Tonalidades de piel humana reunidas en una exposición de arte

Fotografías de mujeres, hombres y niños que se camuflan con un fondo del mismo color de su piel conforman el mosaico humano de pantones creado por la fotógrafa y artista brasilera Angélica Dass.

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oct. 28 2015, 5:00pm

Muchos piensan que los colores de piel humana se podrían reducir a blanco, negro y amarillo (tal vez rojo). Pero hacer esta afirmación es dejar de lado a una cantidad inimaginable de matices. Humanae, un proyecto en desarrollo, creado por la artista brasilera Angélica Dass desde 2012, trata precisamente de mostrar esos matices lejanos a los imaginarios colectivos, de representarlos y de hacerlos visibles por medio de un sistema que clasifica la mayor cantidad de colores de piel que existe.

La carta de colores Pantone asigna mediante una letra y un número cada color: la letra indica el tipo de color (M para mate o C para brillante, por ejemplo) y los números son para los colores en sí, por ejemplo el 485 para el rojo. La numeración con la que se identifican los colores en la paleta de pantones es enorme y llega a identificar al rededor de diez mil colores distintos. Cada uno de ellos tiene su propio número específico para facilitar la utilización de los colores en cualquier plataforma. Este es el método utilizado por la artista para poder visibilizar los diferentes colores de piel de las personas que la buscaron para ser parte del proyecto.

"No se hizo una selección de personas previamente en relación con género, nacionalidad, raza, clase social o religión. La idea es crear un mosaico cromático colosal de las diferentes pieles humanas", afirma Dass cuando la contacté por correo. Su idea, más allá de crear un mural de colores humanos, es demostrar la horizontalidad del sistema del PANTONE: no hay ninguna jerarquía de color. Es decir, uno puede compararlo a las diferentes razas y etnias. Todos estamos en un mismo nivel.

Angélica, nacida y criada en Brasil, es nieta e hija de nativos brasileros-afroamericanos, cuyo padre fue, a su vez, adoptado por una familia blanca. "Soy una mezcla de pigmentos diferentes", afirma. Luego de estudiar Bellas Artes en Brasil, y posteriormente un máster de Fotografía en España, se inspiró en 2012 e inició el proyecto que reuniría más de dos mil fotos de colores y personas distintas. Con él, se ha propuesto recalcar que lo que hemos aprendido en los colegios, en nuestras casas, en los códigos morales que nos han impuesto, de cierta manera nos ha codificado la manera de pensar y la identidad. Nos ha distraído y limitado totalmente.

En un mundo donde todavía se evidencian las diferencias sociales por medio de la intolerancia, obras como esta resaltan la necesidad de ver las diferencias humanas y enseñan a apreciarlas. "Por eso se trata de un trabajo que retrata familias enteras: sus hijos, abuelos, padres... el proyecto habla de igualdad de una manera global", me dice Angélica.

Sus imágenes se han tomado en 15 ciudades de diferentes partes del mundo, desde Madrid, París, Chicago, Río de Janeiro, Sao Paulo y Valparaíso, hasta Addis Ababa, Etiopía, y Daegu, Corea del Sur, entre otras. Además, en ellas se pueden ver, por un lado, voluntarios de museos y galerías de arte y, por el otro, habitantes de favelas, discapacitados y personas sin hogar que quisieron ser parte del proyecto. El objetivo es "hacer reflexionar al espectador sobre la palabra identidad: en este caso se relaciona con igualdad. [Con la obra] lo racial se desplaza ahora hacia un contexto seguro, sin prejuicios ni críticas, ya que es un catálogo de color en el que los colores "primarios" tienen exactamente la misma importancia que los colores "mixtos", me dice Angélica.

Este trabajo, que empezó con una convocatoria de voluntarios para retratos en 2012, participó en la selección de ArtBo de la capital colombiana ese mismo año. En 2015, Humanae ya ha participado en dos exposiciones de Estados Unidos: una en la Gund Gallery de Ohio y la otra en Pittsburg en el August Wilson Center. "Este proyecto no ha acabado: tiene más de 2.700 fotos, porque trata de los otros, de la gente y de sus historias", afirma. Su objetivo es, sobretodo, reafirmar que se trata de un proyecto dedicado a la humanidad y, para eso, necesita más fotos: de personas de todos los continentes y rincones de este mundo.

Para Dass, cada uno de los pantones es único. Cada color difiere de alguna manera. Mejor dicho: los pantones se clasifican con algoritmos matemáticos y basan sus resultados en una aproximación. Por eso se podría decir que hay más matices humanos (colores de nuestra piel) que pueden llegar a ser invisibles al ojo de la ciencia. Sin embargo, esta no es su crítica: es, más bien, una forma de ponernos todos en una misma base, con unas mismas condiciones, pues ningún color es más importante que el anterior.

Ahora, sin necesidad de acabar el proyecto, Angélica se ha propuesto a seguir tomándole fotos a voluntarios, para demostrar de esta forma la igualdad que hay en el reconocimiento de la diferencia, donde el espectador se identifica y de cierta manera se vuelve parte de lo que está viendo.

Aquí una pequeña muestra del trabajo de esta artista:

Para conocer más acerca de Angélica Dass, haz click aquí.

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