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Lecturas largas o lo que sea

Oi! ain't dead: La historia del género más incorrecto de Colombia (Parte 1)

Cómo un género de la juventud obrera inglesa viajó más de 8 mil kilómetros para instalarse en Colombia.

por Mateo Villamil
15 Junio 2016, 9:52pm

Oi! (o ¡Ey! en castellano) es una exclamación británica que acabaría dando nombre a un tipo de punk-rock inglés que surge en la década de 1970 y que describe un género enérgico, tribal y emotivo, interpretado por rusos, manufactureros y desempleados de toda Inglaterra. Aunque no representó una especial aportación musical a la historia del rock, significó la conformación de poderosas identidades alrededor del trabajo asalariado, la inconformidad y las relaciones sociales de la juventud de los barrios más pobres. En nuestro país, el grito encontró también las condiciones para gestarse. En Colombia, también se grita Oi! Oi! Oi!.

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La radicalización del punk, un género que nació rebelde

La cultura del narcotráfico, las prepago operadas, el fútbol, la pobreza, el trabajo asalariado, la violencia en las calles de la ciudad. La historia del Oi! en Colombia es hija también del sangriento legado y la desazón en las mayorías sociales que nuestra historia patria ha dejado. Esta relación indisoluble hizo de caldo de cultivo para que jóvenes de Medellín y Bogotá empezaran a escribir letras obscenas y agresivas al ritmo de una música rápida, potente y monótona, que sirve, sobre todo, para quejarse y liberar el empute. En Colombia empezaríamos a vivir a finales de los 70 un fenómeno europeo que vendría para quedarse y traer su herencia hasta el presente. Esta es la historia de un género desconocido para el melómano común y del que poco se habla salvo, claro, para señalar y tildar de violentos a sus adeptos.

Desde los escarpados barrios obreros de Medellín en 1985 hasta las calles de Chapinero en Bogotá en el presente, nuestro país ha visto docenas de grupos que han escrito la historia del Oi!, la cual se ha caracterizado siempre por carecer de círculos donde desarrollarse. Empecemos desde el principio...


Bogotá. [Foto de Richard Yudin]. (Bogotá, Colombia. Febrero de 1984).

Corrían los años 70, cuando en las islas del Reino Unido el mundo empezó a cambiar. La época de posguerra en que las sociedades más industrializadas sufrieron ajustes y reajustes en sus aspiraciones, su organización y sus prioridades, significó para Gran Bretaña uno de los primeros revolcones socioculturales tras el establecimiento de la socialdemocracia que, como vanguardia global, cambió el panorama de las cosas.

Gran Bretaña le devolvió aquellas conquistas de la ciudadanía, que se habían rescatado de la voluntad del capitalismo desde el fin de la segunda guerra mundial, a sus antiguos dueños: empezó a privatizar sectores estratégicos de la economía, abandonar el modelo productivo industrial del que dependía la mayoría de la clase obrera y disminuir hasta donde fuese posible el papel del Estado en la gestión de la calidad de vida de sus habitantes. Esto, que en Colombia sería simplemente la descripción de una realidad común y silvestre, dado que la educación, la salud, las pensiones, recursos e infraestructura están en manos de privados, para el país europeo significó el abandono de gran parte de sus mayorías sociales al desempleo y la marginación, pues dependían básicamente de la industria fabril y, ante la falta de trabajo, ya no encontrarían el apoyo de las prestaciones del estado de bienestar.

Los ingleses de la época empezaron a sentir lo que siente la mayoría de los colombianos cada mes: no había trabajo o sólo trabajo de mierda y, además de no encontrarlo, su vida corría peligro: bien fuera por no poder estudiar, no poder enfermarse, no poder calentarse durante el invierno, no tener dónde vivir o no tener con qué comer. La angustia era constante y el desencanto era creciente por cómo estaba la situación, cómo debería estar, y cómo se pondría si todo seguía igual.


The Buzzcocks. Foto de Fin Costello. (Reino Unido, 1970-1979). Redfrens

Así surgió el glorioso género punk. Ser punk, una “porquería”, significaría finalmente estar en desacuerdo con el discurso hegemónico. Las reglas, los imaginarios y las condiciones que imponía la transición de la socialdemocracia al neoliberalismo terminaron por explotar en forma de una contracultura mucho más rompedora que las que históricamente habían retado al statu quo como los beatniks o los hippies. Ya no había un mundo mejor que perseguir o una forma de vida que honrar.

Ahora la juventud sencillamente se cagaba en todo. Cogió un instrumento, hizo ruido, gritó fuerte y se cagó en sus padres, se cagó en sus jefes y se cagó en los políticos. Años después sería esta misma frustración y falta de alternativas la que haría brotar en Colombia este género. Las mismas razones llevaron tanto a los chicos de Londres o Manchester como a los jóvenes de Medellín o Bogotá a cargar contra las convenciones musicales y sociales de su época, haciendo que este sonido encontrara su hogar a 8.500 kilómetros de donde se originó.

Desde The Velvet Underground o Death, hasta The 101'ers, Johnny Thunders & The Heartbrakers, Joy Division y finalmente los mismísimos The Buzzcocks, The Clash o Sex Pistols, la música se había abanderado como la herramienta de una juventud inconforme que proponía una enmienda a la totalidad. Una reversión de todo lo establecido, tanto en lo ético como en lo estético: "there's no future, no future, no future for you" (no hay futuro, no hay futuro, no hay futuro para ti) cantaban los Pistols en el sencillo de 1977 “God Save the Queen”. En Colombia, el virus se esparciría, quizás en un inicio, con los Complot (Medellín, 1979), un grupo que alcanzó un relativo éxito a principios de los ochenta, así no lo refleje la información disponible en la red.

¡Ey, parceros de la calle! ¡A la mierda el punk gomelo!

La rebelión estaba servida. Hartos del rock de papá de sonidos aún muy inofensivos y temáticas edulcoradas, y lejos de la popularidad de la fiebre punk que ahora capitalizaban sellos como EMI, los chicos del barrio (especialmente del East End, que es al Londres de la época lo que Bosa es a nuestra Bogotá de hoy) deciden romper el tablero de juego y dedicarse a gritarle en-la-hi-jue-pu-ta-ca-ra al mundo que los pobres, los ñeros, los que trabajan, los que beben y se dan en la jeta, estaban mamados del sistema.

Ya no era necesario ser un virtuoso rockero para hacer una música que le erizara los pelos a alguien cansado de la fábrica, de la fila de la prestación por desempleo, de las huelgas, de la oficina, de la cotidianidad. “Nunca conocí un músico convincente que no pareciera de alguna manera enfermo y medio sucio” diría Iggy Pop en una entrevista para Clash Music en el 2010. Y así, salido de la energía y el poder de los directos de bandas como The Stooges, The Doors o incluso los Chosen Few de Michigan, la música pariría un hijo más radical: en 1976 nació en Hersham, una población al sudoeste de Londres, Sham 69 una banda que, junto a grupos como Cockney Rejects o Cock Sparrer, se convertiría en la insignia del primigenio Oi!, imponiendo los cánones de este nuevo género. El grito que lo bautizaría quedaría establecido por ser la forma como los Cockney Rejects introducían sus canciones en los conciertos.

La primera oleada y primeros vestigios del Oi! en Colombia

A los toques de Sex Pistols, Joy Division o Sham 69 asistían toda clase de jóvenes pertenecientes a diferentes tendencias y subculturas de la época: llegaban Suedeheads, Mods revival, Glam Rockers... Literalmente de todo. Eventualmente los más salvajes sobre el escenario se llevaron al público más rudo, y los shows de Cock Sparrer o Cockney Rejects empezaron a ser frecuentados por hooligans y skinheads. Estos últimos, que tuvieron su momento con el auge son el soul, el ska o el rocksteady en Inglaterra en los 60, resurgieron tras casi una década de desaparición gracias al ska 2Tone y la primera ola de punk. Estaban nuevamente en el pedestal.

Los conciertos para aquella época eran un descontrol y la violencia de las letras eran el reflejo de la que se vivía en los shows. Las peleas, además de monumentales, eran frecuentes y casi obligadas. El Oi! recibió apoyo de una gran cantidad de bandas en las primeras décadas y poco a poco los grupos del nuevo género empezaron a regarse por Inglaterra y el mundo. Su contundencia animó a muchos jóvenes de aquel entonces a armar sus combos y unirse al movimiento. Nacen así bandas como Blitz, The 4-Skins o The Business en Inglaterra; R.A.S, Camera Silens y Komintern Sect en Francia; o Decibelios en España. Todas estas serían el núcleo de un sonido radical que a principios de los años ochenta escribió la historia que inspiraría a miles de bandas en todo el mundo.

En Colombia, una de esas bandas fue Sociedad Violenta de Medellín (1985), un grupo que grabó varios demos D.I.Y y otro en estudio en 1987 que pagaron de su bolsillo. Su sonido, aunque tenía algunos dejes de lo que para ellos eran sus bandas favoritas como Cockney Rejects, Sham 69 o Komintern Sect, entre otras, y recuerda especialmente en el tema “violencia y destrucción” a The 4-skins en Evil, está claramente inmerso en la escuela del punk de medallo. Grupos míticos de La bella villa como P-NE (1982) , Mutantex (198?) o Pestes (1985), éste último influido por Sex Pistols en canciones como "Nunca triunfé" (especialmente comparada con la mítica God save the queen) o The Exploited en temas como "Dinero", hicieron de sustrato para la única banda de la época que podría catalogarse dentro del Oi!.

Ya en 1988 graban un split con los punkeros de Rasix, que dos años después consegurían publicar su único EP bajo el enigmático sello Lufer. El resultado de este split es un disco que, aunque fue patrocinado por un colombiano desde EEUU, terminó siendo otra cascadísima grabación, muy típica de la escena underground en los años más crudos del conflicto armado de nuestro país. Poco más se volvió a saber de ellos, sin embargo está claro que Sociedad Violenta constituye el nacimiento del Oi! en estas latitudes.


Foto de Gavin Watson. (Inglaterra, 1978-85). Skins & Punks: Lost Archives, 1978-1985.

En estos años la ultraderecha política logra alcanzar a los jóvenes más conservadores (y a menudo ignorantes) de la escena skinhead que, tanto en Inglaterra como en el resto del mundo, empiezan a adoptar ciertos elementos del discurso nacionalista y xenófobo. Muchos grupos de Oi! o adoptan estas posturas o nacen directamente dentro ellas. Ejemplos hay a patadas, pero basta con enumerar a las bandas que no sin talento como Tolbiac's Toads y Evil Skins de París o Condemned 84 y Skrewdriver de Inglaterra, terminarían sucumbiendo al discurso anticomunista y/o racista típico del neoliberalismo inglés que llega a su clímax con la consolidación del llamado Thatcherismo y que se extendería por todo el planeta. Otros sin embargo reaccionarían en contra de estas tendencias con más o menos efusividad, como fue el caso de Sham 69, Cock Sparrer, The Opressed, o The Business.

La segunda oleada, nuestro propio revival Oi!

Los skinheads ya pululaban por nuestras grandes ciudades, especialmente Bogotá, a la altura de 1987, cuando la cultura capitalina finalmente se funda en una crew conocida como RU (Rapados Unidos). Antes de que esto sucediera, el movimiento, como casi todo el punk en Colombia, llegaba de lejos, con ecos, difuso, algunas veces mal traducido al castellano, aunque casi siempre desde España. El esfuerzo de los primeros skins nacionales configruó personajes legendarios como Calvo Wilson, el Joe Hawkins colombiano, ese personaje de ficción que se volvió el símbolo del rey de la calle. Wilson fue protagonista vivo de mil historias del movimiento en Bogotá y su lucha por hacer suya una subcultura inglesa -con cuya juventud trabajadora tenía tanto en común- llevó a la inevitable “bogotanización” del imaginario skin.

En parte por la dificultad de los coleccionistas de música para adquirir o escuchar discos extranjeros en aquella época y en parte por las reglas propias de una violencia callejera que superaba con creces la que se vivía en las sociedades europeas, la cultura acá tuvo sus particularidades. Con la influencia del hardcore presente en la ciudad, las interpretaciones que los calvos rolos hacían de la música hecha por skinheads y su espíritu tuvo una variación ideológica y estético-musical que le dio un tono determinado al movimiento a partir de 1980. Para ese entonces, el Oi! y los skinheads daban un papel protagónico al patriotismo, rechazaban el uso de drogas y existía cierta atmósfera de recelo ante el comunismo dentro de una cultura que, ya desde Inglaterra había construido algunos discursos que coqueteaban o directamente abrazaban posturas extremistas.

La música llegaba en vinilos o especialmente en cassettes cuando alguien venía de algún viaje. Cabeceaban para ese entonces al ritmo de Cock Sparrer, Blitz e Infa Riot, pero también al de Combat 84 o Evil Skins aunque, como decía, las bandas del estado español influirían de manera determinante en el sonido Oi! de nuestro país. Es en ese contexto que surge el parche de los Virus que, emergiendo de la Universidad Nacional hacia 1985, fueron de los primeros punks-skins y se convertirían en caldo de cultivo para la revolución de los calvos y lo que sería RU. Esto, claro, en un país en guerra con niveles de violencia que en otras partes sólo se ve en las películas, hizo que la agresividad de los “chicos de la calle” de nuestras ciudades se endureciera y transformara la escena del Oi! colombiana, probablemente, en la más ruda del mundo.

La música también reflejó ese endurecimiento. Si bien en la época se conformó la base del ahora conocido grupo (Sistema Sonoro) Skartel (Bogotá, 1992) y la música de grupos como Kortatu (Irún, 1984) o The Clash (Londres, 1976) se escuchaban en los reproductores de los rapados colombianos, el legado de bandas de ska 2-Tone como The Specials o Bad Manners no serían la principal inspiración de los grupos colombianos. Las bandas más antiguas que se recuerdan son Resistencia y más tarde Justicia Natural (Bogotá 198?) con un sonido fuerte, ruidoso y muy Oi!.

Ahora, la tradicional banda Skandalo Oi! -excepción de la hegemonía punki- nos da un ejemplo de la historia de muchas bandas de este género que han existido en Bogotá y de la escena en general. El grupo nació hace 20 años y por su seno pasaron más de 15 músicos distintos antes de que pudieran meterse en el estudio y grabar un disco, que salió este año (2016). Como pasa con casi todo lo que los skins hacen en Bogotá, su música se despliega con mucha pasión, involucra a todos los amigos posibles y por desgracia, o dura poco, o se deja en un stand by a término indefinido.

Con miembros que ahora llevan entre 10 y 30 años en el movimiento su sonido ha ido mutando a lo largo de los años. En la esencias mezcla el Oi! de bandas como Suburban Rebels (Barcelona, 1993) o Decibelios (Barcelona, 1980), con el street-punk de otras como Non Servium (Móstoles, 1997) y algo de ska 2Tone. La voz de su primera época nos hace pensar en Zakarrak (Arrasate, 1986) -escuchen “al galope” o “fin de semana” para comparar- aunque tanto el álbum homónimo de Kortatu en 1985 como el de Amén de Agua Bendita (Barcelona, 1990), o el éxito internacional del disco de 1987 Yo te avisé de Los Fabulosos Cadillacs (Buenos Aires, 1985), tendrían una influencia determinante en las decisiones de estilo que tomó. Le cantan al fútbol (Skandalo Oi! son esencialmente de Millonarios) y la manera de honrar a su equipo se acerca a la tradición barrista argentina, punto en el cual aparece la sangre latina que dibujan sus ancestros en los cánticos de Comando Suicida (Buenos Aires, 1984), los Cockney Rejects latinoamericanos que fueron criticados por sus posturas políticas en varias ocasiones pero que, musicalmente al menos, es un grupazo que no admite objeciones.

Skandalo grabó escasamente un demo casero de cuatro canciones que, 18 años después de la creación de la banda, sólo se hace accesible a través de Youtube. Pero tras mucho esfuerzo y la colaboración de muchos parceros sacaron su primer LP titulado 20 años sin éxitos (2016), que se convierte en una reflexión nostálgica pero llena de orgullo de cómo lo más clásico de la ciudad tuvo que esperar dos décadas para dar forma a su leyenda. Los diez temas hablan de la banda en activo más antigua, y rinden homenaje a viejos integrantes como Cristian, ex bajista que falleció en 2005 y casi significa el final de la agrupación. El primer single, Skandalo Oi!, cuenta con un videoclip producido por Unity Records y dirigido por el ecuatoriano Cristian Mena.

Y llegamos a la joya de la corona de esta segunda oleada. Ultimatum surgió a finales de los crudos 90 en el barrio Olarte (Localidad de Bosa) de Bogotá, uno de los tantos barrios obreros que, producto del agotamiento, los malos salarios, el amor a la cerveza y la amistad, hizo brotar una de las propuestas más auténticas de Oi! hechas en nuestro país.

Crecieron como grupo escuchando clasicazos del Oi! como The Business, 4-Skins o Cockney Rejects, aunque es posible hallar también influencias del punk latino como Ataque 77 (Buenos Aires, 1987), especialmente en canciones como "Ebrio quiero estar". Grabaron su primer trabajo en estudio en el año 2007 y aunque no han registrado nada más desde entonces y -a pesar de los rumores- no se vislumbra una reunificación, con Pateando hasta el final (KB Records, Alemania) dejaron una huella imborrable para el Oi! Latinoamericano.

Desde The Clash en el tema "No SS", pasando por "Al destierro" que recuerda poderosamente al "Från Flykt Till Kamp" de Perkele (Gotemburgo, 1993), hasta los tributos/versiones que hace de "New Age" de Blitz (New Mills, 1980), "Blind Justice" de The Business (Lewisham, 1979), o "Kids of the nation" de The Radicts (New York, 1989), Ultimatum consigue una excelente revisión discográfica para nutrir un sonido que hizo que el sello de los chicos de Krawallbrüder (Saarland, Alemania) sacaran su único largo con el sello KB Records.

Espere pronto la segunda parte de esta historia

*Bonus

Aquí les dejo material para profundizar más en lo narrado anteriormente.

Discografía/filmografía recomendada de la “primera oleada”:

Sham 69: Borstal Breakout (Single 1978)
The Business: Harry May (Single 1981)
Cock Sparrer: Runnin Riot (Single 1977)
Komintern Sect: Les Seigneurs de La Guerre (LP 1983)
Cockney Rejects: I'm not a fool (Single 1979)
Infa Riot: Still Out of Order (LP 1982)
Sociedad Violenta: Rasix/Sociedad Violenta (Split 1989)
Anton Corbijn: Control (Largometraje 2007)


Discografía/filmografía recomendada de la “segunda oleada”:

Zakarrak: Larga vida al Oi! (LP 1993)
Angelic Upstars: Blood on the terraces (LP 1987)
The Templars: The Return of Jacques DeMolay (LP 1994)
Cobra: Captain Nippon (LP 1990)
Stomper 98: Stomping Harmonists (Maxi 2000)
Shane Medows: This is England (Largometraje 2006)