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The Creators Project

Hablamos con el diseñador de la producción de 'El Gran Hotel Budapest'

Adam Stockhausen nos guía a través del antiguo mundo imaginario de Wes Anderson.

por Becky Chung
11 Febrero 2015, 4:40pm

Imágenes cortesía de Fox.

El hotel rosado que Wes Anderson nos presentó en El Gran Hotel Budapest no existe en el mundo real. Es una combinación entre las bodegas de las tiendas Görlitzer Warenhaus, un exquisita maqueta de 35 por 17 centímetros y varias pinturas elaboradas a mano que conforman el paisaje. Cada detalle en el meticuloso universo creado por Anderson, desde los ponqués de varios pisos de la ficticia pastelería Mendl's hasta los tapetes que se extienden por el lobby del hotel, pasaron por la mirada detallista del diseñador de producción Adam Stockhausen antes de ser llevados a la pantalla. Junto con las otras ocho nominaciones que recibió la película, Stockhausen fue nominado a los Premios de la Academia por mejor diseño de producción. Se trata de su segunda nominación, tras la recibida por su trabajo en 12 Años de Esclavitud.

Un diagrama del exterior del hotel.

"Todo comienza con mucha investigación. Elaboramos toda una paleta de información" Le dijo Stockhausen a VICE. Para él y su equipo la investigación comenzó con viajes a República Checa y Alemania oriental para buscar en los Alpes el lugar correcto para recrear el pueblo ficticio de la República de Zubrowka , o al menos algunos detalles que pudieran tomar y recombinar a partir de locaciones reales. Por ejemplo, cuando Stockhausen entró a las bodegas de los almacenes Görlitzer Warenhaus, quedó impresionado por lo bien conservadas que estaban. El conmovedor y romántico estilo Art Noveau que dominaba la arquitectura del lugar era el telón perfecto para la historia.

Un diagrama del ascensor.

Al comienzo del proceso Stockhausen también visitó la Biblioteca del Congreso de EE.UU. para ojear su

colección de postales antiguas colorizadas, poniendo especial atención a las grandes residencias y hoteles ubicados al pie de las montañas. Al reunirlas, explicó Stockhausen, daban la impresión de ser una "bitácora de un viaje por Europa". A diferencia de las imágenes de monumentos como el Big Ben y la Torre Eiffel Stockhausen notó que estas postales ofrecían una visión más amplia de Europa, pues mostraban muchos lugares ocultos que no muchos conocen, "fue como hacer un zoom out" dijo. El sentido estético y los colores pasteles que Stockhausen tomó de estas imágenes fueron muy importantes para el estilo de ElGran Hotel Budapest.

Una postal que inspiró la estética de 'El Gran Hotel Budapest'.

Una de las escenas favoritas de Stockhausen fue grabada en una estación de trenes. En ella, la locomotora se detiene y Edward Norton se acerca a la cámara y se inclina para tratar de identificar el aroma del protagonista, M. Gustave (Ralph Fiennes). El equipo había investigado el aspecto de varios tipos de estaciones de trenes pero no pudieron encontrar ninguna que encajara. En lugar de construir todo un set, decidieron darle la vuelta a la escena de manera que los espectadores pudieran ver la estación desde el interior del tren "de esta manera solo se necesita un toma muy corta para dar la sensación de estar en el tren mientras este llega a la estación", explicó Stockhausen. La producción usó una toma desde un dolly sobre un fondo pintado y decorado para simular el desplazamiento del tren sobre los rieles.

Para Stockhausen el diseño de producción es, en esencia, resolver problemas. Constantemente su equipo y él están pensando en formas creativas para hacer realidad la visión artística de Wes Anderson. Mientras buscaba locaciones, por ejemplo, Stockhausen y su equipo encontraron en Alemania varias villas llenas de animales disecados. "Era una imagen muy poderosa, sabíamos que debíamos incorporar esto a la película y la lectura del testamento era el lugar perfecto para hacerlo". Además el equipo admiraba mucho las pinturas de Klimt, especialmente las de abedules. El resultado fue una escenografía híbrida que combinaba bosques de abedules y criaturas disecadas.

Para la pastelería Mendl's, la locación tuvo que ser dividida en dos partes. La fachada, que debía ser "tan bella como los pasteles", fue tomada de una tienda de quesos en Dresden. Mientras que la sucia y deprimente cocina trasera tenía que ser filmada en otro lugar. "Fue divertido porque puedes ver todo este glaseado rosa, verde y amarillo en un lugar que esta cubierto de suciedad".

Para Stockhausen crear espacios y ambientes para hacer que las historias crezcan es tan emocionante como aterrador. Afortunadamente, tanto él como Anderson han afinado un método para mecanizar las escenas en las que intervienen cientos de piezas movimiento, primero resuelven lo general y luego se ocupan de las particularidades una por una. "La manera en la que percibes una historia se ve muy influenciada por el escenario en el que es contada", dijo Stockhausen. "El cine es tan visual que esos detalles tienen un gran impacto. Puedo decir con certeza que es emocionante ser parte de narrar esas historias".

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