.

Quantic, Mario, Guillermo Navas. Wilson Viveros y El Chongo.


Para Providencia

El viernes salieron Mario Galeano, Quantic y el Michi Sarmiento para Providencia. Allá iban a llegar, entre otros, Markitos Micolta, Freddy Colorado y Nidia Góngora, soldados originales de la tropa Ondatrópica, con todo el sabor pacífico. También los esperaban los músicos isleños con el sonido de la mandolina, del tinajo, de la carraca. Diego Gómez liderando el estudio en la isla. Elkin Robinson preparando la sonrisa. Y así, allá estarán todos hasta el sábado 7 de noviembre, grabando la mayor parte del material de este nuevo capítulo, buscando todos los códigos ocultos de hombre en las músicas del Caribe, allí donde se desdibujan las fronteras y los hombres somos realmente libres.

Mientras guardaban todo en el estudio de Bogotá, Paola hizo una llamada:

“Es que William me está pidiendo el favor de que lleves un guasá a Providencia… ¿y la Guacharaca? ¡Ah! ¿Y maracas? … Bueno, yo le digo a Markitos”.

***

En este momento, Ondatrópica se encuentra encerrada en el Centro de Producción Old Providence en Providencia, grabando el segundo capítulo de una de las aventuras musicales más entrañables de Colombia. Siga las andanzas del combo por acá y acompáñelos a celebrar el final de la grabación el próximo 7 de noviembre en el Auditorio Lumier con un DJ set, más info acá.