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Drogas

Algunas personas nos contaron las cosas más raras que han hecho drogadas

Votar, tocar en una boda y revisar pacientes: cosas que solo estas personas harían drogadas.

por Diego Urdaneta
17 Febrero 2017, 9:20pm

Normalmente, cuando nos drogamos es porque sabemos que tenemos un tiempo libre o algún evento bastante divertido para poder disfrutar las mieles de cual sea el elixir que estemos consumiendo, sin preocupación alguna.

Sin embargo no todo es perfecto y, a veces, siendo conscientes o no, podemos fumarnos un porro en el peor momento. En mi caso, estaba en la casa de uno de mis mejores amigos fumando como si no hubiera un mañana con mi exnovia cuando, de repente, su mamá empezó a llamarla desesperadamente para decirle que su abuela se había muerto hace treinta minutos.

El mal viaje fue una mierda porque tuve que llevarla a su casa para hablar con ella y su mamá, con los ojos bastante reventados y una actitud bastante dispersa. A mi favor tenía que eran las 2AM. Quizás por eso mi exsuegra terminó odiándome y hoy en día debe estar en algún lugar celebrando que su hija no está con su exnovio marihuanero.

Debe haber muchas historias como esa, e incluso más raras. Por eso hablamos con algunas personas para saber cuáles son las cosas más extrañas que les ha tocado hacer drogadas.

TOCAR EL AVE MARÍA EN LA BODA DE MI PRIMA EN LSD, MARIHUANA Y COCAÍNA

José, 27 años

Todo comenzó porque en la boda de una amiga tocaron la canción, y cuando llegué a mi casa me puse a fumar y me senté en el piano a aprendérmela. Mi prima se casaba pronto y ella quería que tocara en la iglesia el "Ave María" a como diera lugar. Yo accedí ya que me la sabía y bueno, era su boda, no podía decirle que no. Como era una canción relativamente fácil, a eso de las tres de la tarde —la boda era a las siete— decidí comerme un cartón de papel, pensando que no iba a hacerme tanto efecto ya que los últimos que había comprado estaban suaves.

Ya con mi traje listo, viéndome al espejo, me empecé a sentir bastante raro, entonces decidí fumarme un porrito a ver si me relajaba un poco. Al llegar a la iglesia, y ver a mi prima en vestido de novia, junto a su novio —al cual odio porque vive poniéndole los cachos—, mi madre y mi padre orgullosos, empecé a sudar y sentirme muy nervioso, mis manos temblaban y solo quedaban veinte minutos para tocar.

Por suerte había un amigo en la boda que yo sabía que tenía cocaína y le pedí unos pases a ver si me bajaba la paranoia y me traía de vuelta al mundo. Me sentí un poco mejor, y pude sentarme en el órgano a tocar mientras mi prima caminaba al altar con su novio. Me puse unos gafas de sol, para que no se me vieran los ojos tan volados y así no sentirme nervioso de que mi abuelita estuviera juzgando a su nieto mientras tocaba el órgano drogado. Básicamente me sentí como Jamie Foxx en la película de Ray Charles: menos mal tuve la idea de ponerme las gafas de sol. Me sentí más cómodo y todo salió muy bien. Luego puede comer y disfrutar la fiesta en una buena nota de ácido.

MANEJAR UN CARRO EN HONGOS

José Luis, 26 años

Estábamos saliendo de una fiesta a eso de las tres o cuatro de la mañana. Habíamos ido en el carro de la exnovia de un amigo, ya que ella nos dijo que podía buscarnos unos hongos para comérnoslos antes de ir a la fiesta.

Lo hicimos y la fiesta estuvo bien buena. Cuando nos íbamos, la exnovia de mi amigo nos dijo que había un after en donde había muchas drogas y alcohol, pero lo único malo es que era en una finca y quedaba a más de una hora del lugar en dónde estábamos. Esto no nos importó y nos montamos en su carro.

Antes de montarnos, todos volvimos a comer hongos para llegar a la fiesta bien locos. A medio camino, ella pidió que le diéramos algo de fumar y, en ese instante, perdió el control del carro y casi nos estrellamos. Recuerdo que estuvimos manejando en contra vía por más de cuarenta segundos, a las cuatro de la mañana, en una autopista. Terrible. Todos decidimos que ya ella no podía seguir manejando, pero no quería darnos el carro. Nos dijo que le daba mucha pena pero que estaba tan borracha que se había orinado en el asiento. Nadie sabía manejar el carro de todas formas, ya que era mecánico, pero era mejor que lo hiciéramos nosotros. 

Así que tomé el timón y empecé a tratar de manejar bajo el efecto de los hongos. Se me apagó más de veinte veces, así que decidimos devolvernos ya que sentíamos que no íbamos a lograrlo y era muy peligroso. Estaba manejando lentísimo, y eso en una autopista nunca es bueno. Creo que el miedo fue tan grande que hizo que el segundo hongo de la noche no me cogiera tanto. Aunque recuerdo que apenas amaneció, me sentí como piloto de fórmula uno en medio de un valle gringo. No me pregunten por qué.

REVISAR PACIENTES EN MDMA Y COCAÍNA

Daniela, 25 años

La revisión médica de los pacientes siempre se tiene que hacer a primera hora del día, ya que los jefes del hospital llegan como a las 7-7:30AM. Esto significa que tenemos que estar a las 6:00AM en el hospital. Hay que preguntarle al paciente cómo se siente, si durmió bien, cómo fueron sus evacuaciones —dependiendo de la patología que tenga—, cómo están los síntomas con los que él llegó, etcétera.

Luego de este interrogatorio, viene un examen físico que tiene que ser completo. La parte cardiovascular, la parte respiratoria, el abdomen, y luego la parte neurológica.

Explico todo esto para que entiendan que uno tiene que llegar bastante concentrado, ya que toda esta información hay que pasársela a los jefes. El día anterior había ido a un bar y había tomado trago, MDMA y cocaína. Además había tenido sexo a altas horas de la noche.

Llegué con la mayor cantidad de energía posible. Recuerdo que revisé a la mayor cantidad de pacientes desde que estudio medicina, incluso a pacientes que no eran mi responsabilidad. Todos se dieron cuenta que andaba con mucha energía, incluso me preguntaron si todo estaba bien por las ojeras tan terribles que tenía. Yo no podía dejar de moverme; estaba bailando a las 6:00AM mientras todos los demás estaban adormecidos. Todo duró hasta que me dio el bajón de todas las drogas que había consumido el día anterior. Pero me acordé que en la mochila tenía un poquito de cocaína. Inhalé lo poco que quedaba y eso me salvó el día, ya que pude terminar mi turno e irme a mi casa a tirarme a la cama y no saber nada del mundo.

BAÑARNOS EN UN RÍO DE AGUA HELADA LUEGO DE METER UN ÁCIDO

Andrés, 23 años

Hace algún tiempo, fui de viaje a las montañas con mis padres, catorce amigos y mi tío. Al llegar, nos alistamos para subir las montañas y así poder llegar a un río. El plan era comernos —mis amigos y yo— un cartón de papel para bañarnos en el río. Nos comimos los papeles y nos lanzamos, sin pensar antes que la temperatura del río iba a ser muy fría, y que eso no era nada recomendable para tu cuerpo en LSD.

De repente, un amigo empezó a ponerse muy blanco, y sus labios se tornaron terriblemente morados. Se lo dijimos preocupados —terrible decisión— y a los cinco minutos empezó a entrar en el peor mal viaje de su vida. Gritaba a las 3:00AM en un río sobre las montañas, "todos nos vamos a morir aquí, no tenemos señal en los teléfonos, nadie sabe donde estamos, van a venir alguien con una escopeta y nos va a disparar a todos, tengo hipotermia, por favor vámonos o me va a dar un infarto". Fue tanto el escándalo y el aspecto que tenía mi amigo, que tuvimos que recoger todo e irnos lo más pronto posible, y eso que no teníamos previsto irnos hasta el día siguiente, cuando ya nos hubiera bajado el efecto del LSD.

Llegamos de nuevo a casa de mi tío —quince personas bien locas en ácido—, y justo mis padres nos dijeron "¡qué bien, llegaron a tiempo para almorzar!" Sólo bajamos a almorzar mi ex novia, dos amigos y yo, ya que los demás no podían ni conjugar una oración decente. Nos hablaron de todo, y nosotros solamente contestábamos "aja, sí, ok". Ya que obviamente el cerebro no nos daba para más. Nos dieron de comer pasta, y yo masticaba y masticaba la comida y sentía que no podía tragar, pensaba que si lo hacía me iba a desmayar o ahogar.

Sentí que pasaron cinco horas en ese almuerzo, cuando en realidad fueron no más de quince minutos. Después, cuando lavamos los platos, se nos rompieron dos y nos entró un ataque de risa frente a mis padres que duró más de siete minutos. Incluso nos preguntaron "¿por qué se tardan tanto si son sólo cuatro platos?".

He hecho muchísimas cosas drogado, pero bañarme en un río sobre en LSD para luego huir porque a un amigo le dio hipotermia, tratar de comer pasta mientras hablaba con mis padres y luego romper los platos donde comía, ha sido la más loca sin lugar a dudas.

IR A VOTAR A LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN LSD

Alexandra, 26 años

Era diciembre, así que ya andaba en vacaciones y venía drogándome fuertemente todos los fines de semana. Esas elecciones fueron un domingo y, al ser presidenciales, eran bastante importantes y todo el mundo estaba muy nervioso. Las calles llenas de policías, militares, gente haciendo fila para votar desde las 4:00AM.

En los días de elecciones en Venezuela se respira un ambiente bien raro, la ansiedad te consume y pasas bastante tiempo frente al televisor o redes sociales para saber cómo van los resultados, o alimentas tu morbo con rumores que al final del día terminan siendo casi siempre falsos.

Tenía un ácido que me quedaba del fin de semana pasado, y como normalmente siempre salía a casa de mis amigos o familiares a comer y ver los resultados, pensé que era un buen momento para comérmelo. A eso de las diez de la mañana me lo comí, para salir a votar como a las dos de la tarde cuando ya estuviese bien loca. Llegué a mi centro de votación, y sentía que todos los militares me estaban observando y sabían que estaba drogada, ya que me reía a cada rato y estaba bastante confundida.

Incluso me ofrecieron ayuda justo antes de entrar a votar, ya que imagino que mi cara de perdida me delataba. Cuando salieron los dos candidatos en la pantalla, empecé a imaginarme todas las promesas electorales que habían hecho, las mentiras, los rumores, y a analizar más profundamente sus discursos. Todo esto dentro del período de tiempo que tenía para votar —creo que eran dos o tres minutos máximo por persona—.

Ya cuando me advirtieron que se acababa mi tiempo, seleccioné al candidato que en ese preciso momento y, según mi análisis en ácidos, me pareció mejor para el futuro de mi país. Juro que nunca me había sentido tan patriótica, pero creo que el ácido me hizo entender más cosas sobre las elecciones y la política, fue una experiencia que volvería a repetir y que le recomiendo a cualquiera.

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