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No tenga miedo de enamorarse de una trans

OPINIÓN // Relájese que hay muchos como usted.

Mati  González Gil

Mati González Gil

Salgo de la casa sintiéndome divina y alguien me echa los perros en un bar. El ego no me cabe en el cuerpo, pero no puedo dejar de sentir miedo y ansiedad. Cuando me voy de fiesta y coqueteo con alguien me siento chévere, pero sé que estoy en un momento peligroso. Empiezo a pensar: "¿Será que la otra persona sabe que soy trans? ¿Será que no tiene ni idea de que soy trans y por eso me está echando los perros? ¿O será que sabe, le gustan las trans y no le importa lo que la gente diga? ¿Espero a que nos demos un beso o le digo antes? Y si quiero salir en una o varias citas antes de tener sexo, ¿debo decirle antes de tener sexo o antes de la primera cita? ¿Y si se emputa y me pega o me mata? ¿Si no se lo digo estaré haciendo algo malo? ¿Cuál es el momento indicado para decirlo o preguntarlo?

Nuestra experiencia sobre el mundo de las citas y los coqueteos en público es como jugar a la ruleta rusa. Si estás de buenas, te toca con uno que no está interesado pero que no te trata mal, con uno curioso o con uno que tiene clarísimo que le gustan las trans y no se avergüenza. Si estás de malas, te podría tocar uno que cambie su actitud de galán enamorado a patán acosador (justo cuando se da cuenta de que eres trans), uno que cree que lo tienes que convencer para que tenga sexo contigo o uno que te dice que está dispuesto a tener sexo contigo "a pesar" de que eres trans. En el peor de los escenarios, que no es el menos común por ser el más malo, el tipo puede resultar violento. Uno de esos que pueden intentar demostrar su hombría pegándote, pasándose de violentos mientras tienen sexo o incluso matándote.

Se cree que las personas trans ocultamos nuestra verdadera identidad y que deberíamos avisar a las personas que nos desean –y en tono de precaución- qué es lo que tenemos entre las piernas. Los estereotipos sobre las mujeres trans como hombres que se visten de mujer hacen que las identidades de las mujeres trans sean vistas como disfraces o remedos de mujer. Esto hace que nuestra apariencia física esté en constante vigilancia, como si siempre estuviéramos escondiendo algo. En esta lógica, se entiende que el deseo hacia nosotras es un deseo artificial producto de un engaño. Es decir, si alguien se fija en nosotras la única explicación posible es porque "cayó en nuestra trampa".

Este estereotipo termina legitimando la violencia contra nosotras y culpabilizando a las víctimas de la transfobia: si la cosa se pone violenta es nuestra culpa, quién nos manda a no contar nuestro secreto. Se nos impone la obligación de contar que somos trans bajo la amenaza de que, si no lo hacemos, pueden catalogarnos como mentirosas u ocultadoras de la verdad. Así, se genera una especie de empatía con los victimarios y entonces todos pueden entender por qué se pusieron violentos: cualquier machito, si es macho de verdad, no va a dejar que pongan en entredicho su hombría ni su orientación sexual.

Esta idea del engaño ha sido utilizada por los asesinos de mujeres trans para no hacerse responsables de sus actos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reportó en su Informe de Violencia contra personas LGBT en América que, en algunas ocasiones, cuando las personas son acusadas de matar a una persona trans, la defensa ha argumentado "defensa del pánico trans" para alegar "locura o capacidad disminuida, justificación de provocación, o fortalecer su caso de legítima defensa". Consiste en "justificar el asesinato argumentando que la violencia fue incitada porque el perpetrador se dio cuenta de que la persona con la que estaba teniendo, o iba a tener, un encuentro o relación sexual era trans".

En 2016, en la Ciudad de México, Paola, una mujer trans, fue asesinada y parece que el "pánico trans" pudo haber influido en la decisión para dejar libre al presunto responsable. De acuerdo a una de las entrevistadas sobre el caso, citada en un artículo de VICE: "El punto clave de la decisión del juez, explica, estuvo en que el Ministerio Público no le brindó la información concluyente sobre el momento de la muerte, como para iniciarle a Delgadillo un proceso penal. Que sobre los hechos anteriores y posteriores a que se jaló el gatillo no tiene duda, pero que la versión del acusado es que forcejearon cuando él se dio cuenta de que no era una mujer a la que había subido a su auto y que el gatillo se disparó en ese jalón."

Este tipo de violencia podría revelar que las personas sienten miedo, vergüenza y culpa de sentirse atraídas por las mujeres trans y que ven en la violencia una forma legítima de reacción. En otras palabras, para que las personas trans podamos echar y que nos echen los perros tranquilas, necesitamos que no se sientan así cuando les gustemos y que aún cuando se sientan asustados, la reacción violenta hacia nosotras sea socialmente inaceptable. El Colegio de abogados de Estados Unidos (una asociación de abogados con más de 410.000 miembros) reconoció en 2013 la gravedad de estas justificaciones. Ese año, la asociación alentó al gobierno estadounidense para que tomara acciones legales que establecieran que "el descubrimiento del sexo o la identidad de género de una persona" no podía ser utilizado para beneficiar a los acusados.

Es fácil entender por qué sienten vergüenza. Seguramente escucharon en sus casas, en sus colegios o a sus amigos de la universidad o del trabajo haciendo chistes sobre la apariencia física de las mujeres trans como personas feas que no son mujeres. Los chistes homofóbicos y machistas sobre el sexo anal también pueden jugar un papel importante en la consolidación social de la transfobia: cuando un hombre tiene como pareja a una mujer trans se presume que le gusta ser penetrado. Como se cree que que el ano es un símbolo de masculinidad impenetrable, se catalogan a los hombres que salen con nosotras como gays o menos hombres.

El hecho de que a un man le guste una vieja trans no quiere decir, necesariamente, que le guste que le den por el culo. Hay de todo: hombres a los que les encanta ser penetrados, aquellos que sólo disfrutan cuando penetran, a los que les gustan las dos cosas y los que no son muy fanáticos de la penetración. Lo mismo ocurre con nosotras: nos puede gustar dar, recibir, las dos o ninguna. El hecho de que a un man le den por el culo no quiere decir nada ni de su masculinidad ni de su orientación sexual porque las prácticas sexuales no tienen nada que ver con la orientación sexual. Lo que les guste o no les guste hacer con sus anos no los hace ser ni menos machos ni más gays.

En todo caso, ser poco masculino o ser gay no debería ser material de insulto porque no hay nada de malo en ninguna de las dos cosas. Necesitamos hombres menos machistas y menos homofóbicos si queremos un mundo seguro para los accidentes del amor.

Cada que alguien hace un chiste que reproduce estereotipos -o que deja pasar uno sin confrontarlo- sobre las mujeres trans o sobre las personas que salen con nosotras, está haciendo parte de una cultura que propicia y justifica la violencia motivada por la transfobia. Además, nos está condenando a no poder vivir el amor y el sexo de forma libre y segura.

Si alguna vez le gusta una mujer con pene, relájese que hay muchos como usted. Tal vez el día en el que varios lo compartan con el mundo se van a dar cuenta de que son muchos y de que tanta vergüenza era absolutamente innecesaria. Se van a dar cuenta de que el secreto es obsoleto. Si siente miedo, no recurra a la violencia y más bien intente reemplazarla por curiosidad. Bueno, y a los manes que se sienten atraídos por nosotras: ustedes también tienen agencia y también pueden cambiar sus realidades. No nos achaquen la responsabilidad de cambiar el mundo a nosotras solas porque ya va siendo hora de que nos amen con valentía y rebeldía.

Como lo aclamaba Lohanna Berkins: "Si acaso alguien me amara… Quisiera, con toda mi alma, que ese revolucionario fuera capaz de sentir y gritar a los cuatro vientos: ¡Amo a una travesti!".

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Mati es la travesti peligrosa de la que tanto te advirtieron, síguela en su Twitter: @matigonzalezgil


*Esta es una columna de opinión, por tanto no compromete la postura de VICE Media Inc.