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Entrevistas

Rocca: un verdadero caminando entres dos mundos

Hablamos con Sebastián Rocca Uribe, pilar de grupos como Tres Coronas y La Cliqua, sobre su reciente álbum 'Bogotá París', cómo vendió más de 200.000 discos y de Hip Hop al Parque.

por Sara Kapkin y Cristian Cope
04 Abril 2016, 10:29pm

“Se las dan de malos bravos, andan en banda y siempre alzados, gritan, forman bulla por todos lados, los verdaderos caminan callados”.

Todo aquel asociado al hip hop en Colombia, probablemente tenga claro de dónde proviene este verso provocador pero consciente. “Falsedades”, el tema que en YouTube cuenta con más de 20 millones de reproducciones, presenta este coro cortante interpretado por Rocca, integrante del recordado grupo Tres Coronas, quien cocinaría en el condado de Queens, Nueva York, a comienzos del siglo XXI, lo que para muchos, conformaría una de las representaciones más fieles del rap criollo.

Cuando las calles de nuestro país habían encontrado voces propias a través de grupos pioneros como La Etnnia y Gotas de Rap, en el mercado estadounidense, Rocca, P.N.O. y Reychesta izaron bandera con un gran despliegue de líricas y producciones innovadoras, sentando base para el hip hop latinoamericano en general. Pero antes de toda la invasión anglo, Sebastián Rocca Uribe ya había conquistado terrenos franceses y europeos.

Nacido en París y criado entre el realismo mágico de los suburbios de inmigrantes africanos, Rocca, años más tarde pasaría a formar parte de la era dorada del rap galo. Sin sobrepasar en aquel entonces los veinte años de edad, se convertiría en pilar del legendario grupo francés La Cliqua, calificado por muchos como el Wu-Tang Clan galo, donde contribuiría con su letra pesada y sutil en trabajos memorables como Conçu Pour Durer y La Cliqua, encontrando de paso la inspiración necesaria para lanzar en 1997 su primer álbum en solitario, Entre Deux Mondes, con el cual logró obtener doble Disco de Oro, vendiendo más de 200.000 discos.

Ahora, rindiendo homenaje a los senderos, calles y raíces por los que lo ha llevado de la mano el hip hop, Rocca presenta Bogotá París, su cuarto álbum de estudio, donde fusiona diferentes géneros como el trap y el dubstep, con instrumentos tradicionales como la gaita, el timbal y la conga, introduciendo de paso un formato innovador, en el que se incluyen dos versiones del largo, una en español y otra en francés. Un manifiesto donde se pone en alto el encanto de la interculturalidad francesa y el sabor tropical del colombiano. Hablamos con Rocca, un auténtico que camina callado, pero no se queda quieto.

¿Cómo fue ese primer encuentro con el rap?

El rap me llegó porque yo nací y me crié en París, y en los ochenta, la música que se escuchaba en los barrios donde crecí era de James Brown y Parliament. La identificación como inmigrante en un país en el cual se está creciendo, tal vez el africano y el latino, se identifica mucho más con el hip hop, precisamente por esa revolución musical y manera de expresar la vida. Esta música proviene de África, al igual que la mayoría de música colombiana, entonces en ese contexto, el hip hop lo identificaba más con las raíces musicales que palpaba a diario. Especialmente me acuerdo de un momento con mi madre, en el año 85, me regaló el primer disco de Public Enemy en vinilo. Mi mamá no sabía absolutamente nada de rap, pero me dijo, “vea, chino, acá te compré este disco, los de la portada se parecen a los amigos con los que andas en la calle”. Me hizo el mejor regalo del mundo. Ese fue el impacto musical que me llevó a hacer rap.

Culturalmente, en Francia sucedió algo muy similar a lo que pasó en Estados Unidos…

Tal cual. Todos los pelados que salían de las condiciones difíciles de la calle, veían en el hip hop una redención, una alternativa a la violencia. Los hijos de las colonias que fueron rechazados por Francia, que les armaban problemas en la calle porque eran de otra cultura, otra religión, el hip hop era como la bandera que había que alzar.

Cuando comenzaste a incursionar como MC, ¿sacabas las rimas en francés o en español?

Las dos. Ese fue el tumbao original que tuve. Por eso la primera canción que pegó mía, que salió en un mercado fijo y que empezó a vender discos, fue “Comme une sarbacane”, donde yo digo que nací en una selva de cemento, fría, salvaje, llena de peligros y tuve que utilizar el micrófono como una cerbatana. Ese fue el impacto visual que causé en la gente, que llegué con un tumbao diferente.

¿Cómo se dio todo para llegar al mercado de Nueva York?

Pasado el año 2000, me la pasaba mucho allá, masterizando más que todo. Tuve la oportunidad de vivir el underground, pero del underground pasar rápido al mercado grande. Si tú oyes mis mezclas del 95, te das cuenta que no tenía nada que envidiarle a la música americana de la época. Grabábamos en los mismos lugares, con los mismos ingenieros. Eso me ayudó a que en el 2000 pudiera sacar el disco Elevación, y fue así como mi hermano Lorenzo conoció a Poncho (P.N.O.). Cuando llegué a Nueva York me presentaron a Poncho, y comenzó a parchar con nosotros en los estudios de La Cliqua. Tiempo después, Poncho y yo empezamos a maquetear “Arte callejero”, “La Corona”, “La vuelta es mía”, todas las primeras canciones que salieron de Tres Coronas. Ahí fue cuando pensé, “bueno, ya tengo 10 años de experiencia en rap francés, creo que es el momento de dar el brinco al español”.

¿Y a quiénes tenías de referentes en el rap en español?

Ninguno. Conocía a Cypress Hill, Big Pun, Mellow Man Ace, pero todos cantaban en inglés. Yo no llegué a escuchar rap en español sino hasta 2003, cuando comencé a vivir bien en Nueva York y me pasaron temas de Tempo. Pero, con todo respeto, era obsoleto. El flow de ellos no cuadraba con mi mentalidad. Mis referencias hispanas fueron los salseros, los soneros, los vallenateros buenos y los MC de Estados Unidos.

Y con La Etnnia, ¿cómo fue ese primer contacto?

A finales del 2001, cuando entramos a Colombia, llegamos a presentarnos con ellos en el Festival Rap al Parque [ahora Hip Hop al Parque] y en el Coliseo El Campín. Esos fueron los dos primeros conciertos que hicimos acá en Bogotá. Así los conocimos y nos conectamos, de hecho fueron ellos los que nos ayudaron a lanzar el tema “Falsedades” y fue un clásico.

¿Y cómo fue ese cambio de pasar de Francia, donde lograste doble Disco de Oro, eras uno de los mejores de la escena, a Estados Unidos donde había que comenzar de cero?

Eso es lo bueno, es romper tu ego. Destartalarse un poco, para volver a empezar con unos manes que creen que eres es un culicagado, y así demostrarles lo que en verdad tienes. Eso es lo que me gusta del hip hop, que siempre es un desafío. Cuando llegué a Nueva York la guerreé durísimo, casi que me tocó volver a freestylear de cero. La gente no tenía ni idea de lo que yo había hecho en francés. Pero cuando Tres Coronas mostró lo que tenía, nadie se metía con nosotros. Andábamos con las pandillas de chicanos, todo el mundo nos apoyaba. Era lo que era, tal como mostramos en los videos.

Y luego del capítulo Tres Coronas, ¿qué pasó con Rocca?

Comencé a producir mucha música para películas, como en el documental La vida loca, que fue nominada a varios premios. En 2010 me radiqué en Bogotá, y así comencé a involucrarme más en la producción musical, produciéndole a otros artistas, volviendo a escribir rimas en francés. Estando acá saqué el EP Le Calme Sous La Pluie, tuve un par de giras, y luego regresé para ponerme a trabajar en este último disco. Ahí fue cuando decidí que de ahora en adelante haré todos mis discos en español y francés.

Ahora que estás radicado acá, ¿cómo ves esta nueva generación de raperos que está surgiendo en Colombia?

Lo que he escuchado, me parece que es una continuación de lo que terminamos con Tres Coronas en 2008 y 2009. Oigo mucha similitud. Veo que lo que hemos aportado, la gente lo ha sabido acoger.

Creo que esta es una pregunta que muchos raperos quisieran formular: ¿te gusta Crack Family?

Sinceramente, no conocía a la Crack Family. Todo el mundo me hablaba de ellos, pero tal vez no me interesaba porque estaba metido en lo mío. Últimamente, he podido escucharlos propiamente y lo que están haciendo hoy, no es que me mate, pero me parece muy bien. No sé por qué habrá gente que habla mal de ellos, pero los pocos temas que he escuchado me han parecidos buenos, muy sensatos con lo que ellos han estado viviendo, se entiende la letra, y son ellos. Me parece que la evolución que han tenido es la correcta, han perfeccionado su arte y están en lo de ellos.

Ahora que mencionabas a La Etnnia y Hip Hop al Parque, ¿cómo has visto la evolución que el festival ha tenido, casi 10 años después?

Yo fui jurado el año pasado en Hip Hop al Parque y fue muy difícil. Pienso que los grupos buenos no se presentan allá. Porque ahí adentro hay una corrupción, y si no se es de tal parche, no se presenta. Acá no es que no haya talento, sino que los malos se juntan. Lamentablemente, es un entorno con mucha envidia.

¿Cuánto duraste preparando Bogotá París?

Se puede decir que veinte años. Acá se ven dos décadas de mi trabajo: las influencias de mi primer grupo, La Cliqua; se ve algo de los inicios de Rocca, la evolución que tuve con Tres Coronas, hasta lo que traigo hoy, la base del MC y el beat pesado, con influencias del funk, del reggae, dub, trap, salsa, cumbia y hip hop. Por eso lo llamé Bogotá París, porque tiene ese sabor criollo combinado con lo que aprendí en Europa.

¿Por qué decidiste hacer el mismo disco en francés y en español?

Porque yo empecé en Francia, luego lo dejé de lado y comencé a trabajar con Tres Coronas y el mercado hispano. La gente acá nunca supo que, diez años antes de Tres Coronas, tenía más éxitos en francés que en español, y viceversa. He ahí la reconciliación de todo, ahora todo lo hago así. No es una traducción, es una adaptación de verdad, con una letra parecida, pero con el mismo flow.

Cuéntanos un poco acerca de los productores detrás de Bogotá París.

Gran parte de pistas están producidas por Lorenzo, otra parte por mí. Todos los arreglos musicales son míos, y también incluye nuevos productores como KobéBeats, que es un loco que hace trap y produce para mucha gente conocida en Europa. También hay unos ingleses que me ayudaron con la pista de dubstep en el corte con Lyricson.

En este álbum también le metes a la percusión, ¿no?

Claro que sí. Hay varias canciones en las que toco la percusión, como en “Óyelo” o en “Fire burn”; ahí toco lo que es el timbal, conga, bongó, güiros. Yo vengo de una familia de músicos, y a los seis años me mandaban al conservatorio a tocar el violín. No me gustó, era muy malo. Luego pasé a tocar el piano, y desde ahí comencé a meterme más en la percusión afro-latina. Luego llegó el hip hop, pero desde pelado siempre escuché bullerengues, cumbias, gaitas, currulaos, bambucos viejos, boleros… todo eso lo tocaban mis tíos, incluso mis abuelos, que son de tradición santandereana.

¿Cuánto tiene que ver Colombia con que incluyas elementos más percusivos como timbales y congas?

En todas las canciones hay muchas influencias de músicos grandes, pero obviamente el disco es un viaje musical. Este disco es en verdad un álbum, no un compilado de éxitos ni un relleno insípido por completar 14 canciones, como sucede actualmente en la industria. Yo todavía creo en los álbumes, desde la primera hasta la última canción tiene una lógica, un relato. El disco comienza con una canción muy trap, que es el nuevo ritmo que se está utilizando en el hip hop, continúa hacia algo muy urbano y de a poco se comienza a meter un tumbao diferente, hasta que al final te encuentras con una formación de 25 músicos, quienes le meten trompetas, trombones, timbales, bongó, güiro, batás, de todo.



Recuerdo en particular un video tuyo, “El original”, que dejaba entrever un estilo muy distinto al que te conocimos en Tres Coronas…

Mira, la canción con la que Tres Coronas fue nominado al Grammy Latino era “Mi tumbao”, que era una canción de salsa. Pasa que en un disco uno tiene 14 o 15 canciones, de esas cuatro son bien pesadas, ya el resto se abre a otras propuestas musicales bien amplias. La gente por lo general se enfoca en lo más visual, lo más agresivo. Pienso que si pones algo sabroso también puede ser violento, como el famoso clásico de Rubén Blades, “Plástico”. La letra puede hacerse bailar y tener siempre un intelecto para bailarla con más vigor.

Y luego de Bogotá París, ¿qué se viene para Rocca?

El Fenix, que es el disco que se viene. Al final de este álbum, los preparé para lo que sigue, en la cuestión del sonido, y para escuchar un rap más evolutivo en sus cortes musicales.

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Para estar atentos a todas las movidas de Rocca, pueden seguirle la pista por acá. Y para ordenar su nuevo disco 'Bogotá París', por aquí.