Television

VICE habló con los creadores detrás de las dos series más odiadas del momento

Por Popeye habla Dago García. Por Chávez, Moisés Naím.

por Tania Tapia Jáuregui
10 Febrero 2017, 12:30am

Collage por Iris.

El horario estelar de RCN y Caracol acaba de conjugar tres cosas que, casi en igual proporción, despiertan amores, odios, peleas y hastíos entre los colombianos: las novelas, esta vez del expresidente venezolano Hugo Chávez y el exsicario —y ahora YouTuber y escritor y quién sabe qué más— John Jairo Velásquez, alias Popeye.

El Comandante, la serie de RCN sobre Chávez, y Alias JJ, la serie de Caracol sobre Popeye, han dado mucho de qué hablar desde que se anunció su estreno. La primera, que se transmite actualmente en varios países de Latinoamérica, fue prohibida en Venezuela, donde la indignación que despertó la serie incluso provocó que el hashtag #NuestroChavezdeverdad se volviera tendencia en Twitter al día siguiente de su estreno. La segunda ha dado pie a numerosos artículos y cadenas de WhatsApp que consideran que darle un espacio propio en televisión a la vida de Popeye es una ofensa para las víctimas.

Para colmo de males, las dos están enfrentadas a la misma hora, pero por distinto canal: 10:00 a 11:00 p.m.

A la polémica de El Comandante se sumó su pobre rendimiento en rating el día de su estreno: según La W, la serie ocupó el puesto 16 de lo más visto la noche del 30 de enero y apenas alcanzó los cuatro puntos de rating. Para tener algo de contexto: a un programa le va bien en rating cuando pasa los 10 puntos. La cosa se volvió hasta chiste cuando muchos se dieron cuenta que El minuto de Dios había logrado más.

Por su parte, Alias JJ, que se estrenó el 8 de enero, tuvo 8,4 puntos de rating: no es un hit, pero tampoco está tan mal. La conclusión, parece ser, que los colombianos, a pesar de toda la polémica, los dilemas éticos y demás cuestiones que comprenden a ambos personajes, tienen menos problema con recordar la vida de Popeye que la de Chávez. Será tarea de los expertos saber si es una cuestión política, de patrones culturales o una pura estrategia televisiva la que explica el fenómeno.

Mientras tanto, decidimos consultar a las dos mentes detrás de los dos proyectos: Moisés Naím, un escritor y columnista venezolano que escribió la historia que dio origen a El Comandante y que suele ser tosco en su respuestas. Y Dago García, un guionista, director y productor bogotano que supervisó la creación de Alias JJ y que, a pesar de su fama light , es un personaje con opiniones y argumentos muy críticos.

¿Por qué decidió escribir un proyecto sobre este personaje?
Moisés Naím: Porque lo he venido siguiendo desde hace muchos años, desde que llegó al poder. E incluso desde antes: desde que dio el golpe de Estado. En la tarea de tratar de explicárselo a la gente, especialmente fuera de Venezuela, me di cuenta de que iba a ser necesario contar el cuento de Chávez a través de una serie de ficción, porque con él muchas veces la realidad excede la ficción.

Dago García: La serie la escribe un grupo de escritores. Yo, como vicepresidente de producción y contenido del canal, la tengo bajo mi dirección. Decidimos realizar la serie porque vimos que valía la pena contar una perspectiva del problema del narcotráfico que pocas veces se ha explorado: lo que pasa cuando estos delincuentes están en la cárcel y cómo dentro de esa institución siguen delinquiendo. Queríamos hablar de cómo en muchas ocasiones la cárcel no es la solución a estos problemas: no es una instancia de rehabilitación sino un lugar convertido a veces en una verdadera universidad del crimen.

Su serie ha despertado las críticas de quienes creen que poner a este personaje como protagonista de una serie es una ofensa y un acto irresponsable. ¿Cree que hay un problema en presentar como protagonista de una serie a un personaje al que la historia no ha terminado de juzgar?
MN: Esto no intenta ser un documento académico. No es una historia, un documental ni una biografía de Chávez. Esto es una serie de ficción. Lo interesante es que en Venezuela la prohibieron antes de que supieran algo acerca de su contenido. Lo que tienen en común quienes la critican porque la acusan de enaltecer la figura de una persona que no les gusta, como quienes la critican porque creen que ataca a una persona que sí les gusta, es que ninguno ha visto la serie y empezaron a criticarla antes de haberla visto. De los 60 episodios apenas han salido seis o siete. A pesar de eso, la gente tiene opiniones muy fuertes y muy despectivas.

DG: Yo creo que toda la polémica es absolutamente legítima y creo que tiene que ver con lo que ha sucedido con otro tipo de productos de este tipo. Desde el principio teníamos claro que no íbamos a construir un héroe. Pero evidentemente la gente tiende a juzgar a partir de lo que ha visto antes y es totalmente válido que tuvieran la preocupación de que fuéramos a construir un modelo a seguir.

Pero creo que quien ve la serie se da cuenta que estamos lejos de dirigirnos en ese camino. Nosotros estamos convencidos de que hay que seguir hablando de estos temas. La única forma que tienen las sociedades de masticar estos problemas, procesarlos y entender qué pasó para poder superarlos es precisamente poniéndolos en el debate público. Y cuando ya adquieren este carácter de productos masivos es un síntoma de que la cosa está procesándose bien.

Pero, ¿en el proceso de creación tomó precauciones a la hora de decidir cómo contar la historia de un personaje que sigue hiriendo sensibilidades?
MN: No entiendo. Yo lo que puedo decir son tres cosas: la serie presenta a un líder de América Latina que tuvo el apoyo de millones de personas en su país y que tuvo fama mundial. Eso es una verdad indiscutible. Segundo, él logró el apoyo y la simpatía de millones de personas en Venezuela y fuera de Venezuela. Tercero, impulsó en su país un modelo político y económico que ha llevado a ese país a la situación en la cual está hoy, y eso también es una afirmación que no puede ser debatida.

DG: Sí. Desde El patrón del mal hemos analizado el tema muy concienzudamente y hemos venido tomando las precauciones para no terminar haciendo un producto que le haga mal a la sociedad. En este caso, obviamos contar lo que llaman "el lado humano" del personaje: no contamos su infancia o cómo llegó a convertirse en lo que fue, que es donde a veces se construye la empatía con el personaje.

¿La serie está pensada para un tipo de público específico?
MN: Lo escribí para el resto del mundo. Yo creo que en el resto del mundo había mucha confusión sobre cómo interpretar el rol de Hugo Chávez, y había muchas cosas que no sabían que habían ocurrido en Venezuela. Se desconocía la dinámica que, además, era muy interesante. Esta serie cuenta una historia de un hombre que salió de la nada y llegó a tenerlo todo y que después utilizó eso para imponer un modelo político y económico cuyos resultados están a la vista hoy en Venezuela.

DG: Definitivamente un público adulto, y por eso la ponemos a las 10 de la noche. Evidentemente este tipo de producciones necesitan de un público que sea capaz de decodificar y de entender de qué estamos hablando, y por eso desde el principio teníamos claro que era para esa franja de la noche donde solo debe estar el público adulto frente al televisor.

Su personaje, en últimas, es una figura que permite mostrar una nación. ¿Cuál es esa nación que usted quiere mostrar con este personaje?
MN: La nación, es obvio, Chávez fue presidente de un país que se llama Venezuela. Esa es la nación que se muestra allí. 

(Le contrapregunté) Sí, claro, ¿ pero cómo es esa Venezuela?
Es una Venezuela dividida, donde Chávez nutrió y avivó la confrontación, la división de todo tipo, el conflicto social. Un país que él militarizó y en donde le dio un espacio enorme en la vida civil a los militares.

DG: Generalmente, cuando ponemos en pantalla una serie de estas se olvida que este tipo de productos son el 10% del total de producciones que hacemos. También hablamos de un modelo de país distinto en series como La selección, la de las hermanas calle o la de la ronca de oro, esos personajes que exaltan ciertos valores positivos.

Pero la televisión también tiene que hablar de lo que no debería ser la sociedad, de cuando la sociedad se ha equivocado, del país que hemos tenido que vivir y que no deberíamos vivir. No creo que esconder esas realidades haga ningún bien. Ahora, el problema es de qué manera lo presenta usted y qué tratamiento le da, y nosotros en ese sentido hemos sido absolutamente cuidadosos con nuestros últimos contenidos.

(Solo para Naím). En su estreno, El Comandante tuvo un recibimiento pobre en Colombia. ¿Tiene alguna intuición de por qué pudo haber sido así? ¿Lee algo ahí de la relación política entre Venezuela y Colombia?
MN: No, yo no sé. El Comandante fue mostrado en una hora en la que estaba programado el final de una de las telenovelas que más éxito ha tenido. No es de sorprender que la gente que ha estado viendo una novela durante mucho tiempo quiera ver cómo termina. Pero esto está comenzando, estamos hablando de una serie larga. Colombia no es el único lugar donde se está mostrando. Y creo que es muy temprano [para hacer una lectura política]. Claro que hay gente que la está haciendo. Hay gente que tiene opiniones definitivas, irreversibles, sesudas, complejas, y la verdad es que ni siquiera han visto la serie. Esto está comenzando.

(Solo para Dago) ¿Qué piensa de que el personaje de Chávez y el de Popeye estén protagonizando y de alguna manera enfrentándose en los canales nacionales?
DG: Yo creo que generalmente cuando se hace una serie, sea de ficción o no, siempre se busca un personaje que genere algún tipo de polémica, que genere algún conflicto. Con los personajes que no tienen un carácter conflictivo en su interior, poco se puede hacer. Ahora, esto de que queden enfrentados las dos series es resultado del azar. No es que hayamos pensado: vamos a sacar Alias JJ cuando RCN saque El Comandante, o que RCN haya pensado lo mismo. No es parte de un plan premeditado de enfrentar esto contra esto.