Zemmoa somos todas

Ella apuesta por una transgresión no que es agresión, sino reacción a la censura: al aparato mental de una sociedad casta y sumamente católica. “Puro desamor” es un verdadero soundtrack de sobrevivencia gracias a su nivel argumentativo: al dolor que...

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ene. 30 2013, 4:00pm


Mi novio (derecha) y yo como norteños fuimos calzando botines. Pero ni así llegamos a la altura de Zemmoa, la hija de Afrodita, como dice su canción “Zeuz”. 

Lo digo en femenino porque hay que ponerse a la altura de las diosas y mirarse de frente con ellas en La Era de Acuario. Recientemente mi novio y yo viajamos a la ciudad de México para asistir al concierto-lanzamiento del disco de Zemmoa, Puro desamor Vol. 1, en el Cine Tonalá. Tanto para mi novio como para mí, ir al encuentro de Zemmoa no era sólo un viaje de fans de provincia, sino el encontronazo con un espejo. Monterrey y la mayoría del norte mexicano, a pesar de lo que se diga de su industria y progreso, está dividido en pueblos que aún se espantan por ver a dos hombres tomados de la mano por amor. El progreso es un círculo de comercio que no entiende de emociones… excepto cuando los norteños nos convertimos en una franja fronteriza adonde los gringos dolidos vienen a gastarse sus dólares en diversión y putería que toman como paño de lágrimas. Hay que producir, no seducir de gratis, dicen las voces.


El concepto de la gira de Zemmoa lo toma de la cultura griega: una contemporánea hija de Afrodita.


(Tomada del Instagram de Zemmoa). Mi novio y yo le regalamos este billete de dos dólares para que continúe con su colección de dibujos millonarios.

Hace noventa años Alfonso Reyes detestaba de la mariconería que, según él, “aquejaba a los poetas de la ciudad de México”. Se refería al grupo de Los Contemporáneos, sobre todo a la jotería de Salvador Novo, el Wilde mexicano que vivió su infancia en Torreón, que es donde he visto más gays, lesbianas y trans ligando en parques, cantinas y baños. Pero sobre todo: hombres tapados que hacen una doble vida por miedo a la ejecución (así, como las balaceras del narco) familiar. Para muchos de los gays norteños (y seguro de toda Latinoamérica) todavía la familia es nuestra escena de fuego cruzado. Unos se quedan parados en la inevitable matanza y otros salimos corriendo, lastimados pero airosos. El segundo caso es el de Zemmoa. A pesar de que es una habitante del mundo y modelo para Calvin Klein, escribe sus canciones, colabora con productores musicales de alto rango, ha dirigido videos y cortometrajes, y hace arte sobre billetes, también ha relatado en entrevistas su doloroso proceso para liberarse de las ataduras familiares y de la autoflagelación cuando en el amor no ha sido correspondida. Caos sobre caos. Por eso el título de su primer álbum.


Azotada pero con unos aretes de Madonna.

Zemmoa apuesta por una transgresión no que es agresión, sino reacción a la censura: al aparato mental de una sociedad casta y sumamente católica. Cualquiera que proviene de familia católica puede hablar con los pelos en la mano del gastado sistema eclesiástico. Sus canciones hablan de temas universales como el desamor y las drogas que dudo puedan ser aplicados sólo a los gays. Me moriría de miedo pensar que sólo los gays creemos que nuestros sentimientos son la cosa más emocionante del mundo y por la cual deberíamos luchar. Por eso Zemmoa está no sólo a la altura de cantantes transgénero como la española La Prohibida, sino como un verdadero soundtrack de sobrevivencia gracias a su nivel argumentativo: al dolor que canta y la forma en que puede burlarse de sí misma. Con un alto contenido de ironía, sarcasmo y humor ácido en sus letras, Zemmoa opta por ritmos bailables y cachondos logrando un gran combo. El avance de su gira de presentaciones en vivo fue una bomba: un espectáculo para verse en vivo.


En la mera bailada.

Lo que mi novio y yo sentimos por vernos en el espejo de Zemmoa se une a lo que decía de la censura y la homofobia del norte: un lugar común que ha conocido casi cualquier persona que teme y padece no ser aceptada. Iluso que soy, no quería aceptar que en la ciudad de México hubiera familias aún que rechazaran a sus hijos por ser homosexuales, pero las estadísticas de suicidios y las de falta de cariño hablan por sí solas: también ocurre en la capital mexicana. Jean Genet, el ladrón, homosexual y escritor francés, decía que “la patria sólo puede ser ideal para aquellos que no la tienen, como los fedayines palestinos (...) y el día que la tengan (...) habrán conquistado el derecho de arrojarla a la taza del retrete y tirar, como yo, de la cadena”. Esa patria del respeto a lo diferente es el símbolo de la liberación. Por eso, una como gay puede decirme en femenino entre las amigas, por burla y porque sabemos con orgullo que todo es cultural y que podemos ser transgresores con el lenguaje: más allá que una agresión, una liberación, y seguir bailando prendidísimas en unos tacones mentales. Aunque la predicción del disco de Zemmoa es sobre el desamor, creo que su mensaje es puro amor para la Era de Acuario. Las historias del arte de Zemmoa son un espejo donde nos miramos todas.

Más información: Zemmoaonline.

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