Carta al dealer…. De un muy buen cliente

Esta emotiva y estructurada carta es un llamado a todos los dealers de Colombia para que asuman la responsabilidad de su oficio: calidad del producto, entrega, profesionalismo... Ponerle más seriedad a una cosa seria que nos venden como un chiste.

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sep. 19 2015, 10:18am

Querido dealer (*):

Son ya varios años desde que nos conocimos. Tuve que pasar por muchas manos antes de caer en las tuyas. Y aunque creí que nunca te dejaría, las cosas han cambiado. Los tiempos ahora ya no son los mismos y ahora te exijo que me respetes y valores más. He compartido contigo muchas cosas: desde plata de fotocopias en la universidad, las quincenas de cuando fui empleado, hasta las ganancias de la empresa que hoy tengo. A estas alturas de la vida no terminaré como un adicto problemático haciendo turnos para que me manipules o maltrates. Y aunque mi fidelidad hacia ti ha sido inquebrantable, hoy te confienso que ando coqueteado con otros que me han tratado muy bien en los últimos meses.

Querido dealer... Sabes muy bien que Colombia pasó de ser un país productor a un país consumidor hace más de una década. Y no hace unos años, como dicen los políticos, que siempre llegan tarde a todo. Sabes también que ahora cualquiera puede montar una línea de producción, venta y distribución de juguetes. Hace unos días, de hecho, conocí una dealer con una familia próspera: el abuelo la siembra en la selva; el tío la procesa y la empaca; el primo la trae a la ciudad y las hermanitas la venden a domicilio en carros de lujo. Toda una microempresa familiar.

También me hablo con un nerdito muy pilo que compra en la deep web con bitcoin: el chino la tiene clara y con su pericia en la red se las arregla para cumplirme con la oferta completa: calidad garantizada, precio, variedad, nuevas y mejores drogas de síntesis y diseño. En este negocio de la web no hayintermediaros que me rindan el perico o me cambien las pepas, ni que maten gente para controlar el negocio. Lo más importante: mi conciencia está un poco más tranquila.

Ahora cualquier grupo de amigos con moto y teléfonos encriptados puede armar una línea de venta y usted ni se entera. Eso quiere decir que ya no eres el único. Y como no eres el único, exijo que me trates de mejor manera o me voy donde el mejor postor de este negocio que, aunque es ilegal, se mueve por el "BBB": Bueno, Bonito y Barato"

Ahora muchos venden y en cualquier momento puedo dejarte... ¡No te vuelvo a llamar o no te vuelvo a contestar cuando me llames, y listo! No creas que aquellos días que no te contesté era porque estaba de viaje o no quería sustancias, era porque estaba probando de otras mieles, era porque cada día me están atendiendo de mejor manera. Sin embargo, y pese a tu maltrato yo sigo fiel contigo, pero no sé por cuánto tiempo.

Querido dealer, la calidad de lo que vende es lo primero. Yo sé que muchas veces ni tú mismo sabes con qué rinden lo que vendes y eso habla muy mal de ti. Mucho polvo ha entrado por mis narices. Muchas pepas pasado por mi garganta. Muchos papelitos se han derretido en mi lengua para que mi insomnio, guayabo o cerebro, me indiquen que no era la sustancia que quería o que los adulterantes que llevaba superaban el componente activo que buscaba. Estoy mamado de que la experiencia me lo enseñe. Tú debes saber qué es lo que me espera. Droga de calidad quiere decir sin adulterantes, que sin es MDMA es MDMA y no aspirina. Droga de calidad es saber qué es lo que se vende. Droga de calidad es que no me venda cafuche de marihuana y que sepa distinguir entre regular corinto, cripi y de invernadero.

Que una droga sea muy potente no quiere decir que es de calidad: la marihuana potente que ahora venden da dolor de cabeza y genera alta tolerancia (el porro de corinto ya no me traba). Una cocaína de calidad no es la que anestesia la boca o no me deja dormir toda la noche. Noticias vemos todos los días: que el purgante para vacas, que la anestesia para animales, que la cafeína o que muchas más sustancias que solo tienen como objetivo engañarme y no venderme lo que estoy buscando. Es como si tú fueras por leche para tus dos hijas y te la venden con agua. O como cuando te vas a comer ese pedazo de carne de res que tanto te gusta y te sale de caballo.

Querida y hermosa dealer, internet está lleno de trucos para saber si una pepa es éxtasis o anfetamina, para probar la pureza y los adulterantes de la cocaína, para darme cuenta que usted me vende 2CI-NBOME como si fuera LSD o me malviaja vendiéndome DOC como si fuera MDMA. Querido dealer, no me crea tan pendejo. Lo más triste es que yo confío en usted, creo que usted sabe lo que vende... Pero paila, a estas alturas de la vida ya no creo en su buena fe. Eso de "....ay, pobrecito mi dealer él tampoco sabía" es pura mierda: usted debe saber lo que vende o me debe informar que no sabe lo que vende. Debe esforzarse por venderme lo que le pido y lo que quiero, así como por estudiar qué es lo nuevo que se está moviendo y advertirme de los riesgos que me corren pierna arriba. Esto marca la diferencia.

Sobre ese tema, querido dealer, he llegado a tus manos porque la prevención de mis padres y el colegio no hizo efecto. Y no me he ido de tus manos porque aun no quiero dejar las drogas. Entonces, cuida mi salud y mi bienestar. No solo es importante que tengas claro lo que vendes sino también los riesgos, los daños, las nuevas drogas. Que me informes. Ya está claro que no voy a dejar de consumir, pero así como te escucho tus penas, las deudas con tus amigos y los peligros que corres en las calles, espero que me informes del peligro de algunas mezclas, del abuso de algunas sustancias, de los efectos secundarios de muchas drogas. Es muy triste tener esos dos o tres minutos contigo mientras disimulamos la transacción en un carro, en una esquina, en un bar o en la sala de mi casa (o de la tuya) y darme cuenta de que tú no tienes ni puta de idea de las implicaciones que hay en lo que vendes. Hace unas semanas me intentaste vender una pepa de la que todo el mundo en internet estaba hablando. No por buena. Por peligrosa. Y tú tan sano.

Ya despidiéndome, querido dealer, no me llames a ofrecerme a no ser que yo te lo pida. Por favor observa muy bien cómo está mi rumba y adviérteme si se me está yendo la mano. No me vendas si me ves muy pasado. Querido dealer, por favor no le vendas a niños o a adolescentes culicagados... Ellos que aprendan con los hermanos, los primos o los amigos pero no de un burro viejo y mañoso como tú. No te conviertas en un jíbaro de esquina. Ten algo de ética. Recuerda que pueden ser tus hijos.

Para terminar, te exijo que cuando te llame me digas a qué horas llegas. Y no que aparezcas dos o tres horas después: ya no me sirve, ya se me bajaron las ganas o, peor aún, ya llegó otro más cumplido. Recuerda muy bien que yo no soy un vicioso, sino un consumidor recreativo y en ocasiones habitual, que sabe que está inmerso en un negocio que cada vez es más consciente que vive del consumidor final: ese soy yo. Por favor, no me cuentes quiénes son tus clientes. Eso habla muy mal de ti. Seguramente, harás lo mismo conmigo.

Lo que necesitamos es que no nos veas la cara de güevones, que nos vendas droga de calidad o, por lo menos, que nos adviertas cuál es el porcentaje y con que está cortada. Queremos que seas cumplido, que no nos subas el precio y bajes el gramaje, que puedas tener variedad, que seas discreto, que no me vendas cuando se me pega la aguja, que no me hables de tus clientes, que pienses en ellos, que no le vendas a los chinos y que mejores la atención al cliente.

Por ahora no es más, querido delaer, espero que hagas caso de mis reclamos: la droga es una amante social que cada día está más dispuesta a exigir su lugar de reconocimiento, a salir del clóset y presentarse con la frente en alto. Así que, mientras llega la inevitable legalización, y luego las farmacéuticas y el Estado te quieten el negocio, da un paso adelante y mejora tu atención al cliente, al compinche, al amigo y al consumidor que te ha dado de comer durante tantos años, ha pagado la universidad de tu hijas y ha sostenido la enfermedad de tu madre.

*Para este texto tengo que empezar por definir qué es un dealer: Palabra gringa que significa vendedor o comerciante y que en Colombia se usa para denominar al expendedor o microtraficante -técnicamente hablando- de drogas o sustancias psicoactiva ilegales, en ocasiones a-legales -ni prohibidas ni aceptadas- o legales de uso indebido. El dealer es la persona con la que se ha establecido una relación cordial, discreta y respetuosa de transacción para obtener sustancias que alteran la conciencia, la percepción de las cosas o simplemente que estimulan.

El dealer no es ningún caso el jíbaro, que es como se le conoce al mandadero de barrio o expendedor de olla. Tampoco el parcero que compra lo suyo y le hace la vuelta a los otros, o el habitante de calle que le hace el cruce de meterse a la olla y traerle lo suyo, tampoco el intermediario de la rumba, el motel, la discoteca o el taxi. El dealer es, medianamente, su confidente, que le lleva sus drogas a domicilio.

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