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“Los gays con discapacidad también tiramos, vamos de fiesta y nos enamoramos”

Activista y mercadólogo, Gustavo nos cuenta cómo vive su homosexualidad desde una silla de ruedas.

por Pável Gaona
05 Abril 2017, 2:50pm

Este artículo se publicó originalmente en VICE.

"El siguiente contenido no pretende ofender ni descalificar la lucha activista que realizo desde hace años o mi vida profesional actual. Intento que sea percibido como un acto de valor que visibiliza la sexualidad de quienes vivimos con alguna discapacidad y expresa que amamos y aceptamos nuestros cuerpos por lo naturales y bellos que son". —Gustavo Martínez Guevara.

Foto por Óscar Ibm

Gustavo Martínez tiene 26 años, vive en San Luis Potosí, México, y forma parte de una minoría entre las minorías: nació con una condición congénita denominada "osteogénesis imperfecta", conocida popularmente como "huesos de cristal", por lo que se desplaza en silla de ruedas desde los seis años. A los veinte días de nacido sufrió una fractura y los médicos le pronosticaron una muerte inevitable en sus primeros meses de vida.

La osteogénesis imperfecta, u osteogenia imperfecta, es una enfermedad que debilita los huesos hasta el punto en que estos se rompen con gran facilidad o sin ningún motivo. Además, en algunas personas puede causar también músculos débiles —lo que imposibilita a quienes la padecen realizar actividades cotidianas—, diversos grados de sordera y dientes quebradizos.

Gustavo presentó una variante de osteogénesis imperfecta en la que los genes de ambos padres fallaron, y por eso su padecimiento se manifestó muy pronto. Antes de ser diagnosticado, su madre estuvo bajo sospecha de maltrato infantil, pues era sumamente raro que un bebé de unos cuantos días de nacido mostrara una fractura. Luego los análisis revelaron la presencia de la "enfermedad de huesos de cristal" y su madre fue exonerada.

Al verse imposibilitado para caminar, Gustavo no tuvo una infancia típica, pero tampoco fue una telenovela trágica, como algunos imaginarían. Él mismo se recuerda como un diablillo, que andaba por todos lados con su silla, o arrastrándose con el ímpetu que le daba la edad, sin darle demasiada importancia a las fracturas que su actividad intensa podría provocarle.

Más tarde llegó a participar en juegos de básquetbol y "cachibol" para personas que se desplazan en sillas de ruedas. Y aunque había actividades en las que no podía participar de forma activa, también aprendió a divertirse viendo a los demás niños jugar. Lejos de sentirse excluido lo disfrutaba; encontró en el rol de espectador una forma de integrarse al mundo.

Sin embargo, fue en su despertar sexual, al llegar a la pubertad, cuando un conflicto interno comenzó a apoderarse de él. Si bien había sobrevivido a más de sesenta fracturas antes de los doce años y pudo superar momentos difíciles, tendría que sortear una prueba adicional: ser un hombre al que le atraían otros hombres. Por eso, cuando conocí un poco de su historia me entró un gran deseo de entrevistarlo; supe que él era el adecuado para hablar de tópicos que se tocan muy poco cuando se aborda el tema de las personas con discapacidad: la vida sexual, el enamoramiento y la locura.

Él desde su apartamento y yo desde el mío (bendito Skype), comenzamos a hablar.

VICE:¿Cómo fue tu despertar sexual, el llegar a la adolescencia y darte cuenta de que eres gay? Gustavo: A los trece años empecé a sentir atracción sexual hacia los hombres, pero no hice nada al respecto. En aquellos tiempos yo tenía muchas inseguridades por mi cuerpo (el estar en la silla de ruedas y la falta de actividad física favoreció a mi sobrepeso), por mi discapacidad y ahora se le sumaba una cosa más: mi homosexualidad. De manera muy burda y con algo de rabia me dije a mí mismo: "¡No mames, lisiado y joto! ¡Qué cabrón! ¡Qué pedo, ya qué sigue!". Usé estas palabras que pueden sonar discriminatorias porque en ese momento me sentí frustrado de que todo se me juntara.

Existe una idea que a veces no se dice, pero se asume, y es que las personas con discapacidad no tienen vida sexual. ¿Cómo la vives tú? En efecto, de alguna manera se asume que la persona con discapacidad es como un niño para siempre. Se le ve así porque según la gente la persona con discapacidad es frágil, es alguien a quién cuidar. Bueno, yo sí soy frágil, pero no exageren, ja ja. Pero ya en serio: ¿socialmente a quiénes se les cuida? Por lo general a los infantes. Así es como la persona con discapacidad se convierte ante los ojos de todos en un niño. Por eso es que no piensan en nosotros como personas que puedan tener relaciones de ningún tipo.

Todo el mundo asume que si no estás capacitado para valerte por ti mismo, menos vas a estar capacitado para brindarle algo a alguien más. Y mucho menos cree que exista la parte sexual: porque —en su mente— si eres como un niño, no tienes necesidades sexuales. Si tú me preguntas cómo la vivo yo, es como la de cualquier chico promedio de 26 años: a veces busco una relación estable, pero otras veces simplemente tengo encuentros sexuales casuales y me siento muy satisfecho.

¿Dónde levantas? Pues mira, yo vivo en San Luis Potosí, y en el entorno laboral en el que me muevo a veces resulta un poco complicado llegar y decirles: "soy gay", "usen condón", "ayer tuve sexo y estuvo rico", pero uno se las ingenia. Como buen millennial que soy, uso aplicaciones. Grindr y Tinder, solo esas dos, aunque también he conseguido citas por Facebook. Y en persona, en los bares. Últimamente me gustan más tener citas en persona porque ya las redes me dan pereza.

Foto por Óscar Ibm.

¿Te ha tocado la típica discriminación grindera? Porque en los perfiles hay cada vez más frases como "no feos", "no gordos", "solo varoniles" y un largo etcétera... ¡Sí, jaja! Pues claro que me ha tocado, pero no queda de otra que aprender a lidiar con el modus operandi de esas aplicaciones. También por eso ya las he dejado un poco de lado y no son mi fuerte. Porque además en las apps pasa mucho algo que hasta me da risa, que la gente me dice: "Oye, pero solo vamos a tener relaciones sexuales, ¿eh? Es algo de una sola vez, no te vayas a enamorar". A veces para ver qué responden les pongo: "Si el que va a terminar bien enamorado eres tú". Mucha gente cree que por tener esta discapacidad estoy eternamente necesitado de afecto. ¡Qué flojera!

Pero bueno, tampoco eres un insensible, supongo que sí te enamoras como todos, ¿no? Ay claro, imagínate, la primera vez que me enamoré de otro hombre tenía 17 años y él nunca lo supo porque nunca me atreví a decírselo. Pero ya a los 19 años tuve mi primera relación y estaba tan emocionado que hasta salí del clóset con mis papás y les dije: "¡Soy gay y además tengo novio!". Y no fue nada difícil con mis padres, fue más difícil aceptarme a mí mismo como gay con discapacidad.

Y a la par de este proceso, también ibas a la universidad. ¿Qué estudiaste? Estudié Mercadotecnia Internacional y terminé en 2013. Y desde antes de eso también me involucré en trabajos de activismo y derechos humanos. Mi discapacidad nunca me impidió emprender el vuelo. Yo me pago mis cuentas, soy una persona independiente.

¿Cómo es salir a un bar siendo una persona con discapacidad? Hombre, es que hay que cambiar esa mentalidad. No somos niños, a las personas con discapacidad también nos gusta salir de fiesta. Yo tengo incluso la fama de que soy la destrucción en persona, porque si ya soy intenso en mi vida diaria, ahora imagínate en la fiesta. Y no es que siempre me emborrache, más bien me divierto mucho. Cualquier persona que me vea intenseando ha de pensar que estoy borracho pero no.

¿Y no ha habido discriminación ahí? Pues en cosas más bien sutiles. Por ejemplo, cuando voy a un bar con un amigo, mi amigo se convierte en "el salvador". Le dicen cosas como que qué chévere que va conmigo, que es la mejor persona del mundo. Tampoco falta el típico borracho que ya no levantó nada y se me acerca al final porque cree que conmigo sí se le va a hacer porque me ve en silla de ruedas.

¿Y en el bar nunca te han puesto problema para entrar? Es que yo no pregunto, en segura, yo me paso y ya. Ganando como siempre. Y pues así como está el bar que me ignora y me dejan pasar como a cualquier persona, están los que se desviven y hasta hacen una valla para que pase. Pero yo prefiero que me ignoren. Durante años hubo bares que no me cobraban cover. ¡Y yo quería que me cobraran! Yo no quiero favoritismos por mi condición, y si quiero un trato igualitario tengo que poner el ejemplo.

¿Cuál es el mensaje que quisieras dejar con esta entrevista? Que todos se atrevan a ser quienes son a pesar de su entorno. Si eso les molesta a los demás, "ansori for ebrirari". Que sepan que es la primera vez que hablo de mi vida privada de esta forma y el objetivo no es ser el centro de atención, sino hablar sobre una realidad de la que se habla muy poco y si más gente se atreviera a hablar de eso, sería mucho más común, es como derribar un segundo clóset.

Que sepan que existe la diversidad dentro de la diversidad, que las personas con discapacidad también nos divertimos, sentimos deseo, tenemos erecciones y disfrutamos nuestra sexualidad. Que nosotros también tiramos, vamos de fiesta y nos enamoramos. Y que sé que aunque a algunos les incomode —quizá hasta mi familia se incomode por lo que leyó aquí—, pues ni modo. Yo sé quién soy y ojalá esto sirva para que se empiece a hablar de estos temas.

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