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relaciones

Las mejores (y más absurdas) excusas para no vivir con tu pareja

Y sí, una de ellas es fingir que no existes.

por Pol Rodellar
23 Marzo 2018, 4:27pm

Montaje por los usuarios de Flickr joshuaommenboston_public_library

Durante siglos, el ser humano ha tenido la necesidad de reunirse bajo un mismo techo para sobrevivir. Estaban los tipos esos, hace millones de años, que se resguardaban en cuevas para protegerse de, no sé, animales enormes muy jodidos que ahora ya están extinguidos o de tormentas de gigantescas bolas de hielo y fuego. Ahí dentro procreaban, pintaban paredes e intentaban inventarse algo para no tener que cagar delante de todo el mundo.

Pero sin ir tan lejos, nuestros padres y abuelos, así mismo, también tenían el objetivo vital de crear un hogar, generar hijos y darles de comer hasta que la ecuación se invirtiera. Nosotros, por otro lado, no tenemos ninguna intención de concretar nuestra vida en una estructura de familia nuclear —de hecho no sabemos ni concretar si después de beber todo lo que beberemos este próximo fin de semana seguiremos vivos— y por eso, huimos de la idea de reunirnos bajo un mismo techo con ese ser que nos permitirá generar otras personas humanas, o sea, descendientes y tener una familia.

En una relación, los integrantes NUNCA se encuentran en el mismo momento emocional, alcanzar esta armonía es más improbable que descubrir, al mirarte al espejo en la mañana, que eres Hitler, el dictador.

Es por esto que siempre llega ese incómodo momento en el que alguno de los dos suelta el “quizás podríamos compartir apartamento” —“compartir apartamento" es menos violento que decir “ir a vivir juntos y tener hijos y trabajar para ellos hasta morir”, por lo que te recomiendo proponer un delicado “compartir apartamento”— y es en estos momentos donde el que realmente no tiene claro eso de crear un hogar, debe tener preparada una excusa perfecta, imbatible, totalmente comprensible.

Hay gente que se pasa años maquinando engaños complicadísimos para estar preparada para cuando llegue este momento, diseños de ficción tan complicados y enrevesados que les proporcionan una calidad de vida mucho peor de la que experimentarían compartiendo apartamento con su pareja. Es por eso que he decidido pasarte unos trucos personales que he utilizado varias veces para que no tengas que sufrir a la hora de inventar excusas. La cobardía del emparejamiento definitivo siempre podrá ocultarse bajo capas y capas de mentiras, esto es lo que nos hace humanos, y no vivir en cuevas con la familia.


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Sin más preámbulos, ahí van unos clavos ardientes a los que poder agarrarte cuando a tu pareja se le ocurra esa impertinente idea de proponerte vivir juntos.

—"Es que ahora el arriendo está muy jodido, hay mucha demanda y es que no hay apartamentos y los alquileres están por las nubes y la gentrificación está destruyendo esta ciudad y cambiar ahora de sitio y aceptar las nuevas narrativas de arriendo significa colaborar con el sistema que ha creado esta segunda burbuja inmobiliaria. Si nos mudamos vamos a perjudicar a la ciudad. ¿Quieres matarla?".

—"¿Te he hablado de Noches soleadas? Es una novela que estoy escribiendo, estoy muy metida en ella. Necesito tiempo de soledad para terminarla (empezarla). No te he dicho nada hasta ahora porque, en fin, habla sobre ti".

—“Tengo muchas ganas, pero estuve buscando en Internet y todos son una mierda, es eso o las zonas en las que están no hay ni un Mc Donalds, y ya sabes que me NIEGO ROTUNDAMENTE a vivir lejos de uno”.

—“Perdona, pero creo que te confundes. No sé quién crees que soy, pero te juro que no soy ese tal Juan al que crees que le estás hablando. Juan no existe. Yo me llamo Aldo Farside III y no me dedico a vender alfombras. De hecho vengo de otra dimensión, una dimensión en la que soy un héroe. En esa dimensión el malvado Zarlock quiso destruir mi pueblo, matar a los niños y a las mujeres y someterlos a su yugo demencial [pero Pol Rodellar, ¡¡¿¿si los mata cómo los va a someter??!!]. Luché contra él durante siglos, pero al final me derrotó y me obligó a vivir en otra dimensión, dentro de un cuerpo extraño. Me obligó a vender alfombras. ¿Me entiendes? Escucha, ya que hemos resuelto esto, necesito salir de aquí y quizás tú puedas ayudarme”.


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—“No sé, ya sé que nunca termino haciéndolo pero siento que este año va a ser el año y voy a hacer ese viaje de varios meses por Asia que siempre te he comentado. Si me voy, este año no será el mejor momento para pensar en todo el lío de mudarnos y gastar plata en muebles y todo eso, ¿no?”.

—“Tenemos que romper estos roles sociales, ya no somos nuestros padres ni nuestros abuelos, podemos estar juntos sin tener que vivir juntos. Es una pequeña revolución para un mundo mejor, son cambios de paradigmas sociales, ¿sabes? Hablo de romper El Gran Relato. Son pequeños gestos que nos liberan de las cadenas de una sociedad arcaica e intolerante. ¿Sabes?”.

—“Justo una amiga me comentó que se va a mudar, es un apartamento precioso, y me preguntó si queríamos mudarnos ahí cuando se vaya. Te lo juro, es una ganga. El problema es que se irá dentro de tres años, puede que más, pero al final se irá, créeme. Si esperamos tres años o lo que sea, al final el sitio será todo nuestro, si es que seguimos juntos. El piso es increíble, créeme: mucha luz, está en el centro, vecinos jóvenes…”.

—“¿Seguro que podrás vivir con mi muy reciente y terrible manía de coleccionar pelucas de señora?”.

—“Mi mamá no está muy bien, le detectaron una nueva enfermedad muy extraña, un trastorno llamado Alvalle. No lo encontrarás en internet, es una enfermedad muy muy nueva, si lo buscas te saldrán otras cosas. El caso es que los médicos no saben nada y no sabemos cómo puede evolucionar. Ahora mismo necesito estar a su lado, cuidarla y disfrutar de su compañía todo el tiempo que le quede de vida antes de que Alvalle me la arrebate”.

—“Te confundes mucho, nuestro objetivo como seres que han despertado su conciencia, es habitar dentro de nosotros mismos, no en espacios exteriores tangibles. Renunciar a estos espacios exteriores facilitará la comprensión de nuestro ser interior. Vivir juntos, bajo un mismo techo, comprometería todos los avances que hemos hecho en materia de conciencia. ¿Te he dicho alguna vez que podemos vivir solo mirando al sol?”.

Este artículo apareció originalmente en VICE ES.