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La carta de la mamá de Sergio Urrego a las directivas de su colegio

Opinión // Tras dos años de la muerte de Sergio Urrego, su madre toma su voz para enviarle un mensaje abierto a las directivas del Gimnasio Castillo Campestre.

por Alba Lucía Reyes Arenas
28 Junio 2016, 8:00am

Si bien este año el orgullo gay llega con un par de noticias que merecen ser celebradas, como la aprobación en Colombia del Matrimonio Igualitario y la promesa de una política pública LGBTI a nivel nacional, las malas noticias no dan tregua y la preocupación es mayor cuando encuentran simpatizantes y discípulos arengando en las redes el hashtag #matarhomosexualesnoesdelito.

Para sentar voces contra estas violencias, y conmemorar la muerte de 50 personas diversas a manos de un homófobo en un bar gay de Estados Unidos, y las de otras siete personas en hechos similares en un bar de México, la organización Colombia Diversa lanzó la campaña Carta Abierta a un Homófobo, en la que también participamos con la nuestra desde VICE.

Les compartimos ahora la carta escrita por Alba Lucía Reyes Arenas, la mamá de Sergio Urrego, el estudiante que en 2014 se quitó la vida por la presión homofóbica que ejercieron las directivas de su colegio. Alba toma la voz de su hijo para enviarle un mensaje abierto a la rectora del Gimnasio Castillo Campestre.

Ilustración en memoria de Sergio Urrego por el artista venezolano Daniel Arzola.

Carta de un espíritu libre a Amanda Azucena Fonseca

Quiero contarle que ahora estoy en un lugar maravilloso, donde encuentro todas las cosas que amo: mi literatura, algunas de mis mascotas y algunos de mis familiares; nuevamente los pude abrazar. Ahora encuentro paisajes hermosos llenos de color y libertad. Sí, mi amada libertad, la que usted quiso quitarme en vida, la que usted no permitió por culpa de su homofobia, de sus creencias, de sus paradigmas, pero ahora me doy cuenta del daño que nos hizo. Realmente la maldad del hombre rompe fronteras.

Tal vez usted no sepa que ahora soy muy feliz, porque acá no existen diferencias de credos, sexos, razas ni nada de lo que en ese planeta se utiliza como excusa para dividir y maltratar. Cuando usted logre pasar el umbral, se dará cuenta de lo equivocada que está. Y estando acá, me vera de nuevo, esta vez sin falsas máscaras. Será solo usted con su espíritu: ahí podrá observar de primera mano qué es lo que causa su homofobia y su rabia.

Solo lamento dejar a mi familia, a mi madre, que ahora llora desconsolada mi ausencia. Muchas veces trato de abrazarla para consolarla y decirle que estoy a su lado. Quisiera que me sintiera como yo siento su dolor, pero ella tan solo pide fuerza para seguir luchando por mis ideales, por tratar de llevar mis proyectos como si fuese yo quien los llevara a cabo.

Extraño a mi abuela, que todos los días pide para que yo descanse y encuentre el camino. En su mente y en su corazón solo hay un profundo amor por mí. Ella y yo seguimos siendo uno y a veces me acerco a ella para darle el beso de buenas noches, el que nunca más le pude dar en persona, porque usted y su homofobia no lo permitieron más. Ella, señora Amanda, me enseñó mucho más de lo que usted y los docentes de su institución me enseñaron. Para ella no existían diferencias, ni existirán, porque tiene un corazón puro sin basura y sin condiciones, cosa que tal vez usted estuvo lejos de brindarme.

Finalmente, quiero contarle que cuando usted me acorraló y acorraló a mi familia, mi decisión la tomé por amor a ellos y por amor a las personas que de una u otra forma estaban pasando por mi mismo dolor. Sí, dolor intenso que no se soporta y que ahora le pregunto ¿usted sí sabe lo que se siente? ¿Tiene idea qué es estar bajo el poder de una persona que no dudó en dañarme? ¿Sabe cómo me sentí cuando usted nos encerró en un camino sin salida a mi pareja y a mí? ¿Y mis sueños, mis proyectos?...

En el abismo quedaron y allí solo pensaba en las caricias de mi abuela y en las de mis padres para evitar sentir y cubrirme de tanto dolor causado. Dolor que vi en el hospital reflejado en los corazones de mi madre y mi padre, cuando poco a poco me iba. Solo el corazón de una madre roto en mil pedazos logra que el amor verdadero perdure por la eternidad, que anule el odio y el daño hecho por usted y su homofobia, y es así como lograré continuar desde donde me encuentre, por siempre levantando mi voz, la que usted siempre quiso callar... Gracias por brindarme mi anhelada libertad.

Sergio David Urrego

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