Publicidad
Noticias

Las claves para entender lo que pasa en la Asamblea de Drogas de la Onu

¿UNGASS 2016 se trata del comienzo del fin de la guerra contra las drogas o de un evento pomposo e intrascendente? Acá les contamos de qué se trata.

por Sebastián Serrano
19 Abril 2016, 1:05pm

Hoy comenzó la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el Problema Mundial de las Drogas (UNGASS), una reunión en la que los 193 paises con asiento en la Asamblea se sentarán a debatir, negociar y evaluar la política antidrogas que se mantiene a nivel mundial.

La sesión, que tuvo lugar por última vez en 1998, estaba inicialmente programada para 2019 pero se realiza tres años antes de lo planeado debido a una petición realizada en septiembre 2012 por los presidentes de Colombia, México y Guatemala, tres países que han vivido como pocos la guerra contra las drogas.

Según el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, durante estos tres días los representantes de los países deberán tener un debate "abierto y de gran envergadura, que considere todas las opciones disponibles" y, fruto de este, debería surgir un documento que, de acuerdo a lo acordado por los países miembros, proponga "el modo de abordar los desafíos de larga data y los nuevos desafíos en la tarea de hacer frente al problema mundial de las drogas".

Suena como una buena oportunidad para reevaluar esa política que se conoce como "La Guerra contra las Drogas", la cual se inició en 1961 con la primera Convención de Sustancias Controladas promulgada por la propia ONU, y que, según datos de ella misma, nada ha hecho por disminuir el número de consumidores a nivel global: de 210 millones en 2008 ha pasado a 246 millones en 2013.

Podría ser, insisto, una oportunidad para que estas cifras sean debatidas y un nuevo enfoque en salud reine entre los gobiernos que hoy combaten las drogas a punta de orden público. Así sería, de no ser porque el documento final que orientan los objetivos de las políticas que tienen que ver con drogas, acaba de ser aprobado por la Asamblea General y se encuentra listo desde hace casi un mes y fue redactado y negociado a puerta cerrada por un grupo de apenas 30 países.

Decidido de antemano

Para entender por qué 193 naciones y otras cuantas centenas de representantes de la sociedad civil se sentarían durante tres días para debatir lo que ya está escrito, hace falta entender un poco mejor el funcionamiento de Naciones Unidas, que no es sencillo, como, digamos, las instrucciones para usar un tobogán, sino complejo, como los pasos para ensamblar uno.

Antes de una reunión de este talante, la ONU convoca un proceso preparatorio de varios meses. En este caso, sucedió en Viena, donde se sentaron los 53 miembros de la Comisión de Estupefacientes y no en Nueva York, donde se sientan los 193 miembros de la Asamblea General. Y, aparte del número de países representados, ¿cuál es la diferencia?

Tradicionalmente, la Comisión de Estupefacientes ha sido criticada por ser un ente menos científico que político, y cerrado a escuchar expertos en salud pública y política antidrogas. No en vano, esta comisión fue acusada de estar dominada por "las fuerzas del statu quo" en un pronunciamiento conjunto de casi 200 organizaciones de la sociedad civil. El comunicado también afirma que el documento que acaba de ser aprobado en la Asamblea General fue negociado "en reuniones informales de carácter cerrado".

Esta preparación del documento a espaldas de varios de los países interesados se ha visto reflejada en los pronunciamientos que han hecho durante la sesión de hoy los representantes de Noruega, Uruguay y Jamaica, quienes han criticado el texto por no hablar del fin pena de muerte, el comienzo de la descriminalización y los usos religiosos del cannabis respectivamente.

Esto es, a grandes rasgos, lo que dice lo pactado de antemano. En primer lugar, le da la espalda a la realidad actual de la política de drogas a nivel mundial. En sus más de 10 páginas y 100 párrafos omite por completo mencionar, por ejemplo, el proceso de legalización del cannabis en todo Uruguay o en 27 estados de los EE. UU., que bien valdría la pena tomar en cuenta.

En cuanto a las luchas de quienes conocen el tema de las drogas, deja de lado, por ejemplo, el concepto de "reducción del daño", un enfoque que parte de la base de que nunca alcanzaremos ese ideal formulado en la UNGASS de 1998 de "Un mundo libre de drogas" y busca, en su lugar, minimizar las consecuencias negativas del consumo de las mismas. A pesar de que el documento hace referencia a programas para prevenir las sobredosis y al uso de medicamentos como la Naloxona, las palabras "reducción del daño", que implican acciones concretas en el terreno político, no aparecen por ninguna parte.

Otro de los anuncios que los más optimistas acerca de UNGASS se quedaron esperando es el de la formación de un Comité de Expertos que analizaría los resultados de la guerra contra las drogas de cara a la UNGASS de 2019, iniciativa que había sido promovida por el grupo de países que planeó su aplazamiento.

No todo es malo

A pesar de que el documento no hace mención alguna de, por ejemplo, abolir la pena de muerte para delitos asociados con drogas (esto en buena parte debido a la oposición de países como China, Indonesia, Pakistán, Egipto y Malasia, los cuales afirman que aplicar estas penas hacen parte del ejercicio de su libre soberanía) se logró incluir una mención a la "proporcionalidad de las penas a ofensas relacionadas con drogas". A saber: no es lo mismo un vendedor al menudeo que un gran capo del narcotráfico.

Y si bien se quedó por fuera la "descriminalización" de los pueblos más afectados por la guerra contra las drogas, sí hubo un parte de victoria en cuanto a lograre se incluyera en las políticas de los países un "desarrollo, adopción e implementación de medidas alternativas o adicionales al castigo penal o la reclusión", cosas todas que pasan cuando un texto se negocia y reinterpreta hasta la última coma.

A pesar de que el resultado tangible de esta sesión extraordinaria sea un documento que queda debiendo mucho más de lo que ofrece en materia de un giro en política de drogas, el solo hecho de que UNGASS 2016 esté sucediendo ya es un triunfo para los países que, como Colombia, están abogando por replantear la guerra.

Al igual que lo que pasa con el documento de UNGASS, el compromiso de Colombia con un cambio en la política antidrogas quedó en entredicho con una noticia que nos sorprendió al inicio de esta semana. El mismo día en el que el presidente Juan Manuel Santos, su canciller, María Ángela Holguín, y sus ministros de Salud, Alejandro Gaviria, y de Justicia, Yesid Reyes, viajaban a Nueva York para convencer a los demás países de "armonizar las políticas de drogas con los compromisos que los Estados tienen en materia de derechos humanos" y conseguir que "el problema mundial de las drogas se aborde desde un enfoque de salud pública", el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, planteó la propuesta de resucitar las fumigaciones con glifosato (esta vez manual, no aéreo) de los cultivos de coca, una medida que había sido suspendida en octubre del año pasado debido al potencial cancerígeno que podría tener este compuesto químico.

¿Quién dijo doble discurso en un mismo gobierno?

Quizá el mejor reflejo de lo que va a cambiar después de esta Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el Problema Mundial de las Drogas se encuentre en el cambio en su declaración de objetivos: mientras en la UNGASS de 1998 los 193 países presentes se compremetieron a luchar "por un mundo libre de drogas" y agregaron "podemos hacerlo", en esta ocasión la consigna es "Por una sociedad libre del abuso a las drogas".

Decidan ustedes si eso les parece mucho, poquito o nada.