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Conflicto en Sudan del sur

Especial Sudán del Sur: Capítulo 13. El guardabosques

Machar parece más un guardabosques generoso que un líder rebelde en el exilio. El lugar es hábitat de garzas, pelícanos, cigüeñas, patos y de águilas africanas, y hace parecer que la misión verdadera de los rebeldes fuera proteger la bella naturaleza...

por Robert Young Pelton
07 Junio 2014, 3:44pm

Fotos por Tim Freccia. 

Aquí en su campamento guerrillero escondido, Riek Machar ejerce su puesto desde su silla de plástico mientras su esposa, Angelina Teny, cocina. A nuestra llegada le regalé un candelabro, algo de azúcar, varias especias indias y arroz, verdaderos lujos para esa zona. Las especias la intrigaron. "Me gusta cocinar", dijo ella.

Después, Teny nos invitó a cenar pescado fresco del Nilo que había pescado río abajo para nosotros. Pescado con arroz y sopa de pescado como entrada. Le di a Machar un cuchillo militar que yo diseñé, pero él estaba más intrigado con su nuevo iPhone y Thuraya SatSleeve. Primera lección: Machar es más geek que un soldado.

Segunda lección: A Machar le gusta que la gente haga cosas por él. Se lo hace saber al fotógrafo, Tim Freccia, quien cada vez se frustra más por la inhabilidad de activar su nuevo teléfono. Tim deja su cámara por un minuto mientras recoge el teléfono satelital, para hablar al servicio técnico en Nariobi y hacer que funcione el nuevo aparato de Machar. Y así es como llegamos a la tercera lección: Llevar a cabo una revolución en un lugar remoto requiere una mesa llena de teléfonos Thurayas, conexión a internet y muchas tarjetas telefónicas.

Esta chistosa escena es también una metáfora de cómo funcionan las cosas en Sudán del Sur, la situación es compleja e insostenible. Machar está tratando de hacer funcionar sus Thurayas, poniéndose en contacto con comandantes desertores del ejército sudanés, y buscando a una persona adinerada que pague su más reciente guerra civil. Ya no quedan muchos simpatizantes ricos. Estos días los visionarios que conocen el arte de sacar ganancias del desastre son pocos. Tiny Rowland murió en 1998. El legado de Muamar el Gadafi se había reducido a un cadáver arrastrado por las calles por sus antiguos seguidores, su cabeza y extremidades se ventilaban para asegurar que toda la gente tuviera clara su aniquilación. Nimeiry se ha alejado por mucho tiempo, aunque su breve implementación de la ley Sharia aún sigue persiguiendo a Sudán y Sudán del Sur como fantasma. Y el hombre fuerte de Uganda, Museveni, está apoyando a Kiir. Esto deja sólo una opción verdadera para Machar: un presidente de 70 años de edad de Sudán, Omar al Bashir.

Agitador una vez acusado de fraude por nueve mil millones de dólares en fondos estatales por la Corte Penal Internacional, Bashit ayudó a negociar el Acuerdo Comprensivo de Paz de 2005 para poder acercarse al petróleo del sur. Menos de una década después, Machar causó desorden al amenazar con cerrar los pozos petroleros si sus demandas no eran cumplidas.

Sin sorpresa, un número considerable de llamadas telefónicas que Machar hace de forma privada son en árabe.

Machar se pasa el día sentado en su uniforme impecable bajo un árbol en un lugar tranquilo, comiendo pescado de río y viviendo sin dinero. En este lugar, Machar parece más un guardabosques generoso que un líder rebelde enojado en el exilio. El lugar es hábitat de garzas, pelícanos, cigüeñas, patos y de águilas africanas, y hace parecer que la misión verdadera de los rebeldes fuera proteger la bella naturaleza del campo, con el doctor Machar en la mesa de información (su silla de jardín) desde donde explica la historia y cultura de su país a turistas ignorantes.

Mientras se cuida de nunca atacar al presidente Kiir de forma directa, Machar muestra una imagen del mandatario de Sudán del Sur como un ex soldado con déficit de atención, no muy inteligente y frecuentemente borracho que está llenando el gobierno con sus trabajadores mientras roba al país a ciegas.

Machar, por otro lado, se presenta como un académico tranquilo. Ni se molesta cuando le hago ciertas preguntas, algunas de las que retan su narrativa personal de ser víctima. ¿Entonces por qué repetir los horrores de 1991, cuando sus acciones llenaron su país de genocidio y hambruna? Para este punto las respuestas de Machar están bien estudiadas. Él culpa a la corrupción de Kiir, diciendo que su mandato ha provocado violencia en las tribus y ha alineado a la comunidad internacional.

El problema más importante es que Sudán del Sur está acercándose muy rápido al desastre total. La ONU calcula que 3.7 millones de personas ahí están al borde de la hambruna, y en esta ocasión, no hay bandas de pop inglesas ni ganadores del Grammy para hacer canciones al respecto.

Riek Machar y su esposa, Angelina Teny son la pareja, dúo dinámico y gobierno rebelde en exilio más perfecto, vestidos como marxistas y con una educación británica. A Teny le gusta la alta cocina, y Machar puede instruir a los visitantes con su gran conocimiento sobre la historia de Sudán del Sur. Y claro, entre platillos deliciosos hechos con recursos de la localidad y discusiones inteligentes, están llevando a cabo una guerra brutal para su sobrevivencia.

Como un cónyuge rechazado, Machar tiene una lista de demandas que debe de cumplir, sí o sí. En repetidas ocasiones ha hablado acerca de estas condiciones vía teléfono satelital en entrevistas con la BBC, Al Jazeera, Reuters y otros medios. Él constantemente expresó estar impresionado sobre su situación, como si las riñas no resueltas y duraderas entre él y Kiir fueran algo nuevo e inexplicable. Además, aparentemente Machar está operando bajo la creencia que a Kiir en realidad le importa lo que el ex vicepresidente dice o piensa. Siempre como intelectual, Machar aclara la necesidad de un “proceso democrático”, de alguna manera construyendo un consenso entre el público que en verdad hará responsable al corrupto. Parece que se le ha olvidado que el poder en este país está perdido y se toma por la fuerza. Y que ahora ha estado viviendo en condiciones marginales por meses debido a que un tanque destruyó su casa y casi lo mató en el proceso.

Después de que llegamos y nos acomodamos, hablé con Machar acerca de las circunstancias en las que se encuentra. En la plática él es claro y simpático. Nuestra primera conversación continúa hasta la tarde.

Machar es un académico respetado en la historia de su país, y un académico y arquitecto que ayudaría con la primera fase de la infraestructura para Sudán del Sur. Pero él no sabe que yo sé acerca de eso, así que me da la versión básica acerca de la historia de Sudán del Sur. Según la versión simple de Machar, la pelea actual viene del antiguo estigma de que los habitantes del sur están destinados a ser esclavos. El descubrimiento del petróleo en su tierra funcionaba como una excusa perfecta para que el gobierno sudanés pudiera saquear indiscriminadamente a los miembros de las comunidades de esas áreas.

Todo esto es historia antigua para Machar. Aburrida. Irrelevante. Su recolección es selectiva, omite historias incómodas y cosas que tuvo que hacer para sobrevivir. No menciona a las masas de niños hambrientos ni su intento fallido de derrocar a Garang, en 1991, al llamar a la BBC y simplemente declarar que Riek Machar ahora estaba en poder. Él sólo se puede enfocar en una sola cosa: su próxima guerra civil, que una vez más ignorará las bases de su nación maltratada y posicionará a Kiir como el villano y a Machar como el valiente luchando por la gente.

“Si hubiera paz en Sudán del Sur yo creo que las montañas de Yuba y el Nilo Azul serían parte de Sudán del Sur”, prosiguió. “Yo creo que el norte se cansará de luchar. Ellos están naturalmente alineados con Sudán del Sur”.

En este caso —en donde la paz es obtenida sólo por la incorporación de estas regiones ricas en petróleo a Sudán del Sur— se incrementaría el flujo de dinero para Sudán del Sur mientras sigue marginalizando a Sudán. Pero parte del encanto de Machar es que él es pragmático. Él culpa a la mayoría de la pelea actual en las expectativas no cumplidas.

“Puedes ver que ellos no tienen nada”, dice agitando la mano a través del horizonte. “La gente en el país petrolero está peor. Hay un hoyo sin fondo en Yuba”. Explica que mientras los corruptos en la capital se paseaban en elegantes coches, tomando dinero de terrenos y acuerdos de petróleo, la mayoría del país no vio un cambio. Pero también, Machar fue a demasiadas juntas en Yuba en una camioneta, y muchas de esas juntas tenían que ver con el tema de petróleo.

Se suponía que debía ser diferente, me dice Machar, acusando a Kiir y su gobierno de hacer falsas promesas que han detenido el desarrollo necesario del país.

“Tres por ciento de los ingresos debían ser destinados a las comunidades y dos por ciento al estado”, afirma. “El gobernador interino firmó todos los acuerdos en Yuba — acuerdos que él mismo le otorgó a su propia compañía de construcción—. En Yuba se decide quién trabaja y quién no. He pedido un contrato local. La mayoría del trabajo de petróleo es de mano de obra.

”Esta gente puede ser capacitada”, asiente con la cabeza y mira a la gente sentada a su alrededor. “Pero todo en el sector de petróleo debe de pasar por el presidente”.

¿Qué tal la ayuda extranjera? ¿Negociaciones de terceros?

Machar me dice que el trabajo humanitario siempre tiene una agenda política, —si se trata de sacar a gente de territorios liderados por rebeldes o alimentar a un lado mientras ignora el otro. “La gente de ayuda humanitaria es muy política. La mayoría se queda con brazos cruzados. Pero algunos sí entran”.

En nuestras discusiones Machar retiene un aire de reconciliación tranquila. Al principio se cuida de no insultar públicamente ni acusar a Kiir, como lo ha hecho en anteriores entrevistas vía satelital desde su escondite. Yo me pregunto si él acaso espera que al evitar una opinión directa, junto con su interpretación selectiva de la historia, me llevará a condenar y culpar al presidente por él. “John Garang me advirtió acerca de Salva Kiir”, dice. “Una vez se separaron y tomó días de intensas negociaciones para llegar a un acuerdo”.

Le pregunté si acaso piensa que su insurgencia será exitosa. “Yo fui capacitado por tu ‘Primer Grupo’”, dice, refiriéndose a su entrenamiento de combate llevado a cabo hace mucho por las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. Él incluso tiene una copia del Manual de Marines y Ejército de Estados Unidos / Contrainsurgencia de Campo, aunque en una vieja edición.

El Ejército Blanco es un grupo de miembros de la comunidad nuer motivados por su meta común de venganza y saqueo.

¿Entonces Machar ha regresado al principio? ¿Ha regresado a una rebelión?

“Yo no soy un rebelde. Me veo como un gobierno legítimo. Estamos resistiendo a Salva Kiir... No nos estamos revelando ante nada. Queremos democracia”. Él muestra una sonrisa desdentada; es capaz de hacer otra guerra civil y verlo como algo bueno.

Le pregunté quién está apoyando su resistencia. “Muchos”, responde, así que me pongo más específico: ¿Quién está brindando oficialmente apoyo económico, político y militar?

Él insiste en que no tiene simpatizantes que lo apoyen a tal grado pero desea encontrar una pronta solución a su problema. “No hay dinero. Las compañías de petróleo han cerrado o retirado a sus empleados. Mi gente son voluntarios”.

Pienso que quizás era su bajo perfil y esa manera pasivo agresiva de risas y silencio al responder preguntas lo que hicieron que Kiir finalmente explotara.

El corazón alegre y la mirada despectiva de Machar aún no explica los 500 o más asesinatos de los nuer por los dinkas el día después del incidente en el cuartel presidencial. Él finge inocencia y está sorprendido de la violencia aunque su postura cada vez más conflictiva contra Kiir detonaba la separación. Machar sabía muy bien que la retórica de Kiir era idéntica a los días horribles de 1991, cuando Machar simplemente se declaró el líder de Sudán del Sur y obligó a Garang a ir tras él, huyendo hasta la frontera de Etiopía, donde en pánico Machar se unió a Jartum. La historia estaba destinada a repetirse.

“La mayoría de la violencia era contra los nuer”, dice. “Iban de casa en casa matando a gente. [Kiir] debe hacerse responsable por estos crímenes. Él quiere ser un dictador, pero está en una democracia”.

Le pregunté si se siente como Joseph Kony, quien fue gobernador de Jonglei, leal a Jartum, y ahora vive escondido, acechado por la prensa, y clasificado como enemigo de un gobierno reconocido. Machar no ve ninguna conexión.

“Me encontré con Kony muchas, muchas veces. Él es una persona compleja, al borde de la paranoia. Forjé un acuerdo de paz cuando él entró a Sudán del Sur en 2006, y Museveni debería agradecerme por finalmente traer paz a Uganda”. Machar no menciona que él estaba peleando para los mismos simpatizantes de Jartum que habían contratado a Kony para pelear contra Uganda.

“Kony es como un gato. Algunas veces se asusta a sí mismo. Me topé con él a cinco kilómetros de la frontera con Sudán. Yo dije que hablaría con Museveni. Llevé dos camiones de comida. Coordiné una junta a través de [el segundo al mando del Ejército de Resistencia del Señor] Vincent Otti. Kony ordenó el fusilamiento de Otti durante las discusiones porque pensó que él había sido sobornado.

”Yo le dije [a Kony]: ‘Debes estar de acuerdo de no robar. No robarte a niños, o yo lucharé contra ti’. Le di 25 mil dólares para comprar cosas para que él no tuviera que robar. Y quizá también [intenté] corromperlo un poco con cosas occidentales”. Él soltó una carcajada. “Lo vi muchas veces. Él accedió, pero al final regresó a la selva. Los estadunidenses no lo encontrarán en esa área, es muy profunda. La tecnología de sus drones no sirve ahí”.

Machar olvida su conveniencia al mencionar que era su alianza con Kony la que trajo a Ejército de Resistencia del Señor a Sudán del Sur. O que fue citado en 2008 diciendo que los 25 mil dólares que le dio a Kony eran de Kiir.

Nuestra conversación es constantemente interrumpida por los cuatro Thurayas junto a él, o por llamadas entregadas a Machar por sus trabajadores. Parece estar muy cómodo en su rol, como alguien que en cualquier momento puede detonar una violencia dramática.

En la tarde fresca, para mí es muy obvio que Machar es muy feliz en este papel. Él está a cargo, haciendo acuerdos y viendo hacia el norte, a los pozos petroleros vulnerables en las tierras de los nuer. Él sabe que Sudán debe separarse de la visión sureña de Kiir y encontrar un nuevo líder que se asegurará que el petróleo sea llevado al norte.

Al atardecer, las personas del pueblo y refugiados están quemando pasto. Los combatientes rebeldes que han estado todo el día en el campo regresan al campamento. Las llamas del fuego crean un humo gris. En la distancia, en el norte, hay un brillo del horizonte de color rojo-naranja. Sudán del Sur está en llamas literal y metafóricamente. Dormimos bien.

El atardecer en un campo rebelde. El brillo opaco de color rojo de los fogones se mezcla con el sonido de la comida, las risas y las charlas en los radios de corta frecuencia.

Justo antes del amanecer, el campo regresa a la vida. Los soldados acomodan sus sábanas, se lavan los dientes y recogen sus colchonetas. Pequeños fogones aparecen, y los hombres barren las áreas alistándose para comer sus desayunos de sorgo y té. Alrededor de las nueve de la mañana los radios de corta frecuencia se escuchan a la distancia mientras sintonizan las noticias de Yuba. Los medios de la capital sudsudanesa no tienen ningún problema al mentir sobre las noticias del día. Al igual que Machar, el gobierno no tiene ningún problema diciéndole a periodistas occidentales historias falsas del pasado y futuro de Sudán del Sur.

Machar está de regreso en la silla de plástico, sentado a una mesa donde hace llamadas en sus Thurayas. Teny nos sirve un desayuno de calabaza hervida y té dulce. Ella está acostumbrada a cuidar a soldados y parece estar contenta con este rol. Como mujer moderna educada en Londres, ella aprecia nuestros cumplidos acerca de su cocina.

Sigo haciendo las preguntas de ayer. Machar me dice que John Kerry y Susan Rice recientemente le hablaron para exigir una solución diplomática con Kiir. Estas pláticas de paz tentativas han permitido que Machar se detenga. Él necesita pistolas, municiones, combustible y personas. Y él requiere de una victoria para mostrar que él aún tiene poder. Justo como en los viejos tiempos, él está planeando atacar a Malakal, la puerta a Yuba, junto el Nilo. Aún más importante en su misión: el petróleo está en su pueblo natal. Toma el petróleo, y el gobierno de Kiir se muere.

Pero aún así Machar sigue hablando del petróleo como si fuera “de la gente”.

“Estamos tratando de superar esta dependencia de la ayuda. El petróleo genera dos mil millones al año, y hay 13 millones de personas aquí. Con una producción completa habrá mucho más”.

Un duro y caliente viento sopla, empujando el polvo a través del suelo desértico. Machar decide salir corriendo hacia un área más verde cerca del río, y nos tomamos una pausa en nuestra sinuosa conversación. Buscando una perspectiva local en los temas que Machar y yo hemos estado explorando, le pregunté a Amos, de 27 años, sobre su opinión de mi conversación con el antiguo vicepresidente.

Uno de los grandes movimientos que hizo Kiir en el brote de la ronda de escándalos actual, fue dispararle a Taban Deng Gai, el ex gobernador del estado de Unidad, el vocero oficial de Machar (quien Machot nos había advertido que no pasáramos de largo), y el jefe de Amos. Este es el mismo Taban Deng Gai que antes supervisó dudosos intereses del ELPS en un campamento, donde estaba Machot cuando era un joven huérfano. Teny alguna vez fue un amargo enemigo de Deng Gai durante la campaña de gubernatura de esta área saturada de petróleo. Machot es su pariente. Amos es su guardaespaldas. La vasta magnitud de África puede ser un lugar muy pequeño a veces. Enemigos se vuelven aliados y viceversa.

Amos, a años de intentar completar su misión, describe la vida de Deng Gai como un gobernador del estado de Unidad, rico en petróleo, que responde a Yuba. “Taban tiene cuatro Escalades. Una está blindada. También tiene cuatro Suburbans. Tiene un Lamborghini azul que fue un regalo de un empresario chino-estadunidense que dijo que tenía compañías en 97 países”. Deng Gai ni siquiera maneja el Lamborghini. Simplemente no hay caminos afuera de Yuba.

Amos cree que todo esto es de esperarse. “Cuando vienes de afuera, das regalos. Si no das regalos, es tu elección. Aquéllos que dan regalos, reciben regalos. Así se usa en África”.

Amos hace un recuento en pocas palabras de lo que cree que es el problema principal con la política de su país. “Todo el dinero es propiedad de los nuer. Los dinka no tienen estados petroleros. Y entonces nos matan”. Cuando le pregunto a qué se refiere con “matar”, él contesta: “fueron a la Universidad de Yuba y arrastraron a los nuer con marcas en sus frentes.

Ellos los arrastraron a los caminos, los alinearon y les dispararon. Te interrogan en lengua dinka, y si no les puedes contestar te disparan”.

Después de platicar con Amos, noto a Machar tomando una llamada lejos de la gente. Está hablando árabe y se ve más animado y contento que de costumbre, sus gestos son de alguna forma más optimistas. Sigo viendo, mientras sus guardaespaldas me disparan con sus ojos de pistola.

Considerando todas las brillantes armas nuevas en las manos de los hombres de Machar, me empiezo a preguntar si Jartum ha regresado al negocio de dividir y conquistar. Machot me dice que el gobierno sudanés está tirando municiones aéreas sobre los rebeldes de Machar en Akobo, un reclamo que le fue transmitido durante sus numerosos intercambios de teléfono satelital con comandantes fuera de Bor. Probablemente es por lo que poco después de aterrizar en Sudán del Sur, vimos hombres haciendo pruebas de disparo con las armas para probar que sus cañones seguían siendo precisos después del impacto del lanzamiento. También puede ser por lo que pequeñas unidades amarradas con municiones nuevas y totalmente cargadas, estaban siendo probadas a lo lejos del otro lado del río. Estaban orgullosos de posar para Tim con sus nuevas armas, algunas de las cuales tenían el número de serie raspado.

Le pregunté a Machar por las armas, lo que se vuelve más interesante mientras especula ociosamente que Jartum no tiene razón para armar a los nuer, porque esto debilitaría la participación de Sudán en la vuelta actual de pláticas de paz. Pero su vago rechazo del apoyo de Sudán, no hace nada para negar la antigua alianza de Machar con el gobierno del norte —una alianza que resultó en el derramamiento de sangre de gente cuya libertad había sido su causa alguna vez.

Más tarde tomo fotos de Machar en su silla de jardín, durmiendo. El hombre se toma sus siestas. Su guardaespaldas me lanza una piedra, y Machar se sorprende. Sus ojos se abren y se despide con la mano de su guardaespaldas, quedándose dormido otra vez mientras una cabra revisa el suelo bajo su silla. Continuando nuestra conversación, le pregunto cosas personales. Hablamos sobre la tristeza y el pasado. Machar me dice que la última vez que él y Teny lloraron fue el 30 de julio del 2005, cuando viajaron a Bor para conmemorar el sexto aniversario de la muerte de Garang.

El viaje a Bor se volvió una apología emocional del 15 de noviembre de 1991, luego de la masacre de dos mil personas en la región, la mayoría de ellos dinka. También hubo ira residual sobre el genocidio y la imparable hambruna que le siguió, lo que reclamó un número aún más grande de dinkas.

La viuda de Garand, Rebecca Nyandeng, había organizado la reunión. Había sido por mucho tiempo un elemento importante en la decisión de Machar de 1991 de separarse de su esposo para pelear de la mano del gobierno Jartum.

Mientras Machar y Teny se pararon afuera de la casa del difunto Garang, el usualmente alegre vicepresidente se rompió en llanto. “Yo debería tomar de frente la responsabilidad de los eventos de 1991”, dijo. Teny también lloró fuertemente mientras el público comenzó a lamentarse.

De lo que Machar no habló ese día ni durante toda mi visita fue de su relación con los líderes del Ejército Blanco, hombres que dependen de los consejos de los dioses en vez de un teléfono satelital para tomar sus decisiones. Esta violenta e impredecible mafia se había restablecido recientemente ante la orden de Machar y se estaban preparando para una batalla. 

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