Salud Mental

Todo lo que me habría gustado saber antes de empezar terapia psicológica

Consejitos para que aproveches tu terapia, si es la primera vez que vas a una.

por Hannah Ewens
21 Septiembre 2017, 9:32pm

Illustrations: Calum Heath

A mis 25 años puedo decir que he estado en terapia por una década. Eso incluye terapia psicológica infantil, varias experiencias en el Servicio Nacional de Salud (NHS en inglés) por terapias cognitiva-conductuales (CBT en inglés) y psicoterapias, además de psicoterapeutas privados. Si se tratara de un matrimonio estaría en mi aniversario de aluminio, un elemento que supuestamente representa una unión exitosa al ser un metal inquebrantable. De hecho la metáfora aplica, considerando que he atravesado etapas en donde he querido desecharlo todo, convencida de que no está funcionando, para terminar arrastrándome devuelta con el rabo entre las patas.

He recibido terapia a lo largo de mi vida por diferentes razones: ansiedad, depresión, desorden disfórico premenstrual, manía, desórdenes alimenticios, y otras cosas que sinceramente no sé cómo categorizar. No puedo asegurar que comprenda totalmente el funcionamiento de la terapia para diferentes enfermedades, ya que además cada persona responde de manera distinta al tratamiento. Pero sí he identificado muchas cosas a través del ensayo y error que me hubieran gustado saber antes de iniciar mi historial terapéutico.


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No es fácil recibir terapia

Una advertencia antes de empezar. El Servicio Nacional de Salud (NHS) está infrafinanciado, hasta el punto de ser casi desesperanzador cuando se trata de salud mental. Entenderás cabalmente el significado de una crisis de salud mental cuando te encuentres en una lista de espera por meses para tratar tu depresión, solo para descubrir que tu terapia consiste en una sesión de media hora, una vez a la semana, por diez semanas; y si pierdes o reagendas dos sesiones porque estabas jodidamente deprimido, te las cobrarán igualmente. Si tienes una enfermedad crónica y necesitas un tratamiento de largo aliento, Dios te ampare.

Dicho esto, solo porque es difícil de obtener, evita sentirte culpable si lo logras. No pienses que no estás "lo suficientemente enfermo" para recibir tratamiento, porque eso te aterrizará en un ciclo disuasorio donde renunciarás a pedir ayuda cuando la estés necesitando. De la misma manera, no te sientas culpable si estás enfermo y puedes pagar por una terapia.

Escoge bien quién trabajará para ti

Los terapeutas son personas y las personas pueden ser fastidiosas. Es probable, no imperativo que te caiga bien tu terapeuta (a menos de que la relación sea muy poco profesional, no vas a terminar invitándolo a una pola por su cumpleaños), pero sí es necesario que lo encuentres conciliador y, más importante, que te guste su enfoque.

Algunos terapeutas son visiblemente empáticos. Tuve uno que era un tipo tan genuinamente amable que podía extender mi sesión de una hora a dos e incluso tres, además con frecuencia me recomendaba ficciones y programas de televisión que sabía me gustarían. Ir a su casa era como visitar al abuelo pero con charlas más existenciales. Esperaba a llegar a la esquina de su casa (mientras él se despedía desde la puerta), para llorar por que su amabilidad me recordaba lo poco amable que yo era conmigo misma.

Otros son más clínicos, duros y te permiten proyectar en ellos todo lo que estás sientiendo con sus respuestas. Te sientas abatido en su sofá, con la nariz mocosa y el pecho lleno de sollozos después de narrar un trauma bastante visceral y su cara sigue como un espejo. Casi que te provoca decirle: 'disculpe, señor, acaba usted de escuchar la miserable historia que le conté'? Ningún enfoque es incorrecto per se, mientras respondas bien y te sientas cómodo con el. Yo perversamente he llegado a disfrutar este último.

"Cuando mi terapeuta me dice que saldrá de vacaciones a un crucero de tres semanas, la semana antes de que se vaya pienso en lo egoísta que es, ¿y ahora que se supone que haga? ¿velar por mí misma?"

Si vas por lo privado, tienes todo el derecho de despacharlos o serles infieles probando con alguien más sin que se enteren. No cometas la estupidez de quedarte con lo que tienes simplemente porque te has comprometido y te parece un poco violento decir a estas alturas que no funciona. Y si has conseguido que te traten por medio de seguridad social, razón de más para no conformarte.

Si la persona que te está tratando es un aprendiz que solo lee de un texto impreso y que se encoge de hombros cada vez que le haces una pregunta personalizada, dile a tu médico general que necesitas a alguien más. Es mejor que te convenzas de que el tratamiento de 10 semanas llegará a su fin así que mereces sacarle el mejor provecho.

El deseo de cambio puede llegar en cualquier punto, yo aprendí que el terapeuta que tanto me ayudó a superar un asunto, no necesariamente podría hacerlo con otro. Cuando terminé una relación importante supe que había una materia gris a propósito del sexo y la sexualidad que quería desenredar, y rápidamente me di cuenta de que el terapeuta (hombre heterosexual) que llevaba viendo por un tiempo (de hecho especialista en relaciones) no estaba entendiendo la esencia de lo que yo estaba diciendo al relacionarlo con el hecho de ser una mujer joven y mis interacciones con los hombres. Me le desaparecí no volver a programar una cita, porque no podía darle la cara y decirle adiós. Lo maneje de la manera más inmadura, pero fue la jugada correcta; rápidamente encontré una terapeuta mujer que pudo aportar más en este tema a las sesiones.

Querrás agradarles, supera esto pronto

Está en nuestra naturaleza querer agradarle a la gente. Si también eres una persona complaciente que responde desagradablemente bien a cualquier tipo elogio, ponle atención a esto.

A veces cuando estoy contando una historia a la terapeuta, descubro que inconscientemente he estado haciendo pausas para crear un efecto dramático, o haciendo uso de mis manos. El único motivo posible es que estoy buscando entretenerla. Me río, es una ganancia personal: mis contenidos son entretenidos. De manera similar, cuando identifico que estoy en un buen momento de salud mental camino a su casa, genuinamente me preocupo por temor a aburrirla. Hago un barrido por mi memoria corta sabiendo que siempre habrá como mínimo algo ridículo sobre qué conversar.

Pero así como no tienen que caerte bien, tú tampoco tienes que caerles bien a ellos. Si no luchas con esto cambiará la manera en que trabajan y es menos probable que hagas descubrimientos importantes. Los terapeutas están ahí para ayudarte, no para que los entretengas, y ya que tú eres quien está compartiendo los detalles escabrosos, cualquier desequilibrio de poder es imaginario.


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No te contengas con la mierda

Con lo anterior en mente, sé honesto. Contundentemente honesto. Me ha tomado años dejar de retener información, y estoy segura de que es lo que he hecho cada vez que inicio con un nuevo terapeuta: 'si le digo esto va a pensar que soy una perra, o mala persona, o una idiota'. Parte de esto puede ser la brecha de edad (siempre han sido mayores que yo), otra parte puede ser porque es increíblemente desagradable e incómodo compartir ciertas cosas.

¿Pero cuál es el punto de contenerse? Tu terapeuta con seguridad ha escuchado cosas mucho peores y no podrá ayudarte a cabalidad si tiene la información incompleta. Mi parte menos favorita de una sesión es cuando alguien convenientemente no dice todo lo que debería. A menudo eres tú quien hace los grandes descubrimientos así que todo el proceso de exponer tus cosas horribles es parte del aprendizaje de ser honesto contigo mismo. El punto es poder llegar a aceptar lo que sea que "eso" sea, y tratar al terapeuta como una extensión de ti mismo.

Comunica rápido qué quieres obtener de la terapia

La vez que sentí que había avanzado más rápido en resolver algo con un terapeuta fue cuando cambié a una mujer para hablar de sexo. Había identificado con funesta precisión cuáles eran mis problemas, de dónde sospechaba que venían los nudos, y lo que buscaba resolver para tener relaciones mas esperanzadoras y saludables en el futuro. Llegué a nuestra primera sesión como una gerente muy aburridora, con objetivos y listas, y cuando acabé mi discurso ella solo levantó una ceja y dijo: "wow". Parece obvio pero entre más fácil hagas su trabajo, más rápido llegarán a la raíz del asunto. Si eres una fracción de lo psicorrígida que soy yo, sabrás del efecto calmante que provee el orden, los planes y las metas. Incluso repetir varias veces un plan como si se tratara de un mantra, cuando estás enfermo de algo, es útil para mí.

Con respecto a la comunicación: si has concluido el tratamiento de Servicio Nacional de Salud sin lograr tus objetivos o identificar mejoras, comunica la necesidad de continuar o de recibir un tratamiento con mayor intensidad. Si te llegan a cobrar y tienes que volver a tu médico general, las semanas y los meses de remisión y espera se acumularán.

Cuando termine la sesión, no recordarás el consejo que te podía ayudar, o al menos no los detalles

En el proceso a los momentos de iluminación con tu terapeuta, tú ofreces pedacitos, y ellos ofrecen pedacitos, todo hasta que de repente te lanzan una hermosa explicación que te llega como un golpe al intestino; sientes cosas profundas dentro de ti que cambian para encontrarse mecánicamente. Todo tiene sentido: tu cerebro, tu vida, por fin estarás mejor. Apenas sales del lugar tratas de recordar que fue lo que dijo. No puedes. Es resbaladizo, el oro se ha ido. Es más que frustrante, y es infinitamente misterioso.

Esto me pasó hace unos meses cuando intenté llegar al fondo de mi ansiedad frente al compromiso y el autosabotaje en el amor. Estuvimos excavando un largo periodo de mi vida en el que, por razones de dinero, mis padres tuvieron que vivir juntos por años bajo el mismo techo después de haberse separado —que cliché y aburrido— y todos andábamos en puntas de pie alrededor de la casa. Yo, mientras tanto, estaba teniendo luchas mensuales con mi síndrome premenstrual, tenía pensamientos suicidas, y veía a un psicólogo de niños.

Mi terapeuta insistió en preguntarme formalidades hipotéticas que supones preguntaría cualquier terapeuta. Cosas como: "Imagina que vas a encontrarte con tu mamá y vas a contarle un problema, ¿en qué lugar de la casa la encuentras?" o, "¿Cómo hizo sentir eso a tu Yo joven?" o, "¿Qué hiciste después de sentirte ignorado?".

Luego hizo un análisis pasmosamente preciso que requería que me sintiera como una unidad individual para salvaguardar mi salud mental, porque las relaciones son temporales y pueden deprimir y dañarte. Todo eso, cuando lo ves por escrito, resulta obvio, pero cuando se lo oí decir a ella, me marcó por completo.

Siempre trato de tomar nota para intentar capturar algo. Pero con frecuencia tienes que aceptar que eso que tanto sentido tenía es algo que está alojado en algún lugar de tu subconsciente. Lo que lo hace tan conmovedor en su momento es que quizá fue la primera vez que lo escuchaste, pero ahora estás un paso más allá. Lo notes o no.

Reconoce que tu terapeuta no debería decirte qué hacer, solo debe orientarte

Tuve un terapeuta que me dijo insistentemente que tenía que tomar una gran decisión de vida. Terminé haciendo el cambio pero aún soy consciente de que solo lo hice porque me lo dijeron. No había ninguna amenaza a mi vida o salud. Los terapeutas están ahí para asesorar, sugerir y guiar; jamás los dejes llevarte a un lugar al que no quieres ir. Cada movimiento que haces a propósito de cómo la vida afecta a tu salud está (y debe estar) en tu control.

Tus relaciones con otras personas cambiarán

Después de diez años en estas, ya no sé si desde el inicio fui generosa con mi información o si me acostumbré a derrocharla de manera automática, como una vaca que entra al establo a ser ordeñada. Soy ridículamente desvergonzada en el vida real. Es realmente difícil avergonzarme. Nada de lo que me pasa en la vida real puede ser peor de lo que pasa en ese cuarto semanalmente, y esto aplica también a mis relaciones. La terapia ha mejorado mis relaciones con la gente más allá de lo que puedo cuantificar. Le hablo a los extraños en la calle de lo que sea. Tengo amistades profundamente honestas en donde ambas partes sabemos que podemos hablar de todo; pero como siempre estoy a pocos días de haber discutido sobre mi salud mental, no siento la necesidad de hacerlo a menos de que esté realmente en problemas. En todo caso es de lo último que quiero hablar. A mis amigos les gusta la idea de que yo pueda ser su psicóloga de sillón cuando no se sienten cómodos hablando con otros amigos. A la gente con la que salgo o cuando estoy en una relación le encanta esto porque puedo llevar a mis sesiones cualquier problema que florezca entre nosotros. Es como una terapia de pareja pero sin que tengan que pagar o aparecer.

"Siempre sospecho que a los terapeutas les da curiosidad y me buscan en internet. Son tan humanos como el resto de nosotros. Yo lo hago. Yo lo hago sin ningún remordimiento."

Aunque parezca inútil, haz la tarea

En términos muy generales la psicoterapia se pregunta por el porqué de un pensamiento negativo, mientras la terapia cognitiva-conductual (CBT) se pregunta por el manejo de ese pensamiento negativo; cómo lidiar con él o transformarlo. No me gusta el CBT. Algunos defensores de la salud mental seguramente no estarán de acuerdo pero creo que la terapia cognitivo-conductual no debería considerarse una cura para la ansiedad o depresión. A mí no me ayudó mucho la primera vez que la hice.

Gran parte del tratamiento consiste en llevar a cabo tareas que parecen para niños de 7 años y en sentirse levemente ridículo en el proceso cuando no podrías siquiera escribir en el computador sin temblar. Recuerdo haberme resistido porque hacer una lista de cómo mis pensamientos se transformaban en sentimientos y viceversa, parecía demasiado paternalista, inútil e insolente con mi exquisita inteligencia y riqueza emocional. En algún momento abandoné la arrogancia y me desesperé lo suficiente para llegar a hacerlo, y sí ayudó un poco.

Crees que te espían

Si, por alguna razón aún no parezco la persona más narcisista, escucha esto: siempre sospecho que a los terapeutas les da curiosidad y me buscan en internet. En mi defensa, un terapeuta una vez mencionó algo que yo no le había compartido nunca. Lo cuestioné y respondió (como si fuera lo más causal del mundo) que había visitado mi Twitter. Había revisado con cuidado mis tweets sobre Tinder, sobre terapia, sobre follar y sobre guayabo. Todos los terapeutas saben lo que he hecho por trabajo. Ahora cuando escribo un artículo sobre el sexo o sobre la salud mental, los imagino leyendo y comparando mi yo real con mi versión de internet, reflexionando a propósito de su próxima investigación y sobre el tema de la psicología y el pavoneo virtual. Mi terapeuta podría estar leyendo esto ahora mismo —de ser así estoy disponible el miércoles, a la hora usual.


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No concibes la vida sin ella

Me he preguntado si la terapia se ha convertido en una costosa y cómoda cobija. Cuando mi terapeuta me dice que saldrá de vacaciones a un crucero de tres semanas, la semana antes de que se vaya pienso en lo egoísta que es, ¿y ahora que se supone que haga? ¿velar por mí misma? La gente me pregunta "¿no agotarás los posibles temas de conversación?" (NO. Tener una enfermedad crónica que compromete la salud mental no tiene fin, tampoco mi capacidad de hablar mierda).

Hay momentos en los que pienso que eso de salir de la visita de las ocho de la mañana, visiblemente afectada, e ir corriendo al trabajo sin tomar un pequeño descanso para procesar lo ocurrido no puede ser bueno, que podría prescindir de todo esto.

¿Pero por qué habría de abandonar la terapia? Que recuerde conscientemente, es como mejor me he sentido. Algunas personas se quedan medicadas toda su vida; yo me medico intermitentemente. ¿Por qué habría de importarles cómo presupuesto mi plata o manejo mi salud? En la última década, paré por pequeñas temporadas cada vez que tenía una recaída. Para el momento en que trepé de nuevo a ver un terapeuta, o me reconecté con el anterior, había empeorado muchísimo y me tomó más trabajo reintegrarme.

Mi más grande miedo es que la locura de verdad esté a la vuelta de la esquina, esa suerte de enfermedad severa que es un punto de no retorno. Sé que puedo perder el contacto con la realidad, y crear cosas que no existen. No hay forma de olvidar eso. Así que así no sea para nada más, le pagaré a un profesional que sepa de qué habla para reafirmarme: "eres un humano normal y no estás 'enferma'" todas las semanas.

Existe la posibilidad de que un día haré algo además de la terapia. Pero si no pasa, no me molesta la idea de verme veinte, treinta o cuarenta años hablando sobre mí misma.

@hannahrosewens