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¿Por qué el Invima no quería contarnos acerca del atún contaminado con mercurio?

Hace más de un mes el Invima descubrió que había un lote de atún contaminado y, si por ellos fuera, nadie más se habría enterado.

por Sebastián Serrano
18 Octubre 2016, 10:49pm


Imagínese que usted vive con un montón de gente: un día abre la nevera y se da cuenta de que la leche esta vencida. En lugar de botar la caja, como el sentido común y la solidaridad con sus compañeros de nevera indican, usted la acomoda en la parte trasera de la nevera (ahí al lado de ese medio tomate que conservan hace seis meses), como diciendo "fijo aquí nadie la encuentra, y al que la encuentre de malas". Pues algo muy parecido fue lo que hizo el director del Instituto Nacional de Vigilancia de Mediamentos y Alimentos, Invima, Humberto Guzmán, quien en una entrevista concedida a Blu Radio admitió que el instituto a su cargo sabía del lote de Atún Van Camps contaminado con cantidades peligrosas de mercurio desde el pasado 12 septiembre. Admitió, también, sin sonrojarse, que se abstuvo de avisarle a los colombianos hasta el día 13 del mes siguiente.

"Nosotros no solemos emitir comunicados de prensa porque en este tipo de casos podemos movernos muy rápido con las secretarías de salud y tomar las medidas con los fabricantes" ––explicaba Guzman a los oyentes––. "Al ver que esto ya estaba en medios y se estaba filtrando información, decidimos sacar el comunicado", concluyó.

Sus declaraciones dejan al menos tres cosas en el aire: primero, que nadie en Colombia se habría enterado de la existencia de varios miles de latas de atún contaminadas con mercurio de no ser por unas filtraciones. Segundo, que "este tipo de casos" ya ha sucedido antes y sucede tanto que es un "tipo de caso". Y tercero, que el Invima trabaja más cerca de "los fabricantes" que de los colombianos.

Para ser justos, Guzmán también aclaró que durante los 31 días que pasaron entre el momento en el que el INVIMA supo que el lote estaba contaminado y el momento en el que hizo público el hallazgo, el instituto y las secretarias de salud de Boyacá y Atlántico, departamentos dónde fue distribuido el lote contaminado, no estuvieron cruzados de brazos.

"Durante este mes el Invima y las secretarías de salud han trabajado para eliminar este lote de los supermercados y también con la fábrica [dale con los fabricantes] para evitar que se repitan estos hallazgos ", afirmó Guzmán, quien también admitió no saber exactamente cuántas latas tenía el lote contaminado: "son entre 15 mil y 30 mil latas"; ni cuántas fueron destruídas: "tendría que esperar al final del mes para hacer el consolidado"; ni cuántas podrían estar en las despensas de colombianos en Boyacá y Atlántico: "no podemos garantizar que alguna lata no haya sido comprada o consumida por los colombianos".

Todo este chorro de datos (o más bien de falta de datos) lo pronunció en apenas 15 segundos. Asombroso.


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Que en sus pruebas aleatorias el Invima detecte cantidades de mercurio superiores a las permitidas en Colombia ya es grave. Que al hacerlo decida hablar primero con los fabricantes y luego, más de un mes después y casi que por obligación, con los colombianos es aun peor. Pero lo más llamativo es la manera como ha actuado el Invima cuando son los intereses de los fabricantes, y no los de los compradores, los que estàn en juego: en 2011 Juan Manuel Sánchez, un estudiante de la maestría en toxicología de la Universidad Nacional, presentó un trabajo de grado titulado: Evaluación de la concentración de mercurio en diversas marcas de atún enlatado comercializadas en la ciudad de Cartagena de Indias. Al analizar un total de 41 muestras de cuatro marcas distintas de atún, Sánchez encontró que un 34% de ellas superaban la concentración de mercurio permitida por la legislación colombiana (que es de 1 miligramo por kilo de atún) y un 59% de ellas superaban la cantidad recomendada por la OMS (que es 0.5 miligramos por kilo).

En abril de 2013 los resultados de la investigación de Sánchez fueron publicados por la agencia de noticias de la Universidad y en cuestión de semanas replicados por varios medios. El 24 de abril, tan solo cuatro días después de que el diario El Universal publicara una nota titulada "Encuentran altos niveles de mercurio en atún enlatado", el Invima lanzó un comunicado en el que desacreditaba la investigación conducida por Sánchez (cuya muestra de 41 latas fue muy superior a la muestra de 24 latas que el Invima usa para su controles rutinarios en los departamentos de Boyacá y Atlántico) y aseguraba que "no existe riesgo para la salud por el consumo de atún enlatado en Colombia".

Que la entidad encargada de vigilar la calidad de los alimentos que consumimos los colombianos salga, con más celos que argumentos, a defender a la industria del atún tan solo cuatro días luego de que esta se viera cuestionada por una investigación académica pero se tome más de un mes en avisarle a los colombianos que, según sus propias investigaciones, hay unas cuántas decenas de miles de latas contamidas con mercurio por ahí a la venta, deja en el aire varias preguntas.

¿Cuánta gente en Boyacá y Atlántico compró latas de este lote de atún contaminado durante los 31 días que pasaron entre el momento en que el Invima descubrió la concentración elevada de mercurio y el momento en el que lanzó la advertencia? ¿Nos habría contado algo el Invima si la información no se filtra? y, sobre todo: ¿Para quién trabaja en realidad la gente del Invima?

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