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Homenaje

Diciendo hola al Cielo: El último show de Chris Cornell

"Él descubrió que su relación con la muerte podía ser aun más estrecha y demolió la barrera que lo separaba de sus demonios"

por Manuel Estévez
22 Mayo 2017, 11:07pm

Imagen vía Flickr por el usuario Andreas Eldh

En la foto publicada por CNN en este tuit se lo ve alto, erguido y sin ninguna preocupación aparente. No se le notaban los 52 años de rock, pop, grunge, altibajos personales y profesionales, Chris Cornell lucía en paz, tranquilo, sonriente, como olvidando los duros momentos y mirando dentro de su alma. Su cabello rizado estaba en un punto en el que denotaba cierta rebeldía tardía y desorden en medio de una imagen pulcra. Una imagen diferente al hijo de la selva de los primeros años de Soundgarden o al peliparado de bigotico intelectual solista e integrante de Audioslave.

Nació en la misma fecha en que el hombre llegó a la luna. Hijo de un farmaceuta y una contadora, heredó del divorcio de sus papás adoptar el apellido materno y sus primeros coqueteos con la depresión. Estudió piano, pero cuando formó una banda se inclinó por la batería y al ir avanzando en sus proyectos terminó al frente de la tarima.

Por la forma de agarrar el micrófono y su expresión facial se podría asumir que está cantando algo sensible, no tan oscuro, quizá en una tonalidad mayor. Una canción compuesta en algún momento luminoso de su vida, porque los depresivos somos así, una montaña rusa de sentimientos. Un rostro quizá más coherente con su trabajo con Audioslave, incluso podría imaginar que se trata de "I am The Highway", pero lógicamente. Personalmente creería que canta el portentoso coro de "Outshines", primera canción que escuché de Soundgarden. Un amigo trajo de Estados Unidos un casete de VHS con videos grabados de MTV. Se lee terrible ahora, pero era 1992, nada que hacer. "So now you know. Who gets mystified".

Miembro por miembro, Soundgarden era quizá la banda musicalmente más completa del grunge. Cornell, no sólo era un barítono con un amplio registro vocal, también era un buen guitarrista y gran compositor; Kim Thayil era un músico interesante, versátil y a ratos extraño que no abandonaba la musicalidad de sus raíces indias; Matt Cameron, el perfecto metrónomo; finalmente Ben Shepard, un bajista que cumplía su rol sin excesos, pero muy conectado con Cameron. No puedo escribir esto sin pensar en la tremenda canción "Pretty Nose". "And I don't like what you got me hanging from", frase escalofriante al día de hoy.

Medir un metro noventa pesa cuando uno se hace mayor. Si bien Chris aparentaba ser mucho menor, sus movimientos eran un tanto más lentos y menos violentos. Ya no era el chico de torso desnudo, pantaloneta y botas militares, era el esposo hace trece años de Vicky y el papá de Christopher y Toni.

Cornell tenía problemas relacionados con la depresión y el alcohol. Su paso por la heroína fue muy breve, se detuvo cuando sufrió la muerte por sobredosis de su compañero de apartamento Andy Wood. Chris vio irse a la generación de cantantes con que la que él surgió. Se veía como alguien relajado y un longevo ejemplo de búsqueda musical y personal. La banda Temple Of The Dog surgió como un tributo a Wood, en el cual se alternaba las vocales con Eddie Veeder. "He came from an island and he died from the street".

Chris explotó el mundo exterior. Llegó al límite para demostrarse que era mortal y finito. Descubrió que su relación con la muerte podía ser aun más estrecha y demolió la barrera que lo separaba de sus demonios. Era un ángel con pose de Jesucristo con una pesada carga en sus manos tratando de vivir el día a día. Aun retumba en mi cabeza la voz de mi novia llamándome a las seis de la mañana para avisarme que había muerto. No me duele porque fuera mi ídolo, lo admiraba mucho pero no llegaba a tanto, me duele la forma y el momento en el cual sucedieron las cosas.

Artistas como Robert Smith aseguran que sólo se puede componer cuando se está triste, y seguramente tienen razón. Creo que Chris Cornell murió por su exceso de alegría, por ser un poeta de la oscuridad convertido en un ejemplar padre de familia, por tener esa dualidad entre el pop que cantaba por momentos como solista y el dolor que debía mostrar cuando actuaba con sus bandas. Nunca olvidaré ese 4 de diciembre en Corferias cuando su senbilidad tocó la mía, canté con él y por momentos mi emoción brotó húmeda por mis ojos. Por más que lo intentó no logró sobrevivir al grunge.

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Manuel Estévez es el director de en Revista Cultural Sono. Síguelo en @Sonoadicto.

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