Fotograma de 'La estrella errante' | Cortesía FICCI

La imagen como droga: hablamos con el director de la película más punk del FICCI

Charlamos en la ciudad amurallada con Alberto Gracia, director de "La estrella errante", una de las producciones más transgresoras de todo el Festival Internacional de Cine de Cartagena.

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mar. 8 2018, 12:07am

Fotograma de 'La estrella errante' | Cortesía FICCI

La estrella errante, el segundo largometraje del director gallego Alberto Gracia, es toda ella una larga canción de rocanrol. En los límites de una Galicia desindustrializada, que se revela como un paisaje espectral —treinta años después de que hubieran muerto las fábricas de barcos que sustentaban a sus habitantes—, la película hace una exploración formal, rítmica y psicológica de los pasos desorientados de Rober, vocalista de Los Fiambres, una olvidada banda de punk de Alicante. Y como enuncia el mismo título del álbum de culto que grabaron en 1984, “El lado oscuro del rocanrol”, a lo que nos enfrenta la película es a eso: a la acumulación pródiga de imágenes que vienen con la ruina del sueño de la superestrella, a los procesos casi inconexos de producción de sentido a los que arroja el exceso de drogas, la pérdida del yo frente a la pantalla, el narcisismo, la búsqueda compulsiva de uno mismo.

Con un montaje que recuerda el zapping desesperado de alguien frente a un televisor —como Nacho, el segundo protagonista— o a los procesos mentales de alguien que ha sucumbido, como Rober, a la heroína y la cocaína, La estrella errante juega con las imágenes como con la antena de un radio. La estructura estridente y disruptiva pone al espectador a perderse, a aparecer y desaparecer, a vagar como un muerto-vivo, como los mismos personajes. No en vano la película está dedicada a George A. Romero, el padre del horror zombi, el de La noche de los muertos vivientes, porque los sujetos que se producen en esos delirios son sujetos zombificados, errantes, a quienes no se les sacia el apetito.

Me senté con Alberto Gracia en Cartagena, en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), para que ampliara las premisas que motivaron la película: el rocanrol y sus caras sórdidas, la equiparación de imagen y droga, el narcisismo y la pérdida.

Sobre la droga y la imagen:

Alberto Gracia: Uno de los puntos clave de la película es la equiparación entre imagen y droga. Tanto la imagen como la droga son beneficiosos o perjudiciales dependiendo del uso que hagas de ellas. Es un pharmakon: dependiendo de la dosis puede ser veneno o medicina. Ambas comparten una relación con el olvido muy similar también: las imágenes son creadas para que nosotros olvidemos que las hemos creado y que, al encontrarlas, nos sorprendamos. Es como vivir en diferido.

Por ejemplo, ya no experimentamos las cosas si no es a través de una pantalla: las preferimos grabar y luego disfrutar en diferido, como cuando uno hace turismo, que sería el momento paroxístico de esto que estoy contando. Pero incluso en eventos cotidianos como ir a beber una cerveza con un colega: primero está la foto y luego el gozo en diferido. La droga también, porque está creada como una evasión del presente, para que no exista ese presente, para poder sentir la nada u olvidarla y sobrellevar la vida cotidiana de una forma más sedante. Y existe también el componente del diferido: un diferido conceptual, temporal o espacial, dependiendo de la droga que uses.

"Tanto imagen como droga nos hacen vivir en diferido"

Las dos son también “el alimento de los dioses”, es decir, de los que no quieren morir o los que no saben morir. Por eso la película está dedicada a George A. Romero, el maestro de los zombis, el que inventó a los zombis en el cine, que son los no-muertos: personas que no saben morir, que no llegan a morir, que se guían por el deseo concreto de saciar su apetito. La droga también es como un saco sin fondo, un deseo romántico que no se consuma.

El director gallego Alberto Gracia | Foto: Felipe Sánchez | VICE Colombia

Sobre el zapping y la pérdida de uno mismo:

Alberto Gracia: La película está hecha en el montaje a partir de unas imágenes que se rodaron con bastante libertad. El guión era destrozado a cada segundo. Y ese montaje se hizo como se hace una tarde zappeando: zapeas para intentar montar y encontrar las imágenes que te estimulan. La película es la inversa de esa sedación que produce el zapping y la acumulación de imágenes.

Lo que me interesaba era esa pérdida de cuerpo que sentimos al ver la televisión. Nos desmaterializamos, no existimos y simplemente miramos al infinito; cuando miras una tele en realidad miras detrás de la tele. En general, la tele está hecha para pasar el rato, para no tener que sentirse a uno mismo ni tener la autoconsciencia o el pensamiento, sino que es un ver imágenes. Con la droga ocurre lo mismo: el cuerpo lo pierdes, no lo sientes y accedes a otro lugar en el que el cuerpo ya no parece mortal, sino que eres una especie de imagen sedada de ti mismo. El montaje quiere evidenciar esa pérdida de cuerpo, la película pierde el cuerpo porque está muy desmembrada y se está buscando constantemente a sí misma.

Sobre la perversidad polimorfa y el narcisismo:

Alberto Gracia: En esta película estoy hablando de perversos polimorfos, es decir, de personas muy narcisistas que han perdido el rumbo por el exceso en la búsqueda de sí mismos. Yo quería hacer que la propia película fuera una perversidad polimorfa, que también se buscara a sí misma. Es una decisión formal muy arriesgada y que puede parecer incluso excesivamente agresiva, pero está todo muy pensado para que funcione como un ritmo, un ritmo de rocanrol. Eso es la peli: una búsqueda de identidad de sí misma a través de un ritmo que está muy fragmentado.

Todo perverso polimorfo tiene un discurso sicótico, no es capaz de acceder a una ficción, un simbolismo, un lenguaje. El perverso polimorfo es alguien que se lleva todo a la boca, por decirlo de alguna manera, una expresión que utilizan mucho los psicoanalistas. Son personas que se lo quieren follar todo, que quieren llegar a todos los lugares y no llegan a ninguno.

"Yo quería hacer que la propia película fuera una perversidad polimorfa, que también se buscara a sí misma"

Esta película se desarrolló con el título provisional de “Eco”, por la ninfa que estaba enamorada de Narciso a quien él no veía por estar mirándose a sí mismo. Era una ninfa que perdió su cuerpo y quedó abocada, por ese vacío corporal, a resonar lo que escuchaba de los demás, a repetir las palabras de los otros como castigo divino, como castigo a esa hybris.

Es un síndrome del ahora, el habernos desconectado un poco más de lo que es la comunidad, las relaciones humanas más livianas por ser telemáticas. Estás mucho más solo ahora que antes. El narcisimo al fin y al cabo es una patología en la que tú no puedes dejar de buscarte a ti mismo, justamente porque no eres reconocido por el otro. Y, por ejemplo, en el internet es particular porque uno genera una imagen de sí mismo que es la que uno busca que sea reconocida. Un ti mismo alterado que no eres tú.

Sobre la paradoja del sonido y el voyeur:

Alberto Gracia: La película la pensé bajo una paradoja que veo en la era visual: todo es imagen, pero el sonido es hegemónico. Vemos tantas imágenes, tantas pantallas, pero es el sonido el que nos atrae para fascinarnos. Yo siempre pongo el ejemplo del voyeur: es una persona que está abocada a buscar algo que jamás va a ver, y en el momento en el que está totalmente fascinado con ese algo que busca, es capaz de ver con los oídos. Un voyeur que, por ejemplo, está masturbándose viendo una escena prohibida y escucha unos pasos traslada sus ojos a sus oídos; la mirada queda vacía pero la percepción pasa a los oídos.

Como yo soy más lector que cinéfilo, esta película la pensé como escritura visual, está hecha en el montaje y en el ritmo. Quería que también esa canción de rocanrol que es la película fuera algo fiel a mis imágenes mentales. Donde el lenguaje y la narratividad clara y concisa no puede llegar, ahí llegan otro tipo de cosas: los niños, los animales, los locos, los cantantes, esas personas que dicen cosas sin decirlas, que se acercan más al lenguaje poético que al narrativo. La propia película en sí es una canción, una composición rítmica.

Sobre Galicia y el lado oscuro del rocanrol:

Alberto Gracia: El LP de Los Fiambres se llama “El lado oscuro del roncanrol”, porque el lado bonito ya lo conocemos todos: convertirte en estrella, en imagen, vivir tu vida a través de tu propia producción como imagen. Pero está también esa contracara: la pérdida de uno mismo, la zombificación, las drogas. Quería explorar eso. Un fiambre es un muerto, al mismo tiempo que una amalgama posmoderna de algo que se sirve frío, como un jamón.

Esos tres lugares eran tres sitios donde la industria naval era muy fuerte y toda su economía estaba volcada a esta industria. Y claro, el momento de la reconversión naval hizo estragos. Eso jugaba bien con el mismo LP de Los Fiambres, que hablaba de la desmaterialización de las cosas, incluido el cuerpo. La letra de la primera canción se llama “Vampiros y fiambres”: Vampiros y fiambres llegando hasta el final para bien o mal. Eso es decir: si ya hemos roto todo y ya ha desaparecido todo, pues a saco.

"Quería explorar la relación entre la desmaterialización de la gente con droga e imagen, y la desindustrialización de las ciudades, en las que se genera un topos fantasmal"

A estos tres lugares también entra mucho la droga y se vuelven ciudades casi fantasmas, sobre todo Ferrol y Vigo. Quería explorar la relación entre la desmaterialización de la gente con droga e imagen, y la desindustrialización de las ciudades, en las que se genera un topos fantasmal.

Vigo, Ferrol y Guijón eran zonas de fabricación de barcos, sobre todo para la marina. Y eso funcionaba mucho con la idea de la estrella: la estrella que guía el barco antes de que hubiera mapas, en una metáfora del viaje primordial y del heroísmo. La búsqueda de uno mismo en otro gran viaje. Y, claro, en el momento en el que no hay barcos esas estrellas dejan de tener sentido y también desaparecen. Allí la gente se quedó mucho sin trabajo, las ciudades se volvieron ciudades fantasma, se vaciaron.

El lado oscuro del rocanrol: la pérdida a la que lleva vivir la vida como imagen.

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