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Cultura

Putas, traquetos y grescas: 26 historias sobre la Cali de los 90

El libro debut de la editorial Salvaje está cargado de recuerdos calientes y psicoactivos de la Sultana del Valle.

por Leonardo Herrera Madrid
08 Febrero 2016, 3:00pm

Este fin de semana se lanzó en Cali el libro Fe y Alegría, del artista Leonardo Herrera Madrid. Apenas cayó en nuestras manos, el debut de la editorial Salvaje nos atrapó y sometió a la violenta sabrosura de la Cali de los 90. A continuación, una pruebita.

1. Jorge me cuenta que antes de que existieran los remataderos, ellos se iban para la olla, a unas casas casi destruidas a seguir bebiendo y metiendo. No me imagino la escena. Debía ser del putas, uno y sus amigos fifís enrumbados con los desechables, recicladores, putas y todo lo que se atravesara en semejantes sitios. Como diría George Queen: qué desquicie.

2. Mis tíos, Los Mellos, me contaban que los bares de rock no existían en Cali cuando eran pelaos. Lo que hacían era irse a casa de amigos a escuchar los LP que la hermana les traía de Estados Unidos, a veces se drogaban en el parque cerca de donde vivían y utilizaban el bar que había construido mi padre en la casa.

3. Una vez, Gerardo Monsiváis, de Los Lichis, me pidió que fuéramos al oriente de la ciudad, porque en el occidente donde se estaba quedando era muy aburrido. Lo llevé a Aguablanca. Le fascinó una tienda donde colocaban boleros, ahí nos pegamos par borracheras.

4. Antes de que San Antonio se volviera de extranjeros era un barrio bastante particular. Era un pueblito donde todo el mundo sabía quién se tiraba los pedos. Era muy barato vivir ahí, hoy no se puede, cobran una fortuna.

5. Yo crecí cerca de las pandillas de los barrios tradicionales. La del Refugio, la de San Fernando, la de Prados, estas eran las que tenían una esquina propia. La del Refugio era Ventolini con 66, la de San Fernando era el parque del triángulo y la de Prado era cerca de Comfandi. Una vez me tocó ver una pelea entre
la del Refugio y la de San Fernando. Los manes del Refugio llevaban cadenas y cuchillos, se dieron durísimo, pero no hubo muertos. Ahora hay es combos y oficinas de cobro en todo el oriente de Cali.

6. En la infancia íbamos con los pelaos del barrio a La Hacienda, que era un potrero gigante que iba desde la 66 con Pasoancho hasta más allá de Puerto Rellena. Ahora lo que hay es una cantidad de edificios y barrios nuevos que ni idea. Ese potrero era chévere porque habían demasiados árboles de mango y uno se hastiaba de comer. Pasábamos toda la mañana ahí.

7. El centro está igualito desde que tengo uso de razón y la Octava sigue siendo la calle de las prostitutas y travestis. Me acuerdo una vez que nos tocó salir, como en quinto de primaria, a recoger plata para Fe y Alegría y nos dejaron en el centro. Me fui con Martínez a la zona roja, simplemente para ver putas y drogos, era un mundo que no conocíamos. Lo más chévere es que esos curas no decían nada.

8. Los 31 de octubre hacíamos guerra de bombas de agua entre barrios, eso era un parche. Me acuerdo una vez que ese músico malo, Julio Navas, que vivía ahí en el barrio, se ponchó en la mitad de la cuadra con un balde lleno de bombas y una bolsa de plástico negra para tirar bombas. Todos nosotros le robamos las bombas y se las tirábamos a su casa, qué pesar. El pelado se entró a la casa llorando y la mamá salió a regañarnos y, mientras estaba dando cantaleta, Mike Tito le tiró una bomba en la cabeza y nos tocó perdernos.

9. Me acuerdo que íbamos a otros barrios a joder a las peladas. Siempre El Chino Teshima se enamoraba, pero las viejas no le daban nada, y él se emputaba con nosotros porque todos habíamos coronado. Se la montábamos con que lo de él eran los chicos.

10. Santiago, que era un niño bien, un plástico, como se decía en esa época, empezó a dárselas del más mafioso de todos. Empezó a hablar de cómo eran las vueltas, que estaba trabajando con tal y pascual, pero siempre le callábamos la jeta cuando salíamos porque los traquetos que nos conocían nos invitaban y él siempre se quedaba por fuera de la rumba por hablador. Hasta que un día vimos que llegó en un BM. El hijueputa se había traído de Corinto,en las llantas del carro, como 20 kilos. Coronó y por la vuelta le regalaron ese 350i. Ahí nos calló la jeta.

11. Cuando le ganó Colombia 5-0 a la selección argentina hubo una rumba en la Sexta, en Yanguas. No había por donde caminar, demasiadas peleas, había de todo. Me acuerdo que llegamos en bus con el peludo del Ricardo, pero después nos embolatamos, todo el mundo daba chorro ese día. Al final me vine con Carro Chocado, el traqueto del barrio, en su Jaguar. Mejor dicho, me tocó ser su chofer porque él venía volquetiado.

12. Antes de que hicieran la Circunvalar nos reuníamos con la familia Roche a escuchar Pink Floyd en los miradores, siempre tomando y fumando. Esos parches eran bacanos porque conocía- mos unos miradores una chimba, la tomba nunca llegaba y, como en esa época no se podía dar papaya porque los hijueputas se la armaban a uno, nos tocó inventar esos parches. Teníamos varios, el de Cristales, el de Chipichape, el de Juanambú. Un día está- bamos tan trabados que nos encintamos con que nos iban a dar bala. El Paulo se asustó tanto que se tiró por el barranco, terminó vuelto mierda y con una fisura en la pierna.

13. Yo acababa de llegar de Costa Rica y estaban celebrando el cumpleaños de Neuronaymedia en una pesebrera en el barrio Caldas. La escena que me encontré fue que Neurona estaba peleando con Felipe por una novia que le había encargado que le cuidara y el hp se la terminó cuadrando. Uno lloraba y le daba pata al otro y así se fueron dando duro y emborrachando. Hasta que terminaron dándose abrazos, besándose, diciéndose que eran los mejores amigos y que por culos no iban a pelear. Al final se quedaron dormidos, les pintamos las bocas, les echamos rubor, le pusimos tacones a Neurona y le tomamos unas fotos muy sugestivas.

14. En los noventas la Sexta tenía unas divisiones rarísimas, entre el restaurante Los Turcos y El Oasis habían bares de salsa, ranchera, de ambientes y estancos. Detrás del Oasis había un putiadero; entre la fuente de Las Tortugas hasta La 14 había es- tancos, negocios varios, comidas rápidas. Por las noches nos parchábamos en Yanguas a tomar toda la noche a ver qué pasaba. Era un sitio bastante aburridor, pero ahí pasamos muchas noches.

15. Me acuerdo que el colegio quedaba a las afueras de Cali, por Ciudad Jardín. Nos hacían poner saco y pantaloncitos cortos, hasta que llegó un cura de avanzada y quitó el uniforme. Podíamos ir con cualquier ropa, eso duró muy poco porque los padres se quejaron. Ese recorrido desde la casa hasta el colegio era muy bonito porque casi todo era verde, no habían construído nada, ni Holguines ni el muro del Campestre. Esos lotes vacíos tenían árboles grandísimos como ceibas y samanes. A mí me encantaba ver esos paisajes.

16. Plaza Norte era un sitio en el que se escuchaban rancheras y estaba lleno de traquetos, siempre había muertos y balaceras.

17. El primer bar de rock al que fui se llamaba Alexander, quedaba en Centenario. Ahí también estaba Martyns, un bar que tiene como treinta años. Cuando pelaos íbamos ahí, pero a mí nunca me gustó porque habían demasiados manes del cole-
gio. Después pusieron ahí mismo, en Centenario TM, un bar de grunge y punk que duró muy poco. Después llegó el Averno, que también duró muy poco. En ese último me acuerdo que Óscar, en una honguiada, llegó con chaqueta de invierno color rosa, con una cadena de moto como cinturón y gritaba: "corran que está nevando", mientras tiraba cemento. Al pobre Ernesto le tocó llevárselo porque lo iban a cascar.

18. El primer bar de salsa al que fui se llama Tin tin deo, quedaba en el barrio San Cayetano, cerca al hospital Club Noel. Era un bar chiquito, ponían buena música y la gente bailaba . Ahora queda en la 5ta, cerca a la Cruz Roja.

19. Cali siempre ha sido pequeño. Es decir, por donde uno transita las distancias son muy cortas y casi nunca uno se mueve de esa misma zona. Yo he vivido en:

  • La Independencia
  • Colseguros
  • Puente Palma
  • Jamundistán
  • Granada
  • Centenario
  • San Vicente
  • San Antonio
  • San Cayetano
  • Miraflores
  • San Fernando

20. Mariela me cuenta que las agualulos eran buenísimas. La gente se divertía bailando y habían competencias de las parejas que mejor bailaban. Casi siempre se hacían en los barrios populares.

21. En una temporada iba los domingos por la noche a viejotecas en el oriente de Cali, a ver bailar, tomarme un caneco de Tapa Negra y volver a la casa.

22. Cerca de Los Turcos, abajo del edificio O'Bryen, aunque no se llamaba así, quedaba la galería Arte Moderno, una de las pocas que tenía Cali. Ahí viví varios años con Delia. El Fríjol y yo teníamos un camión que transportaba leche y dos veces lo robaron. Una de esas veces encarcelaron a los ladrones. Nosotros les pusimos la demanda y el abogado de los ladrones nos pidió el favor de que la quitáramos. El Fríjol no quiso y desde esa noche me colocaron un taxi día y noche en la entrada del edificio, a Delia la amenazaron y nos tocó salir de ese edificio.

23. Al Chiqui le dieron ocho tiros frente a su casa, frente a Puente Blanco, un pequeño centro comercial donde jugábamos maquinitas en Fun-o-rama.

24. Fuimos con el parche del Bodegón a Donde Fabio, un rematadero en San Nicolás. No me acuerdo de mucho, pero me acuerdo de la borrachera de Víctor Albarracín, hasta bailó esa noche.

25. Con Careloco solíamos ir a Pance a recoger hongos en temporada de lluvias. Nos volábamos de clase y pasábamos todo el día ahí, pero a él le gustaba ir a diario. El problema es que se mandaba unos viajes muy densos y al otro día aparecía con el pelo pintado, las uñas de color rojo o azul, con cadenas de motos y cubos blancos amarrados con piolas como si fueran animales que arrastraba. Era un solle, lo malo es que no lo dejaban entrar así a Bellas Artes, los porteros le tenían miedo. Entonces todo el día se quedaba en la gruta fumando marihuana con los punketos, varias veces nos tocó sacarlo de ahí porque le iban a dar cuchillo.

26. Tengo tantos recuerdos de Cali que muchas veces prefiero olvidarlos.

A Leonardo le pueden seguir la pista por aquí.

Salvaje es la línea editorial de Nada. Y a Nada la consiguen por aquí.

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