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Un plato de carne con Ron Morelli, el hombre detrás de L.I.E.S.

Aprovechando su primera visita a Suramérica, nos sentamos a comer con la cabeza de uno de los sellos más influyentes de esta década.

por Cristian Cope
25 Mayo 2017, 12:04am

Hoy en día, podría afirmarse que el sueño de muchos pelados que han preferido enclaustrarse en sus cuartos a producir música, en lugar de salir a alardear en redes sociales con los cocteles que se beben los fines de semana, es el de montar su propio sello.

Montar su propio sello para sacar su propia música, la música que le gusta, la música de su parche de amigos. Luego, si las cosas se dan, tal vez le toque esperar, esperar a que ese –insignificante para muchos– disco de vinilo atraviese todo un mar de kilómetros, trayendo consigo un nombre y el anhelo de toda una vida prensado en un pedacito de plástico cortado a doce pulgadas.

Alguien que podría ejemplificar claramente todo lo anterior es Ron Morelli. El hombre nacido en Long Island, la pequeña isla del estado de Nueva York, sin querer queriendo ha inspirado a toda una generación de productores emergentes, quienes lejos de los grandes artistas y sellos, dicidieron creer ciegamente en el llamado proverbio "hazlo tu mismo". Morelli es el pilar detrás de Long Island Electrical Systems, o L.I.E.S., como mayormente se le conoce al sello, el cual desde 2010 ha venido cimentando toda una arquitectura en torno al house, techno, electro y ambient de espíritu libre, con un subsello de primera como Russian Torrent Versions y nombres desconocidos para el mundo como NGLY, Person Of Interest, Svengalisghost y Florian Kupfer.

Y es que esta autonomía no ha sido en vano: Morelli creció rodeado de hip hop y punk, géneros que se atrevieron a desafiar la pulcritud cosmopolita de la llamada Gran Manzana. "Llevo cinco años viajando, el mismo tiempo que llevo radicado en París. ¿Por qué? Básicamente porque me cansé de toda la mierda de Nueva York", cuenta, mientras nos acomodamos al menú que ofrece un restaurante de comida tradicional colombiana de la Zona G capitalina. "Ahora solo vas a encontrar clubes grandes, con entradas a precios ridículos, y terrazas con casi 6.000 personas que quieren ver a Dixon".

En compañía de Mansvr, promotor de Video Club, Morelli nos cuenta que sus dos fechas en Colombia, Bogotá y Medellín, se convierten en su primera visita a Suramérica. "De Colombia no conozco mucho, pero ahora mismo recuerdo a unos caleños muy buena onda, que trabajan como ingenieros de sonido de la gente de Bunker". Volví a preguntarle por el tema NY: "¿Qué hay bueno entonces?"; me responde: "Bossa Nova –club ubicado en Brooklyn– está haciendo las cosas bien. El problema, a mi modo de ver las cosas, es hay poca gente honesta en la industria, poca gente que quiere hacer fiestas en bodegas y vender cerveza barata. Lo que pasa actualmente en Nueva York es una paradoja: abrir un club es casi imposible, las leyes gubernamentales cada vez quieren cerrar los espacios, y los mismos actores de la escena se odian entre sí".

Un entorno bastante similar al nuestro, y del que Morelli asegura deberíamos reinventar, siguiendo el ejemplo de Amsterdam, donde el turismo lo enfocan hacia la vida nocturna de la ciudad, construyendo entre todos una industria progresiva de la mano de géneros musicales como el techno.

Mientras nos llegan unas empanaditas paisas de entrada, el hombre de proyectos como Bad News y Two Dogs In A House nos comenta que el crecer en una ciudad multicultural, donde a diario se interactúa con punkeros, skaters, grafiteros y ravers, te conscientiza sobre la importancia de la unidad, del construir una escena real. "En el Nueva York de antes, cada fiesta de techno, house o disco tenía otro ambiente en el que se ponía hip hop o dancehall. Pensaría que ese es el factor que nos hizo diferenciar de la escena europea".

Asociado en gran parte al punk, no han sido muchas las veces en las que se ha ahondado en la relación de Morelli con el hip hop. Su natal Long Island ha parido a varias de las voces más relevantes del escenario rapero: Public Enemy, Rakim, EPMD y De La Soul son apenas un puñado de nombres que acompañaron a Ron durante esos años de adolescencia. "It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" de Public Enemy fue el primer álbum que compré. Hoy en día estoy totalmente desconectado del género; el hip hop está más grande que nunca, pero peor que nunca. Hace unos años pensé que Jay Electronica pintaba para grandes cosas, pero también se perdió en el montón", asegura.

En cuanto a su espíritu punkero, le pregunto por esa particular transición que asocia a personajes del rock, metal y el mismo punk con vertientes electrónicas como el new wave, el industrial y el techno. "No sé, supongo yo que dicha tendencia se da entre personas inteligentes, que comparten el mismo espíritu y que han logrado crear una conexión sónica y brutal entre músicas que parten de la misma esencia. Igual el punk está muerto, ahora es un simple estado mental". Un distinto, un tipo al que le vale mierda admitir que en los aviones produce música con Ableton, que casi no compra vinilos, y que en cambio prefiere comprar versiones digitales en páginas como Bandcamp y Beatport.

Como a varios sellos en el mercado, a L.I.E.S. las críticas le han llegado desde los rincones oscuros donde se escudan los llamados haters de redes: que el sello es solo hype, que se montaron en la oleada lo-fi, o que los precios en Discogs son ridículos. A todo esto, Morelli afirma que han sido muchas las falsas noticias que han rodeado al sello durante estos últimos años. "Con respecto a los precios, no soy yo el que los pongo. Si la gente me pide que reprense un disco, tal vez lo haga, tal vez no. Los discos están ahí afuera al alcance de todo el que los quiera". Lo-fi, un término con el que suelen etiquetar al sello, para el neoyorquino no es más que un invento de los medios: "Nunca he dicho que hacemos esa mierda 'lo-fi'. La gente coge las cosas y las acomoda a su gusto. Si escuchas los primeros diez lanzamientos del sello, te vas a dar cuenta que tienen una escencia ambient. Techno y house lo-fi ha habido desde el día uno en la música electrónica. Los medios solo se enfocan en ciertas cosas y luego las vomitan a su modo".

Finalmente, llega el almuerzo. Ron decide irse por un ojo de bife con puré de papa criolla, mientras que Mansvr y yo nos vamos con la sopa de mar. Al lado nuestro, una veintena de damas capitalinas festejan lo que parece ser una integración de su club de amigas. Ocasionalmente, varias de ellas cruzan miradas penetrantes hacia nuestra mesa, más precisamente hacia Morelli.

Agacho cabeza y continúo con mis apuntes.

Para él, L.I.E.S. no es un gran sello, sino más bien el trabajo de un hombre orquesta, que no cuenta con oficina ni secretaria. "Nunca se puede comenzar algo con la intención de ser grande. Los sellos que no comienzan con el ideal correcto son los que no tienen identidad, y que tarde o temprano solo se dedican a sacar artistas de otros sellos". Música sincera, esa es la principal premisa de Long Island Electrical Systems. Un sello en el que sus artistas no buscan producir un sonido en específico, ni en el que buscan ostentar estudios plagados de máquinas costosas. En tiempos donde los sonidos pretenden ser tan "limpios", L.I.E.S. ha logrado encajar con un enfoque genuino y potente, siempre anteponiendo el concepto a la música.

"Hoy en día, todo se ha vuelto efímero y desechable. Puedes hacer el disco de la vida, y en dos semanas la gente ya no se acordará de él. Solo mira el último álbum de Delroy Edwards, el hombre logró armar toda una biblioteca musical, un álbum que puede considerarse un clásico moderno, y ahora parece no importarle a nadie". Siguiendo con el plano actual, Morelli nos cuenta que en cuanto a DJs, I-F y Mick Wills siempre serán una inspiración, pero que Lee Gamble mezclando es el futuro en carne propia. "Hay varios artistas haciendo las cosas bien: Actress ha sabido crear su propia mística, Prurient y Legowelt nos llevan a través de sus narrativas cada que sacan un disco, y personajes como Jeff Mills y Luke Slater todavía mantienen su visión inicial, contrastando con el cague que produce esto en muchos productores actuales".

A punto de dar por terminada la tertulia y el tinto post-almuerzo, le pregunto a Morelli qué pensaba tirar esa noche en Video Club. Me responde levantando los hombros: "Ni yo sé". Horas más tarde, con una cerveza en la mano, veía cómo aquel punkero con chaqueta de cuero embelesaba a todo un club con el post-tribal colorido de Randomer y con los destellos celestiales de Convextion. Eso es Ron Morelli.