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Entrevistas

De la nada al culto: Una charla con Hora Local

Hablamos con esta banda bogotana que el sábado estará presentándose en vivo.

por Juan Pablo Conto
05 Mayo 2017, 1:19am

Influenciados por el punk, la música de sintetizadores y el espíritu contracultural de la 'Movida Madrileña' de la España postfranquista, un grupo de jóvenes bogotanos del norte de Bogotá que a finales de los ochenta se la craneó para armar su propia y pequeñísima escena underground. Hora Local: una banda que se despegó de la onda empalagosa de Compañía Ilimitada -la banda más famosa del momento- y el new wave de Pasaporte y que a punta de letras satíricas, burlándose de sí mismos y con una mezcla entre músicos profesionales y aficionados, se lanzaron a tocar por bares de La Candelaria, dejándole una marca a los que les pararon oreja en ese tiempo.

Entre ligeros cambios de formación, conciertos para el olvido, luchas de egos y presentaciones en universidades de la capital, la banda estuvo activa entre 1986 hasta 1991, año en el que se publicó su primer LP Orden Público cuandoya se había disuelto con la salida de Luis Uriza, uno de sus miembros fundadores. En ese fugaz paso por la escena capitalina, Hora Local dejó ese disco y un disco sencillo de 45 revoluciones que incluía los temas "El rock no te necesita" y "Matanza en un bar". De ahí en adelante fueron quedando un poco en el olvido hasta que en el 2007 sus dos trabajos fueron reeditados y de repente, convirtieron el estatus de banda de culto con la que son vistos hoy en día.

Hablamos con Eduardo Arias, integrante de la banda, sobre la escenas de esos años, su legado y de la propuesta estética de la banda.

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Mientras los ojos estaban puestos en Compañía Limitada, se habla de Hora Local como cabeza de una incipiente escena underground, ¿Qué la caracterizaba?

Bueno, no sé qué tan "cabeza" fuera. Hora Local era (y sigue siendo) una banda de amigos, con muy pocas o ninguna pretenciòn de triunfar. Sus integrantes siempre tuvieron otros oficios paralelos, asì que nunca fuimos integrantes de un grupo de tiempo completo. En ese sentido, éramos un grupo de aficionados a la música con bastante capacidad para tocar y componer.

¿Era un underground del norte de la ciudad?

Sí, en particular de los bares Metro y Nix. Luego, a mediados de 1989, migramos a La Candelaria a bares como Barbarie y La Casona, hasta que los vecinos obligaron a su cierre y poco después el grupo se disolvió. En estos últimos años hemos sido de diversas localidades: Chapinero, Teusaquillo y Suba.

Las bandas de rock se tomaban muy enserio, pero en Hora Local uno escucha mucho humor, ¿qué los llevó a tomar esta línea?

Básicamente, porque los letristas, más que todo Luis Alberto Uriza y en menor grado Pedro Roda y yo, teníamos el humor a flor de piel. Pero también porque las referencias de Hora Local (al menos en cuanto a letras) eran Siniestro Total, Os Resentidos y otras agrupaciones del rock español, que le dio mucho espacio al humor en tiempos de la Movida (primera mitad de los años 80).

Hay también una autocrítica, ¿cómo se veían a ustedes como banda de música? Teniendo en cuenta además que continuamente hacían referencia a sus limitaciones técnicas.

Al comienzo, sí. Digamos en 1986 no teníamos equipos. La batería era una caja de cartón en forma de cubo, que en cada cara tenía impreso el tablero de diversos juegos de mesa: backgammon, damas, damas chinas, no recuerdo si parqués… los músicos competíamos por sonar más que el otro. Pero a partir de 1987 comenzamos a comprar equipos, llegó Gonzalo de Sagarmínaga, un baterista de verdad, y Hora Local se convirtió en un grupo integrado por cuatro músicos de muy alto nivel (director de orquesta sinfónica, cantante de música antigua en Francia, compositores e intérpretes de música para cine y televisión) y dos no-músicos, que éramos Luis Alberto Uriza y yo.

¿Escuchaban ustedes Compañía Limitada?

Sí, era un grupo que sonaba mucho en la radio y su álbum contacto fue importante en 1988 y 1989. Además, Pyyo y Juancho son amigos de algunos de nosotros.

¿Qué recuerdan y cómo los influenció la llamada movida madrileña? ¿Qué otras influencias tuvieron?

Por un lado, los grupos que le cité, más The Clash, Sex Pistols y el New Wave en general. Pero nuestro sonido muy pronto dejó el punk (o pseudopunk) y cuando conseguimos amplificadores y buenas guitarras caímos en el embrujo de la trilogía The Edge/Robert Smith/Gustavo Cerati y empezamos a sonar más parecido a esos guitarristas con pedales chorus y flanger, tan característicos de los años 80. Un sonido que nos persigue hasta estos tiempos.

¿Por qué fue tan desastroso ese debut en aquella casa abandonada del Barrio Chicó?

Porque no teníamos equipo y Luis Alberto se sentó por primera vez frente a una batería. Nunca había tocado una. Ese día también tocó Sociedad Anónima y su líder Carlos Posada entendió que detrás de ese desastre había buenas ideas y, además de cedernos a Gonzalo de Sagarmínaga, nos dio una serie de consejos que fueron determinantes. Sin ese desastre y el apoyo de Carlos muy probablemente Hora Local hubiera desaparecido muy rápido.

Cuando estaban en la Candelaria la vida nocturna fue afectada por la violencia que vivía el país. Muchos jóvenes solo soñaban con irse, ¿qué motivaba a esta parte de esa generación que hizo de Barbarie o la Casona, epicentros de una movida, a insistir acá y mantener el fuego vivo?

Es compleja esa pregunta. Básicamente lo que pasó es que el rock en español acá había sido el invento de unos alcaldes, y de algunas emisoras y promotores. Cuando ellos se aburrieron quedó esa parte underground. De resistencia. Y sí, la vida nocturna se vio afectada y la gente se cerró. Mataban gente y era berraco, pero había un optimismo difícil de definir. Luego clausuraron bares como Barbarie o la Casona, porque imagínese ese mierdero que se armaba con tres bares en una cuadra de la Candelaria, y ese movimiento se fue a unos sitios más chiquitos. Pero quedó gente haciendo cosas sin los recursos. Nosotros dejamos de tocar en esa época. Tras pensarlo mucho, creo que había gente muy joven haciendo música que trajo esa explosión de bandas del año 94. Una primera generación de la que sentimos orgullo como colombianos, donde no se trataba de imitar lo de afuera. Desde lo más mainstream como Poligamia hasta bandas como las 1280 Almas o la Derecha. Quedó la resistencia que no dependía de ser teloneros o de la emisora. Rock al Parque disparó eso también. Y hasta la constitución del 91 por reconocernos como diversos. Y ahí quedó una semilla sembrada a punta de conciertos y de crear público con esta nueva generación.

¿Alguna anécdota que recuerdes especialmente de esos días?

No muchas, en realidad. Mis recuerdos de anécdotas suelen ser muy pocos. Tendría que echarle cabeza… Si se me ocurre alguna le escribo más tarde.

En las letras, y en el mismo tono de las canciones, hay una sensación post apocalíptica. Incluso hay referencias explícitas que describen y hablan de mucho caos, ¿qué los llevó a la búsqueda de esta estética? ¿Qué percibían a su alrededor?

Casi todas esas letras son de Luis Alberto Uriza. No sé por qué lo inspiraba tanto aquello. Cuando yo entré al grupo ya existían "Patiobonito" y "La chica de Chernobyl". "Orden Público" sí la aporté yo, y estaba influenciada por todo ese pasado y presente de revueltas estudiantiles, turbayismo, represión… En mi caso, siempre me había atraído la ciencia ficción, y como estudié biología tengo una formación científica, mi interés por los temas ambientales, que de alguna manera sale a relucir a veces, más mi actividad periodística… Pero esas letras apocalípticas de ciencia ficción o desastres nucleares no las escribí yo. No sabría responder esta pregunta. De pronto Luis Alberto.

¿Había un desencanto frente al presente?

No tanto. Era una época extraña. Era una mezcla de miedo, de terror, desencanto por los magnicidios (Bernardo Jaramillo, Pizarro, Pardo Leal, Galán) pero, no sé si sea por la edad que yo tenía (alrededor de 30 años e hijos muy pequeños) pero había también algo de optimismo. Al menos es la idea que hoy tengo de 1988. Pasaban muchas cosas con el rock bogotano que se veían entonces ficticias y artificiales -y mucho más hoy- pero pasaban-. Eso ha hecho que yo tenga un recuerdo de aquellos años como algo optimista.

¿Por qué crees que Hora Local quedó especialmente en la memoria musical bogotana? Aunque de por sí siente uno que muchas letras siguen vigentes.

Yo siento que ha sido un resurgimiento basado en una mirada que le dan en perspectiva. En 1990 nadie hablaba de nosotros en los términos en que lo hacen ahora. Que el grupo marcó un camino, que fue gran influencia… Sí, nos daban palmaditas en el hombro, que tan chistosos, que tan chévere, pero nadie nos veía más allá de ser un grupo que tocaba ante 50, máximo 100 personas en bares. Cuando lanzamos el LP el grupo ya no existía, y se volvió un objeto de culto con el paso de los años. La primera vez que yo oí citar a alguien a Hora Local como referencia fue a Héctor Buitrago, de Aterciopelados, en una entrevista radial cuando lanzaron Con el corazón en la mano, cuatro años después de que el grupo se hubiera disuelto.
A partir de 2007, con el lanzamiento del CD doble Soluciones para todo menos para los problemas (nuestras canciones de 1988 a 1990 y el tributo) comenzaron a aparecer reseñas y esas frases que nos convirtieron, guardando TODAS las proporciones, en algo así como los Velvet Underground del rock bogotano. El grupo que pocos oyeron pero que a esos pocos los influenció de manera determinante.
También nos ha ayudado Youtube. Los jóvenes tienen acceso a algunas de las canciones, a grabaciones en vivo de presentaciones como la de Rock al Parque en 2013. Muchas de nuestras letras siguen vigentes porque hablan de temas recurrentes pero no nombran personajes. Es decir, se adaptan la circunstancias recurrentes así los protagonistas de esos hechos hayan cambiado.

¿Qué bandas locales de hoy escuchas?

Yo soy muy mal melómano. En estos últimos 20 años me he dedicado a hacer música en mi sintetizador y computador. Por otro lado, el rock como tal me desbordó a mediados de los 90. Demasiados grupos, demasiada información. Descubrí la electrónica y estuve intentando oír ese tipo de cosas, y le dediqué y dedico mucho tiempo a la música colombiana contemporánea -como odian las palabras fusión y mezcla no sé cuál usar-. Me gustan mucho proyectos como Curupira, Sidestepper, Bomba Estéreo, el mismo Carlos Vives, La Mambanegra, los trabajos de varios grupos de música andina, Bahía, Herencia de Timbiquí, ChocQuibTown, y ahí también caben algunas bandas de pop y rock colombianas. Pero hace rato dejé de ser un "experto en rock". Con comillas porque nunca lo he sido. Y, como decía Borges, "a mi edad no se lee, se relee", y en cierto modo eso me pasa a mí. Vuelvo mucho a grupos de hace 30, 40, 50 años. Pero esto ya no es Hora Local…

¿A quién no necesita el rock hoy en día?

Yo creo que el rock necesita al público. ¿A quién no necesita? A los que lo ven como un negocio del que hay que aprovecharse, a los que le ponen límites y cortapisas… Yo pienso que la palabra rock es muy amplia y sus fronteras con otros géneros se borraron. De pronto el rock no necesita a quienes censuran a x o y banda diciendo "esto no es rock".

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Hora Local se estará presentando en Boogaloop este sábado 6 de mayo. Si quieren ir solo tienen que compartir este artículo en su muro, tomar un pantallazo y mandarlo al correo colombia@vice.com con el asunto "CONCURSO Concierto HORA LOCAL". Las primeras cuatro personas ganarán una boleta sencilla. El concurso va hasta el viernes a las 1 pm.

Mira los términos y condiciones aquí.

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