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¿Vale la pena declarar la guerra por un meme?

Opinión // La guerra entre Carolina Sanín y Chompos se produjo, en buena parte, porque aquí todo el mundo empezó a lanzar acusaciones cuando sería mejor hacerse preguntas.


Lo que terminó enfrentando a los profesores de la universidad más cara del país con sus estudiantes no fue una rebelión de los alumnos inspirada en The Wall de Pink Floyd. Las cosas tampoco se dieron como en la segunda universidad más cara: donde hace cinco años Camilo Jiménez renunció a su puesto como docente de la Facultad de Comunicación de la Javeriana por, dijo él, la incapacidad (y desinterés) de los estudiantes para escribir bien un párrafo.

No fue el caso. Porque estamos en 2016, profesores y estudiantes terminaron enfrentados por culpa de un meme.

El meme ––que presentaba un macro compuesto por fotos de un tarro de Nutella, una tajada de pizza, una montaña de papas a la francesa y una foto de la profesora del departamento de Literatura de Los Andes, Carolina Sanín, bajo la leyenda "cosas que me quiero comer en 2016"–– fue publicado en "Chompos y cursos ásperos", un grupo privado de Facebook dedicado a publicar memes.

Al otro día se desató una guerrita virtual entre los 13 mil seguidores que Sanín tiene en Facebook y los 30 mil que tiene Chompos. La pelea se convirtió en una postal de odio en la que Sanín aparece con el ojo izquierdo ennegrecido, acompañado de la leyenda "When el heteropatriarcado opresor te pone en tu lugar". El sábado 29 de octubre, 154 de los profesores más destacados de la universidad (Ómar Rincón, de la maestría de Medios, Rodolfo Arango, de filosofía, Patricia Moncada, de derecho, por solo poner tres ejemplos) firmaron una carta manifestando su "rechazo a las agresiones recientes a las que se ha visto expuesta la profesora Carolina Sanín".

Al cuarto día tuvo lugar una discusión a la griega en una parte visible a las afueras de la universidad. Anoche salió en Noticias Caracol y hoy estuvo en boca de dos de los columnistas más leídos del país: el escritor Héctor Abad, a través de su cuenta en Twiter, le manifestó su solidaridad a Carolina Sanín, recordándole de paso que ella una vez le dijo que "su madre lo parió por el ano". Y Catalina Ruiz-Navarro, quien la defendió en su columna semanal de El Espectador.

¿Cómo logró un meme escalar hasta el escritorio del rector de la Universidad de los Andes? ¿Cómo logró movilizar a 150 profesores en contra de un grupo considerable de sus estudiantes? ¿Cómo es que dos columnistas influyentes ––y tan distintos–– hablan de lo mismo?

La respuesta no está en el meme original, por supuesto. Cosas que me quiero comer en (inserte el año o mes) es un meme tan viejo, que los miembros de Chompos, que no paran de hacer chistes, lo describirían como "del 91 o antes". Tampoco es de los más atrevidos que ha visto el grupo: a menudo los miembros de Chompos publican y likean memes que se burlan del abuso intrafamiliar y la muerte de Luís Andrés Colmenares. En un grupo de humor negro y políticamente incorrecto, este meme ––cosas que me quiero comer en 2016–– era apenas gris clarito. Seguramente por eso (y por no ser muy chistoso), pasó casi desapercibido cuando fue publicado por primera vez en el grupo.

Luego alguien, supongo, se lo mostró a Carolina Sanín.

Sanín reposteó el meme y acompañó la publicación con un mensaje en el que acusaba a los miembros de Chompos de "sexistas" y al meme de "ataque" y "afrenta".

Al hacerlo no solo desató una guerra virtual entre sus 13 mil seguidores y los 30 mil miembros que Cursos y Chompos Asperos tiene hoy en Facebook (hace una semana tenía cinco mil menos), también se desdobló.

Se desdobló cómo los iluminados cuando su alma les abandona el cuerpo o como las personas normales cuando las convierten en memes.

Antes de reaccionar ante un meme marginal sacado de las tripas de un grupo de Facebook, solo existía Carolina Sanín, la escritora, columnista de Arcadia, respetada profesora de literatura, feminista, que había cultivado 13.000 seguidores a punta de su carrera y de escribir comentarios polémicos en Facebook. Hay consenso frente a eso último. Hay, incluso, columnas refiriéndose a la cuenta de Facebook de Sanín.

Ella se convirtió en un meme. Uno que se burla de algún tipo de "hipersensibilidad" feminista. Así la vieron a ella los de Chompos, como vieron también en Pablo Navas ya no solamente al rector de Los Andes, sino un meme acerca de la avaricia de la universidad; o como vieron también al exfutbolista Faryd Mondragón como un meme que se burla de las personas que hacen comentarios obvios.

Y todos los que compartimos nuestras fotos e ideas en redes sociales estamos admitiendo (casi siempre sin saberlo) la posibilidad de que nos arrastren hasta la guillotina para hacer de nuestra cabeza un meme. Todos, sí, pero mucho más aquellos que tienen y se esfuerzan por tener más de 10.000 seguidores en Facebook. Lo pienso yo, pero también lo ha dicho la Corte Constitucional: la intimidad cambia, se reduce, cuando uno se vuelve famoso.

Pero la inminente posibilidad de ser convertido en meme no es lo único que Sanín no entendía acerca de ser y estar en las redes sociales. Lo que Sanín desconoce es que ahí, debajo de sus narices, entre sus estudiantes, ha estado creciendo una manera distinta de usar y vivir las redes.

Cuando Sanín y sus 13 mil seguidores entraron a ver lo que Chompos hacía, chocaron de frente dos mundos virtuales: uno, el de los seguidores de Sanín, donde las redes son utilizadas para compartir e intercambiar selfies, status y likes con los amiguitos del mundo real, y otro, el de Chompos, donde perfectos desconocidos se reúnen en torno a intereses particulares, como hacer memes políticamente incorrectos –– retándose mutuamente, estableciéndose entre ellos una dinámica de quién es el más pasado solo por el hecho de ser el más pasado entre los pasados–– de la vida universitaria.

Hay matices. Los voy a enunciar todos.

Ni ella ni los 154 profesores que firmaron una carta para respaldarla comprenden que, en un contexto en el que el abrazo de lo políticamente correcto comienza a volverse asfixiante, quienes por convicción o por rebeldía se rehúsan a ser alineados, han encontrado en grupos como Chompos un santuario. Tampoco comprenden los profesores que Chompos no solo es un espacio para el trolleo políticamente incorrecto: es un lugar de debate, de creación (porque sí: los memes son una forma de creación) y un lugar donde los estudiantes, de esta y de muchas otras universidades, comparten sus sensaciones acerca del mundo que los rodea.

Mucho menos comprenden que, a diferencia de lo que pasa en las páginas de opinión de un diario, en el bajo Internet nada es lo que parece: todos los mensajes que se intercambian en este nivel están envueltos en varias capas de ironía. Quién sabe, de pronto al creador del meme original ni siquiera le parece atractiva Carolina; tal y como lo dijo una de las administradoras del grupo, muchos (y muchas) de los miembros de Chompos que han participado del trolleo a la profesora son, en el fondo, feministas como ella, pero no se resisten a la tentación de ironizar la personalidad virtual de Sanín.

Que los docentes de la Universidad de los Andes no comprendan el código ético y de comunicación de un grupo como Chompos es normal, no tiene nada de reprochable: al fin y al cabo grupos como Chompos nacen y se esfuerzan cada día para ser incomprensibles a los ojos de los outsiders. Pero ni siquiera los miembros de Chompos parecen comprender ––aún–– a qué pertenecen, ni cuáles son los alcances que tiene su vida paralela en redes sociales.

Luego de pasar por la guillotina virtual, Carolina Sanín ("el meme", no "la escritora") corrió el mismo destino de todos los memes: fue reinterpretada y sobre explotada hasta que dejó de ser chistoso y se convirtió en esto:

De nuevo Carolina Sanín (ahora sí la escritora) reposteo el meme. Ahora acompañado de las palabras "estoy asustada". Y luego vino la carta de los profesores y las columnas y los tweets de otros columnistas y la nota en Noticias Caracol y el respaldo de la universidad a la carta de los profesores. Y por más de que los miembros de Chompos insistan en que Sanín, los columnistas, sus profesores, y el rector de la universidad no tienen nada que temer porque sus memes, memes son y nada más, la experiencia dice algo distinto.

Ahí le hallo razón a Sanín en su miedo.

Hace un par de meses, los miembros de Chompos también convirtieron en meme a Sol Fonseca, una estudiante de primer semestre de Los Andes que, en los meses anteriores a su ingreso a la universidad, adelantó una campaña fraudulenta de crowdfunding. Luego de sobre explotar el meme durante semanas, alguno de los miembros del grupo publicó su horario en Facebook, varias personas siguieron a Sol hasta sus clases para recordarle en el mundo real que ella también era un meme en el mundo virtual. Otro de los miembros se comprometió a patearla a cambio de likes, amenaza que no se concretó. Pero que se dio.

"De haber sabido antes, habría eliminado esa publicaciones", afirmó en aquella ocasión Juan Esteban Quintero, estudiante de la Universidad, quien bajo ese nombre modera el grupo de Chompos desde un perfil falso. Meses después, en un foro al que fue invitado por la universidad, Quintero afirmó que este es uno de los riegos que está dispuesto a correr con tal de defender el derecho de sus compañeros a expresarse y satirizar personajes de la vida universitaria en el grupo.

Y en aquella ocasión, ningún profesor firmó una carta para rechazar los memes, ni el acoso real en contra de Sol.

Tras la polémica creada por los memes de Sanín, los miembros de Chompos volvieron a darse cita en el campus, esta vez no para acosar a una niña de 19 años, sino para debatir personalmente con una cantidad considerable de estudiantes que apoyan a Carolina Sanín. A pesar de las tensiones entre ambos grupos, el debate se dio sin que nadie resultara agredido. Lo únicos perjudicados fueron un par de estudiantes que asistieron al evento en defensa de Sanín y que, obviamente, terminaron convertidos en memes.

Sin embargo, y a pesar de haber demostrado que Chompos no es un grupo compuesto por cobardes que se ocultan tras el anonimato para trollear en redes, o que al menos no solo es eso, una amargura quedó flotando en el grupo tras el encuentro: "Nuestra falla, chompos, es creer que este grupo es igual de fuerte en internet como afuera ––publicó esa noche una mujer en el grupo–– no cometamos ese error de salir de nuevo a la vida real (...) esto no es una secta, es un lugar de esparcimiento y de burla colectiva".

Independientemente de si los miembros de Chompos deciden manifestarse, o no, en el mundo real, de si la universidad decide abrir procesos disciplinarios en contra de sus miembros, todo el rollo de Carolina Sanín ––hablo del meme y la profesora–– pone en evidencia un ruptura en la Universidad de los Andes.

Quedaron de un lado los profesores, que se han esforzado por promover desde las aulas y sus perfiles en redes sociales un sistema de valores que promueve el trato cuidadoso y respetuoso de los minorías (incluso en lo simbólico, incluso en los memes) por encima de todas las demás cosas. Y del otro lado, los miembros de Chompos, quienes han encontrado en las redes un espacio para desahogar, vía mensajes escritos con photoshop y cargados de ironía, todo aquello que va en contra del establecimiento universitario (incluyendo en este a los profesores).

Y la ruptura se produjo en buena parte porque aquí todo el mundo empezó a lanzar acusaciones cuando sería mejor hacerse preguntas. Hago las mías.

¿Cuántos de esos 154 profesores se tomaron el trabajo de navegar y entender lo que pasa en Chompos antes de firmar la carta?

¿En qué momento el esfuerzo de las directivas y los docentes de la universidad por promover los valores de lo políticamente correcto terminó por alienar a una parte considerable de sus estudiantes? ¿La alienó?

¿Hasta qué punto pueden estar seguros, quienes han salido en defensa de Chompos, que todos los 30.000 miembros del grupo están en la misma onda irónica y tienen bien clara la línea entre lo virtual y lo real? ¿Sabe su administrador el alcance que tiene decir que él asume el riesgo?

¿Cuál sería el mensaje si sancionan a los estudiantes? ¿Hay que sancionarlos? ¿Cómo?

¿Quiénes están autorizados para burlarse de otras personas? ¿Un profesor? ¿Alguien con cierto perfil público? ¿Nadie?

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A Sebastián lo encuentran acá. Pero, por favor, no le vayan a hacer un meme.