Foto: Mateo Rueda | VICE Colombia

El BD Bacatá: grande hacia el cielo, mediocre hacia la calle

REVISTA VICE | Nuestro columnista les pasa la bola de demolición a las ambiciones del nuevo rascacielos bogotano.

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nov. 7 2017, 12:00am

Foto: Mateo Rueda | VICE Colombia

Este contenido forma parte de la edición de octubre de VICE Colombia, EL NÚMERO DE LOS QUE SOBRAN, y apareció bajo el título original 'Ciudad (im)posible: El rascacielos como ícono'. Vea aquí en el transcurso de los próximos días todo el contenido de la revista.

Aún produce un sobresalto ver el perfil escalonado de la torre BD Bacatá a contraluz sobre el cielo bogotano, asomándose por encima de las casas decrépitas de la Séptima o, para quien observa desde el Parque de los Periodistas, detrás del edificio del Icfes como un contrincante raro.

La enorme torre, o más exactamente, las dos torres que componen el proyecto, aún intimidan en la avenida 19 con carrera 5. Pronto los bogotanos, que parecen poder acostumbrarse a todo, se habrán acostumbrado también al nuevo vecino. El rascacielos gris de vidrio y concreto de la oficina española Alonso, Balaguer y Arquitectos Asociados será —cuando por fin sea inaugurado tras varios cambios en la fecha de apertura, que hasta ahora es incierta— un elemento constitutivo más del centro de Bogotá, tanto material como simbólico.

Las nuevas torres alojan un hotel, cientos de apartamentos, oficinas, un centro comercial y parqueaderos privados y públicos. Sus gestores, BD Promotores Colombia (la sigla omnipresente significa "Bogotá Downtown"), se han alabado a sí mismos por un par de cosas.


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Por una parte, y con razón, a causa del volumen del edificio: el rascacielos principal, de sesenta y seis pisos y 216 metros de altura —veinte metros más que la Torre Colpatria— es ahora el edificio más alto de Colombia. Por otra parte, con la modestia que suelen tener los autores de rascacielos, los impulsores —así como cualquier cantidad de medios periodísticos deslumbrados— llaman a la obra "el nuevo ícono de la renovación del centro de Bogotá". Este ícono, aseguran, "le devuelve la vida" a aquella zona.

La pregunta es: ¿qué significa esto?

En lo que al tamaño concierne, invocar la altura de los rascacielos para subrayar, o al menos insinuar, su mérito arquitectónico, siempre me ha hecho pensar en adolescentes alardeando del tamaño de sus respectivos pipís (casi siempre sin verificación empírica alguna), a fin de probar su mayor funcionalidad amatoria. No digo que la enormidad sea irrelevante a la hora de juzgar cuán técnicamente innovador o arquitectónicamente relevante es un edificio. En la esencia misma de los rascacielos está el ansia de ser despampanantes. Y también el BD Bacatá lo es, sobre todo visto desde la lejanía. El problema es que, justo por ello, es poderoso el impulso a decidir sobre la importancia de un rascacielos atendiendo únicamente al entusiasmo que causa sobre el ojo.

En lo que al tamaño concierne, invocar la altura de los rascacielos para subrayar su mérito arquitectónico hace pensar en adolescentes alardeando del tamaño de sus pipís

Y pues no. El rascacielos no puede ser juzgado solo mirando hacia arriba, sino ante todo —como cualquier otro edificio que pretenda ser bello, eficiente y un "ícono" de cualquier cosa— hacia abajo: hacia la calle, hacia lo que sucede en el andén, hacia el modo como la torre quiere, o no quiere, o no logra, integrarse con la ciudad. Como escribía hace poco Blair Kamin, del Chicago Tribune: "Más grande sólo es mejor si se dirige al suelo tanto como al cielo".

¿Qué encuentra quien camina por el centro y llega al sitio donde se eleva el BD Bacatá? Un muro. Que sea de vidrio no lo convierte en otra cosa distinta a un muro. Los ventanales exponen a las tiendas de ropa y comida y tecnología que ocupan los primeros pisos del edificio. En algún punto, el muro es interrumpido por un corredor de techo asombrosamente bajo, sobre el que cuelgan las palabras "Bacatá – Gastro – Shopping – Market". Quien cruce ese túnel llegará, a fin de cuentas, a una plazoleta insípida de centro comercial. Por lo demás, todavía en el andén, si uno no mira hacia arriba no se entera de que está frente a un edificio supuestamente extraordinario. Produce un escalofrío singular estar en esa esquina y comprobar con cuánto talento el BD Bacatá logra combinar la pretensión de grandeza hacia el cielo con la mediocridad (y desdén) de su arquitectura frente a la calle.

Foto: Mateo Rueda | VICE Colombia

Ahora, se podría preguntar: ¿cada edificio nuevo que se construye en la ciudad tiene que incidir sobre la calle? Esta pregunta habría que examinarla con cuidado en una columna aparte. Por el momento, digo: no necesariamente. Pero a un megaproyecto como BD Bacatá, que se enmarca en un plan de renovación urbana, que reclama para sí "devolverle la vida" al centro, que pretende dar la pauta de cómo se podría desarrollar el centro de Bogotá, sí se le debería poder exigir ser algo más que una ostentosa torre aislada y aislante: que reconozca lo que pasa en el espacio público y no lo fracture, que se esfuerce por ser creativo (¿acaso no fue diseñado por arquitectos excelsos?) y al menos intente integrar en su estructura aquello que dice querer transformar: la vida urbana.

Pero el balance es tan deprimente que uno empieza a sentir que otros edificios cercanos al BD Bacatá, como el Hotel Dann y el centro comercial Vía Libre —todo menos ejemplos de gloria arquitectónica— están más comprometidos con el flujo de la ciudad que la mole estilizada que ahora los mira desde arriba.


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No es sólo haragán sino además falso creer que los edificios altos, por surgir casi siempre de iniciativas privadas, no pueden sino ignorar por completo la calle. Ahí están el Seagram Building de Mies van der Rohe y la Lever House de Bunshaft y de Blois en Nueva York. Y para no ir más lejos y guardando las proporciones, ahí está el Edificio Seguros Tequendama, frente al Planetario de Bogotá, que funciona hacia arriba y hacia abajo. Un vistazo al primer piso —una pareja se protege de la lluvia apoyada sobre un muro bajo, un oficinista fuma en las escaleras de la entrada, el andén respira— deja muy claro lo que podría hacer, y no hace, el BD Bacatá.

Nos aseguran que el nuevo proyecto es "el primero de muchos por venir". De eso no cabe la menor duda. El centro de Bogotá estará hecho de rascacielos. Será una fortuna si esas torres del futuro son capaces de mirar no solo hacia las nube.


Este es un espacio de opinión. No compromete la visión de Vice Media Inc.

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