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Todo lo que nos quedó claro después de leer la sentencia del caso Sergio Urrego

La Corte Constitucional sentenció, sobre el caso de Sergio Urrego, que el colegio, finalmente, sí lo discriminó. Varios de sus derechos fueron violados. Acá lo más relevante del fallo.

por VICE Staff
22 Agosto 2015, 1:15am

Con el fallo que fue proferido hoy, la Corte Constitucional no solo le dio una cachetada en la cara al procurador Alejandro Ordóñez, quien le había pedido mantener en los manuales de convivencia la prohibición de muestras excesivas de afecto entre estudiantes, sino que reivindicó los derechos y la memoria de Sergio Urrego, ese niño que hace un año alegó ser discriminado por parte de las autoridades del Gimnasio Castillo Campestre (por expresar su sexualidad de forma libre) y que luego se tiró desde la terraza del centro comercial Titán Plaza en Bogotá para quitarse la vida.

Son 88 páginas de chorro jurídico en las que cupo de todo: desde conceptos de distintas entidades, cada una pronunciándose a su manera sobre el caso, hasta defensas despreciables, levantadas a la brava por el colegio, como aquella que dio el abogado Víctor Manuel Zuluaga, que habla de un "joven espiritualmente atormentado por el desencanto de un mundo falso y sin valores", lo que sea que eso signifique.

Páginas y páginas después, sin embargo, la Corte fue bien clarita (y amplia) al definir lo que debía hacerse de hoy en adelante: un acto de desagravio en las instalaciones del colegio, junto a los grupos a los que Sergio perteneció, sus amigos y familiares, con grado póstumo incluido, y la instalación de una placa que diga lo siguiente: "Una educación ética es el único mecanismo para obtener la perfección, destino último de los ciudadanos. La misma sólo es posible si enseñamos en la diferencia, la pluralidad y el imperativo absoluto de respetar a los demás. En memoria de Sergio David Urrego, 1997-2014". Dicho mejor: el colegio la cagó al discriminar (y violarle de paso el debido proceso) a Sergio Urrego y tendrá que hacer todo lo necesario para, al menos, rescatar su memoria y su buen nombre.

Más: el Ministerio de Educación tendrá un año para revisar a fondo los manuales de convivencia (acá nosotros hacemos nuestro humilde aporte, señora Ministra) de todos los colegios del país, verificando que sean respetuosos de la orientación sexual e identidad de género de los estudiantes, así como vigilar si en esas instituciones están constituidos los comités escolares de convivencia.

Un poco más: todas las partes del proceso deberán guardarse cualquier palabra ofensiva a Sergio, sus familiares y amigos (lo que dijo el abogado del colegio puede servir incluso como modelo de lo que no debe hacerse). La sentencia, asimismo, deberá darse a conocer en juzgados grandes y chicos, para que la tengan como norte cuando traten casos de acoso escolar.

La Corte, en fin, se dio garra. En esa sentencia entendió perfectamente cómo se manifiestan los derechos de intimidad, igualdad, no discriminación, libre desarrollo de la personalidad, derecho a la educación, prevalencia de los derechos de los niños y debido proceso. Lástima que esto lo tengamos que celebrar al año del suicidio de Sergio Urrego. Una lástima, también, que llegue como respuesta a eso.

Lo cierto es que en esas 88 páginas quedan regadas muchas cosas que también deberíamos rescatar. Acá unas cuantas:

I

No importa que Sergio Urrego estuviera muerto. Los derechos al buen nombre y a la honra pueden ser defendidos por los familiares de una persona fallecida.

II

Respetar la identidad de género y la orientación sexual es una de las cosas más importantes a la hora de proteger los derechos de la igualdad, la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad. Más (sí, más) cuando estamos hablando de un colegio: allá debe educarse para incluir, no para discriminar.

III

No lo podemos decir más claro que la sentencia: una sanción a un estudiante solo es razonable si persigue un fin constitucionalmente legítimo. Más fácil: ningún castigo puede estar por encima de los derechos de una persona, menos cuando quiere negar la expresión individual de ella. Esa intromisión es inaceptable.

IV

Es normal (sí, así como suena) que haya actos sexuales entre jóvenes. ¿No? ¿Qué esperaban, entonces? ¿Que pelados en su furor hormonal no se expresaran?

V

El proceso de enseñanza se rige, entre otras cosas, por el respeto a la diferencia. De eso se trata, de que la educación sea algo más que entrenar a una legión de autómatas que no piensen por sí mismos.

VI

La relación entre la discriminación y el suicidio aún no se ha establecido. Para eso hace falta la resolución de otros procesos.

VII

Lo de la foto encontrada en un teléfono de la amiga fue una violación al derecho a la intimidad. Y era una prueba muy pequeña dentro de ese proceso "condenatorio" y no "conciliatorio" que inició el colegio contra Sergio. Desde el principio fue calificado como una falta grave.

VIII

No hubo ninguna alerta de detección temprana en este caso. Eso debe reforzarse de aquí en adelante en el sistema general de inspección.

IX

El colegio usó una estrategia desastrosa como defensa frente a los cuestionamientos de la comunidad: fue peyorativa con el estilo de vida de Sergio, recogiendo, asimismo, toda la información que encontró en las redes sociales sobre su sexualidad, pareceres ideológicos y decisiones políticas.

X

Hay un déficit de atención en el sistema educativo colombiano con las víctimas de acoso sexual. El caso, la vida de Sergio, son la prueba de fuego de eso.

"Una educación ética es el único mecanismo para obtener la perfección, destino último de los ciudadanos. La misma sólo es posible si enseñamos en la diferencia, la pluralidad y el imperativo absoluto de respetar a los demás. En memoria de Sergio David Urrego, 1997-2014".

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