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Activo Psicoactivo

Legalizar la marihuana para uso medicinal nos enfermará a todos

La tímida propuesta de legalización de la cannabis con fines terapéuticos y medicinales del senador Juan Manuel Galán no solo es timorata y sin horizonte, sino que nos puede llevar a mayores restricciones y prohibiciones de las que hoy tenemos.

Julián Quintero/ ATS

Gif de Paula Osorio

Cuando se fume un porro legal, agradézcale al Álvaro Uribe Vélez

Cuando la legalización de la marihuana llegue (porque viene en camino), es bueno que se fume un porro a nombre del expresidente Álvaro Uribe Vélez y su borreguillo de la época, el excongresista Nicolás Uribe, quien hoy funde de comentarista en una de esas emisoras nepotistas, que cree que al poner a pelear dos polos se es objetivo, ecuánime o respetuoso del que lo escucha.

Resulta que Uribe y el verdadero Uribito tenían como objetivo acabar con la dosis mínima de drogas. La misma que Carlos Gaviria había logrado despenalizar con la sentencia C221 de 1994, basado en el libre desarrollo de la personalidad, derecho consagrado por la Constitución Política de 1991. Carta Magna que también eliminó la extradición de narcos, presuntamente por orden de Pablo Escobar. Para los Uribe, la dosis mínima debía ser considerada como el mayor pecado, para eliminarla de la faz de la tierra convocaron un referendo que se les cayó en las urnas, y realizaron siete atentados legales al artículo constitucional que la permitía.

Cuando por fin lograron modificarlo, a través del acto legislativo 02 de 2009, metieron un mico, o mejor dicho, abrieron un boquete, por donde hoy está entrando la legalización de la marihuana y otras drogas en Colombia (en la ley, porque en la práctica funciona hace mucho rato). Así quedó el artículo 49 de la Constitución, que hoy nos tiene hablando de estos temas: "El porte y el consumo de sustancias estupefacientes y sicotrópicas están prohibidos, salvo prescripción médica". 

La mencionada reforma dejó la palabra "prohibir" y prohibir no es penalizar, es decir, hoy le quitan a uno el moño, pero no lo encanan; además, permitió el uso terapéutico y con fines de investigación de las sustancias psicoactivas (óigase bien, sustancias psicoactivas, no solo cannabis). Lo dice la Constitución, solo que ha faltado el valiente o la valienta (por aquello del género) para que lo eche a rodar.

Delfines al agua

En 2012, el senador Juan Manuel Galán, morrongo de palabras, pero abeja de pensamiento, se echó su primer chapuzón como buen delfin de acuario gringo, con esa inteligencia suprema que caracteriza a los delfines, y con un poquito de malicia indígena -el vivo vive del bobo-.El senador Galán tomó varios fallos de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte Constitucional en los que se exigía el tratamiento a las adicciones porque era una enfermedad y un problema de salud pública, y, por consiguiente, había que incluirlo en el Plan Oblogatorio de Salud. Luego los decoró con políticas públicas, derechos a la salud y reforma de drogas y logró sacar adelante la ley 1566 de 2012, que ahora ingenuamente llaman la Ley Galán, y que básicamente ordena y exige lo que altos magistrados ya habían pedido desde hace años.

En esta ocasión, y con otro inteligente chapuzón, el senador Galán vuelve y ataca con la legalización del cannabis con fines terapéuticos. Aunque desde el acto legislativo 002 de 2009 -que reformó la Constitución- ya lo permitía, ni el Congreso ni el Ministerio de Salud lo habían reglamentado y tampoco había aparecido el gobernante, hospital o universidad valiente, capaz de avanzar protegido por la Constitución. Lo esperamos mucho del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, pero fue solo lámpara y medios.

Por eso ahora la propuesta de Galán, impulsada por los medios de comunicación, armonizada con el discurso internacional y apoyada por el presidente Santos, corre muchos riesgos de llevarnos por un camino más complicado del que tenemos ahora. Básicamente, aunque estemos de acuerdo en lo científico, no recoge el aprendizaje global en lo político, legislativo, mediático y movilizador. Sabemos claramente el qué, pero el cómo, lo poquito que hemos visto, no se recoge en esta propuesta.    

La propuesta vaporosa de Galán que se esfuma entre los dedos 

Estos son los principales riesgos de la propuesta de la legalización de Galán, porque seguro así quiere ser recordado.

Es una propuesta timorata y chichipata: Mientras la Comisión Global de Drogas titula su informe de 2014 “Asumiendo el Control”, en el que claramente abogan por el control estatal de todas las drogas; en Estados Unidos están pasando del uso medicinal al uso recreativo y Uruguay ha legalizado la hierba, en Colombia nos puede la timidez. Presentarse con una propuesta de cannabis medicinal solamente, no solo es acostumbrarse a ir a la sombra y rezagado, sino también perder la oportunidad legitima de lograr saltos importantes. Son esos los países que están marcando la diferencia, no los coleros. Claramente Juan Manuel Galán no conoce la frase “hay que pedir lo más para conseguir lo menos”, y en este caso, había que pedir la legalización recreativa para obtener la medicinal y terapéutica. En ese sentido, esta no es una propuesta soberana o autónoma, porque así como seguimos las ordenes impuestas por los gringos a la hora de la prohibición, ahora repetimos su historia siguiendo los pasos de la legalización.

No es una propuesta multipartidista: El principal problema que corre la legalización en Uruguay es que fue impuesta por el partido del presidente José Mujica, sin tener en cuenta a la oposición. Y así se hizo. Ahora, como la política es pendular, las fuerzas en el pequeño parlamento de Uruguay están cambiando y es altamente probable que el partido de gobierno ya no tenga las mayorías y hasta pueda perder la presidencia. Sin lugar a dudas, desmontar la legalización de la marihuana es una de las banderas de la oposición para las elecciones del próximo año.

Juan Manuel Galán no muestra coaliciones, socios de otros partidos políticos (que los hay por muchos y diversos) para presentar la propuesta. Cree que con el poder reformista del tema, la bendición de su familia, la venia del presidente y el poder de la revista Semana es suficiente para que todos se adhieran a su brillante idea.

Se pasa de la mafia ilegal a la mafia del Estado y las farmacéuticas: Con la propuesta de Juan Manuel Galán se pretende un control monopólico del Estado, de esta manera se corre el riesgo de pasar el control del narcotráfico a las farmacéuticas, donde se medicaliza el ritual y se pasan por alto los componentes culturales del consumo de cannabis. Con un modelo de regulación médica y farmacológica ocurrirá lo que sucede en San Francisco (California, Estados Unidos), donde todos los marihuaneros recreativos ahora están enfermos y necesitan el cannabis. Allá es tan buen negocio vender marihuana legal, como ser médico y certificar que los amigos o los conocidos de los amigos la necesitan.

Es la industria farmacéutica del cannabis la que más se está oponiendo a la legalización para uso recreativo, es decir ¡no quieren democratizar el negocio!, y hacen lobby bastante costoso. Entre tanto, en el mundo, las legislaciones que se han presentado han ido girando hacia la legalización del uso recreativo, la conformación de clubes de cultura cannábica, el autocultivo, etcétera. De la misma manera, los Estados están tercerizando, o dejando en manos de privados, la producción, transporte y venta del cannabis, los Estados se encargan de regularla, controlar la calidad, recoger los impuestos y verificar que la ley se cumpla.

Es una propuesta mediática, mesiánica y no concertada con la movilización: No existe -o por lo menos no conocemos- un feeling, contacto, diálogo o debate fluido entre la academia, los gestores de política pública de drogas, los usuarios de cannabis recreativo o medicinales, los enfermos que posiblemente la necesiten y la industria del cannabis. No logramos identificar un apoyo venido desde quienes han estado en esta lucha. El apoyo por el contrario viene de los políticos amigos de la familia, los medios de comunicación, la maquinaria aceitada y la historia del mar de los delfines. No sé a quién se le pueda ocurrir, o al menos malpensar, que Juan Manuel Galán es capaz de fumarse un porro, o que está en diálogos con los cannábicos de base post-prohibicionista, autogestionados y autoconvocados. Tampoco hemos escuchado la relación con los cultivadores de cáñamo industrial, o los que llevan haciendo pomadas, aceites, ungüentos, esencias de cannabis para fines terapéuticos, por debajo de las imposiciones del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), y que cada vez logran llegar a más gente. 

La falta de sabor de la propuesta está en los debates claves que evade: El documento del Proyecto de Ley aporta evidencias exitosas, o con alto grado de éxito, frente al uso de cannabis para diferentes enfermedades crónicas, síntomas o efectos secundarios de los tratamientos contra enfermades como el cáncer, el glaucoma, la diabetes, así como para mitigar los estragos de la quimioterapia o el síndrome de desgaste (pérdida severa de peso), según estudios de la Universidad de Columbia, en Canadá.

Sin embargo, el senador olvida los estudios del doctor Philippe Lucas, asociado a Columbia, también en Canadá, donde con una muestra superior a 450 personas consumidoras de drogas, más del 60% reconocieron haber usado cannabis con éxito para sustituir drogas como la heroína, el crack, las anfetaminas o mitigar el síndrome de abstinencia que estas causaban. Tampoco revisa el estudio del doctor Dartiu Xavier da Silveira de Brasil que da cuenta del mismo uso en el cannabis para la sustitución o la transición hacia el abandono de drogas como el crack. La propuesta del señor Juan Manuel ni siquiera recoge los hallazgos preliminares del Centro de Estudios en Convivencia y Seguridad en Bogotá, en el que se muestra que el cannabis es ampliamente usado por los consumidores de bazuco para contrarrestar efectos, manejar dolores o hacer más llevadera su adicción en las calles. 

Juan Manuel Galán deja de lado la inmensa posibilidad de usar el cannabis con fines terapéuticos para la deshabituación de otras sustancias a partir del uso ritualizado de esta planta, y por el contrario busca impulsar el uso del cannabis hacia la farmacia, la química, la síntesis, las enfermedades, la pastilla, la gota, la inyección...

No debate sobre los Tratados Internacionales y las burocracias nacionales e internacionales como obstáculos principales: Pasa de agache el senador Galán la oportunidad de hacer una crítica estructural a las políticas de drogas en Colombia y en el continente, reevaluar el papel de la Comisión Interamerciana para el Control del Abuso de Drogas , la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y la Junta Internacional Fiscalizadora de Estupefacientes, las cuales, según la Comisión Global de Drogas, se han convertido, junto a las burocracias nacionales y los medios de comunicación, en el principal obstáculo para la reforma de políticas de drogas.

Así mismo, pierde la oportunidad de reconocer y citar la evidencia de la sociedad sociedad civil organizada en el mundo, las asociaciones de usuarios y los políticos sensatos que ya no persiguen votos con sus opiniones. También evade la oportunidad de hacer un llamado a la reforma de la Ley 30 de 1986 -conocida como el Estatuto Nacional de Estupefacientes-. El Ministerio de Justicia, irrespetuosamente ha amenazado tres veces durante el gobierno de Santos con su reforma y actualización, llamando a académicos, profesionales, técnicos y universidades para su elaboración, sin haber continuado con el trámite de reforma prometido.

En conclusión, y sobre el articulado, Juan Manuel Galán, en un hábil movimiento de cola que lo impulsa por fuerzas de las correntosas aguas del océano de lagartos, pide airoso y con el pecho arriba que se haga lo que ya en 2009 se estaba pidiendo: que se regule, se cultive, se use bajo el control y supervisión del Estado con fines terapéuticos; que el Ministerio de Salud fije los protocolos y de paso apruebe las investigaciones. Pero como ni el Ministerio ni el Congreso lo hicieron, la sardina de la popularidad se la terminó comiendo el aún joven senador de la República, codirector del Partido Liberal y muy pronto candidato presidencial.  

Julián es miembro de la Corporación Acción Técnica Social (ATS). En Twitter lo consiguen 24/7 como @conspirandoando.