Furia travesti

¡Dejemos de registrar nuestro sexo en los documentos de identidad!

OPINIÓN | El sistema de registro tal y como está es imperfecto y genera exclusión para personas no binarias.

por Mati González Gil
25 Enero 2018, 10:27pm

Montaje: Mateo Rueda | VICE Colombia

En noviembre de 2017 la Corte Constitucional alemana expidió una innovadora y empática sentencia relacionada con el registro del sexo en los registros civiles de nacimiento.

La decisión del tribunal sugiere a los legisladores introducir una tercera opción, diferente a “masculino” y “femenino” para las personas que no se identifican con ninguna de las dos, o que también podrían renunciar por completo al registro obligatorio del componente sexo en los documentos de identidad. Tomaron la decisión después de que llegara a sus escritorios el caso de una persona intersex (cuando una persona nace con una anatomía que no se ajusta físicamente a los estándares culturalmente definidos de un cuerpo femenino o masculino) que no se identificaba ni como hombre ni como mujer.

A esta persona intersex la habían registrado con sexo “femenino” en su acta de nacimiento y, como no se identificaba como mujer, acudió a la oficina encargada de los registros para que le cambiaran el sexo “femenino” de sus documentos de identidad por una designación diferente, como sexo “inter” o “diverso”. La entidad se negó a hacer el cambio y entonces esta persona decidió demandarlos para que le arreglaran ese asuntico —no tan fácil de entender— en los estrados judiciales.

En Colombia, el decreto que permite la corrección del componente sexo en los registros civiles flexibilizó y facilitó que las personas trans pudieran cambiar su sexo registrado al nacer: de masculino a femenino y de femenino a masculino. Sin embargo, no contempló la posibilidad de que alguien que no se identificara con ninguno (o se identificara con una tercera categoría), accediera al trámite.

La decisión de Alemania es innovadora porque cuestiona la necesidad de estar dividiendo a la gente en función del sexo y porque nos obliga a preguntarnos cómo sería un mundo en donde, al menos legalmente, nadie tuviera el poder de decidir el sexo de nadie. O por lo menos imaginarnos un mundo con una tercera posibilidad: un mundo que no se divida entre dos opciones rígidas y estáticas. Asimismo, implica desestabilizar la idea de que la clasificación de las personas en la sociedad de acuerdo a su sexo sea un imperativo ineludible ¿No es medio arcaico eso de mirar los genitales y ponerle etiquetas a la gente cuando ni siquiera pueden hablar?

Claro, existen varios retos importantes: derechos y obligaciones vinculados al sexo de las personas, como el servicio militar obligatorio o la edad de las pensiones. También hay implicaciones en las políticas públicas: ¿si no sabemos cuántos hay, cómo vamos a hacer para atenderles? Pero el avistamiento de obstáculos no puede imposibilitar nuestra meta como sociedad ni como Estado para garantizar la justicia.

El sistema de registro tal y como está —incluso con un decreto que permite cambiar de masculino a femenino y viceversa de forma rápida y expedita— es imperfecto y genera exclusión para personas no binarias (que no se identifican ni como hombre ni como mujer).

Además, no cuestiona la necesidad misma de que nuestras sociedades impongan un valor tan exacerbado en la división de la gente de acuerdo al sexo ¿Existirá una solución que nos convenga a todos y que sea menos dañina para los derechos de las personas trans e intersex? Ese debería ser nuestro objetivo en común: una vida más justa y digna, no sólo para unos y otras, sino para todos, todas y todes.

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Esta es una columna de opinión y, por tanto, no coincide con la línea editorial de VICE Media Inc.