Las chicas que menstrúan a temprana edad muestran más síntomas de depresión

Los síntomas persisten hasta bien entrada la adultez.

por Nick Keppler; traducido por Elvira Rosales
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10 Enero 2018, 9:38pm

Las mujeres que comienzan a menstruar a temprana edad muestran más síntomas de depresión y una mayor tendencia a desplegar un comportamiento antisocial como robar, mentir e irrumpir en edificios que aquellas chicas que experimentan su primer periodo siendo mayores, según un nuevo estudio publicado en el diario Pediatrics.

“Existe una pequeña, pero importante y destacable, correlación”, dice Jane Mendle, investigadora del Departamento de Desarrollo Humano en la Cornell University y autora principal del estudio.

Mientras estudios pasados han correlacionado los problemas emocionales y conductuales con la menarquia (el primer periodo), este análisis utilizó datos del Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente, una base de datos étnica y sociológicamente diversa que encuestó a 7.800 mujeres desde 1994 hasta 2008 y que ha rastreado a algunas durante catorce años. El análisis descubrió que la correlación entre la menarquia temprana y los síntomas de depresión perduran hasta la adultez. "Puede ser que llegue una edad en que todo se equilibre, pero nuestro estudio sugiere que esto no ocurre necesariamente hasta los veintiocho años”, dice Medle. Los veintiocho años es la última edad que registró la encuesta a las participantes recurrentes.

La menstruación marca el inicio de la pubertad, dice Mendle, y la menstruación temprana comienza el desarrollo de características físicas adultas en mujeres más jóvenes. Ella piensa que el factor principal en la cantidad elevada de problemas de ánimo y comportamiento es la manera en que tratan a estas chicas, como si fueran más grandes de lo que son.


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“Cuando las niñas entran a la pubertad, comienzan a verse más grandes y a menudo el mundo responde a eso”, dice Medle. “Sus vidas cambian de maneras variadas, algunas grandes y otras pequeñas. Su desarrollo cognitivo, social y emocional no necesariamente corresponde a su apariencia física. Este desfase a veces puede dificultar la adaptación de los nuevos cambios y experiencias que acompañan esta transición”.

La edad promedio de la menarquia es doce, según el Estudio Nacional Longitudinal. A esa edad, 31,6 por ciento de las niñas encuestadas tuvieron su primer periodo. Los once (cuando el 19,2 por ciento de las niñas en el estudio menstruaron por primera vez) y los trece (el 24,4 por ciento) también fueron edades comunes para la menarquia.

El 10,3 por ciento de las niñas que experimentaron su primer periodo a los ocho y hasta los diez años tuvieron una mayor acumulación de síntomas depresivos. Las niñas que fueron las primeras en menstruar según el estudio, tuvieron mayores complicaciones. A través de la adolescencia (el estudio la enmarca entre las edades de siete a diecisiete años), la niña promedio que alcanzó la menarquia a los ocho años reveló veinticinco por ciento más síntomas de depresión cuando respondió la encuesta, que la norma. La niña promedio que menstruó a los diez, tuvo ocho por ciento más síntomas depresivos.

Las niñas en estas categorías mantuvieron una propensión a padecer síntomas de depresión en la adultez. Aquellas que comenzaron a menstruar a los ocho años siguieron mostrando una fuerte propensión; la mujer promedio de veintiocho años reportó veinte por ciento más síntomas que sus compañeras con menarquias más promedio. Las mujeres que experimentaron la menarquia a los diez, tuvieron en promedio seis por ciento más síntomas que la norma para el estudio a la edad de 28 años.

La correlación entre lo que los padres y profesores consideraron como mal comportamiento no es tan fuerte, dice Medle, pero existe. Cuando les presentaron una lista de "comportamientos antisociales" (robar, irrumpir en inmuebles, vender drogas, escapar de casa, mentir a los padres, manejar autos sin permiso y ser escandalosas en público, etc.), las niñas que comenzaron a menstruar a los ocho años reportaron diez por ciento más casos que el promedio y las niñas que comenzaron a los diez reportaron cinco por ciento más incidencia.


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Mendle dice que no está segura de que esta correlación entre síntomas de depresión y un comportamiento problemático y la pubertad sea una carga exclusiva de la mujer. "La pubertad de los niños se ha estudiado en menor medida que la femenina, en gran parte porque es un poco más complicado analizar a los niños, ya que no tienen periodos”, dice. “Algunas investigaciones sugieren que los hombres que alcanzan la pubertad antes que sus pares, también consideran que la adolescencia es más desafiante que los niños que la desarrollan más tarde. Pero también sabemos que, en general, la pubertad tiende a ser más desafiante para las niñas que para los niños, y que las niñas tienen una mayor tendencia a experimentar mayor variedad y gravedad de dificultades psicológicas en esta etapa”.

Pasar una gran cantidad de tiempo en los atolladeros psicológicos de la confusión y la angustia que representa la pubertad y menos en la etapa simple e inconsciente de la infancia puede jugar un papel importante en el camino tortuoso de estos chicos prematuros, dice Medle.

“En la pubertad, los niños son golpeados con una combinación de cambios biológicos y sociales que impactan todos los aspectos de sus vidas”, dice. “Aún cuando es una transición biológica, va acompañada de cambios dramáticos en los roles sociales y las relaciones, emociones y cómo los niños se perciben a sí mismos y a otros, así como su lugar en el mundo”.