Así se destapó el escándalo de los cirujanos que se especializaron con cursos exprés

Cómo una cirugía mal hecha le puso la soga al cuello al Ministerio de Educación y a 44 médicos colombianos.

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ago. 1 2016, 12:00pm

Fotos cortesía de El Espectador.


—La primera cirugía con la que tuve la complicación fue una mamoplastia de reducción. Me la apliqué en 2014, y a los pocos días, el pezón se empezó a poner negro. Medio me presionaba el pezón y se desprendía de la piel del seno— dice Lorena Beltrán, la periodista que, casi dos años después de sufrir los resultados de haber pasado por el quirófano de Francisco Sales Puccini, decidió echarse al hombro la pelea para que el país discuta con seriedad las leyes que cobijan a los cirujanos plásticos.

Después de dar vueltas buscando arreglar el mal procedimiento de Sales Puccini, Lorena dio con un médico que, además de advertirle que la cirugía había quedado mal hecha, le cuestionó haberse operado con un ginecobstetra.

—¿Cómo así? Si el médico que me operó se presentó como ginecobstetra y cirujano plástico. Me dijo que tenía las dos especializaciones— se preguntó. Ese día se dio cuenta de que algo estaba podrido.

Lorena buscó a Johana Fuentes, periodista de Noticias Uno, y le presentó su denuncia: la sospecha de que el médico que la había operado no tenía título de cirujano.

Johana, sin aclarar que trabajaba para un medio, pidió una cita al consultorio de Sales Puccini. Se puso una cámara oculta y les tomó fotos a los títulos que tenía el médico en su consultorio. Uno de ellos lo certificaba como cirujano en la Universidad Veiga de Almeida, en Brasil. La periodista llamó a esa universidad y le dijeron que hacía tiempo no dictaban ese curso y que no tenían una facultad de medicina.

Noticias Uno presentó el caso ante el Ministerio de Educación y pidió todos los documentos de los médicos que habían pasado por Veiga de Almeida y luego habían solicitado convalidar sus estudios como cirujanos plásticos en Colombia. Cuando revisaron esos papeles, que incluían detalladamente las fechas del proceso, se dieron cuenta de que el Ministerio de Educación había tramitado las convalidaciones de muchos de ellos en menos de un mes, cuando, según dijo después la ministra Gina Parody, debían durar cerca a ocho meses.

Tras un par de meses de investigación, el 15 de mayo de este año, salió al aire el primer informe en Noticias Uno. Allí revelaban, además de la inconsistencia en las fechas y los testimonios de víctimas de malas cirugías de Sales Puccini, que la Sociedad Colombiana de Cirujanos Plásticos se había pronunciado desde años atrás contra las convalidaciones de ese tipo de cursos, que también ofrecían universidades en Argentina y Perú.

Dos días antes, el 13 de mayo, el Ministerio de Educación había emitido un comunicado para informar que suspendería las convalidaciones mientras una comisión viajaba a Brasil a investigar la situación con esos títulos.

Mientras tanto, el país se empieza a preguntar por qué 44 médicos que asistieron a cursos en esa universidad brasileña se convierten en cirujanos en Colombia. La investigación dirige su cauce hacia Luciano Chaves, presidente de la Sociedad Brasileña de Cirugía Plástica. Chaves se convierte en una referencia obligada porque aclara un dato clave: que, en su país, certificados como los de la Universidad Veiga de Almeida, llamados lato sensu, no sirven para validar que alguien sea cirujano plástico. Además, denuncia que la comisión del Ministerio colombiano no se reunió con ellos, sino únicamente con quienes otorgaron los títulos.


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Un lato sensu es una actualización de conocimientos, no una especialización. En Brasil y en Colombia existen verdaderos posgrados en esa materia. Acá, como explicaron la Universidad de Antioquia y la Nacional en cartas enviadas al Ministerio de Educación, ser cirujano plástico toma más de cuatro años, es presencial y requiere dedicación exclusiva. Los lato sensu, explicaron en Brasil, dictan apenas entre 600 y 1.500 horas, cuando los posgrados colombianos requieren cerca de 15.000.

Entre finales de mayo y principios de junio, llegaron a Noticias Uno y a El Espectador decenas de denuncias de pacientes que habían sufrido complicaciones similares a las de Lorena Beltrán con médicos que acreditaban especializaciones como las de Sales Puccini. Senos desviados, pezones negros, abdómenes sin forma, prótesis puestas al revés, cicatrices anchas.

El Ministerio de Educación, sin embargo, regresó de su visita a Brasil con una posición que contrastaba con el escándalo: los títulos son legales en Brasil y las convalidaciones lo son en Colombia. Si había pacientes con complicaciones, agregaron, se debía a errores humanos e individuales por parte de los médicos. No aceptaron haber cometido un error ni mostraron disposición de revocar los títulos que habían convalidado. La ministra Parody, en una rueda de prensa, sugirió en voz baja a los periodistas que buscaran el foco del problema en otro lado.

El argumento del Ministerio para insistir en que las convalidaciones tenían sentido era la carga horaria. En una rueda de prensa, hace tres semanas, un funcionario dijo que los médicos en cuestión habían atendido a 6.256 horas durante tres o cuatro años. Ese dato dio pie a que salieran a la luz varias inconsistencias.

Por un lado, en varias entrevistas a medios, los médicos con títulos lato sensu habían dicho que nunca pasaron en Brasil más de cuatro o cinco días por viaje. Es decir que si cursaron todas las horas que dijo el funcionario, tendrían que haber viajado más de 250 veces. Por otro lado, antes de que se destapara el escándalo y el Ministerio se pusiera reacio, la periodista Johana Fuentes, de Noticias Uno, había recibido los expedientes que todos esos médicos habían presentado al Ministerio de Educación. Allí decía que solo habían cursado 2.616 horas.

El Ministerio les respondió que no estaban viendo todas las horas. Fuentes, que ha revisado juiciosamente esos documentos, dice que "lo que pasa es que les están valiendo horas de su pregrado en medicina general como horas de práctica para el posgrado". De hecho, Noticias Uno reveló en mayo una carta que Sales Puccini envío a la Universidad Nacional, diciendo que él había operado cientos de horas y pidiéndoles que le homologaran el título como especialista.

A mitad de junio, cada vez cogía más fuerza la discusión técnica entre el Ministerio, los cirujanos y los medios, pero el escándalo no había terminado de reventar en la sociedad. El 15 de junio por fin llegó ese empujón. María Paulina Baena, quien en los últimos meses había cogido gran reconocimiento por presentar La Pulla de El Espectador, decidió junto a sus colegas dedicarle un episodio al tema de las cirugías. El video fue visto más de 107 mil veces.

Al mismo tiempo, Lorena Beltrán se convertía en una líder de opinión en redes sociales para hablar del tema. El hashtag #CirugíaSeguraYa se volvió reconocido para casi cualquier persona que revisara prensa.

En la sección de Salud de El Espectador seguían también las pistas del caso, pero María Paulina quería hacer algo distinto. Algo que pusiera a las víctimas en el foco de la discusión. Junto a Pablo Correa, editor de esa sección, decidieron buscar víctimas de esos cirujanos para hacer un reportaje gráfico. María Paulina buscó primero a Lorena y le preguntó qué opinaba. Lorena recuerda que no fue fácil, que así todos la hayan visto en la mayoría de medios del país denunciando y hablando con detalles de sus senos y mostrando fotos no quiere decir que le cueste. Pero alguien tenía que hacerlo. Quizás ese fue también el hilo argumentativo de las demás mujeres que, en las semanas siguientes, le dieron el sí a María Paulina.


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Algunas de las víctimas como Lorena decidieron desnudarse, mientras que otras prefirieron posar con una foto de la parte de sus cuerpos que quedó deformada. El especial gráfico, compuesto por fotos en blanco y negro tomadas por Cristian Garavito en varias ciudades del país, fue portada del periódico a principios de julio y la rompió todavía más que La Pulla. Solo en la versión digital fue compartido casi 65 mil veces.

Aunque todo el tornado mediático que se armó alrededor de los cirujanos puso el tema en la mira y alertó a quienes quieran operarse en el futuro, no ha servido todavía para que el Ministerio de Educación reconozca que cometió un error. Ni las autoridades brasileñas ni las universidades locales ni la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica ni la presión de los periodistas con documentos en mano ha logrado que la ministra Parody deje de decir lo que ya se sabe (que los títulos son legales) y pase a decir lo que se espera (que no equivalen a una especialización y metieron las patas y van a tomar medidas).

El único indicio actual de que las cosas podrían cambiar es que los ministerios de Salud y Educación dijeron que van a poner manos a la obra para revivir y pasar el proyecto de ley que quiere regular la cirugía plástica en el país y que, por lobby en contra, se hundió en el Congreso hace apenas dos meses. Por ahora sigue siendo legal que un médico que aprovechó un vacío legal y cursó seis veces menos horas de las que exige una especialización sea en Colombia un especialista.

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Juan José recibe denuncias de esta problemática por acá.

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