especial de ficción 2016

Mensaje escrito con nictógrafo

Esta pieza forma parte de nuestro Especial de Ficción 2016, dedicado a la literatura de América Latina.

por Jazmina Barrera
22 Diciembre 2016, 4:11pm

Ilustración por Jenny Rubiano


Charles Dodgson (Lewis Carroll) estaba harto de tener ideas brillantes a media noche y esperar hasta la mañana siguiente para escribirlas. Si hacía esto corría el riesgo de olvidarlas por completo, pero la opción de prender una vela era también complicada, porque había que buscar el candelabro en la oscuridad, a veces durante el frío del invierno en Oxford, y encontrar fuego para encenderlo. Un día (o quizás una noche), Lewis Carroll tuvo una de esas ideas brillantes: construiría una plantilla con huecos cuadrados e inventaría un alfabeto cuadrado, hecho de puntos y rayas, para escribir en la oscuridad. Anotó esto en su diario, y añadió también que al invento lo llamaría nictógrafo.


***

Se escribe lento con el nictógrafo. Sobre todo al principio, los dedos deben identificar cada hueco en la plantilla antes de que la pluma escriba la letra. La escritura requiere una concentración total, una conciencia absoluta de cada trazo. No hay nada más que las palabras y el fantasma de las palabras en la mente. En la oscuridad, la vista no distrae del sonido y las cosas dichas tienen más peso. Así también (aunque no por el sonido sino por el tacto), lo que se escribe en la oscuridad tiene una densidad diferente.

***

Estas son las circunstancias en un mundo con luz eléctrica en las que alguien podría necesitar un nictógrafo: para escribir en el cine; durante un concierto; en la ciudad cuando hay un apagón; junto a alguien dormido a quien no se quiere despertar; bajo el cielo de noche, en el bosque, por ejemplo. O durante un desastre natural. Todo botiquín de emergencias debería incluir un nictógrafo.

***

Cada hueco de la plantilla, así sea diminuto, se siente enorme en la oscuridad. Cada letra, difícil de hallar y de trazar, es definitiva. La escritura lenta del nictógrafo, los pocos caracteres que permite la plantilla, estas dificultades  obligan a seleccionar las palabras con cuidado. Sólo las palabras justas e indispensables para transmitir una idea. Hay que pensarlas letra por letra, aquilatarlas en la mente antes de llevarlas a la página.

***

Muchos opinan que el alfabeto del nictógrafo luce como una combinación de braille y hebreo. A mí me recuerda los mapas de las constelaciones, por la combinación de líneas y puntos. Las constelaciones, que son otro tipo de escritura en la oscuridad.

***

Lewis Carroll decidió no patentar su descubrimiento. En cambio lo dio a conocer en un artículo de la revista The Lady, para que los ciegos "pudieran escribir cartas, y otras cosas, sin tener que dictárselas a alguien más".

***

Traté de escribir este ensayo con un nictógrafo, pero a duras penas logré completar el primer párrafo, o más bien una versión de ese párrafo, que no tiene signos de puntuación. No existen los signos de puntuación en el alfabeto del nictógrafo (aunque alguien que quiso publicar Alicia usándolo los inventó después), su sintaxis se parece a la de los telegramas, que servían para dar las noticias más inaplazables. Para eso mismo debería utilizarse el nictógrafo, para escribir sólo lo más urgente.

***

A la mañana siguiente, las palabras del nictógrafo parecen jeroglíficos. Incluso para quien conoce las letras de memoria (quien, como yo, debió de hacer planas para memorizar los signos), su escritura es un tanto enigmática. Los garabatos de la noche deben ser descifrados y traducidos al alfabeto romano para que los puedan leer quienes no saben nictografía. O quizás no siempre sea conveniente traducirlos, la nictografía puede funcionar también como una escritura secreta. La oscuridad acaba con las inhibiciones de la vista, ofrece una intimidad que invita a una escritura libre, honesta; a escribir, por ejemplo, un descubrimiento o algo inconfesable.

***

Escribí hace poco un mensaje para alguien con el nictógrafo, pero cuando lo leí, a la luz del día siguiente, había perdido fuerza. Me gusta esa condición de la nictografía, que está a medias entre el braille y la tinta, que se escribe con el tacto y se lee con la vista, pero a veces me gustaría también que, como el braille, dejara en relieve sus trazos. Así, el destinatario podría leer el mensaje como se escribió: con el tacto, en la oscuridad.


JAZMINA BARRERA, Ciudad de México, México, 1988. Escribe para distintas revistas impresas y digitales. Ganó el premio Latin American Voices de ensayo de 2013 y su libro de ensayos
Cuerpo extraño fue publicado por Literal Publishing. Es coeditora de Ediciones Antílope

Como apéndice de nuestro Especial de Ficción 2016 dedicado a la literatura de América Latina, los 21 autores publicados fueron invitados a contestar un cuestionario de 20 preguntas sobre los usos y costumbres, rituales y obsesiones que suelen acompañarlos en el oficio de escribir. Lee las respuestas de Jazmina  aquí.