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Cultura

La piedra que revela tu lado oscuro sin piedad

Hay que sentir cuándo es el momento de trabajar con ella. Cuándo estamos listos para ver la sombra.

por Maria Alexandra Cabrera
02 Septiembre 2016, 2:00pm

Ilustraciones por Sara Pachón.


Hace cinco años conocí la obsidiana. Fue en México, en la ciudad maya de Chichén Itzá, donde compré la primera piedra. En toda la zona de Yucatán, la obsidiana, que es lava volcánica vitrificada, es casi tan común como los tacos. Es fácil verla en puestos improvisados en la calle o en tiendas de artesanías. Hay tortugas, leopardos, gatos, lanzas, esferas, pisapapeles, cráneos, péndulos, chamanes.

En ese momento, allá en México, yo no sabía nada de la piedra. Me empezaban a atraer los cristales y la obsidiana me parecía una adquisición importante. Sin embargo, cuando llegué a mi casa, la puse en un estante y me olvidé de ella. Al año, una compañera de una formación en tarot me habló de la terapia con obsidiana. Me dijo que había un huevo que se llamaba Osiris (el nombre está relacionado con el mito del dios egipcio, quien resucita después de muerto) y que para el tratamiento las mujeres se lo introducían en la vagina.

Ella es psicóloga y partera, y me contó que estaba utilizando el huevo para trabajar con sus pacientes mujeres. A muchas las ayudaba a quedar embarazadas y a otras a sanar temas relacionados con lo femenino y conectarse con la fuerza de la tierra. Según me dijo, el huevo debía permanecer varios días dentro de la vagina para poder sanar abusos sexuales, menstruaciones dolorosas, fortalecer la pelvis, explotar la energía creativa, respetar el ritmo de los ciclos femeninos y vivir nuevas experiencias sexuales.

Aclaró que en cada mujer la piedra podía actuar de maneras diferentes, dependiendo de su historia de vida y el trabajo previo que haya hecho con sus emociones y creencias. Aunque el propósito con el que se usa a Osiris es importante, la piedra tiene su propia inteligencia, sabe cómo actuar de acuerdo a lo que cada uno necesita. Me dijo que acababan de llegar unos huevos de México y que si quería podía conseguirme uno.

Como soy curiosa, le dije que me interesaba. Los beneficios parecían ser una razón suficiente para empezar una relación íntima con Osiris. Además, quería aprender a ser más respetuosa con mis ciclos y me motivaba dejar fluir mi creatividad. Me explicó que debía empezar el tratamiento después de mi siguiente menstruación, exactamente el día séptimo del ciclo. El huevo negro de obsidiana —liso, frío, del tamaño de un huevo de gallina, pero tan duro y sólido como un vidrio grueso— debía limpiarse con agua y sal marina. Luego debía introducirse en la vagina por la noche, tratando de que la punta, la parte más delgada, quedara hacia abajo. Por la mañana podía sacarlo empujando los músculos de la pelvis o usando los dedos si era necesario, lavarlo con agua fría y volverlo a meter.

Me aclaró que a algunas mujeres, aunque usen los dedos para extraerlo, el huevo no les sale los primeros días porque la piedra necesita permanecer en la vagina y hacer su trabajo. La idea consiste en tenerlo adentro seis días seguidos, descansar uno y volverlo a introducir otros seis. El procedimiento se repite hasta que llega el periodo, momento en el que está prohíbo tener contacto con Osiris, ya que se debe respetar el ciclo menstrual y permitir que la sangre fluya libremente. Tampoco pueden usarlo las mujeres embarazadas, con hipertensión o que tengan puesta la T.

Me entregó el huevo en una bolsita roja, acompañado de una estampita del arcángel Miguel. El día séptimo me acosté en la cama. Recuerdo que las manos me sudaban, tenía pavor de que por la mañana el huevo no saliera o de que, por el contrario, se resbalara por las piernas en el momento menos oportuno. Pero nada de eso pasó. Tener a Osiris resultó más placentero de lo que imaginaba. Se convirtió en mi pequeño secreto negro.

Pasaron los primeros seis días de tratamiento y aún no sentía que explotara mi creatividad, ni que estuviera más dinámica o conectada con la tierra. El huevo también prometía una experiencia sexual diferente y maravillosa. Y en parte lo fue. Fue diferente, por supuesto, pero no más maravillosa que muchas de las relaciones que he tenido sin Osiris. Los siguientes días sentí que el huevo era parte de mí, no era extraño tenerlo adentro, su presencia parecía cada día más sutil. Sin embargo, aún no experimentaba con fuerza lo que mi compañera me había dicho.

El problema comenzó hacia el día 18 del ciclo. Empecé a sentir una angustia profunda. No tenía cómo explicarla, pero ahí estaba, oprimiéndome el pecho. La mañana del día 20 no pude sacar el huevo con la fuerza de los músculos, por primera vez tuve que hacerlo con los dedos. Empecé a sentir una picazón extraña. Nunca me había pasado. El día 21 era insoportable. Tenía una infección. La primera de mi vida. Los pocos que sabían de la existencia de Osiris lo culparon de inmediato.

Fui donde el ginecólogo. Cuando le conté del huevo se quedó un rato en silencio, viéndome fijamente a los ojos. Luego soltó su sentencia: "En la vagina no se debe introducir nunca nada". Cinco días después estaba perfecta. La angustia también había cedido. Culpé a Osiris de todo. Lo metí en la bolsa roja con la estampita del arcángel Miguel, lo guardé en un cajón y me olvidé de él.

Pero la obsidiana no se había olvidado de mí. Cada persona que viajaba a México me traía una. En una ocasión me regalaron un hermoso chamán (un guardián) tallado en obsidiana con visos verdes que aún continúa en la entrada de mi apartamento. Luego me formé como terapeuta de cristales y entendí el cuidado que hay que tener con ella. La piedra trabaja la sombra, que se asocia con aspectos del ego y con episodios del pasado que no se han sanado. La obsidiana nos muestra creencias y actitudes que no queremos ver, y saca a la luz todo lo que está oculto, desde traumas infantiles hasta vidas pasadas. Nos muestra nuestros aspectos más oscuros para que podamos sanar. Hacerlo es liberador, pero también doloroso.

Para trabajar con ella hay que prepararse y tener acompañamiento psicológico. Yo no lo hice. Pagué por curiosa y por ignorante. Nunca supe que trabajar con la obsidiana era algo tan serio ni que debía hacerlo con la guía de un terapeuta certificado. Si lo hubiera hecho, tal vez habría tenido una experiencia diferente. Tal vez habría podido observar la angustia, saber para qué aparecía y qué me estaba diciendo de mí. Tal vez habría comprendió el para qué de la infección o tal vez ni la hubiera tenido. ¿Quién sabe? Siempre he creído que las cosas suceden por algo. En ese momento tenía que ser así y ya está.

El rayo de la iluminación

Hace poco la mexicana Ana Silvia Serrano, creadora de la terapia con obsidiana y fundadora de la Sociedad Internacional de Terapeutas de Obsidiana, acreditada por la Secretaría de Educación Pública del Gobierno de México y por la Asociación de Médicos y Sanadores de Barcelona, pasó por Bogotá para empezar la formación con la cuarta generación de terapeutas de obsidiana en Colombia. (En el país hay 40 terapeutas y en el mundo, más de 100 que han sido certificados después de dos años de estudio). Entre la formación y los pacientes que atiende cuando viene a Colombia, sacó una hora de su tiempo para explicarme la responsabilidad que implica trabajar con esta piedra.

Ana Silvia nació en Ciudad de México. Estudió Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Iberoamericana, y luego realizó una maestría en psicobioenergética y estudio de los sueños. Hace 30 años, mientras estudiaba las propiedades y efectos de varios cristales en la sanación, se encontró la obsidiana, que es de color negro pero que a veces se consigue con visos azules, plata, dorados, verdes o con llamativas manchas blancas.

No había casi nada escrito ni tampoco quedaban testimonios orales sobre esta, entonces empezó a investigar. Descubrió que para los mayas la obsidiana estaba asociada a los dioses, ayudaba a la sanación y elevaba la conciencia. El polvo de la piedra se usaba como antibiótico y antibacterial. Cuando llegaron los españoles, para cortar con la adoración a la piedra, dijeron que venía del diablo. Su conocimiento lo resguardaron algunos chamanes que lograron mantener la tradición en el tiempo.

Ana Silvia creó la terapia con obsidiana hace 25 años, después de que le cayera un rayo encima. Según cuenta, gracias a ese suceso empezó a llegarle más información sobre la piedra. También recibió, a través de varias canalizaciones, la metodología para empezar a implementar un sistema de sanción con la obsidiana.

La terapia se realiza con 23 geometrías o formas distintas de obsidiana negra, ya que es la que permite ir más lejos en la psique humana, que se van usando en el cuerpo del paciente de acuerdo a la evolución del proceso terapéutico. Cada geometría representa una parte de la psique, está asociada a un mito y a un arquetipo, y apunta a elevar la conciencia. Según Ana Silvia, cada una debe estar acompañada de una imagen del arcángel Miguel, ya que es un protector y ayuda a cortar con todos los aspectos oscuros que saca la piedra.

De esas 23 geometrías, tres están hechas para introducirse en el cuerpo: Omi, una ombliguera que se mete en el ombligo para equilibrar a la persona desde el centro y limpiar la energía negativa que está bloqueada; Osiris, el huevo que se introduce en la vagina y se emplea para devolver el poder a la mujer, sanar temas relacionados con lo femenino, la pareja, la maternidad y la sexualidad, así como quistes, miomas y endometriosis, y Set, un pequeño falo que se introduce en el ano y se utiliza para maltratos familiares, abusos y violaciones (sólo puede usarse después de trabajar con Osiris).

Ana Silvia descubrió que la obsidiana es todo un universo. Un vidrio volcánico con rayos infrarrojos y ultravioletas capaces de conectar con otras dimensiones y frecuencias. Es una piedra psíquica. Ayuda a proyectar y a liberar lo que está escondido, por eso trabajar con ella sin acompañamiento puede ser muy peligroso. "En cada persona la obsidiana tiene un efecto diferente, ya que limpia el cuerpo físico, el energético, el emocional, el mental y el espiritual. Cuando la gente es responsable con la terapia y compra las geometrías que están autorizadas y no las imitaciones que hay en el mercado, le va muy bien", me dijo.

Según Ana Silvia, si no se acude a un proceso terapéutico es posible usar la obsidiana como talismán de protección, acompañada de la imagen de Miguel y limpiándola constantemente con agua y sal marina, ya que absorbe mucha energía. Ana Silvia no la recomienda para meditar, aunque otras corrientes de terapias con cristales sí lo hacen, ya que conduce a estados muy profundos de conciencia. Como herramienta es muy poderosa. Hay que sentir cuándo es el momento de trabajar con ella. Cuándo estamos listos para ver la sombra.