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Entrevistas

Bogotá Punk: desenterrando la historia de la movida local

Charlamos con el documentalista que se obstinó en contar la historia del movimiento en la capital de Colombia desde "Los Podridos 80" hasta la actualidad.

por Nicolás Vallejo-Cano
24 Octubre 2014, 10:02pm

La anécdota es mitológica.

Algún día, un punk solitario y adolescente llamado Héctor Buitrago, estaba oyendo alguna emisora del dial cuando escuchó, de repente, a Vice Squad.

Era algo insólito para la época, incluso para esta. Era punk en la radio nacional.

Abandonado como siempre en las frecuencias de la radio, encerrado en el cuarto de su casa en el barrio Restrepo, al sur de Bogotá, Héctor se escuchó completico ese programa dedicado a un movimiento cultural marginal en las capitales del mundo e inexistente en la capital colombiana de mediados de los 80.

El programa contaba con un invitado especial que parecía tener su edad, que ponía las canciones y que, como él, hablaba con propiedad sobre el tema. Entonces llamó a la emisora y pidió que se lo pasaran al teléfono.

Entonces charlaron y quedaron en verse.

Ese otro punk se llama Dilson Díaz y así nació La Pestilencia.

Ricardo Meléndez es un realizador audiovisual de 36 años que hace más o menos 22 está vinculado a “lo que es el punk”. Motivado por narrar la memoria de la movida en Bogotá, hace algunos años comenzó a liderar un proyecto autogestionado, independiente y casi quijotesco: hacer un documental para desenterrar historias como esta, desde la vieja guardia hasta la actualidad.

En septiembre lanzó el primer capítulo de la trilogía Bogotá Punk, llamado Los Podridos Ochenta. Una entrega que, como telón de fondo, muestra un país desangrado por la violencia del narcotráfico, la corrupción y la desigualidad, y que se encarga de cubrir la primera ola de punk local. Un documento lo fi que actualmente está siendo exhibido en distintos lugares asociados al punk de la capital.

Conversamos con Ricardo al respecto.


Bogotá Punk es, en esencia, un documental DIY sobre una movida DIY. Cuéntanos un poco sobre su proceso de producción y autogestión.

Bogotá Punk es una serie documental en construcción pensada para Internet. Es una iniciativa autogestionada y totalmente independiente, que no cuenta con ningún tipo de apoyo económico privado o público y que surge como una necesidad personal de documentar lo que fue la llegada y el desarrollo de la música punk en Bogotá a comienzos de los años ochenta. Para la etapa de producción contamos con el trabajo solidario de Fairtunes Colombia, Atarbán Records, el colectivo gráfico Bogotá retorcida y Latino Power.

¿Cómo andas moviendo el docu? ¿Cuál es el plan?

El documental fue lanzado el 25 de septiembre de este año en Latino Power, allí se hizo la primer proyección-concierto. Nos acompañaron los amigos del Ministerio de Vagancia y los de Subversiones, y tuvo una gran afluencia de público, mayor a la esperada. Inicialmente pensábamos proyectar solo el día del lanzamiento y ponerlo para descarga libre en internet, pero la experiencia y el contacto con la gente ha resultado muy positiva, por eso en estos momentos tenemos programadas una serie de funciones en lugares relacionados con la movida punk en la ciudad.

¿En qué se distinguen las tres entregas de la trilogía?

Los Podridos Ochenta, la primera, está enmarcada en la situación de violencia generada por el narcotráfico en la década de los ochenta. Para la segunda parte tendremos como marco todo lo que fue la apertura económica, la globalización y la caótica situación social que siguió viviendo el país en los noventa, y para la tercera parte veremos una nueva ola de bandas, colectivos y artistas, y la influencia de internet y las nuevas tecnologías en la nueva generación de punk bogotano.

Para ti, ¿cuál es el valor de narrar la historia del punk local? ¿Por qué es importante como ejercicio de memoria?

Desde hace 30 años, el punk y sus componentes musicales, estéticos e ideológicos hacen parte de la cultura viva de la ciudad y de una u otra forma reflejan el sentir de un sector de la juventud bogotana, habla de sus realidades, sus opiniones, sus frustraciones, y considero importante rescatar esta memoria como expresión y manifestación individual y colectiva de la ciudad.

Un Héctor Buitrago adolescente en su clímax punkero. ¡Buena chamarra, mejor copete!

Personajes como Héctor Buitrago son protagonistas de esta primera parte,

por su papel con Brigada Criminal, La Pestilencia y su tienda de discos Mort-Discos. ¿Cuál es su rol en la historia del punk nacional y qué otros actores son determinantes para este primer brote?

Es imposible determinar quién es el pionero del punk en la ciudad, sin embargo a medida que iba reuniéndome con la gente e investigando, siempre llegaba a Héctor Buitrago como un referente inevitable en cuanto a lo musical, con su banda la Brigada Criminal, que fue la primera de punk de la ciudad, y luego con La Pestilencia, y en cuanto a la difusión del punk en la ciudad a través de su discotienda Mort-discos. Sin embargo, hubo personajes desconocidos que supongo que de una u otra forma aportaron a ese desarrollo inicial: fueron también significativos los aportes de Ever Tovar, quien junto a su banda Morgue mantuvo en alto el estandarte punk hasta la llegada de la segunda generación, y John Vargas, de la caseta Top Metal, que importaba discos y material punk en los primeros años de los ochenta.

Como telón de fondo de este movimiento, el documental retrata una imagen desoladora: la Colombia de los 80. ¿Contra qué reacciona este primer movimiento?

Desde el inicio, por ejemplo, la intención de Héctor Buitrago, según me contó, era siempre poner toda esa onda punk venida del “primer mundo” en un contexto colombiano y bogotano, y a eso se referían sus letras, que hablaban de carro bombas, de sicarios, de violencia… sin embargo, el punk le canta a todo: al transporte público, a la policía, a la calle, al amor, a lo cotidiano…

¿Qué hace única a esta movida punk bogotana frente a otros brotes en el país, como el de Medallo, que vino primero, o frente a otros brotes en el mundo?

Es difícil de determinar qué lo hace único, ha sido una escena no tan grande en comparación con la de Medellín, pero poco a poco se ha ido fortaleciendo y haciendo mas visible en la ciudad. Hay una gran cantidad de bandas, colectivos y salas de ensayo en todos los sectores de la ciudad. Nació y ha sobrevivido tres décadas en la capital de uno de los países mas desiguales del mundo.

Según tú, ¿cuáles serían algunos de los himnos de esta primera ola?

La producción musical de los años ochenta en la escena punk-hardcore bogotana casi fue inexistente, se limita a un demo sin título que sacó La Pestilencia, el álbum La muerte un compromiso de todos, el demo Antimoda que salió a finales de 1989 de grupo Sin Salida y las canciones que tocaba Morgue, pero que grabaron ya en los años 90. En lo personal, me gusta todo ese álbum de La Peste, en especial “Vive tu vida”, que me sorprendió bastante cuando la escuché la primera vez a los 13 años, es todo un manifiesto de inconformismo, y parafraseando a su compositor (Héctor), es una canción que invita a vivir con el corazón. “La ciudad” de Morgue también fue una canción que me gustó mucho y disfrutaba oírla mientras andaba por el centro, habla muy bien de esa loca carrera de supervivencia que se vive en esta ciudad. Y la versión vieja de “Vivir, Morir en Bogotá” de Sin Salida, una banda pionera del HC.NY en Bogotá, que aunque nació en 1989, esperamos ampliar más de ella en la entrega de los 90, donde fueron más influyentes.



Las casetas de música de la 19. Los bares. Personajes legendarios como Batori, Don Ever, bandas como Morgue… este documento es también una gran antología de anécdotas. ¿Qué historias de la vieja escuela se quedaron por fuera del documental? Hay una gran cantidad que quedaron por fuera, no fue fácil conseguir el material, pero tampoco fue fácil escogerlo. Hubo química con los entrevistados y surgieron buenas historias, también se perdió una buena parte de material de Ever Buitrago (QEPD) donde contaba varias anécdotas, como cuando llegó un punk del Perú y trajo consigo el Primera dosis de Narcosis, un demo de culto en el punk latinoamericano. También historias de peleas, borracheras, conciertos…



El documento también es un retrato nostálgico de cómo vivía el punk capitalino en esa época. ¿Qué carajos hacía un punk en 1987 en Bogotá? ¿Dentro de qué línea de punk se inscribía?

En esta época, la información que llegaba se limitaba a algunos fanzines y al arte gráfico de los pocos discos y casetes que llegaban a las casetas de la 19, al parecer no se hacían mucho lío con las líneas ideológicas y musicales, el punk y el hardcore era uno solo… aunque seguramente habrá quien discrepe con esto. Hay un eje cohesionador que es la música, alrededor de ella giraba todo el asunto, era una música novedosa y estridente y todas las actividades giraban en torno a ella, a los pocos conciertos que había, a visitar bares de rock, caminar las calles en grupo y escuchando música en las grabadoras de casete, amenizado todo por algún trago barato.

¿En verdad los punks paisas tomaban yogurt con alcohol etílico? ¿Cuáles eran otras de las sustancias recreativas favoritas entre los punks de antaño, aparte, por supuesto, del popular “chamberlain”?

Jajaja… pues esta época no la viví y me es imposible afirmarlo o negarlo, pero según lo que me contaron y haciendo honor a su época, la cocaína y la marihuana acompañaban las jornadas de esta primera generación. El basuco era popular en la época en todos los estratos entonces supongo que no faltaba algún chirri al interior de la escena, pero no escuche de un uso recurrente de este.

El documental también es un tremendo ejercicio de archivística. ¿Cómo hiciste para conseguir todos esos videos de los anales del punk local?

La búsqueda estaba complicada, no había logrado conseguir mucho hasta que un día hablé con Ever y me dijo que él tenía un archivo personal en Betamax y VHS que estaba ya olvidado en una caja, que siempre había querido hacer algo con eso y que esta era la oportunidad. También conté con algunas colaboraciones de amigos y cosas sacadas de Internet.

Según el docuemntal, hacia finales de los 80 y principios de los 90, el punk casi muere en la ciudad. ¿Por qué?

Segun Ever, cuando La Pestilencia se fue de la ciudad no volvieron a haber conciertos y la afluencia de gente hacia el centro bajó bastante, la única banda que quedaba era Morgue y un pequeño parche de punks en la Avenida 19 que mantuvo viva la escena hasta que llegaron las bandas de los 90 para dar un nuevo impulso. Bandas como Demencia Libertaria, Repunknancia, Prácticas Extramuros y Eskoria, entre muchas otras…

¿Punk not dead o qué? ¿Cómo ves a la escena punk de la capital actualmente?

El ser humano tiene una necesidad básica de expresarse sobre lo que le gusta y lo que le disgusta, el punk brinda esa posibilidad a quien la quiera usar, la música punk es eso, música, y si esta muerta revive cada vez que alguien la escucha. El punk para mí no es un fin sino un medio en sí mismo y vive en cada expresión sincera y crítica en la que se emplee. Yo viví unos años fuera de Colombia y cuando llegue me encontré con una escena diferente, hay varios colectivos, una gran cantidad de bandas, mucha producción musical, mucho trabajo colectivo y autogestionado, y también se presentan bandas internacionales, algo inimaginable hace tan solo 10 años. La veo bien, creo que hay punk para rato en Bogotá.

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