'No sé si ese señor sigue en la aplicación': siete testimonios de acoso sexual en Uber

"Con la mano derecha estaba manejando y la izquierda, que estaba debajo de la chaqueta, se movía de arriba a abajo"

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08 Marzo 2018, 11:41pm

Ilustraciones: Juan Ruiz

Uno se monta en un Uber pensando que está accediendo a una de las alternativas de transporte más seguras de la ciudad y que uno va más seguro ahí que en un taxi, pero esto imaginario de seguridad cada vez es menos cierto. Una oleada creciente de denuncias se ha manifestado en redes sociales durante los últimos meses. Y las denunciantes, por supuesto, son mujeres, que cada vez ponen más en entredicho nuestra seguridad al usar esta aplicación. Al ver esta tendencia en redes, sobre todo en Facebook y Twitter, nos dimos a la tarea de buscar historias de personas involucradas en situaciones de acoso sexual en este medio de transporte. Lo que ocurrió fue que por un lado, recibimos respuesta de varias mujeres y por otro lado, Uber nos contactó y nos envió un documento escrito por Marta Castro, Gerente de Comunicaciones para la región Andina, Centroamérica y Caribe de la empresa que explica los protocolos de seguridad, las garantías ofrecidas en tales casos y algunas estadísticas que tienen y pueden revelar acerca del tema.

El documento afirma que actualmente en Colombia, Uber es una alternativa de movilidad para más de dos millones de usuarios y que es una opción de autoempleo para más de 83.000 socios conductores. También enfatiza que su objetivo es continuar evolucionando las medidas de seguridad de la plataforma en pro de los usuarios y de los socios conductores, que son finalmente quienes prestan el servicio. Según Castro, la aplicación cuenta con una trazabilidad del 100% de los viajes para analizar caso a caso cualquier incidente presentado durante un viaje y darle atención prioritaria, también para colaborar con autoridades como la Fiscalía, la Policía y la SIJIN en caso de ser necesario, suministrando datos importantes en una investigación oficial. Por todo esto, el mismo documento afirma que “la probabilidad de que estos casos de acoso tengan lugar es del 0,0007%”

La aplicación asegura que para evitar incidentes, como los de acoso, cuenta, además de los Términos y Condiciones para uso de la aplicación, con unas “Guías Comunitarias que establecen los parámetros de la relación entre socios conductores y usuarios”, aparte de un equipo de agentes de su Centro de Excelencia, que investigan y dan un tratamiento a cualquier incidente reportado, dependiendo de su naturaleza. Según estos protocolos pueden ocurrir dos cosas: que se suspenda temporalmente a un socio conductor o a un usuario, o que ambos se desactiven definitivamente de la aplicación. A modo de garantía para las preocupadas por su seguridad, Uber asegura que para registrar a una persona en la plataforma, “es necesario que presente SOAT y licencia de conducción vigentes, así como la tarjeta de propiedad del vehículo”. La empresa luego, procede a validar que los documentos sean originales y no hayan sido alterados o duplicados. “Adicionalmente, Uber cuenta con un proveedor especializado que realiza la búsqueda de antecedentes penales”, afirma Castro en el mismo documento.

Asimismo, la organización advierte también sobre la importancia de denunciar estos casos: “es importante que la persona realice la respectiva denuncia ante las autoridades correspondientes para poder dar lugar al protocolo especial que realiza un bloqueo permanente del socio conductor implicado”.

A pesar de la negativa de Uber para poder compartir estadísticas sobre casos de acoso en su plataforma, alegando temas de investigación y respeto a la privacidad de usuarios y socios conductores, encontramos varios testimonios de mujeres que, además de darnos sus versiones, reflexionaron sobre esta problemática que nos está acosando en el transporte público, en el trabajo, en la universidad y ahora, en los Ubers que cogemos.

1. María Paula Aranda, 21 años. Estudiante de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana.

El evento sucedió el 26 de Agosto de 2017. Eran las 11 de la noche y tomé un servicio de Uber con el Sr. Oswaldo, quién me recogió en la casa de mi novio y me llevó a mi casa. El trayecto fue relativamente rápido y durante este no pasamos del saludo. Cuando llegamos a mi casa le pregunté cuánto le debía y él me respondió con un tono coqueto pero lo ignoré. Le pagué y me levanté de la silla para salir del carro. En ese momento, el señor me cogió la cola y parte de la vagina con su mano, debo aclarar que tenia un vestido corto, por lo que sentí el contacto entre su piel y mi piel. Inmediatamente me di la vuelta y lo vi sonreír. No pude responder nada, cerré la puerta pero la volví a abrir. Quería decirle algo pero no pude. Cerré la puerta y salí corriendo para mi casa.

Luego, hice saber el caso a través de la aplicación. También lo hice público en Facebook y recibí mensajes de conocidos del conductor y de él mismo diciendo que debí pensarlo antes de hacerlo público. A Uber le digo que se toman su trabajo muy a la ligera y no logran medir todas las posibles situaciones que se pueden generar dentro de un carro entre dos personas. Me preocupan los filtros tan mínimos que hace esta empresa para poder prestar un servicio.

2. Valentina Mora Rincón, 18 años. Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana.

Cogí un Uber en octubre del año pasado para ir al Teatro Colón a las 6:30 pm. Cuando cogimos la circunvalar, comencé la conservación comentandole al conductor que había visto cómo robaban a alguien ahí. El señor, que tenía unos cincuenta y cinco años, me respondió con un tono fuerte que él no se dejaría robar porque él sí era macho y que prefería matar a alguien o hacerse matar antes que dejarse robar.

Más adelante me confesó que, por seguridad, cargaba un machete. Me lo mostró en ese momento, con otras armas que no entendí muy bien. Me puse muy nerviosa y en ese instante le mandé mi ubicación en vivo a una amiga. El recorrido continuó mientras el conductor me contaba sobre la vez que dos jóvenes lo habían intentado robar, refiriéndose a ellas con adjetivos muy vulgares, asegurando que las mujeres usamos la belleza para hacer daño. De repente, me confesó que con ese machete le “rajó” la cara a una de las jóvenes porque no se iba a dejar robar. Luego de eso empezó a contarme que Uber ya lo habìa sacado de la aplicación tres veces, que esa empresa era una farsa, que él había pasado documentos falsos sin que pasara nada.

Luego el señor me contó de una pasajera joven muy “berraca” que lo había excitado y que iba vestida muy parecido a mí. Ahí me admitió que sentía una afición por las niñas que se vestían de Zara o ropa de ese estilo, agregando que tenía un fetiche por las mujeres que se vestían como yo. Llegamos al evento en el Teatro Colón, y gracias a Dios, el lugar estaba lleno de policías, eso me dio algo de seguridad.

Ese día la aplicación estaba configurada para que yo pagara en efectivo y, como siempre la tenía configurada para pagar con tarjeta, me bajé sin pagarle. Me bajé del carro atacada llorando y me encontré con un amigo. Ahí me llamó el señor, me dijo muchas groserías, me acusó de haberlo robado y me dijo que si no le pagaba me iba a buscar. Yo le respondí que se devolviera y le pagué su plata estando al lado de los policías. El tipo cogió su plata sin decirme ni una palabra.

Le escribí a Uber ahí mismo y su respuesta fue inmediata. Me dijeron que se iban a encargar de que esta persona no volviera a prestar más servicios en la plataforma y me devolvieron la plata que había costado la carrera. No sé si lo hayan sacado definitivamente de la aplicación, pero espero que así haya sido.


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3. Silvana Rozo, 21 años. Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana

Pedí un Uber Black para ir a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con Calle 85. Era una carrera corta, pero decidí tomar el servicio porque estaba anocheciendo y llevaba objetos de valor en mi maleta. Me subí a la parte de atrás del carro así que solo podía ver los ojos del conductor a través del retrovisor.

Él no tenía más de treinta y cinco años. Lo saludé cordialmente, me devolvió el saludo y luego tuvimos una conversación normal. Sin embargo, durante todo el trayecto sentí que el conductor me miraba más de lo normal, lo cual no me hacía sentir muy cómoda. A mitad de camino el conductor me dijo, con un tono bastante insinuante: “linda, qué lastima que tu carrera sea tan corta, me gustaría poder charlar más contigo”.

Evadí el comentario y a partir de eso simulé estar muy concentrada en el celular para evitar más conversaciones. Una vez llegamos a la estación de Transmilenio, me despedí del conductor y le agradecí cortantemente por el servicio. Su respuesta me dejó fría: “muñeca eres muy linda, pero lo que más me gustó de ti fue tu forma de hablar, tienes una voz muy sexual”. Creo que nunca me habían dicho algo así y sinceramente no me salió palabra de la boca. Me quedé atónita mirándolo creyendo que le había oído mal, a lo que él agregó: “qué rico sería oírte en la intimidad”. Me bajé del carro absolutamente asqueada por el comentario, ni siquiera le pude responder porque no podía creer que me estuviera diciendo algo tan irrespetuoso.

Sinceramente, olvidé poner la queja del servicio. no es que no me pareciera grave pero lo fuí a hacer y no tenía internet… después simplemente lo dejé pasar y ya.

4. Cristina Madriñán, 24 años. Publicista.

El domingo 11 de febrero de este año pedí un Uber a la madrugada para ir a mi casa. Al subirme, el señor empezó a hacerme muchas preguntas sobre mi vida personal, a las que yo respondí con un par de mentiras. Luego, de un momento a otro, el conductor empezó a cuestionar la manera en la que estaba vestida. Tenía una falda, cosa a la que no le veo ningún problema. Pero al parecer este señor sí, pues empezó a decirme que yo no debería estar andando así, que las faldas incitan a los hombres a hacer cosas malas, que si nos pasaba algo era nuestra culpa.

Luego de decirme eso, empezó a mirarme las piernas y me preguntó si tenía frío, pues vio que tenía la piel de gallina. De inmediato me puse el saco encima de las piernas para que no me mirara más, me sentía muy incómoda. Llamé a un amigo y empecé a hablarle como si fuera mi novio, una táctica que muchas hacemos; le dije que ya iba para su casa, que estuviera pendiente. La llamada funcionó, al menos por un rato, y el conductor no volvió a decirme nada. Sin embargo rompió el silencio al rato para decirme que no me iba a hacer nada, que él sabía que tenía novio y que si me hacía algo iba a resultar metido en problemas con él.

En ese momento me entró una angustia tenaz. Cuando por fin llegué a mi casa me bajé con mucha precaución, evitando mostrar mis piernas, pensando en lo mucho que me estaría mirando el conductor en ese momento. No me sentí segura hasta que entré al edificio. Estando dentro del carro, el señor me dijo que estuviera tranquila, que él ya sabía que me estaban esperando, luego prendió el carro y se fue.

Ese día puse la queja en la plataforma y me respondieron que iban a hacerle el debido proceso al conductor. No me dijeron nada más, y la comunicación con ellos fue de lo más impersonal del mundo. Luego denuncié el caso en Facebook y muchos me ayudaron a compartir la publicación, incluida la esposa de mi hermano, quien lo compartió en Twitter. Al día siguiente Uber la contactó a ella para pedirle mi celular. Me llamaron, les conté todo con detalles y cuando les pedí que me dieran las placas del conductor me respondieron que no podían por una política de privacidad de datos. Me pareció el colmo que uno tuviera que hacer un escándalo para que ellos reaccionaran y les dije que menos mal iba sobria esa madrugada, que no estaba de acuerdo con cómo estaban procediendo. A eso me respondieron que para darme la información podía hacer una denuncia en la Fiscalía o la Policía.

Lo único que hicieron fue devolverme el crédito de mi carrera y asegurarme que iban a estar más pendientes tanto de mi cuenta como la de la esposa de mi hermano. Pero ni ella ni yo volvimos a saber de ellos. A estas alturas no tengo idea de si ese señor sigue o no en Uber.


5. Tedi Quintero habla de Paulina, su hermana de 22 años. Estudiante de la Pontificia Universidad Javeriana.

Mi hermana pide un Uber X en la noche para regresar a su casa. El carro que la recoge es un Chevrolet Spark y el conductor es Manuel, quien inmediatamente empieza a hablar con ella. Le manifiesta que antes de Uber trabajaba en la Fiscalía, que recordaba cuando tuvo que levantar el cadáver de una joven asesinada por su padre y se refiere a ella como un “cacao de mujer”. Este comentario prende las alarmas de mi hermana, pues le parece inusual que un hombre se refiera así al cadáver de alguien.

El hombre continúa la conversación manifestando que le atraen las jóvenes, que disfruta sostener relaciones sexuales con mujeres mucho menores que él. Hace alusión a haber mantenido relaciones con una niña de diecisiete años mientras él tenía más de cuarenta años. Luego, empieza a narrar de forma desagradable detalles íntimos de lo que disfruta durante el acto sexual y sus eyaculaciones. El conductor no se detiene ahí, toca la pierna de la usuaria y le coge la mano bruscamente, mientras continúa narrando detalladamente sus visitas a los moteles con sus jóvenes compañeras sexuales, lo que disfruta hacerles y que le hagan ellas a él.

Pasan más de 20 minutos y, a pesar del poco tráfico en ese momento, la usuaria sigue atrapada en el vehículo, pues el conductor maneja a una velocidad mínima. A las 12:21 de la madrugada esta pesadilla de 28 minutos termina, pero antes de eso, el hombre le manifiesta a mi hermana que quiere volverla a ver. Le da su teléfono y le pide que lo llame para que concreten un encuentro. Ella, asustada, sale apresuradamente del vehículo y entra a su casa, angustiada y al mismo tiempo agradecida de que este pervertido no haya abusado de ella ni la haya violado.

Mi hermana no quería llevar ningún proceso a cabo porque le daba miedo encontrarse con el agresor. Sin embargo yo la convenzo de que lo hagamos. La denuncia la hicimos en la Unidad de Delitos Sexuales de la Fiscalía en Paloquemao y fue muy tortuoso, pues nos tocaba hablar en frente de muchas personas que cuestionaban todo lo que ella decía. Publiqué la denuncia en Facebook, el conductor se enteró y como respuesta publicó una foto en la que citaba a mi hermana a una audiencia de conciliación en la Fiscalía. Otra joven comentó en mi publicación que le había pasado lo mismo con ese conductor, pero cuando le pedí más información no me respondió nada. Luego otra chica me cuenta que a una amiga de ella le había pasado lo mismo con el tipo, pero en un taxi. Por otro lado, mucha gente allegada al conductor me empieza a insultar a través de redes sociales y a decirme que la denuncia es mentira.

La semana pasada volví a averiguar el caso y ni siquiera tiene un fiscal asignado. No ha pasado absolutamente nada. Uber no nos dio respuesta, nos dijeron que toda la información de la cuenta del señor es privada. Nosotros exigimos que tomaran acción y que no dejaran a esta persona trabajar nunca más en Uber. La respuesta fue que ellos no podían confirmarnos eso porque el estado de la cuenta era información privada del conductor. No tenemos certeza de que siga trabajando. El caso llegó hasta medios como Blu Radio, y a ellos sí les dicen que la cuenta del tipo fue deshabilitada, pero a nosotras nos dicen que no pueden confirmar eso. La única respuesta fue que iban a tomar las medidas necesarias.

Hoy tenemos dos procesos judiciales: el de mi hermana, y uno mío porque el señor me denunció por injuria.

6. Valeria Grajales, 23 años. Diseñadora.

Cogí un Uber en la Calle 13, abajo de la Boyacá. Saludé cordialmente al conductor: “buenas tardes, señor, ¿cómo está?”. “No tan bien como usted”, me respondió. Arrancamos y empezó a preguntarme muchas cosas personales: dónde vivo, a qué horas entro y salgo del trabajo, si tengo novio y si él me gusta mucho, si tengo hijos, si vivo sola, y cosas así. Yo no le respondí, y le dije que se callara por favor o sino iba a tener que quejarme de él con la plataforma, que esas cosas no eran de su interés y que estaba siendo invasivo y abusivo. Me bajé cinco cuadras antes de mi casa a pesar de que el conductor me insistía en llevarme hasta mi punto de llegada. Le respondí que no, que no quería estar más con él.

Luego de eso me quejé con Uber y me prometieron que iban a bloquear el conductor de la aplicación, que nunca más me iba a volver a salir en ningún viaje. De resto no hubo ningún tipo de compensación y tampoco sé qué seguimiento tuvo el proceso. No sé si les habrá pasado a otras chicas con el mismo conductor. No hubo nada más. Simplemente mandan el mismo pastoral de siempre cuando mandas una queja a Uber.

7. Marcela, 35 años. Empresaria

Cogí un Uber en el norte de Bogotá para ir a mi casa. En el trayecto, cerré los ojos unos minutos y cuando los abrí, el señor tenía una chaqueta que antes no tenía encima de sus piernas. Con la mano derecha estaba manejando y la izquierda, que estaba debajo de la chaqueta, se movía de arriba a abajo. Tardé unos segundos en comprender lo que estaba viendo: el conductor se estaba masturbando, estaba gimiendo. Me moví para que él se diera cuenta que estaba despierta. Entonces, paró el movimiento, pero no sacó la mano debajo de la chaqueta. Llamé a mi esposo para que el conductor supiera que alguien me estaba esperando.

Me quejé con Uber e inmediatamente bloquearon al conductor mientras investigaban el caso. Después del fin de semana hice una denuncia en Facebook de la situación, y el conductor me llamó al otro día. no le contesté. Lo que hace Uber en estos casos, o al menos lo que hizo en el mío, es que bloquea al conductor, pero no le dice por qué razón lo hace. Uber me llamó después de la llamada del conductor a decirme que no le responda llamadas ni mensajes. Ahí entiendo: el conductor ató los cabos entre su bloqueo y mi denuncia en Facebook, por eso me llamó.

Muchos conocidos de él empezaron a decir que mi denuncia era falsa, que el conductor solo estaba usando su celular debajo de la chaqueta porque tenía frío. Esa versión es ridícula: yo me di cuenta que estábamos cerca a mi casa porque pude ver el Waze en el celular de él, que estaba puesto en el panel del carro. Los comentarios se volvieron llamadas y amenazas de que me iban a demandar. Al ver que no respondía ningún mensaje y que colgaba esas llamadas, el señor me mandó un mensaje diciendo que iba a tomar las medidas necesarias porque yo lo estaba injuriando en Facebook.

Todos mis amigos empezaron a decirme que lo denunciara, pero me dio miedo hacerlo; solo tenía su nombre y las placas de su carro, nada más. Por el contrario el tipo sí llegó a mi casa escoltado con la policía, para darme una citación a Fiscalía por una demanda penal, pero antes nos llaman a conciliar. En la citación me tocó retractarme porque no tenía pruebas que demostraran lo que vi. Aparte de eso me tocó ir a Uber a darles la carta del Acta de conciliación y pagarle 420 mil pesos al conductor por los daños que le causé con mi “injuria”.

Paradójicamente, la que termina bloqueada de Uber soy yo. Me imagino que al ver el Acta de conciliación pensaron “esta vieja está loca, se inventó todo”. De esta experiencia saco varias lecciones: si tú no tienes pruebas, todo se resume a tu palabra contra la de él. En mi caso la fiscal decía que ambas versiones eran transparentes, y como vi que el tipo no quería bajarse de una demanda por un millón y medio de pesos decidí conciliar por 400.000. me sentí impotente, pero no quería verlo más.

De víctima pasé a ser victimaria por no tener pruebas. Por eso ya ni nombres doy. Ese señor sigue por ahí en las calles, trabajando con Uber. Supe eso porque cuando llevé el acta me enteré que un conocido lo ayudó dentro de la empresa para que lo desbloquearan. No siento que Uber sea el problema, te puede pasar donde sea, y si no tienes defensa jurídica no puedes hacer nada.

En conclusión perdí: me vulneraron y terminé pagando.