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Cultura

Comí y bebí cobra en el pueblo de serpientes de Vietnam

Entre las múltiples cosas terribles que un humano puede hacer para matar el tiempo en Vietnam, está matar serpientes y emborracharte con shots de su sangre.
14 Marzo 2013, 4:00pm

¿Alguna vez has bebido cerveza caliente con sabor a sopa, rodeado de niños gritando y viejos acabados, sólo para preguntarse si la experiencia sería mejor si incluyera un poco de crueldad animal? Entonces ve a Vietnam donde, entre las múltiples cosas terribles que un humano puede hacer para matar el tiempo, está matar serpientes y emborracharte con shots de su sangre.

Mi primera experiencia de cocina serpentina ocurrió tras conocer a un grupo de viajeros australianos en una sala de bingo en el Old Quarter de Hanoi. Después del obligado “¿De dónde eres? ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? Es el viaje, no el destino, bla, bla, bla”, nos contaron sobre Le Mat, una antigua parte de Hanoi conocida como Pueblo de Serpientes. Sorprendentemente, la zona recibe su nombre por estar repleta de serpientes.

Let Mat es un atractivo turístico donde se te invita a matar serpientes, antes de sentarte a disfrutar de una cena de ocho entradas, hechas completamente con los restos de tu serpiente. Los australianos gritaban uno sobre el otro mientras describían la experiencia de comer carne de serpiente fresca, “le daría a Gordon Ramsay un orgasmo", que es una de las oraciones más perturbadoras que jamás haya escuchado.

Mi trabajo no es juzgar a la gente, así que es algo que hago para matar el tiempo en Vietnam, y estos salvajes de las antípodas no fueron la excepción. Pero después de unos minutos de juzgarlos en silencio, mi cinta negra en hipocresía entró en acción y me sugirió que quizá sería una experiencia interesante; no todos los días tienes la oportunidad de asesinar brutalmente a una serpiente y comerte sus entrañas crudas. Al poco tiempo, Danny y yo estábamos discutiendo la mejor manera de tragarnos las entrañas. Fue uno de esos argumentos en los que nadie gana, y los dos perdemos, pero Danny terminó por hacerlo un poco mejor.

Una calurosa mañana de sábado, yo y un par de amigos nos subimos a un mototaxi, y atravesamos el puente Long Bien a toda velocidad rumbo a Le Mat. Los letreros colocados por el consejo de turismo local explicaban que las serpientes habían sido criadas en ese lugar durante 900 años. Todo empezó cuando una princesa del Rey Ly Tong fue rescatada de una serpiente marina gigante por un trabajador local, quien después pidió al rey que le otorgara esa tierra como recompensa, lo que dio pie al nacimiento de la leyenda y una fuente casi infinita de recursos que explotar.

La zona no era tan mística como esperaba; sólo un grupo de ancianas frente a unos calderos con carne y algunas tiendas de pócimas en las que se vendía viagra de serpiente y curas para la calvicie. Escogimos el restaurante con las jaulas que nos parecieron más seguras y un niño de 12 años con un número preocupante de marcas en las piernas nos llevó a nuestra mesa. El interior era una especia de nido sexual diseñado por Jim Carrey si estuviera obsesionado con las serpientes: murales en las paredes de diosas, dragones y serpientes cubiertas de pintura dorada y madreperla.

Uno de los empleados nos llevó hasta una de las jaulas en la esquina; básicamente un nido de serpientes encabronadas encerradas en una jaula de alambre barato. Pero en vista de que las serpientes no estaban suficientemente encabronadas, el güey empezó a golpear el borde de la jaula con un palo antes de sacar a una de las cobras más emputadas y ponerla en el piso entre nosotros.

Me senté y vi cómo el hombre aplastaba la cabeza de la serpiente contra el piso y la abría a la mitad, dejando que la sangre se escurriera dentro del shot de arroz casero que tenía frente a mí. Después sacó el corazón, lo echó en mi shot y drenó la vesícula de la serpiente sobre otro shot de alcohol, para producir un líquido verde esmeralda que me recordaría lo despreciable y vil que era por estar haciendo esto.

Me llevé el shot a la boca y sentí cómo el corazón latía todavía frente a mi cara antes de darle fondo (la idea de masticar el corazón me pareció inaceptable). Asumí que ya tenía un pie adentro así que lo mejor sería seguir directo con el jugo de bilis.

No recuerdo muy bien el sabor de ninguno de los dos shots, en parte porque había chupado bastante para poder llegar hasta donde estaba y tener el coraje para tragarme el corazón de una serpiente, y en parte porque el alcohol de arroz es tan fuerte que anula el sabor de casi cualquier cosa con la que entra en contacto, lo cual fue un alivio.

Poco tiempo después de los dos menjurjes, recordé algo que había leído en línea sobre Le Mat. Como era de esperarse, los activistas (quienes aseguran que las serpientes utilizadas son ejemplares salvajes y no animales de granja) se oponen a todo este teatro mortal del Pueblo de Serpientes. Scott Roberton, un representante de la Sociedad para la Conservación de la Fauna Silvestre, dijo algo como: “Los turistas se auto-engañan y quieren creer que están probando una delicadeza local, cuando lo único que hacen es tratar de satisfacer su propio brío”.

En ese momento entendí de lo que Scott estaba hablando.

Otra cosa es que la serpiente no es realmente una delicadeza local, sino más bien una manera de estafar a turistas borrachos y expatriados. Claro, existen reseñas de varios restaurantes de Le Mat en línea, pero todas están en inglés, y si eres el tipo de persona que hace un investigación minuciosa del mejor lugar para matar a una serpiente, probablemente no estás en busca de la experiencia culinaria.

Dejando mi culpa de lado, me senté para disfrutar de una comida de ocho tiempos, hechos con la criatura que acabábamos de ver destripada. Entre los platos había sopa, rollitos primavera, filete y costillitas, y debo admitir que estuvieron bastante ricos. Lo mejor fue el filete (marinado en su propio enojo), con una sabor intenso que no me esperaba después de haberla visto intentar arrancarme los tobillos.

Comiditos y aceitados, pagamos la cuenta y nos preparamos para partir, pero no sin antes escuchar al mesero decir que el corazón de serpiente era “bueno para el gran Willy”, con un guiño que me perseguirá hasta el día que me muera. Si me llevé algo de este viaje, fue que la serpiente es mucho más sabrosa de lo que uno se imagina, y que es mucho más fácil tragarte algo que acabas de ver extraído de una criatura con vida de lo que piensas.

Sigue a Jak en Twitter: @JakPhillips

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