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Tu celular es una cárcel

Discusiones 'psicopolíticas' de cómo las redes sociales reemplazan la libertad por iglesias digitales.

por Kit Caless
23 Enero 2018, 7:49pm

Imagen vía 'Anchorman: La leyenda de Ron Burgundy,' DreamWorks Pictures

En junio de 2017, Facebook anunció que sobrepasó los dos billones de usuarios. Esta es, por mucho, la red social más grande, a pesar de que Twitter, con 300 millones de usuarios e Instagram, con 800 millones, aún tienen una porción considerable de la población mundial.

Puede que no nos guste dar detalles de nuestra vida privada en las redes sociales, pero de todos modos, claramente lo hacemos. Aceptamos ciegamente los términos y condiciones para acceder a lo que deseamos. Para Byung-Chul Han, el autor de un reciente libro traducido sobre comunicación digital, Psychopolitics: Neoliberalism and New Technologies of Power, es una renuncia voluntaria de nuestra libertad. Han considera la privacidad y el mundo privado como algo vital para nuestra libertad. Él nos ve " [poniendo] toda la información posible sobre nosotros mismos en Internet, por nuestra propia voluntad, sin tener una mínima idea de quién sabe qué, cuándo o en qué ocasión... la idea de proteger nuestra privacidad se ha vuelto obsoleta".

Comparto fotos de libros que compro, anuncio algunas de mis opiniones políticas y hablo sobre el trabajo en Twitter. Doy más información en las redes sociales que la que daría en un censo gubernamental o en una encuesta corporativa. La libertad es la habilidad de ejercitar el libre albedrío. Sin embargo, si quiero una cuenta de Facebook, para estar al día con amigos, eventos, y familia que viva lejos, debo renunciar a mi privacidad en la base de datos de Facebook. ¿Hasta qué punto estoy ejerciendo mi libre albedrío?

Han discute que esa es la clave del mundo digital: hacernos dependientes y dejarnos sin la posibilidad de elegir no usarlo. "La libre elección", dice, "es eliminada para darle paso a una libre elección de los artículos que nos ofrecen".

Han entiende el mundo digital como una prisión (un "panóptico digital") en el que eres un preso aislado, sentado revisando tu celular, pero que puede ser monitoreado por todo un grupo de guardias, como lo son Google, Facebook, y Acxiom. A diferencia del confinamiento en las cárceles normales, la prisión digital te permite comunicarte con otros reclusos. La comunicación se fomenta positivamente. De hecho, debes comunicarte, dar tu opinión, dar likes, compartir, retwitear, unirte. Exponemos nuestros pensamientos privados de forma voluntaria, nuestra base de datos privada a los guardias, y el "Gran Hermano digital contrata operaciones para reclusos".

Para Han, el Internet es un Dios que todo lo ve, capaz de registrar y retirar nuestros pecados. Facebook es la iglesia moderna, un espacio al que vamos juntos bajo la mirada de un ojo gigante. Afirma que los smartphones son objetos religiosos. "El smartphone funciona como un rosario": Bajas la pantalla con tu dedo pulgar, y te confiesas, compartes, y chismeas a través del celular. "El like", Han dice luego, "es el Amen digital".

Cuando los gobiernos toman el censo, te preguntan datos demográficos, datos relacionados con el campo físico —dónde vives, tu edad, raza, género, trabajo, etc—, (la única excepción es preguntar por tu religión). La información que recolecta la base de datos va más allá de esto. Le damos nuestros deseos personales, hábitos de consumo, miedos y relaciones, voluntariamente. Han dice que una prisión normal "no tiene acceso a pensamientos o necesidades internas... no tiene acceso al campo psíquico", y que la "demografía no es lo mismo que psicografía [la información del pensamiento, por ejemplo]". Esto significa que las estadísticas de la vieja escuela y las bases de datos están muy lejos una de otra. La encuesta tradicional solo puede llegar a ti, pero el Big Data es ilimitado. Han afirma que "el Big Data proporciona los medios para establecerse no solo como un individuo, sino como un psicograma colectivo". Es un mapa de nuestros deseos y miedos colectivos. Tienes que tener mucha fe en la democracia, el capitalismo, y las corporaciones benevolentes para no preocuparte por esto.


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La sociedad de consumo occidental opera casi completamente a través de emociones. Las marcas y publicidad explotan las emociones para vender productos. La televisión utiliza la emoción para mantenerte sintonizado. La esfera de las redes sociales no es diferente. Hay una dopamina inmediata cuando usas los medios digitales. Publicas algo, y despega, las acciones se acumulan, las respuestas vuelan. A veces trae cosas buenas, pero también puede ser destructivo.

Han afirma que nos dirigimos hacia una "dictadura de la emoción". Han dice que "la comunicación acelerada promueve la 'emocionalización'. El razonamiento es más lento que la emoción, no tiene velocidad". No creo que el 'razonamiento' sea necesariamente lo mejor; el prejuicio y la psicopatía pueden ocultarse bajo un pensamiento 'racional'.

Es una entrevista con el Guardian, la empleada de la fabrica de memes "Social Chain", Hannah Anderson, dice: "Las emociones de baja excitación como la alegría y la relajación son inútiles en la economía viral". Ella dice que para lograr un buen enganche, necesitas hacer que la gente se sienta frustrada, furiosa, o fascinada. Facebook lidera las armas en la guerra de emociones, en la que tan solo la respuesta humana más intensa e instantánea lo logra.

No se trata de rendirse en Twitter. He aprendido cosas buenas de personas que sigo y que podría no haber elegido en la vida real, particularmente por cosas relacionadas a la identidad, el género, la literatura y la música. Sin embargo, Han está ahí afuera, con ningún perfil digital en absoluto, evaluando rápidamente la forma en que vivimos nuestra vida digital, y forzándome a ver un poco más profundo. Hay cosas que ayudan a promover la privacidad en línea como el 'derecho a ser perdonado' en el Data Protection Bill, y el movimiento Me2B para apropiarnos de nuestros datos. Pero estas no son soluciones inmediatas. Leer Pscyhopolitics, me hizo más consciente de mis redes sociales y de los problemas filosóficos que inducen mis hábitos de Internet. Podría hacer lo mismo por ti.

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Psychopolitics: Neoliberalism and New Technologies of Power es publicado por Verso.

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