Reseñas de Videojuegos

Una inmersión profunda en los dos juegos que más nos atraparon este año.

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01 julio 2014, 8:18pm

THE LEGEND OF ZELDA: A LINK BETWEEN WORLDS
Productora: Nintendo
Plataforma: Nintendo 3DS

Siempre he dicho que A Link to The Past fue uno de los mejores juegos de la serie The Legend of Zelda. Cuando recientemente me terminé Ocarina of Time 3D, mi opinión no había cambiado. Y ahora que jugué y concluí A Link Between Worlds, la decimoséptima encarnación de la serie, me encuentro algo ambivalente sobre dónde colocar a esta nueva historia en mi glorioso escalafón mental de cosas que la rompen.

A Link Between Worlds es un gran juego, digno de ocupar un puesto alto en mi listado mental. Es bastante obvio considerando que logra la mítica dupla de apelar a la nostalgia, mientras presenta algo completamente nuevo, como que Link tenga la posibilidad, gracias al 2D, de pasar a una versión plana de sí mismo, volviendo cualquier pared o grieta un potencial camino nuevo para la saga.

El juego existe en el universo creado por el original A Link To The Past y asume la misma estructura. La historia varía ligeramente, pero resulta fácil descubrir cómo el proyecto de este juego, originalmente, tenía como propósito hacer una versión 3D de su antecesor A Link to The Past. En algún momento, sin embargo, alguien se embaló y dijo: "qué putas, ya hagamos un juego nuevo" (o su equivalente en japonés).

El juego no presenta grandes cambios a nivel de formato, universo, personajes o mecánicas de juego. Pero entrega todo lo que uno ha llegado a amar de un buen juego de Zelda: algo de innovación y mucha nostalgia.

JUAN SUDARSKY

DEPRESSION QUEST
Productores: Zoe Quinn, Patrick Lindsey e Issac Shankler
Plataforma: www.depressionquest.com

¿Cuál es un buen argumento para matarse? No lo tengo, pero mientras jugaba Depression Quest, no lo necesitaba. Esa es la condena: no pasa algo particular. Son un montón de cosas diminutas que están mal y que van formando una torre de ladrillos sobre el pecho hasta que se hace imposible respirar. Es también un odio irracional —y aún así perfectamente justificado en mi mente— hacia todo lo que soy y represento. Es la incapacidad de socializar, de compartir ese mundo que los demás parecen recorrer con tanta facilidad. Es sentirse inferior y dudar de cualquier gesto amable. Es —en un buen día— vivir en piloto automático o —en uno de los peores— no poder levantarse de la cama. De eso trata Depression Quest.

Depression Quest (algo así como La aventura de la depresión) es un juego gratuito a base de texto, unas pocas imágenes y sonido. El juego propone una experiencia. Sus creadores quieren que los enfermos de depresión vean que no están solos, y que quienes no la sufren puedan entenderla mejor. Antes de empezar advierten que es mejor ir con cuidado. No es en vano: la primera vez que lo jugué, tuve que detenerme. Me sentí identificado con un par de descripciones y con la sensación de ahogo que genera su puesta en escena.

Hay que jugarlo, así sea por la curiosidad de entender cómo es la vida cuando uno sufre la pesadilla de que el cerebro se convierta en el más grande enemigo personal.

JUAN CARLOS RINCÓN ESCALANTE

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