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Lecturas largas o lo que sea

Al teatro Carlos Vieco se lo está comiendo la maleza

Frente a la negligencia de las autoridades, un escenario histórico de Medellín permanece cerrado ¿La música dejará de sonar en la montaña? Reportaje.

por Felipe Sánchez Hincapié
23 Junio 2016, 12:08am

El sol golpea sin clemencia al Cerro Nutibara, ubicado al suroccidente de Medellín. Hace calor, no hay ninguna nube en el cielo y si alguien toca el pasto puede quemarse los dedos y hasta la consciencia.

Los minutos pasan y el sol sigue alumbrando como una cama de bronceado. Un joven camina despacio por un andén rodeado de árboles cuyas ramas permanecen quietas. Pese al calor agobiante, se detiene ante una puerta de acero cerrada con una cadena y un candado igual de oxidados que los barrotes de la puerta. Ni que decir del aviso que cuelga encima de la puerta. Está arrugado, sucio y de no ser por sus descoloridas letras azules, las cuales anuncian que este es el ingreso al Teatro Carlos Vieco, cualquiera pensaría que es un deposito abandonado.

El joven, sin pronunciar palabra alguna, se acerca para ver el lamentable estado en que se encuentra el Teatro, que hasta hace un buen tiempo fue para muchos un templo del rock y de la poesía. Las escalas de concreto están repletas de ramas y hojas secas. Un tarro de pintura completa este bodegón deprimente y es inevitable sentir ganas de tomar una escoba para barrer tanta mugre.

Unos pasos más abajo el panorama es igual de desconcertante. Por la malla, igual de oxidada que la puerta, pueden verse las gradas de cemento dominadas por la maleza. La concha acústica, donde antes los músicos hacían sonar sus instrumentos y los poetas de todas las nacionalidades leían sus versos, hoy se encuentra sucia, con humedades y agrietada.

Los árboles y el pasto sin podar le dan al Teatro un toque más apocalíptico que bucólico. Más que un lugar para hacer conciertos de rock o recitales de poesía, parece la locación de una película distópica. Solo que aquí, en vez de robots asesinos, hay un montón de hojas secas que nadie sabe cuándo van a recoger.

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El Teatro al Aire Libre Carlos Vieco Ortiz fue inaugurado en 1984 y su diseño estuvo a cargo del arquitecto Óscar Mesa. Se encuentra ubicado en la ladera norte del Cerro Nutibara, el cual ofrece una amplia panorámica de Medellín y en cuya cima se encuentra el Pueblito Paisa. Antes de la llegada de los españoles el Cerro era un sitio sagrado para el pueblo Nutabe, al que iban sus mujeres para dar a luz.

El Teatro cuenta con 21 graderías de cemento, una concha acústica, camerinos, baños y dos accesos. Tiene además una capacidad para 3.800 personas y aunque no tiene techo, el estar rodeado de árboles le da un toque bastante mágico.
Además de albergar todo tipo de certámenes, fue construido para rendirle homenaje a Carlos Vieco Ortiz, compositor nacido en Medellín en 1900 y considerado máximo representante de la música andina colombiana. Perteneciente a una familia de pintores y músicos, su producción llegó alrededor de las 1.800 obras, entre bambucos, pasillos, guabinas, zarzuelas y hasta villancicos.

Foto cortesía de Román González.

Pero otro tipo de música se tomó a este escenario luego de que abriera sus puertas a la ciudad. Por ese entonces el rock le hacía resistencia al terror impuesto por el Cartel de Medellín, pero no contaba con los lugares aptos para propagar su rebeldía. Bares, garajes, salones comunales y hasta terrazas funcionaban como improvisadas salas de conciertos para las bandas de metal y punk.

Solo hasta 1987 pudo realizarse el primer concierto de rock en el Carlos Vieco Ortiz. Aquel año se presentó Kraken, el "titán del rock nacional", pero algunos asistentes sabotearon su presentación. El toque terminó en disturbios y el Teatro fue cerrado por las autoridades hasta nueva orden. Así lo cuenta Hugo Restrepo, ex guitarrista de la agrupación:

-El concierto inició, más o menos, quince minutos retrasado. Recuerdo que iniciamos, y como a la tercera o cuarta canción, empezaron a caer botellas vacías y piedras de un tamaño considerable. Muchas de esas botellas y rocas caían sobre la gente, y algunas empezaron a caer sobre el escenario. Esto empezó a agitar el ambiente y a sentirse incertidumbre e inseguridad al no saber de dónde estaba cayendo tanta piedra, tanto palo y tanta botella.

Foto cortesía de Román González.

Kraken no alcanzó a tocar la quinta canción y sus integrantes tuvieron que refugiarse en el camerino y luego salir corriendo del Teatro. Los disturbios, según Restrepo, fueron originados por la rivalidad que había entre las bandas de metal y punk, y la envidia que les despertaba la cercanía de Kraken con algunas emisoras radiales como Veracruz Estéreo.

Tras los disturbios del 87, los ánimos se apaciguaron un poco, y a inicios de los 90, el Teatro volvió a llenarse de gente para escuchar las canciones de otra agrupación insigne en la ciudad: Estados Alterados. De ahí en adelante grupos como Ekhymosis, Frankie Ha Muerto, I.R.A., Juanita Dientes Verdes, Masacre, Neus y otros más, lo convirtieron en el sitio donde podían darse a conocer o llegarle a su leal fanaticada. Para Román González, músico, periodista y gestor cultural, el Carlos Vieco fue un lugar insigne de la escena paisa gracias a las gestiones de Antonio Escobar, mejor conocido como Toño Puta:


-Antonio Escobar, un amigo nuestro, era gestor cultural y abrió el Teatro para toda la generación del 90 y pasadito el 2000. A Antonio lo conocían como Toño Puta, el man fue manager de Ekhymosis, Perseo y movió muchas cosas. Al hombre le dieron la oportunidad de activar el Teatro, que en los ochentas estuvo cerrado para el rock, porque cuando lo inauguraron con un concierto de Kraken hubo mucho desorden y casi lo vuelven mierda. Entonces años después lo abrieron con un concierto de Estados Alterados y ya de ahí se generó toda una movida que se llamó MedeRock, que eran conciertos que se hacían cada 15 días en el Teatro. Era la comunión de todas las bandas de esa generación.

Lo dicho por Román es corroborado por Lennin Muñoz Jurado, un administrador de empresas y melómano que a sus 37 años recuerda los toques que se hicieron en el "Vieco", como fue bautizado con cariño por los rockeros de Medellín:
-Exactamente no recuerdo cuál fue mi primer concierto en el Carlos Vieco, pero creo que fue uno de Ekhymosis. Eso fue a principios de los 90. Ese día alternaron varias bandas de la ciudad y fue un concierto muy bueno, una bonita experiencia. El Carlos Vieco era un trampolín para que muchas bandas fueran conocidas en otro tipo de escenarios. Allá vi a Juanita Dientes Verdes, Frankie Ha Muerto, Masacre, La Pestilencia y otras bandas de la ciudad.

Los más jóvenes también sintieron la euforia que allí desataba el rock. Tal es el caso de Elizabeth Martínez, una estudiante de comunicación social e hincha del Atlético Nacional de 21 años. Pese a la agotadora subida que tenía que pegarse para llegar al Teatro, ella se soyó los toques de grupos locales e internacionales como Nepentes o Attaque 77:

-El primer concierto al que fui en el Carlos Vieco fueron las eliminatorias de Altavoz 2008. Fui a ver a La Furruska, la banda de unos amigos de Caldas. Subí despacio, tenía mucho tiempo. Ya en otro concierto, de Trotsky, sí tuve que subir en pura, casi muero del asma (risas). Allí he visto a bandas muy significativas para mí: Attaque 77, Jauría, 2 minutos y Johnnie All Stars. Era un espacio de riesgo y de vida. Me acuerdo mucho de una caída en un pogo de Nepentes. No importó la caída, porque eso es la vida.

Pero el Vieco no sólo fue un parche para el rock y otros géneros como el ska, reggae o hip hop. La poesía se tomó sus instalaciones y convocaba a miles de personas para escucharla y vivirla. El 28 de abril de 1991, en plena combustión política y social, la Corporación de Arte y Poesía Prometeo realizó allí la primera versión del Festival Internacional de Poesía de Medellín.


Aunque en sus diferentes versiones contó con una programación en otros sitios de la ciudad, las aperturas y clausuras que se hacían en el Teatro eran multitudinarias y en ellas participaron poetas como Darío Jaramillo Agudelo, Juan Manuel Roca, Raúl Gómez Jattin, Cees Nooteboom o Yevgeny Yevtushenko.


Ricardo Gómez, conocido como Don Vito e integrante de la agrupación Niquitown, es traductor, desde 1998, de los poetas internacionales que participaron en el Festival. Siempre asocia al Teatro con la apertura y clausura del certamen y considera que el ambiente que se vivía allí era conmovedor:

-Era un ritual impresionante para toda la gente y todos los poetas. Pasaba algo curioso y es que con mucha frecuencia, sobre todo en la clausura, llovía. Caían unos aguaceros monumentales, pero la gente no se movía de ahí. Esa escena de la lluvia cayendo torrencialmente sobre un montón de gente que no se movía, sino que se quedaba escuchando poesía y que se tapaba con lo que alcanzara (un periódico, un pedazo de plástico, un cartón o simplemente dejaban que el agua los mojara), era profundamente conmovedora para muchos poetas y yo recuerdo muchas lágrimas derramadas por ellos en esas clausuras. Además de que eran eventos supremamente emotivos porque en la clausura se encontraban todos los poetas. Y eso era casi como un mantra porque los silencios de la gente, mientras escuchaba a alguien hablando en mandarín, alemán o en otra lengua que no conocían, eran respetuosos y una cosa muy conmovedora.

El Carlos Vieco también fue escenario de otros certámenes importantes para la ciudad, como el Concierto de la Juventud, las eliminatorias de AltavozFest, Del Putas Fest, organizado por Román González en memoria de Toño Puta (fallecido en 2011), y el Festival de la Tusa y el Despecho, que se realizaba durante la Feria de las Flores. Muchos lo tenían como un punto de referencia, pero también como un lugar donde podían pasar un momento agradable.



Sin embargo, el inevitable paso del tiempo acabaría con su esplendor, provocando daños en los baños, las redes eléctricas y la concha acústica. Aunque en 2014 la Secretaría de Cultura Ciudadana, en cabeza de María del Rosario Escobar, realizó una serie de remodelaciones, esta dependencia ordenó cerrarlo debido a fallas en su estructura física.

Desde 2015 el Carlos Vieco no ha vuelto a abrir sus puertas y mientras las voces de protesta por su evidente deterioro no cesan, la reapertura de este templo del rock y de la poesía sigue en puntos suspensivos.

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El 2 de marzo de 2016 un vídeo rodó por las redes sociales. En él aparecía Román González visiblemente indignado por el mal estado del Teatro al Aire Libre Carlos Vieco Ortiz.


-Lo que vemos en este momento es un teatro abandonado. Lo que vemos en este momento es un teatro vuelto mierda pues ¡Qué pena!-, dijo Román con cámara en mano mientras caminaba por las deterioradas graderías del Teatro, cubiertas de hojas secas y ocupadas por la maleza.

Luego de publicar el vídeo en su canal de YouTube, miles de rockeros paisas no sólo lo compartieron, sino que también expresaron su inconformismo ante el deterioro del Carlos Vieco. Mientras unos señalaron a la actual administración municipal, especialmente a la ahora secretaria de Cultura Ciudadana, Amalia Londoño, por el "abandono" del Teatro, otros recordaron con nostalgia los toques que allí se hacían.
Hasta el mismo Juanes, ex vocalista de Ekhymosis y ganador de varios premios Grammy, se unió a esta protesta con un tuit que instaba al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, a que recuperara este espacio que "entendió el rock como expresión poética".


Los medios de comunicación locales hicieron eco de la protesta, el hashtag #RecuperemosElCarlosVieco fue tendencia y el 9 de marzo la Alcaldía de Medellín, en su sitio web, publicó un boletín en el que anunció su pronta recuperación:
-La Alcaldía de Medellín recuperará el Teatro al Aire Libre Carlos Vieco, ubicado en el Cerro Nutibara, que se encuentra cerrado hace un año debido a fallas estructurales en algunos de sus espacios como baños, puertas, camerinos, cocineta, instalaciones eléctricas e hidrosanitarias.

Además, el boletín lo destacó "como uno de los principales escenarios al aire libre en el que convergen diversas manifestaciones culturales" y agregó que "la Secretaría de Cultura Ciudadana entregó un riguroso estudio patológico que se inició en 2015, con el propósito de identificar los aspectos concretos a intervenir en la obra y ya está diseñando un plan de acción en aras de hacer de este un lugar sostenible, diversificado y conectado con su entorno natural".

Foto cortesía de Román González.

Tres meses después la prometida recuperación del Teatro no ha empezado y Román González sigue denunciando las pésimas condiciones en que se encuentra:
-El Teatro tiene muchas fallas desde su fundación que realmente no ofrecen las mejores condiciones. Pero es lo único que hay, la gente le tiene cariño y todo mundo adoptó al Teatro. Desde hace más de diez años no tiene buen servicio sanitario, ni electricidad. Tiene unos camerinos deplorables que da vergüenza atender artistas internacionales cuando se presentan allí. Hace un poco más de dos años, desde que salimos nosotros de ahí, el Teatro se cerró y obviamente la maleza se lo está comiendo. Mucha gente lo ha saqueado, las poquitas cosas que tiene, como rejas de aluminio y cuanta chatarra le puedan extraer, pues las han robado personas que se han entrado ahí. En fin, está vuelto nada.

Lo que nosotros hemos querido alegar – continúa Román – es que al Teatro hay que reactivarlo con programación y eso es lo que estamos tratando de hacer con estas movilizaciones, que el Estado o la gente que mueve esos hilos ahí, pues le inviertan en programación, lo reactiven y generen un montón de movidas a partir del Teatro.
Sin embargo esta propuesta parece difícil de realizar a corto plazo, ya que según Amalia Londoño, secretaria de Cultura Ciudadana, el Teatro tiene un problema de aguas y de suelos bastante "grave":

-Con la Ley de Espectáculos Públicos, el año anterior se había hecho un estudio patológico y estructural del Teatro Carlos Vieco. Ese estudio patológico y estructural nos llegó en febrero de este año y nos aterriza al siguiente escenario: el Teatro Carlos Vieco tiene un problema estructural grave de movimiento de suelos por unas aguas perdidas. Entonces, eso hace que la concha acústica esté corrida un poco de su espacio original, lo cual significa un riesgo para cualquier persona que esté en el escenario. Y también significa que nosotros estaríamos en un espacio que no cumple con ninguna regla de seguridad por el DAGRD (Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres) y demás.

La secretaria revela que este estudio arrojó otros resultados, como que "la red eléctrica, por vandalismo, está completamente eliminada" y que los arreglos a la red sanitaria y demás, hechos en la administración pasada, "se habían dañado por los movimientos de tierra y de aguas que tiene el Teatro".

Pero el resultado arrojado por este estudio, que según Londoño "está a disponibilidad de quien lo quiera consultar", no convence del todo a Román y cuestiona que ahora se hable de la inestabilidad del terreno como causa de su cierre:

-Últimamente se han pronunciado a través de los medios de comunicación o por correos electrónicos, y alegan de que hay una inestabilidad en el terreno, que hay aguas filtradas y que el terreno está inestable. Mejor dicho, han pintado la cosa como si el Teatro se fuera a caer a la Avenida 33. O sea, después de 32 años de estar ahí, el Teatro, que se ha asentado a la tierra después de tanta brincadera, ahora parece ser que no, que es peligroso para la gente, que hay movimientos telúricos, aguas filtradas, en fin.


Aun así, la secretaria insiste en que no quiere dar "paños de agua tibia", ya que se necesita saber "de dónde vienen esas aguas, cómo pueden cambiar la estructura, infraestructura y las bases del Teatro", para no gastar plata "en pequeños arreglos" que lo dejen "en peor o igual estado".

De ahí que especifique que para este año se hayan destinado "200 millones de pesos solamente al estudio de las aguas, del terreno y del espacio del Carlos Vieco". Este estudio demorará en realizarse seis u ocho meses y al año siguiente, por fases, comenzar la recuperación del Teatro.

-Es un proceso demorado, complejo. Hay que decir también que el valor del arreglo completo del Teatro, aunque no esté evaluado de manera exacta, estamos hablando de más de 3.000 o 4.000 millones de pesos-, puntualiza.

Así las cosas, pasará mucho tiempo para que las puertas del Vieco vuelvan a abrirse. En medio de estas declaraciones es inevitable hacerse la pregunta de dónde podrían hacerse conciertos de rock y si Medellín cuenta con los escenarios aptos para este tipo de certámenes.

Aunque la secretaria dice que sí y menciona al Parque de los Deseos, donde actualmente se realiza la apertura y clausura del Festival Internacional de Poesía, los Parques Biblioteca o las Casas de la Cultura, para muchos artistas, gestores culturales y periodistas no son suficientes. Y es que lo que pasa con el Carlos Vieco es solo una muestra de un problema que viene de tiempo atrás: la "ciudad más innovadora del mundo" no tiene un gran centro de espectáculos con las condiciones óptimas para el público y los artistas.



Aunque la demanda de conciertos la atienden lugares como el Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez, que en estos momentos se encuentra cerrado por problemas en su techo; el Teatro Pablo Tobón Uribe, que ofrece una programación artística durante todo el año; el Orquideorama del Jardín Botanico, donde el pasado 10 de junio se Presentó el músico argentino Fito Páez; o el Centro de Espectáculos La Macarena, muy criticado por sus problemas de acústica, estos se quedan cortos para atender certámenes de gran formato. Al respecto, el periodista cultural Daniel Grajales hace el siguiente balance:

-Medellín no tiene más que el Teatro Metropolitano, pero está averiado. No hay un gran centro de espectáculos, la cultura requiere unos equipamientos especiales, grandes, para eventos de gran formato. Los equipamientos de los Parques Biblioteca están mal pensados, muchos artistas dicen que no sirven para más que conferencias, por diseños y temas acústicos. Entonces, esta ciudad cree que una discoteca grande es un "centro de eventos" y eso no es verdad.

En Bogotá, por ejemplo, – prosigue Grajales – hay hasta diez teatros, con todas las especificaciones técnicas necesarias para ópera, zarzuela, conciertos y artes escénicas. En Medellín, hoy, sólo tenemos el Teatro Pablo Tobón. En Europa, por ejemplo, las infraestructuras son tales que los centros de eventos, muy diferentes a las discotecas grandes de acá, tienen capacidad de recibir a gente para cinco o seis eventos distintos o un gran festival. Los conciertos en Medellín se están haciendo en el Parque Norte (como el Breakfest) o en el Jardín Botánico. Tenemos una gran carencia en ese tema.

Por el momento, son muchos los que esperan que el Teatro al Aire Libre Carlos Vieco Ortiz vuelva a ser lo que era, un escenario en el que se catapultaron agrupaciones como Ekhymosis, Estados Alterados o Masacre, y en el que también miles de adolescentes decidieron que el rock, esa música contestataria y ruidosa, sería la banda sonora de sus vidas.

Cuando le preguntan a Román por la importancia de este espacio para la convulsa historia del rock paisa, él no duda en considerarlo como un refugio a la violencia de los agitados años 80 y 90, e imagina que si estuviera abierto de allí podrían salir muchos Juanes:

-Juanes nació en ese Teatro, hoy en día es una estrella mundial y cuando él dijo por Twitter que le interesaba esta situación, pues la gente se movilizó. Cuando él retuiteó toda esta información pues el señor alcalde puso a trabajar a su gente. Entonces digamos que quién quita, y viéndolo de manera romántica, que del Teatro puedan salir muchos más Juanes y que se catapulten desde ahí. Además, en la época de la violencia de los 80 y 90, mientras había toque de queda, bombazos y todas esas cagadas del narcoterrorismo, en el Teatro Carlos Vieco se reunían más de 3.000 jóvenes, cada 15 días, a escuchar música. Nunca hubo atentados, ni violencia y estuvimos seguros ahí. Eso da un indicador muy fuerte y por eso mucha gente de esa época está sensible con el tema, porque saben que la música les brindó otra posibilidad frente a la vida y también un refugio.

Pero del Carlos Vieco, agrega Román, también salieron "grupos de amigos, empresas, periodistas, fotógrafos, diseñadores y mucha gente que veía en esas reuniones de cada 15 días el potencial para expresarse".

Todos ellos, a una sola voz, piden que el Vieco se abra y tenga una programación para todos, rockeros, raperos, salseros y hasta reggaetoneros. También piden que no haya tanta burocracia para acceder a él y que los músicos, poetas y teatreros se lo tomen con palabras y sonidos. Los beneficios de tenerlo abierto serían muchos: el turismo al Cerro Nutibara aumentaría, los vendedores mejorarían sus ventas y la oferta cultural de Medellín se ampliaría.

Mientras la esperada recuperación del Teatro inicia, muchos anhelan que sus gradas de cemento vuelvan a llenarse de gente, en vez de maleza y hojas secas.

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