Cultura

Fui a la primera Copa Cannábica colombiana (y no se sintió el pisquero)

La feria Copa El Copo sacó del clóset a los cultivadores de marihuana y demostró que la industria local venía preparándose por años para un nuevo capítulo en la historia del cannabis en Colombia.

por Althusser
20 Abril 2016, 2:00pm


Un gringo entra a una tienda carpada, pide tres condones y paga 10.000 pesos. A su lado, una mujer compra una bolsa de café por 50.000. Un anciano de voz casi inaudible saca un billete de 5.000 e intenta regatear una pomada. Todo luce como una feria de artesanos cualquiera. Pero hay un ligero detalle que diferencia el evento de cualquier otro que se haya realizado alguna vez en Colombia: todos estos productos contienen alguna forma de cannabis.

Fui testigo de esta escena el domingo pasado en un potrero del tamaño de una cancha de fútbol, 51 kilómetros al suroriente de Medellín. La feria Copa Cannábica El Copo es el primer espacio masivo "autorizado" para comprar y vender productos relacionados con el cannabis en Colombia: vaporizadores, semillas, fertilizantes, pesticidas, filtros, ropa, chocolates, pipas, derivados del cáñamo, papeles, etc. En cada una de las tiendas —eran más de 40— había cultivadores y agrónomos que han trabajado con marihuana durante décadas. Sus rostros eran desconocidos para mí. Según dijeron, han tenido que trabajar en la clandestinidad a pesar de que sus actividades, en la mayoría de los casos, no son ilegales.

Potrero donde se realizó la feria Copa Cannábica El Copo.

En una carpa vacía me esperaba Alexander Zuluaga, uno de los organizadores del evento. Detrás de él, se leía el mismo eslogan que aparecía escrito en la entrada, en numerosas camisetas y diversas esquinas del lugar: "Venimos a aprender, no a prender". No era un bazar para junkies, como pensamos en un principio. Nadie me ofreció porro y vi sólo a pocos prenderlo. Con 800 boletas vendidas en preventa y alrededor de 600 en el evento, la ausencia de pisquero parecía increíble, por lo menos para mí, ignorante de la "cultura cannábica".

—¿Qué es eso de la cultura cannábica, Alex?

—Es hacer consciencia del gozo que rodea al cannabis. No se trata de tener a todo el mundo fumando. Al contrario, se trata de reconocer al cannabis más allá del consumo.

—¿Te refieres a lo industrial y medicinal?

—En parte. También tenemos talleres, charlas, música. Es otra forma de disfrutar el cannabis. Hay una intención pedagógica, social y cultural.

Los cultivadores

Un día antes, el sábado, los organizadores de El Copo premiaron a los mejores cultivadores de cannabis en el país. Recibieron 56 muestras, entre sativa e índica, y de estas seleccionaron los cultivos de Juan Pineda, Juan David Arango, Santiago Duque, Nicolás Montenegro, Juan Esteban Ramírez y Pilar Sánchez, la mayoría nombres desconocidos en esta escena cannábica, a excepción de Sánchez, quien ha sido de las pocas en posicionar una marca de marihuana medicinal en este mercado emergente: Ganja Farm.

Los jueces catando las muestras para decidir quien tiene el mejor copo. Foto por Luis Pinilla.

Entre los toldos me encontré con Juan Pablo Hoyos, un agrónomo que lleva 17 años cultivando marihuana. Su principal negocio es la venta de fertilizantes y semillas. Empezó con Punto Rojo, una de las variedades de cannabis que se da en Colombia, sin saber que existían "hembras" y "machos" en la planta; mucho menos que la única que produce moños es la primera y que los machos se limitan, en muchos casos, a proporcionar polen para generar nuevas semillas. "Yo no sabía y, claro, no podía fumar los 'machos'", me dijo Hoyos y soltó una carcajada profunda, de esas que emiten las gargantas de la gente que ha fumado toda la vida.

Google y La biblia del cultivador, un libro escrito por el estadounidense Jorge Cervantes, le enseñaron un poco más sobre el cannabis. Por ejemplo, aprendió que no era necesario utilizar pesticidas químicos; había orgánicos. Sin embargo, en el barrio Belén, en Medellín, donde vivía, no había muchas opciones para mejorar el cultivo. "Conocí Grass Root, que vendía semillas y fertilizantes. Eso me permitió cruzarlas, montarlas. Ahí pillé que había una diferencia entre cultivar ese cannabis a comprar el 'cripy' en la calle, que en realidad es una hierba muy mala".

Sin contar a los pacientes que hoy consumen productos derivados del cannabis para tratar enfermedades como la epilepsia, en Colombia hay 762.000 consumidores de marihuana, según el Ministerio de Salud. Muchos de ellos no conocen a cultivadores cada vez más profesionales y terminan fumando lo que se vende en la calle: principalmente "regular" o "cripy". Como Juan Pablo, los cultivadores que participaron en El Copo se esfuerzan por encontrar un suelo indicado, seleccionar los abonos, controlar el PH y ser cuidadosos en la recolección. Eso, por mencionar algunas de las muchas cosas que hacen por cultivar una buena planta y tener un buen producto.

No muy lejos de la tienda de Juan Pablo estaba sentada una anciana risueña. Llegó desde Ámsterdam, una ciudad que ya tiene 26 años de experiencia en este tipo de ferias. Allá el evento se llama Cannabis Cup y es un espacio de vanguardia para los cultivadores modernos de marihuana. Mila Jensen es la abuela sabia de los filtros para el cannabis. Su empresa, Pollinator, está en 50 países. Desde lejos los filtros parecían una suerte de impresoras de plástico. Pues bien, son más como lavadoras miniaturas en las que se separan los aceites para producir hachís con una concentración alta de THC, uno de los componentes psicoactivos de la marihuana. "Si quieres fumar hachís debes comprar estos filtros. Yo sólo fumo lo que tenga como mínimo 90% de THC", me dijo la anciana, una mujer de extrema, si se considera que muchas de las mezclas de cannabis en el mercado tienen alrededor de 20% de THC.

Mila Jansen, una de las jueces de la Copa El Copo y referente mundial del cannabis medicinal evalúa las muestras de los participantes en la copa.

La luz del mediodía caía en el medio del potrero sobre una pareja de viejos solitarios. Jorge Duque, de 59 años, y su esposa, Carolina, deambulaban, analizando los aceites que traían los productores desde el extranjero. Ellos son apenas aficionados, con pequeñas producciones para sus seres queridos y dolencias propias. Nos contaron que su prima sufre de esclerosis múltiple y que el aceite de cannabis es lo único que le ha servido para caminar sin sentir un dolor insoportable. "En mi época fumar marihuana era un delito moral", nos dijo Jorge. Ahora, su generación ha ido quitándole el estigma a la marihuana a través de la medicina. "Yo mismo comencé a hacer la extracción del aceite por mi prima. No cultivo más de 20 matas en la finca. He aprendido que hay sistemas de destilación para separar el THC y lograr aceites muy interesantes que dan resultados maravillosos. Los médicos le daban paliativos medicinales con efectos secundarios muy fuertes. He ido aprendiendo como cultivador".

Las tiendas de los cultivadores se comenzaron a llenar. No había sólo rastas comprando fertilizantes; también había alguna gente que, como señaló Jorge, "está saliendo del clóset". Según él, vio caminar por ahí a un amigo de su edad y se dijo: "Ve, no me esperaba que estuviera por acá". Sí, la música en general era reggae, pero más allá de eso había pocos referentes a la idea de consumidor de marihuana presente en el inconsciente colectivo.

Algunas de las flores de autocultivo presentados como muestras en El Copo. Foto por Luis Pinilla.

Yo no era el el único que hacía preguntas. Un gringo entrado en los cincuenta años me paró de repente. "Es periodista, ¿verdad? ¿Qué piensa de todo esto? ¿No es una locura? De los 20 años que llevo viviendo acá es la primera vez que los cultivadores se reúnen. Yo también cultivo, sin ambiciones empresariales. ¿No ven que lo que está pasando es muy importante?". Dean vino desde Estados Unidos buscando una parcela para cultivar cannabis tranquilo. "Pagar impuestos y cultivar", es lo único que quería.

Muchos en la feria están convencidos de que Colombia tiene un potencial enorme en la industria cannábica global. "Con lo que compras una libra de marihuana en Colombia compras máximo 10 gramos en Estados Unidos. Lo que pasa es que todo esto es muy nuevo y aquí no hemos podido salir de la cultura marihuanera para entrar en una cultura cannábica", me dijo David Jiménez, quien lleva ocho años con Sweet Seeds, una tienda que ha crecido gracias a clientes en el exterior.

Jiménez acababa de llegar de la feria de cannabis en España. "Había café, semillas de cáñamo tostado. Todo esto se podría producir en Colombia. También aceites, resinas, cremas. Ahora estamos trabajando con los indígenas de Toribío para darle una mirada más amplia al uso y cultivo de la marihuana", me dijo.

¿Qué pasa con la genética?

Tal vez la forma más fácil de explicar el asunto de la genética sea la agrícola. Hay una raza de vaca, la Holstein, que se caracteriza por producir grandes volúmenes de leche. Hay otra, la Jersey, que produce menos, pero de mayor calidad. Los ganaderos las cruzan y obtienen la Jerhol, una vaca que da buena cantidad de leche y de una calidad considerable. Algo así como lo mejor de los dos mundos.

En el universo del cannabis ocurre algo similar. El tema genético ha sido tan ampliamente estudiado y desarrollado que hay libros, folletos, terminología, marcas, empresas y demás. El género de la planta cannabis tiene tres especies. Las más conocidas son la sativa y la índica. La otra, ruderalis, tiene poco THC y por eso cultivarla para uso recreativo es poco efectivo.

Pasar por las páginas de uno de esos folletos siendo un aficionado es como intentar leer el manuscrito Voynich: incomprensible. "Autofloreciente de cuarta generación", "30% índica, 70% sativa", "fotodependiente", "talla alta y resinosa, con aroma dulzón y almizclado con pinceladas de especias", "semillas feminizadas disponibles", etc.

Sin embargo, hay algunas claves para entender. "Autofloreciente" o "automática" es una variedad de planta que florece al alcanzar una edad determinada, sin importar las horas de luz que reciba. Su opuesto, fotodependiente, es la variedad que crece según la cantidad de sol que reciba. "Cuarta generación" indica que dicha planta es la cuarta en una línea de mezclas genéticas, y que puede rastrearse su ascendencia, como decir que viene de tal ganadora de equis concurso, cruzada con esta reconocida por esto otro.

Con ese nivel de especificidad no sorprende que la cata de cannabis sea, también, un asunto enmarañado, como un cogollo bien compacto. El cannabis tiene una molécula, el terpeno, que es en parte responsable del aroma y sabor de las diferentes mezclas. Se estima que puede haber hasta 150 terpenos distintos, y un catador experto es capaz de ir más allá de las sensaciones básicas que uno de estos pueda dejar —dulce, amargo, ácido o picante— y decir que, como un vino, una mezcla es empalagosa, con notas afrutadas y una fragancia dulce.

Los jueces debaten sobre cuál es el mejor copo presentado por los cultivadores colombianos. Foto por Luis Pinilla.

Por lo general una cata tiene cuatro etapas: visual, olfativa, gustativa y psicoactiva. Así lo explicó Felipe Naranjo en un artículo para Soft Secrets Latam, un periódico especializado en contenidos cannábicos que circulaba en la feria. En la premiación de la Copa El Copo las reglas estaban claras: evaluaron el aspecto general del copo; la densidad y el volumen del cogollo; el aroma y el sabor; el "gusto en verde" (es decir sin prenderla); el "gusto en combustión", en bong, pipa o vaporizador, y, por supuesto, la potencia y el efecto de la mezcla. Sobre esta última variable, advertían en su sitio web: "¡Puede ser la más linda de todas, pero sin swing, no pega!".

En la primera versión de la Copa El Copo, realizada el sábado anterior a la feria, se premiaron tres categorías distintas: la variedad sativa, cultivada en interiores o exteriores, la variedad índica, en las mismas condiciones, y los extractos, derivados del cannabis.

La cata tomó un día entero y los ganadores fueron anunciados el domingo. A pesar de ser una suerte de Gran Prix, no hubo borbotones de champaña. Eso sí, quedó la satisfacción de saber que se tiene la mejor marihuana local, ya sea para fumar, comer, vaporizar o untar.

Yo aún no entiendo cómo logra un jurado llegar con sus cinco sentidos afinados hasta el final de una cata de estas proporciones. Pobre el último cultivador en la fila.

Hacia una cultura cannábica...

Más allá de los fertilizantes, las bandas de música, las camisetas con plantas de marihuana estampadas, los ancianos, las enfermedades, las pomadas y todo el consumo que rodeaba esta feria, hubo un mensaje reflexivo que supo pronunciar una de las activistas más respetadas en este escenario: Susana Fergusson, exasesora de los ministerios de Salud y Justicia. Pasado el mediodía se paró con micrófono en mano para explicar por qué estamos viviendo una época crucial. No es solamente porque el Congreso esté a punto de aprobar un proyecto de ley presentado por el senador Juan Manuel Galán que regula el cannabis con fines terapéuticos y medicinales, sino porque en el mundo el debate está tomando un matiz menos prohibicionista.

"El hecho de que estemos en un espacio como este se debe a que en los últimos seis años el tema de la regulación ha ido tomando fuerza. Desde el año 2000 los estados han venido concluyendo que la guerra contra las drogas no está funcionando y por eso se cambia la mirada. Venimos de un siglo en el que se criminalizó a los consumidores. Desde 2012 va tomando fuerza en Colombia [la idea de] que los consumidores no son delincuentes, sino enfermitos; ese es un paso, pero ahora tenemos que caminar hacia la ciudadanía", afirmó Susana.

Ese paso del enfermo al ciudadano atraviesa varios escenarios y contextos: "Al ver al consumidor de cannabis como un enfermo, se abre paso un diagnóstico clínico, pero se deja de lado el diagnóstico emocional que determina que el consumo sea o no problemático. Se borran contextos y es ahí, en la relación con la sustancia, en donde tenemos que afinar la mirada. ¿Por qué si el muchacho se metió un porro lo siguen expulsando del colegio? ¿Por qué la familia lo trata como un delincuente? Debemos cultivar la consciencia y no expulsar a estos muchachos a escenarios difíciles".

Las palabras de Susana fueron escuchadas cuando todavía faltaban por llegar cientos de asistentes. Curiosidad, música y más ventas. Así se fue consumiéndo la primera feria de cannabis en Colombia. En uno de esos momentos silenciosos recordé las palabras del antropólogo Daniel Vidar. "En la cueva de Shanidar, en Irak, se encontraron Neanderthales de 60.000 años, y alrededor de uno de los cuerpos había restos de plantas alucinógenas. O sea que hace 60.000 años ya se la estaban dando. El hombre convivió siempre con las sustancias, y, en paralelo, convivió con otras dos cosas: la ignorancia y el poder. El poder decide qué es bueno y malo, de acuerdo a sus intereses".

Yo me puse a parchar por ahí, reflexionando sobre el poder que puede tener un escenario donde la marihuana no es criminalizada. Pensé que iba a fumar como burro. Pero aprendí, no lo prendí.

Muestras que los participantes llevaron a la Copa El Copo. Fotos de las muestras por Luis Pinilla.